Estados Unidos tiene que pasar la página de la confrontación, la desconfianza, la polarización, que es el contexto en el cual Donald Trump proyecta mantener al país, en el caso de que regrese a la Casa Blanca.
Contrariamente a lo que predica el ex presidente (2017-2021) estadounidense -y ahora aspirante a la reelección por el opositor Partido Republicano-, la unidad nacional, es necesaria, lo que no significa que la discrepancia, la diferencia de opinión no es enemistad.
Al formular esa línea de pensamiento, la vicepresidenta de Estados Unidos y candidata presidencial por el gobernante Partido Demócrata, Kamala Harris, aseguró, la noche del 29 de octubre, durante el principal acto en la semana de cierre de su campaña electoral, que, de ganar la próxima votación presidencial, el 5 de noviembre, su gobierno se caracterizará, precisamente, por la inclusión.
“Donald Trump ha pasado una década tratando de mantener, al pueblo estadounidense, dividido y con miedo unos de otros”, porque “él es eso”, aseguró Harris, al hablar ante unas 70 mil personas reunidas en el amplio sector al aire libre, en el costado sur de la Casa Blanca, conocido como la Elipse (the Ellipse).
El lugar fue elegido, el 6 de enero de 2021, por Trump -entonces a 15 días de dejar la presidencia-, para incitar, a miles de sus irracionales seguidores, a “pelear como el demonio!” (“fight like hell!”) para imponer la falaz versión de su triunfo en la elección presidencial llevada a cabo dos meses antes.
Trump perdió la votación de noviembre de 2020, frente al demócrata Joe Biden, a quien acusó de haberle robado el triunfo.
Horas después de la arenga insurreccional, el Capitolio -la sede del bicameral Poder Legislativo estadounidense (Senado y Cámara de Representantes)- fue bestialmente tomada por asalto, por un turba, fuera de control, integrada por decenas de miles de trumpistas fuera de control -armados, en proporción considerable-.
Los atacantes intentaron impedir que se desarrollara la sesión del Senado durante la cual, según disposición constitucional, el vicepresidente del país, en calidad de presidente del Senado -en ese momento, el republicano Mike Pence-, verifica los resultados de la votación presidencial y proclama al ganador.
Después de horas de caos, el intento golpista trumpiano quedó en eso, y la fórmula presidencial demócrata Biden-Harris fue confirmada como victoriosa.
La definitiva movilización de aproximadamente 2,500 fanáticos trumpistas, costó seis vidas, infligió heridas y lesiones a casi 200 personas, y causó daños materiales que fueron calculados en 1.5 millones de dólares.
Respecto a la voluntad divisionista, generadora de odio y desconfianza, exhibida por Trump -quien sigue aseverando que Biden le robó la elección de 2020-, Harris condenó la conducta polarizadora de su adversario.
“Estoy aquí, esta noche, para decir: no somos eso”, aseguró, categóricamente.
“Estado Unidos: durante demasiado tiempo, hemos sido consumidos por exceso de división, caos, y mutua desconfianza, y puede ser fácil olvidar una sencilla verdad: no tiene que ser de esta manera”.
“Sabemos qué es lo que Donald Trump tiene en mente: más caos, más división, y políticas que ayuden a los de arriba a perjudicar a todos los demás”, agregó.
Ante eso, “yo ofrezco un sendero diferente, y les pido el voto”, planteó, a continuación.
“Y este es mi juramento, a ustedes: juro buscar terreno común y soluciones de sentido común, para hacer que nuestras vidas mejoren”, porque “no estoy buscando anotar puntos políticos: estoy buscando progreso”, planteó.
“Juro escuchar: a expertos, a aquellos quienes serán impactados por las decisiones que yo tome, y a las personas quienes discrepan conmigo”, continuó expresando.
“A diferencia de Donald Trump, no creo que las personas quienes discrepan conmigo son el enemigo”, destacó, para aclarar: “él quiere ponerlas en la cárcel, yo voy a darles un asiento a la mesa”.
También dijo que “juro emprender mi trabajo con la alegría y el optimismo que vienen de marcar una diferencia en la vida de las personas, y juro ser una presidenta para todos los estadounidenses, siempre poner país por encima de partido y de persona”.
Y, en referencia al lema estadounidense de unidad, explicó que, “lo que Donald Trump nunca ha entendido es que E pluribus unum no es, solamente, una frase en un billete de un dólar: es una verdad viva sobre el corazón de nuestra nación nuestra democracia”.
La vicepresidenta aludió, así, al hecho de que esa inscripción en latín -que significa: ‘de muchos, uno’- aparece -en el reveso de esa nota de denominación de la moneda estadunidense- en una cinta sostenida, con el pico, por un águila -ave, a su vez, símbolo nacional del país norteamericano-.
“Nuestra democracia no requiere decir que estemos de acuerdo en todo”, explicó, para, a continuación, aclarar que “esa no es la manera estadounidense”.
“Todo lo contrario: no rehuimos a un debate fuerte, nos gusta un buen debate, y el hecho de que alguien discrepe de nosotros no lo convierte en ‘el enemigo interior’”, subrayó.
“Son familia, vecinos, compañeros de clase, compañeros de trabajo, son compatriotas estadounidenses, y, como estadounidenses, nos levantamos y caemos juntos”, puntualizó, además de asegurar -en calidad de exhortación- que “tenemos que dejar de señalarnos entre nosotros, y empezar a entrelazar brazos”.
“Es la hora de pasar la página del Drama y el conflicto, el miedo y la división”, aseguró, planteando, asimismo, que “es la hora de una nueva generación de liderazgo en Estados Unidos, y estoy pronta para ofrecer ese liderazgo, como la próxima presidenta de Estados Unidos”.
En el actual contexto de crisis política -y, potencialmente, institucional- que golpea a Estados Unidos, la idea central impulsada por Harris parece apuntar, en lo inmediato, a evitar que las históricas características nocivas del sistema se conviertan en algo aún peor -lo que ocurriría si Trump tuviese éxito en su nueva movida reeleccionista.
En ese sentido, la candidata demócrata planteó, en la Elipse, refiriéndose a la independencia nacional -declarada en 1776-, que, “hace casi 250 años, Estados Unidos nació cuando le arrebatamos la libertad a un insignificante tirano” -en alusión al rey británico George III, cuyo reinado se extendió desde 1760 hasta 1820-.
“Durante generaciones, los estadounidenses han preservado esa libertad, la han ampliado”, en guerras y en históricas movilizaciones cívicas, agregó Harris, para subrayar, de inmediato, que “ellos no lucharon, no se sacrificaron, ni ofrecieron sus vidas solamente para vernos ceder nuestras libertades fundamentales, solamente para vernos sometidos a la voluntad de otro insignificante tirano”.







