Zoilamérica Ortega Murillo –hija de la primera dama de Nicaragua, Rosario Murillo, y adoptada, en temprana infancia, por el presidente de ese país, Daniel Ortega- considera que la educación es un instrumento que puede ayudar, a los nicaragüenses, a superar lo que describe como la cultura de la obediencia al poder.
También lo es para Centroamérica, como medio para fortalecer la unidad regional, y ayudar en el contexto de violencia que afecta al área –principalmente a los países ubicados en el norte de la región-, de acuerdo con la visión de esta socióloga y docente universitaria nicaragüense de 48 años.
Según su reflexión, la educación tendría que constituir el espacio democrático por excelencia, un ámbito en el cual, en lugar de ocurrir la tradicional imposición de autoridad del docente a los estudiantes, se dé un encuentro de intercambio.
Zoilamérica sostiene la necesidad, para su país de origen -y para el resto de esta región-, del nacimiento de un nuevo liderazgo, y expresa disposición a contribuir a ello, mediante la promoción de novedosas propuestas educativas, más allá de los esquemas formales, por la vía de la educación ciudadana, para facilitar la construcción de valores nuevos, lo mismo que de nuevos modelos de acción social.
“La educación debiese de ser el primer espacio democrático, realmente, porque, si el ser humano aprende a hacer, de las aulas, y de los talleres, y de los seminarios, espacios de encuentro, en vez de espacios donde un docente llega a imponer su autoridad (…) y, más bien, que sean puntos de encuentro para enlazar conocimientos de distinta índole, me parece importante”, planteó, en extensa conversación, en su casa en Costa Rica, con Informativo JBS.
“Yo creo que lo que puede ayudar a modificar esta tendencia que tenemos, a veces, los nicaragüenses, de codepender de liderazgos políticos, en obedecer, en tener una relación -con el poder- que se vuelve fatal para nuestro país (…) tiene que ver con educarnos”, señaló.
Zoilamérica es intensamente crítica de lo que describe como la acumulación de poder llevada a cabo, durante años, por su madre y el presidente, a quienes, en lo personal, responsabiliza del fracaso de su denuncia de abuso sexual contra Ortega.
“En 1998, yo, con el objetivo de tratar de detener un proceso de violencia sexual –que había tenido una etapa de acoso desde los 10, 11 años, luego, de abuso sexual, y finalmente, de acoso ininterrumpido-, yo decido hacer una denuncia que me permitiera, realmente, como un acto de libertad, desadoptarme de Daniel Ortega”, comenzó a relatar.
“Realmente, es mi primer esfuerzo”, y “no tenía que ver con abrir una causa penal, no tenía que ver con llevar, a Daniel Ortega, a la cárcel, sino romper el vínculo y, a través de hablar públicamente de mi historia, que él encontrara, en eso, un obstáculo para volverse a acercar a mí”, agregó.
“Eso fue en el ’98 –en marzo del ’98-. Obviamente, se da una respuesta automática de defensa del partido, de sus aparatos de poder –y eso que, en ese tiempo, él no era presidente-, y, por supuesto, también, la defensa, que conocimos, de mi madre, en la cual respondió, a la denuncia que yo hice, con ataques personales hacia mí (…) descalificando lo que podía ser la vivencia mía -a los 11, 12 años-, y, más bien, dedicada a destruir, de alguna forma, mi credibilidad”, aseguró.
El proceso penal nicaragüense, que inició en junio de 1998, se cerró cuando judicialmente se declaró, en 2002, “prescripción de la acción penal, en un juicio relámpago, en el cual lo que se adujo era que yo había hablado demasiado tarde, y por eso no habían razones para investigar las graves acusaciones –que, aparte, para cualquier líder, son graves acusaciones-“, agregó.
Llevado el caso, en 2000, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) -“por denegación de justicia, dado que todos los Poderes del Estado se habían confabulado en eso”-, el trámite en esta instancia se cerró en 2008, tiempo durante el cual “no logré un veredicto que asignara las responsabilidades a Daniel Ortega”, señaló.
Desde 2008 hasta 2013 –año de su salida de Nicaragua hacia Costa Rica- ocurrió “un proceso (…) al inicio, muy mesurado, de control sobre todas mis actividades”, y, “luego, de invisibilización de todas mis actividades, de boicot”, aseguró.
