Naciones Unidas – 80 Asamblea General
Lula, a los autócratas del mundo: “nuestra democracia y nuestra soberanía no son negociables”
La primera de varias voces de dignidad resonó, con poderoso eco, en la 80 Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, se dirigió, el 23 de setiembre, desde el podio del foro mundial, a la comunidad internacional.
Siguiendo la tradición establecida en la 10 Sesión, en 1955 -el primer gobernante quien participa en la reunión anual es el brasileño, seguido por su contraparte de Estados Unodos, el país sede de la organización-, Lula dio el banderazo de salida al debate general correspondiente a la Semana de Alto Nivel -participación de jefes Estado y de gobierno, o sus representantes-, que se desarrolla, este año, del 23 al 29 de setiembre.
El obrero y sindicalista metalúrgico, dirigente de la oposición a la dictadura militar brasileña (1964-1985), y perseguido por la brutal tiranía, habló, a la comunidad universal, en su habitual tono por momentos coloquial, pero con palabras de monumental contenido ético, humanista, visionario con las que izó la bandera de la dignidad, la justicia, la solidaridad.
Entre los aspectos clave de su alocución de alrededor de veinte minutos, advirtió sobre la encrucijada en la que se encuentra el multilateralismo, y alertó respecto al incesante hostigamiento del que Naciones Unidas es objeto por parte de la totalitaria -y peligrosamente ascendente- extrema derecha global.
También condenó las guerras, en particular, el genocidio que tiene lugar, hace casi dos años, en Palestina -y el uso israelí del hambre como arma contra la población civil-.
Igualmente, defendió -en modo ejemplar- la soberanía brasileña ante el injerencismo agresor foráneo, en un flagrante intento por interferir en el proceso judicial contra el impresentable ex presidente brasileño (2019-2023) capitán retirado Jair Bolsonaro.
El juicio culminó, el 11 de setiembre, en la condena a 27 años y 3 meses de prisión, por el intento golpista que dirigió, el 8 de enero de 2023, una semana después de la asunción presidencial de Da Silva.
La mediocridad de Bolsonaro quedó evidenciada -entre muchos otros momentos-, cuando, durante una visita de un grupo de escolares, al Palacio del Planalto (Palácio do Planalto) -la sede del gobierno, en Brasilia, la capital nacional-, una niña se negó a saludarlo.
En otros momentos, expresó, de diferentes maneras, su añoranza de la dictadura militar -en algún caso, alabando a un torturador-.
Lula trazó, asimismo, el sombrío panorama sociopolítico, económico, de derechos humanos ante el cual se encuentra la humanidad.
La referencia clave fue el tóxico/veloz empoderamiento del trumpismo -y fuerzas ideológicas afines, a nivel mundial, incluido el corrupto movimiento gringo Maga-, aunque, dada la elocuencia que lo caracteriza -como vocero natural de la verdad/la razón/la honestidad-, no necesitó dar nombres ni apellidos.
En alusión al hecho de que la organización mundial -fundada en 1945- está marcando su aniversario 80, el brasileño reflexionó en el lógico sentido de que el ambiente que debió ser festivo, es de preocupación por el futuro inmediato dela organización mundial, y del planeta.
“Éste, debería ser un momento de celebración de las Naciones Unidas”, que “simboliza la expresión más elevada de la aspiración por la paz y por la prosperidad”, comenzó a plantear.
“Hoy, sin embargo, los ideales que inspiraron a sus fundadores (…) están amenazados, como nunca estuvieron en toda su historia”, precisó, a continuación.
“El multilateralismo esta frente a una nueva encrucijada”, mientras “la autoridad de esta organización, está en jaque”, al tiempo que “asistimos a la consolidación de un desorden internacional marcado por numerosas concesiones a la política del poder”, contexto en el cual “atentados a la soberanía, sanciones arbitrarias, e intervenciones unilaterales están convirtiéndose en regla”, explicó.
Lula llamó la atención asimismo, en cuanto a la preocupante correlación entre la opción reaccionaria por el unilateralismo global, y las acciones que subvierten la estructura democrática -evidentemente aludiendo, entre otras fuerzas desestabilizadoras, al trumpismo y su variante Maga, y a sus contrapartes a nivel global, particularmente las europeas-.
Al respecto, indicó que “existe un paralelo entre la crisis del multilateralismo y el debilitamiento de la democracia”.
En ese sentido, advirtió que “el autoritarismo se fortalece cuando nosotros somos omisos frente a arbitrariedades”, y reflexionó, en calidad de llamado de atención, en el sentido de que “cuando la sociedad internacional vacila en la defensa de la paz, de la soberanía, y del derecho, las consecuencias son trágicas”.
