Alberto Cabezas/Foto-Medios
“El papel de los gobiernos es complejo ante la desinformación. No cabe duda que deberían tener un papel importante en la lucha contra este fenómeno, al igual que el periodismo y, por encima de ellos, la ciudadanía. La Administración tiene que saber qué papel ocupa en ese ecosistema” agrego
Viriato Monterde Alloza, es Periodista, Licenciado por la Universidad Europea de Madrid y la Universidad de Lund (Suecia).
Desarrolla su labor desde la compañía 960 Pixels, la cual fundó en el año 2008.Su principal área de trabajo es la comunicación, especialmente en su vertiente digital. En esta materia ha impartido formaciones a nivel nacional e internacional. Es Miembro de la Asociación de Periodistas de Aragón (APA) y de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).
Con Monterde conversó el Periódico Informativo Jbs.
Entrevista
¿Cómo los gobiernos deben combatir las informaciones inexactas publicadas en redes sociales que desinforman a la población sobre el quehacer gubernamental ó por ejemplo en este momento la pandemia del CORONAVIRUS?
En primer lugar, debe entender de forma correcta el fenómeno y para hacerlo debe analizarlo de forma global, atendiendo a los numerosos prismas que influyen: social, tecnológico, periodístico, político, económico y legal, entre otros.
En segundo lugar, deberá hacer una autocrítica muy severa porque hemos visto y vemos como la comunicación política hace un uso interesado del término “desinformación” hasta el punto de distorsionarlo y quitarle el valor.
Se convierte en “desinformación” aquellas informaciones que no agradan y se dan por buenas las que sí.
Este enfoque lo hemos visto incluso en máximos mandatarios internacionales. Y en un escenario todavía más oscuro observamos como los partidos políticos – a través de diferentes agentes externos- utilizan este fenómeno dentro de sus estrategias. En España por ejemplo hemos vivido esto de forma casi generalizada en las últimas campañas electorales.
Aquí es interesante apuntar una reflexión del profesor Raúl Magallón que afirma que hoy en día el objetivo de esas acciones tiene que ver más con disuadir a un potencial votante de partidos contrarios, muy por encima de convencerlo.
En definitiva, lograr a través de la desinformación que ese ciudadano o ciudadana no termine votando al partido que iba a votar.
Si tenemos en cuenta estas dos últimas cuestiones es muy complicado que la ciudadanía confíe en los gobiernos como líderes en la lucha contra la desinformación, por eso -insisto- la Administración ha de empezar por la autocrítica y porque la rama política cambie de manera notable su forma de proceder.
A partir de ahí es cierto que las fuentes oficiales son un canal de información indispensable, básico en la gestión de momentos tan delicados como el que estamos viviendo con motivo de la COVID-19 o en otros momentos de desconcierto como puede ser un atentado terrorista.
¿Porque es necesario que los periodistas hagamos un llamado a la responsabilidad ciudadana sobre su papel en la toma de decisiones y sus expresiones en los medios de comunicación digital y redes sociales?
El periodismo juega un papel fundamental en el ecosistema antes mencionado, ha de acompañar -y aquí hilo con la pregunta anterior- a la Administración en una doble fase que es fundamental para la lucha contra la desinformación, ha de ayudar a la ciudadanía en toma de conciencia y alfabetización digital.
Son las dos grandes claves.
La toma de conciencia ha de ir acompañada además de ética individual.
Respecto a la alfabetización digital hay numerosas herramientas y conocimiento a disposición del ciudadano, pero hay que ayudarle, guiarle, enseñarle, para que luego haga un uso responsable según su criterio.
En esas fases el periodismo juega un papel fundamental.
Ya observamos desde hace tiempo como hay perfiles profesionales dentro del ámbito que están ganando mucho peso como por ejemplo los verificadores digitales o los curadores de contenidos.
El panorama informativo actual tiene varios retos a vencer: la sobreinformación, las prisas y los intereses (económicos por encima de todo).
Y ahí el periodismo una magnífica oportunidad de entender que la ciudadanía vuelve a necesitar referentes, en este caso para que le acompañe y le separa lo que es relevante, de lo que es ruido. Ahora la pregunta es: ¿Estamos haciendo bien? ¿Y lo estamos haciendo bien?
Encontraremos ejemplos para responder en varias direcciones, pero es cierto que cargamos con un problema de falta de credibilidad extremadamente serio que es el origen de muchos de los problemas que afronta nuestra profesión.
Si le pedíamos autocrítica verdadera a la Administración, debemos aplicarnos la misma receta para poder avanzar.
Ahora bien, hay signos positivos.
Un campo donde podemos apreciar nítidamente estos signos es el de la verificación digital.
En España por ejemplo encontramos a Maldita.es, un medio de comunicación que lucha contra la desinformación y que lo hace siendo una asociación sin ánimo de lucro, con el apoyo -también económico- de toda una comunidad.
