En la reciente Conferencia Anual del Banco Mundial sobre Economía del Desarrollo (ABCDE), un evento de alto nivel que se concentra en los temas más esenciales del desarrollo, se abordan cuestiones críticas como el crecimiento y la resiliencia. El economista en jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, destacó la importancia de estas dos áreas en la economía mundial actual durante la inauguración del evento. Sin embargo, una de las conclusiones más significativas que se obtuvieron de esta conferencia es que los Gobiernos no pueden enfrentar solos los desafíos del crecimiento sostenido y la resiliencia.
El crecimiento económico es un factor fundamental para la prosperidad de las naciones, ya que genera empleos, ingresos familiares y fiscales. Cuando este crecimiento es sostenido e inclusivo, puede abrir caminos para salir de la pobreza y mejorar la calidad de vida de la población. Por otro lado, la resiliencia se refiere a la capacidad de la economía para soportar perturbaciones adversas y recuperarse de ellas, lo que incluye la protección de las vidas y los medios de subsistencia, especialmente de los más vulnerables.
Si bien los Gobiernos tienen un papel crucial en la creación de condiciones propicias para el crecimiento y la resiliencia, no pueden lograrlo por sí solos. Las políticas gubernamentales son importantes para establecer un entorno favorable para una economía competitiva y dinámica, y esto puede lograrse a través de la estabilidad macroeconómica y la eficacia de las regulaciones microeconómicas. Además, los Gobiernos deben abordar riesgos significativos, como crisis financieras, pandemias y el cambio climático, mediante medidas directas de gestión de riesgos y promoviendo la adopción de medidas de seguridad, como seguros y servicios sociales contra riesgos idiosincrásicos.
Sin embargo, el sector privado desempeña un papel esencial como el «motor del crecimiento» y la «banda elástica de la resiliencia». En los países en desarrollo, el sector privado es responsable de la generación de la mayoría de los empleos, la producción y los ingresos públicos. Esto se extiende a otros aspectos vitales de la economía, como la inversión y la financiación de la investigación y desarrollo (IyD).
Las empresas privadas también impulsan la diversificación, sofisticación de los bienes y servicios que llegan a los mercados, desempeñan un papel cada vez más importante en sectores esenciales como la banca, las telecomunicaciones, la salud y la educación. Además, las empresas privadas son líderes en innovación, ayudando a abordar los riesgos, las oportunidades que enfrenta el mundo actual, como el cambio climático y la escasez de recursos.
A pesar de ser un motor de crecimiento, el sector privado también puede ser vulnerable y quebradizo. Sin embargo, los ciclos virtuosos pueden ocurrir, como se demostró en el caso de Georgia, donde una reforma tributaria en 2004 impulsó la inversión y el crecimiento económico, lo que a su vez aumentó los ingresos fiscales y permitió al Gobierno mejorar sus servicios públicos.
Los datos desempeñan un papel fundamental en este proceso, ya que permiten comparar políticas públicas y el entorno empresarial con las mejores prácticas y evidencia sólida. Esto guía la forma en que se puede liberar, canalizar de manera efectiva la energía del sector privado para impulsar el crecimiento y la resiliencia, lo que conduce a beneficios económicos y sociales significativos.
En resumen, el crecimiento, la resiliencia son elementos esenciales para el desarrollo económico y social, y aunque los gobiernos desempeñan un papel crucial en la creación de las condiciones adecuadas, el sector privado es un socio igualmente esencial en la búsqueda de estos objetivos. La colaboración entre ambos sectores, la utilización de datos sólidos son fundamentales para lograr un crecimiento sostenido y una mayor resiliencia en un mundo en constante cambio.