A manera de ejemplo, denunció que, en todo el mundo, fuerzas contrarias a la democracia, conspiran para erosionarla y atentan contra las garantías fundamentales, fomentando la cultura del odio.
“En todo el mundo, fuerzas antidemocráticas intenta sojuzgar las instituciones y sofocar las libertades”, además de que “cultivan la violencia, exaltan la ignorancia, actúan como milicias físicas y digitales, y cercenan a la prensa”, declaró.
Al mencionar el caso de Brasil, en lo que tiene que ver con el brutal intento golpista que hordas bolsonaristas perpetraron, en 2023, contra su recién instalada administración, Lula destacó la solidez de la estructura democrática del país sudamericano -con algo más de 8.5 millones de kilómetros cuadrados, la territorialmente mayor nación latinoamericana-.
“Aún bajo un ataque sin precedente, Brasil optó por resistir y defender su democracia, reconquistada hace cuarenta años por su pueblo, después de dos décadas de gobiernos dictatoriales”, destacó.
Y, en alusión directa al injerencismo trumpiano, aseguró que “no hay justificación para las medidas unilaterales y arbitrarias contra nuestras instituciones y nuestra economía”.
Ante el inminente enjuiciamiento de Bolsonaro -frecuentemente señalado como “el Trump brasileño”-, el autócrata estadounidense emitió, el 30 de julio, el Decreto Presidencial
-Orden Ejecutiva (Executive Order, EO)- titulado “Atendiendo Amenazas a Estados Unidos por el Gobierno de Brasil” (“Addressing Threats to the United States by the Government of Brazil”).
En la primera de las nueve secciones de la considerablemente extensa EO -alusiva a “Emergencia Nacional”-, Trump aseguró que “recientes políticas, prácticas, y acciones del Gobierno de Brasil, amenazan la seguridad nacional, la política exterior, y la economía de Estados Unidos”.
“Miembros del Gobierno de Brasil han tomado acciones que interfieren con la economía de Estados Unidos, infringen los derechos de libre expresión de personas estadounidenses, violan los derechos humanos, y minan el interés que Estados Unidos tiene en proteger a sus ciudadanos y compañías”, aseveró, en referencia al conflicto entre la red social X
-propiedad del corrupto multibillonario sudafricano/estadounidense Elon Musk- y la administración Lula.
“Recientemente, miembros del Gobierno de Brasil han tomado acciones sin precedente que dañan y son una amenaza para la economía de Estados Unidos, conflictúan y amenazan la política de Estados Unidos de promover la libertad de expresión y elecciones libres y justas en casa y afuera, y violan derechos humanos fundamentales”, planteó, asimismo.
“Miembros del Gobierno de Brasil también están persiguiendo políticamente a un ex Presidente de Brasil, lo que está contribuyendo al deliberado quiebre del estado de derecho en Brasil, a intimidación motivada políticamente en ese país, y a abusos a los derechos humanos”, afirmó, a continuación -en referencia al juico que fue anunciado, el 26 de enero, por el Supremo Tribunal Federal (STF) -la corte suprema de justicia brasileña-, contra Bolsonaro.
En la segunda sección, aparece el castigo económico trumpiano para Brasil, como represalia por mantener, incólume, la conducta de dignidad nacional frente al irrespeto imperialista.
Bajo el subtítulo “Modificaciones Arancelarias”, Trump determinó que “artículos de Brasil importados al territorio aduanero de Estados Unidos, serán, de acuerdo con la ley, sometidos a una tasa adicional ad valorem (según el valor de la transacción) de 40 por ciento” -luego del 25 por ciento inicialmente anunciado-.
“Esta tasa será efectiva (…) 7 días después de la fecha (de emitida) esta orden”, agregó, además de indicar otras precisiones.
Al respecto, el Departamento del Tesoro informó, el mismo día, que esa tasa fue inmediatamente elevada a 50 por ciento.
En la cuarta sección de la EO –“Modificación de Autoridad”-, que contiene una serie de planteamientos intimidatorios, Trump aseveró que, “para asegurar que se encare la emergencia declarada en esta orden, puedo modificar esta orden, inclusive a la luz de información adicional, recomendaciones de altos funcionarios, o circunstancias cambiantes”.
A continuación, amenazó que, “si el Gobierno de Brasil toma represalia en respuesta a esta acción, modificaré esta orden para asegurar la eficacia de las acciones aquí ordenadas”.
Y precisó: “por ejemplo, si el Gobierno de Brasil toma represalia mediante aumento arancelario a las exportaciones estadounidenses, incrementaré el arancel ad valorem establecido en esta orden con una cantidad correspondiente”.