Aunque con características muy diferentes entre todos ellos, encontramos más verificadores en este país: desde EFE Verifica, hasta Newtral, pasando por iniciativas más pequeñas pero igual de válidas como Verify.cat.
Si ampliamos la mirada a nivel internacional los ejemplos se multiplican.
Insisto, en este contexto en el que encontramos tantas amenazas, el periodismo (viejo o nuevo, pero bueno) tiene una excelente oportunidad de volver a encontrar su función social más pura.
¿Cuáles son los deberes y derechos de los ciudadanos en calidad de consumidores, generadores y distribuidores de la información?
He aquí la clave de todo: el papel de la ciudadanía, el papel de todos y todas. La verdadera lucha contra la desinformación empieza en la responsabilidad individual. Un ejemplo: ya hace tres años que a periodista Karma Peiró publicaba el siguiente artículo: https://www.naciodigital.cat/elpatidescobert/opinio/15542/fem/noticies/falses. En dicho artículo se hacía eco de un informe del Observatorio de Medios de Noruega, en el que se trasladaban cifras preocupantes acerca del porcentaje de ciudadanos noruegos que compartían noticias falsas a sabiendas de que eran falsas.
Obviamente el caso de Noruega no es ni mucho menos aislado, es solo un ejemplo.
Tenemos que empezar por ahí, por la responsabilidad individual, por entender a qué estoy contribuyendo cuando comparto un contenido falso, por entender el mundo que estoy ayudando a construir con mis propias acciones.
Y esta responsabilidad se aplica precisamente desde el conocimiento.
Conocer y entender esto que hoy en día ya nos parece casi obvio: todos somos creadores, difusores y consumidores de contenidos.
Esas fases de la comunicación que antes podían ser exclusivas de otros agentes como la clase política o los medios de comunicación ya no son.
La ciudadanía ya no solo consume los contenidos, participa en el resto del proceso.
Y, por lo tanto, el papel de todos se torna mucho más relevante.
Hasta ahora esto ha provocado que vivamos en un cierto caos continuo, donde la tecnología -con todos los grandes intereses económicos que hay detrás- cambia a tal velocidad que resulta complicado construir ese ecosistema más sano que anhelamos e impide que se debatan en profundidad los deberes y derechos.
Desde un punto de vista estrictamente legal, la Justicia para tener serias dificultades para seguir ese ritmo tecnológico y adoptar posturas claras.
Desde un punto de vista ético no resulta ajeno pensar que tendremos que recuperar valores tan esenciales como el respeto.
¿Qué es 960 PIXELS?
960 Pixels Comunicación es una pequeña compañía de comunicación.
La creamos en la ciudad de Zaragoza (España) en el año 2008 y desde entonces realizamos diferentes servicios vinculados al ámbito de la comunicación.
Estos servicios han ido variando con el paso de los años, pero se centran en gabinete de comunicación, diseño web, gestión responsable de medios sociales y formación.
En el capítulo formativo por ejemplo hemos tenido la fortuna de impartir cursos incluso fuera de nuestro país.
Pero nuestro trabajo no se limita a esos servicios, desde que comenzamos nuestra andadura hemos trabajado y lanzado diferentes iniciativas: los medios digitales elmundodewayne.es (2008) y finikito.com (2012), el libro transmedia El Mundo Girado –elmundogirado.com– (2013) o el ciclo sobre contenidos digitales On Topic (2017) -junto con los periodistas Conrad Blásquiz y Livia Álvarez- entre otros muchos.
Tratamos siempre de tanto a nuestros servicios como a nuestros proyectos ponerles dos etiquetas que son clave para nosotros: innovación y responsabilidad.
Somos -como decía antes- una compañía de tamaño muy modesto, nuestro trabajo es casi artesanal, y eso que puede verse como una debilidad en cierta manera, en realidad nos permite ser muy conscientes y coherentes con los pasos que damos.
Pongo un ejemplo. Hablaba de que nos preocupa ser una empresa responsable, que en nuestro entorno podamos dar ejemplo de algunos valores vinculados a la sostenibilidad medioambiental o de un uso responsable de la tecnología y un largo ect de cuestiones.
Pues hace dos años nos propusimos y conseguimos obtener el sello de Responsabilidad Social de Aragón (nuestra región).
Otro ejemplo, nuestro entorno de trabajo está ubicado en un espacio colaborativo construido con materiales recuperados y de Bioconstrucción y lo elegimos precisamente por ser coherentes con ese respeto medioambiental que queremos que tenga nuestra compañía.
En cuanto a retos, en 960 Pixels tratamos de trabajar con ahínco la parte estratégica para no perder de vista el “hacia dónde vamos” y justo este creo que es un momento en el que tenemos muy clara la dirección y los próximos pasos: el lanzamiento de un podcast que llevamos mucho tiempo deseando realizar y seguir investigando, profundizando, formando y publicando sobre el fenómeno de la sobreinformación.
Adicionalmente a nivel individual voy a continuar ampliando mi formación con un postgrado en innovación periodística que hace tiempo que quería realizar.