Durante ese tiempo, “yo trabajaba, dando talleres de derechos humanos, de género, de diversidad sexual (…) yo intentaba hacer estos talleres en espacios públicos, es decir, en una alcaldía, en una escuela, en un lugar donde operaban, de alguna manera, mecanismos partidarios –todo está controlado, en Nicaragua-“, dijo.
Ese trabajo se desarrollaba en el marco de las actividades del Centro de Estudios Internacionales (CEI), dirigido por Zoilamérica.
“Había un cerco que se iba interponiendo, pero, en la medida que fui logrando, de alguna forma, vencer ese cerco (…) empecé a tener amenazas directas, para trabajar en el país, fui informada de que yo no tenía derecho a participar, en Nicaragua”, afirmó.
La deportación, en 2013, de su compañero sentimental, el boliviano Carlos Ariñez –quien se desempeñaba, igualmente, en el CEI-, determinó la decisión de trasladarse a Costa Rica, según relató.
Además de la docencia a nivel universitario, la nicaragüense se desempeña, en Costa Rica, en la organización de derechos humanos Casabierta, como asesora en materia de procesos de acompañamiento que la entidad cumple principalmente con víctimas de persecución, en países centroamericanos, a causa de orientación sexual.
Respecto al poder de la enseñanza, aseguró que “yo creo que el espacio educativo (…) es un espacio que renueva la conciencia, que renueva la manera de ver las cosas”.
“Pero no hablo de la educación formal, académica”, aclaró, para explicar, de inmediato, que “hablo de poder volver a pensar en qué son las familias, qué lugar tienen (…) en la sociedad, volver a pensar en reflexionar en qué es el poder pero desde nosotros mismos, volver a reflexionar sobre formas de liderazgo que no tienen por qué ser impositivas”.
“Es decir, yo, sí, creo en la educación ciudadana, yo, sí, creo en la posibilidad de crear nuevos valores y nuevas maneras de hacer las cosas, y me veo, ojalá, en un proyecto educativo que también apunte a una unión de Centroamérica, porque yo también creo en un proyecto centroamericano”, expresó.
“Pienso que, en el aislamiento de nuestros países ha habido una clave debilitante de lo que somos como naciones”, planteó, para reflexionar que “las fronteras nos empiezan a representar imposibilidades de buscar soluciones comunes, y es alarmante”.
“Si la situación, en Centroamérica, no fuese tan grave, no tendríamos a estos países llamados del Triángulo Norte”, planteó, en alusión a El Salvador, Guatemala, y Honduras, que constituyen el Triángulo Norte de Centroamérica –una de la zonas más violentas a nivel mundial-.
Superadas, sobre el final del siglo pasado, las guerras políticas que conmocionaron, durante décadas, a la mayoría de las naciones centroamericanas, “desde un punto de vista del ciclo histórico”, la región sigue padeciendo violencia, porque se trata, ahora, de “países donde el crimen organizado tiene tomada nuestra institucionalidad, de una u otra manera”, aseguró.
“Por lo tanto, creo que hay que seguir buscando la respuesta regional a todas estas situaciones, pero eso pasa, por supuesto, por verdaderos proceso de democracia”, indicó.
Zoilamérica sostiene que en sus planes personales no figura ninguna aspiración de poder ni de protagonismo político -lo que excluye la posibilidad de encabezar algún partido lo mismo que de buscar la presidencia de Nicaragua- sino su inclaudicable deseo de regresar a ese país.
“Desde la posición que hoy tengo, no puedo -ni quiero- aspirar a tener los mismos recursos de poder que ellos tienen, y que han sido mal usados”, planteó, en alusión a su madre y al presidente nicaragüense.
“Yo no aspiro a tener los mismos recursos de poder”, reafirmó, para subrayar que “yo no quiero repetir esa historia”, y expresar que “yo esperaría que yo pueda recuperar mis derechos, sin tener que encabezar un partido político, ni siquiera formarlo”.
“Yo esperaría que yo pueda recuperar mi derecho a estar en el país”, y, “por lo tanto, me veo, yo voy a decir, invenciblemente regresando a mi país”, planteó.
Si bien considera que, “a veces, no se puede responder el cuándo, el cómo, y el cuáles son las condiciones para regresar”, Zoilamérica se declaró segura de que “el anhelo de regresar está ahí, y va a estar”.