La Presidencia de la República (Presidência da República) difundió, el mismo día, un contundente comunicado, en respuesta a la insolencia imperial estadounidense.
“Brasil es un país soberano y democrático, que respeta los derechos humanos y la independencia entre los Poderes”, planteó.
Es, igualmente, “un país que defiende el multilateralismo y la convivencia armoniosa entre las Naciones, lo que ha garantizado la fuerza de nuestra economía y la autonomía de nuestra política externa”, agregó, a continuación, en el texto de nueve cortos pero contundentes párrafos.
Y advirtió: “es inaceptable la interferencia del gobierno norteamericano en la Justicia brasileña”.
Asimismo, aseguró que “el gobierno brasileño se solidariza con el ministro (magistrado) Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, blanco de sanciones motivadas por la acción de políticos brasileños que traicionan a nuestra patria y nuestro pueblo en defensa de los intereses personales”.
La presidencia brasileña hizo, así, referencia al anuncio, formulado también el 30 de julio, por los departamentos, respectivamente, del Tesoro y de Estado, de la decisión del régimen trumpista de sancionar a De Moraes -el juez encargado del juicio contra Bolsonaro-.
El Departamento del Tesoro informó, en el comunicado que tituló “El Tesoro Sanciona a Alexandre de Moraes” (“Treasury Sanctions Alexandre de Moraes”), que, “hoy, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (Office of Foreign Assets Control, Ofac) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, está sancionando al magistrado de la Suprema Corte Federal (STF) brasileña, Alexandre de Moraes (…) quien ha usado su cargo para autorizar detenciones pre-enjuiciamiento, y reprimir la libertad de expresión”.
“Como resultado de la acción de hoy, todas las propiedades y los intereses en propiedad de la persona designada o bloqueada descrita arriba, que esté en Estados Unidos o en posesión o control de personas estadunidenses, son bloqueados y deben ser informados a la Ofac”, entre otras medidas, de acuerdo con la información oficial trumpista.
Citado en el texto de 10 extensos párrafos, del departamento, su titular, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, aseveró -en la trumpiana línea de irrespeto a la soberanía de los países, en este caso, la brasileña-, difamando flagrantemente, que “Alexandre de Moraes se encargó de ser juez y jurado en una ilegal cacería de brujas contra ciudadanos y compañías estadounidenses y brasileños”.
“De Moraes es responsable de una opresiva campaña de censura, detenciones arbitrarias que violan los derechos humanos, y enjuiciamientos politizados -incluyendo contra el ex Presidente Jair Bolsonaro-”, agregó, en la misma siembra de falacias.
“La acción de hoy, deja claro que el Tesoro continuará responsabilizando a aquellos quienes amenazan los intereses de Estados Unidos y las libertades de nuestros ciudadanos”, reafirmó.
“Detenciones arbitrarias que violan los derechos humanos”, “cacería de brujas contra ciudadanos”, “amenazan los intereses de Estados Unidos y las libertades de nuestros ciudadanos” son unos referentes que describen, con exactitud, la brutal distopía denominada Maga.
O sea: si el régimen trumpista persigue a migrantes y a adversarios políticos, no es cacería de brujas, pero cuando un gobierno digno, se ciñe a la legalidad y enjuicia a un golpista, lo es.
La autocracia gringa tergiversa la realidad, a su conveniencia, y proyecta sus tóxicas características en otros gobiernos -particularmente si son verdaderamente democráticos, como el brasileño de Lula-.
Al respecto, en su mensaje en la Naciones Unidas de las ocho décadas, el líder latinoamericano fue contundentemente claro en la inclaudicable defensa de la nación soberana que es Brasil, y en la imposición del necesario freno a la arbitrariedad imperialista trumpiana.
“No hay justificación para medidas unilaterales y arbitrarias contra nuestras instituciones, y nuestra economía”, empezó a plantear, en la ejemplar lección que dio al autócrata anaranjado.
“La agresión contra la independencia del Poder Judicial es inaceptable”, aseguró.
“Esa injerencia en asuntos internos, cuenta con la ayuda de una extrema derecha servil, y nostálgica de antiguas hegemonías”, planteó, a continuación, en referencia al histórico intervencionismo estadounidense a nivel mundial, en general, y latinoamericano, en particular.
“Falsos patriotas, estructuran y promueven, públicamente, acciones contra Brasil”, ante lo cual, “no hay pacificación con impunidad”, reflexionó, en calidad de advertencia al bolsonarismo brasileño, y al ultraderechismo global.
