Al parecer, nadie le dijo, al dictador Nayib Bukele, que, a diferencia de El Salvador, Naciones Unidas no es su finca.
Porque llegó, cual capataz autoritario, al 78 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en plan de engañosa campaña proselitista -con miras hacerse reelegir el año próximo-, pintando una ficticia realidad nacional de seguridad y felicidad.
Como elaborando una nota desinformativa para el servil periódico bukelista Diario La Huella, el autócrata -quien, hace algún tiempo, se autodefinió como “el dictador más cool del mundo”- enumeró falsos logros en materia de seguridad, ocultando las flagrantes violaciones a los derechos humanos que su régimen viene cometiendo desde que impuso, en marzo de 2022, el Régimen de Excepción -que cuenta con 18 prórrogas legislativas mensuales, hasta el momento de redactar esta nota-.
Sí, es indudable que, como dijo, las cifras de homicidios se han reducido considerablemente, porque los mareros (pandillero) -a quienes denomina “terroristas”- están masivamente encarcelados -alrededor de 70 mil presos-, una proporción de los cuales está encerrada en el nuevo Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) -donde también hay gente que no pertenece a ninguna mara-.
El Cecot fue construido porque el sistema penitenciario nacional colapsó cuando el inhumano hacinamiento carcelario llegó a ser superior a 100 mil reclusos.
Al dar a conocer esa cifra, la no gubernamental Amnistía Internacional (AI) denunció, en una comunicado que emitió el 3 de abril de este año, que “las autoridades salvadoreñas han cometido graves violaciones de derechos humanos de forma sistemática desde que se aprobara un régimen de excepción y numerosas reformas legislativas para supuestamente enfrentar a las pandillas”.
A la fecha de difusión del comunicado, “esta política ha resultado en más de 66 mil detenciones, en su mayoría arbitrarias, el sometimiento a malos tratos y tortura, violaciones flagrantes al debido proceso, desapariciones forzadas y la muerte de al menos 132 personas bajo custodia del estado, quienes al momento de su fallecimiento no habían sido declarados culpables de ningún delito”, agregó AI.
“Para la comisión de estas violaciones de derechos humanos, ha sido clave la coordinación, en complicidad, de los tres poderes del Estado; la confección de un marco jurídico contrario a los estándares internacionales de derechos humanos”, siguió precisando, en el extenso comunicado.
Ello, “específicamente en lo que concierne al proceso penal”, además de “la falta de adopción de medidas tendientes a evitar las violaciones sistemáticas de derechos humanos bajo un régimen excepcional”, señaló, a continuación.
En su negacionista discurso en Naciones Unidas, el 19 de setiembre, Bukele insistió en pintar el irreal panorama nacional sobre cuya imposición procura, ilegítimamente, hacerse reelegir en los comicios programados para el 4 de marzo de 2024.
Respecto al Régimen de Excepción -aunque sin mencionarlo por nombre-, aseveró que, “en muy poco tiempo, El Salvador pasó de ser la capital mundial de los homicidios, pasó de ser literalmente el país más peligroso del mundo, a ser el país más seguro de América Latina”.
Según Bukele, la fórmula para lograr esa supuesta hazaña fue sencilla.
“Lo primero que hicimos fue asegurarnos de estar del lado de Dios y del pueblo”, y, “en segundo lugar, creamos nuestro propio método, uno que estaba diseñado para nuestra realidad”, según la explicación oficial.
En tal contexto, “cada una de las decisiones que hemos tomado nos trajeron a este momento: hoy El Salvador compite con Canadá, por ser el país más seguro del continente”, se permitió decir.
“La gente ya puede caminar por calles que durante mucho tiempo estuvieron prohibidas por las pandillas”, aseguró.
Pero la población femenina -un 52.38 por ciento de la nacional- no es parte de “la gente”, según la conceptualización machista de Bukele.
En su mensaje a la comunidad internacional, el dictador cool no hizo mención de la violencia de género que, contrariamente a los manipulados datos oficiales, sigue matando mujeres, lo que se oculta en los informes oficiales sobre sucesivos meses con “cero asesinatos” -gracias al Régimen de Excepción-.
Lo ocurrido al inicio de este año, es irrefutablemente ilustrativo de ello.
El Diario La Huella -cuyo hipócrita lema es: “Marcando la Verdad”-, aseguró, el 7 de enero, citando al ministro de Seguridad, Gustavo Villatoro, y al director de la Policía Nacional Civil (PNC), Mauricio Arriaza, que “enero 2023 suma seis días consecutivos sin asesinatos en el país”.
“Con las acciones ejecutadas en la Guerra Contra Pandillas, El Salvador vive una verdadera paz y libertad, sumando días con cero asesinatos”, señaló el periódico, para precisar, a continuación, que “este 06 de enero finalizó sin muertes violentas”.
Pero el dato difirió, radicalmente, del constante monitoreo que, al respecto lleva a cabo la no gubernamental Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (Ormusa), que, para el período del 1 de enero al 9 de febrero, registró siete femicidios.
Según el monitoreo de Ormusa, tres de esos asesinatos de género perpetrados en el inicio de 2023 ocurrieron en el transcurso de apenas 48 horas.
Tal contexto fortalece el planteamiento de organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres en el sentido de que el régimen de Bukele, misóginamente, ignora los asesinatos de género.
En ese sentido, Silvia Juárez, Coordinadora del Programa de Derecho a una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, implementado por Ormusa, dijo, el 11 de febrero, al medio de comunicación elsalvador.com, que “es grave la situación”.
“Lo que pone de manifiesto (la comisión de) al menos siete feminicidios en un mes y ocho días (de 2023), es que ni siquiera el régimen de excepción, ni la suspensión de garantías individuales, ha logrado contener los feminicidios en El Salvador”.
En cuanto al discurso en Naciones Unidas, el recientemente creado movimiento social pluralista Sumar calificó la alocución de Bukele como “la exhibición de prepotencia e irrespeto de un gobernante que niega las reglas democráticas consensuadas mundialmente, hace décadas”.
En ese cuadro de situación, “mostró una imagen incompleta (del contexto salvadoreño), destacó el logro del combate contra las pandillas, sin mencionar los abusos contra personas inocentes”, agregó.
Además de ello, “evitó hablar del aumento de la pobreza, el desempleo, el costo de la vida, la falta de transparencia, la corrupción, el fracaso de (la moneda virtual) bitcóin, y el deterioro ambiental”, siguió puntualizando.
Sumar sintetizó la participación de Bukele, en el foro mundial, denunciando que “el presidente mostró un país irreal”.







