Eithan
Gabriel respiraba agitado mientras corría por las calles oscuras, el frío de la noche penetraba en sus huesos y su corazón latía con fuerza. No podía entender lo que acababa de suceder en su hogar. ¿Cómo era posible que un plato se rompiera sin explicación alguna?
Sus pensamientos estaban nublados por el miedo y la paranoia. ¿Qué podría haber causado ese sonido? ¿Y si había alguien dentro de su casa? La idea lo llenaba de terror, así que decidió no quedarse para averiguarlo.
Corrió sin rumbo fijo, tratando de alejarse lo más posible. Cada sombra, cada ruido, le hacía saltar el corazón. Finalmente, se detuvo en un parque solitario, tratando de recuperar el aliento y calmarse.
En ese momento, recordó algo que su abuela solía decirle: «En tiempos de confusión y miedo, siempre busca la luz». Gabriel miró hacia arriba y vio la luna brillando en el cielo nocturno. Era una señal, una guía en medio de la oscuridad.
Decidió que ya era suficiente. No podía dejar que el miedo controlara su vida. Con paso decidido, decidió regresar a su hogar, enfrentar lo que sea que encontrara allí. Quizás solo había sido su imaginación jugándole una mala pasada.
Al llegar, encontró la puerta entreabierta, tal como la había dejado al escapar. Con valentía, empujó la puerta y entró. Todo estaba en silencio, la única luz provenía de la luna que se filtraba por las ventanas rotas.
Con el bate aún en la mano, recorrió cada rincón de la casa, pero no encontró nada fuera de lugar. El misterio del plato roto seguía sin resolver, pero Gabriel ya no sentía miedo. Había enfrentado su temor y había encontrado la fortaleza para seguir adelante.
Decidió limpiar el desorden, reparar las ventanas y prepararse para una tranquila noche de descanso. Mientras recogía los fragmentos del plato roto, una sensación de paz lo invadió. A veces, las cosas más aterradoras resultan ser solo producto de nuestra imaginación.
Finalmente, se acostó en su cama y cerró los ojos. La luna seguía brillando en el cielo, una luz reconfortante en medio de la oscuridad. Gabriel sonrió, sabiendo que había superado su miedo y que estaba listo para enfrentar lo que sea que el futuro le deparara.