En el caso del patético y sentenciado golpista, señaló que, “hace pocos días, y por la primera vez en 525 años de nuestra historia, un ex jefe de Estado fue condenado por atetar contra el Estado Democrático de Derecho”.
A continuación -marcando, de hecho, una de tantas diferencias respecto al régimen dictatorial trumpista-, relató que Bolsonaro “fue investigado, indiciado, juzgado, y responsabilizado por su actos, en un proceso minucioso”.
“Tuvo amplio derecho de defensa, prerrogativa que las dictaduras niegan a sus víctimas”, agregó.
Tal fue su caso, cuando el régimen del derechista Michel Temer (2016-2019) -el traidor vicepresidente de la izquierdista presidenta (20111-2015, 2015-2019), falsamente acusada de corrupción-, en connivencia con Bolsonaro, hizo detener, en 2016, a Lula, condenarlo y encarcelarlo, en 2017, por inexistentes cargos de corrupción -acusaciones que fueron, en 2021, desestimadas por el STF, que las declaró un “error histórico”-.
La detención de Lula, impidió que participara -como el candidato favorito- en la votación presidencial de 2018, lo que resultó en la elección de Bolsonaro.
El ahora nuevamente presidente -por tercera vez (2003-2007, 2007-2011, desde 2023)- subrayó que, con el juicio contra el golpista y otros involucrados en la conspiración, “ante los ojos del mundo, Brasil dio un mensaje a todos los candidatos a autócratas, y a aquellos que los apoyan: nuestra democracia y nuestra soberanía no son negociables”.
“Seguiremos, como nación independiente y como pueblo libre de cualquier tipo de tutela”, agregó, a continuación, en calidad de reafirmación soberana y advertencia antinjerencista.
En cuanto a su visión mundial, planteó que “la comunidad internacional necesita revisar sus prioridades”, lo que implica “reducir los gastos con guerras, y aumentar la ayuda al desarrollo, aliviar el servicio de la deuda externa de los países más pobres, sobre todo, los africanos, y definir patrones mínimos de tributación global, para que los superricos paguen más impuesto que los tragadores”.
En ese sentido, aseguró que “las democracias sólidas van más allá del ritual electoral”, y que “su vigor supone la reducción de las desigualdades, y la garantía de los derechos más elementales: la alimentación, la seguridad, el trabajo, la vivienda, la educación, y la salud”.
Pero “la democracia falla, cuando las mujeres ganan menos que los hombres, o mueren a manos de parejas y familiares”, y “pierde cuando cierra sus puertas y culpa a los migrantes por los males del mundo”, explicó.
Asimismo, aseguró que “la pobreza es tan enemiga de la democracia, como el extremismo”, explicó que “la única guerra de la que todos pueden salir vencedores, es la que libramos contra el hambre y la pobreza”.
Respecto a los conflictos bélicos que conmocionan a diferentes países, en diversas regiones, formuló una contundente reflexión sobre brutal situación que se desarrolla, hace casi dos años, en la palestina Franja de Gaza.
Lula hizo, con ello, precisa referencia al ataque terrorista perpetrado, la mañana del 7 de octubre de 2023, desde la franja, contra la limítrofe Israel, por el terrorista movimiento políticomilitar palestino Harakat al-Muqawama al-Islamiya -que, en transliteración del árabe, significa Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas)-.
Con igual exactitud, señaló la limpieza étnica que, con sus Fuerzas de Defensa de Israel (Israel Defense Forces, IDF), el sionismo guerrerista/imperialista israelí perpetra, desde esa noche, en Gaza, aseverando que se trata de su “derecho a la defensa”.
Al momento de redacción de esta nota, el saldo de la inmisericorde agresión -cuya víctima central no es Hamas sino la población civil de la franja-, se ubicaba -según datos del Ministerio de Salud de Gaza citados por medios de comunicación, organismos internacionales, oenegés humanitarias- en algo más de 64 mil asesinados -unos 20 mil niños, alrededor de 12 mil mujeres, 442 hambreados-, poco más de 167 mil heridos, aproximadamente 11 mil desaparecidos.
Sobre ese brutal cuadro de situación, el líder brasileño reflexionó que “ninguna situación es más emblemática del uso desproporcionado e ilegal de la fuerza, que la de Palestina”.
“Los atentados terroristas perpetrados por Hamas, son indefendibles, desde cualquier ángulo, pero nada -absolutamente, nada- justifica el genocidio en curso en Gaza”, planteó, enérgicamente.
“Allí, bajo toneladas de escombros, están enterradas decenas de miles de mujeres y de niños inocentes”, precisó, para, a continuación reflexionar/denunciar, en clave de fuerte precisión: “allí, también están sepultados el Derecho Internacional Humanitario y el mito de la superioridad ética de Occidente”.
Y, de inmediato, aclaró: “esa masacre no ocurriría sin la complicidad de los que podrían evitarla”.
Sin necesidad de señalar -en ningún momento- al criminal sionismo guerrerista israelí, Lula también destacó el inhumano hecho de que, “en Gaza, el hambre es usado como arma de guerra, y el desplazamiento forzado de poblaciones es practicado impunemente.
El dirigente latinoamericano, también dijo que “expreso mi admiración por los judíos que, dentro y fuera de Israel, se oponen a ese castigo colectivo” -en referencia a las masivas manifestaciones que, en ese sentido, tienen lugar en ciudades de ese país, lo mismo que, por ejemplo, frente a embajadas israelíes a nivel mundial-.
En su calidad natural de vocero de la dignidad, la ética, el presidente brasileño formuló, además, la advertencia de que, en el contexto de la inmisericorde agresión militar/limpieza étnica que está padeciendo, “el pueblo palestino corre el riesgo de desaparecer”.
“Sólo sobrevivirá, con un Estado independiente e integrado a la comunidad internacional”, aseguró, de inmediato, y con inclaudicable convicción.
Lula hizo, asimismo, referencia a la aprobación, el 22 de setiembre -un día antes de su mensaje-, por amplia mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del documento “Declaración de Nueva york, sobre la Pacífica Solución de la cuestión de Palestina e Implementación de la Solución de Dos Estados” (“New York Declaration on the Peaceful Settlement of the Question of Palestine and Implementation of the Two-State Solution”).
El texto fue producido, el 30 de julio, por la Conferencia de Alto Nivel sobre el tema, reunida en la sede de Naciones Unidas, en la nororiental ciudad estadounidense de Nueva York, y tuvo ahora, casi dos meses después, aprobación en la Asamblea General.
De los 193 países integrantes de la organización mundial, 142 votaron a favor, mientras solamente 10 lo hicieron en contra -incluidos, por supuesto, los corruptos regímenes de, respectivamente, Israel y Estados Unidos, más el de Argentina, cuyo impresentable y servil autócrata, Javier Milei, dice que quiere convertirse al judaísmo, y ser el primer presidente judío de ese país sudamericano-.
Lula fue, igualmente, crítico de la decisión del régimen trumpista -seguramente, en coordinación con su contraparte israelí- de negar visa de ingreso a Estados Unidos, a Mahmoud Abbas -también conocido como Abu Mazen-, presidente de la Autoridad Nacional Palestina -organización gobernante en Cisjordania-, tratando así de impedir que participara en la Asamblea General.
La Franja de Gaza -gobernada, de facto, por Hamas- y Cisjordania -gobernada por la Autoridad- son los mayores componentes territoriales -junto con el minoritario sector oriental de la ciudad de Jerusalén- del Estado de Palestina.
Los estados, respectivamente, de Israel y de Palestina fueron creados, en 1947, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero los sucesivos gobiernos del primero, sin excepción, se han negado a reconocer al segundo, lo que ha derivado en la constante agresión, desde entonces, de la parte judía contra la árabe palestina.
No obstante la represiva movida trumpiana, Abbas se dirigió, el 25 de setiembre -dos días después que Lula-, a la Asamblea General, por la vía de un mensaje audiovisual.
Respecto a la maniobra represiva, el gobernante brasileño expresó que “es lamentable que el presidente Mahmoud Abbas, haya sido impedido, por el país anfitrión, de ocupar la bancada de Palestina, en este momento histórico”.
Al hablar en términos generales, Lula esbozó el panorama al cual la humanidad tendría que estar encaminada.
“En el futuro que Brasil vislumbra, no hay espacio para la reedición de rivalidades ideológicas o esferas de influencia”, empezó a plantear/sugerir.
“La confrontación no es inevitable”, aseguró, de inmediato, para agregar que “necesitamos liderazgos con claridad de visión”.
“El siglo 21 será, cada vez más, multipolar”, de modo que, “para mantenerse pacífico, no puede dejar de ser multilateral”, dijo, además exigir, en alusión a los países en desarrollo, que “la voz del Sur Global tiene que ser escuchada”.
“Naciones Unidas tiene, hoy, casi cuatro veces más miembros que los 51 que estuvieron en su fundación” -en 1945, incluido Brasil-.
En la acertada visión del líder brasileño, ahora, “nuestra misión histórica es la de volverla, nuevamente, portadora de esperanza, y promotora de la igualdad, de la paz, del desarrollo sostenible, de la diversidad, y de la tolerancia”.







