El más reciente recurso del régimen trumpista en el asedio aeronaval a su contraparte madurista: la piratería.
Después de haber hundido, desde el 2 de setiembre hasta el 16 de diciembre, en el Mar Caribe, casi una treintena de lanchas que supuestamente transportaban droga -en particular, fentanilo- hacia Estados Unidos -y asesinado a alrededor de 90 presuntos narcotripulantes-, piratas militares estadounidenses tomaron por asalto, el 10 de diciembre, un petrolero venezolano.
Las excusas: el barco se dirigía hacia Cuba, para vender el petróleo, vía esa dictadura, evadiendo así las sanciones que Estados Unidos impone por la comercialización de crudo venezolano; el barco transportaba “petróleo sancionado” por Estados Unidos -o sea, petróleo que, por ser venezolano, el imperio prohíbe que sea comercializado internacionalmente-.
En ninguno de los casos mencionados -las lanchas, el petrolero-, el régimen norteamericano se tomó la molestia de proporcionar prueba alguna sobre sus alegaciones -después de todo, lo que Maga dice que es, indudablemente lo es, aunque no lo sea-.
Provocada casualidad, o maquiavélica planificación, el secuestro del barco cisterna y su tripulación -en número que, al momento de redactar esta nota, no se conoce- fue perpetrado mientras en Oslo, la capital noruega, se llevaba a cabo la entrega del Premio Nobel de la Paz 2025, obtenido por la oportunista/belicista opositora venezolana María Corina Machado -declarada admiradora y aliada de los guerreristas Benjamin Netanyahu y Donald Trump, respectivamente, primer ministro de Israel y presidente de Estados Unidos-.
En virtud de que -según la narrativa machadista- la opositora tuvo dificultad para salir de Venezuela -tras haber permanecido, aproximadamente un año, en situación de clandestinidad-, quien recibió el galardón fue su hija Ana Corina Sosa.
Según versiones periodísticas, en la planificación de la fuga de Machado, hacia Oslo, participaron un ex militar estadounidense y funcionarios de Estados Unidos.
La ceremonia se realizó entre dos vertientes de reacción ante el otorgamiento, este año, del considerablemente desprestigiado galardón: manifestaciones públicas, en la capital noruega, respectivamente en rechazo y en apoyo tanto a la concesión del premio como a la destinataria.
La entrega anual de la medalla -junto con los codiciados 11 millones de coronas suecas (alrededor de 1.17 millones de dólares)- se lleva a cabo el 10 de diciembre, cuando se conmemora, mundialmente, el Día de los Derechos Humanos -esto, porque ese día de 1948, fue proclamada, en París, la Declaración Universal de los Derechos Humanos-.
De modo que, en la fecha en que son celebradas la paz y las garantías fundamentales, el régimen trumpista perpetró un acto de guerra.
En su sitio en la red social X, la fiscala general de Estados Unidos, Pam Bondi, dio, la tarde del 10 de diciembre, una versión parcial de los actores participantes en el secuestro de la nave petrolera.
“Hoy, el Buró Federal de Investigación (Federal Burea of Investigation, FBI), y la Guardia Costera de Estados Unidos (United States Coast Guard), con apoyo del Departamento de Guerra (Department of War) ejecutaron la orden de incautación (seizure warrant) de un barco de petróleo crudo usado para transportar petróleo de Venezuela e Iran”, planteó Bondi, como tratado de dar un improbable énfasis judicial, más que belicista, al secuestro.
Pero diferentes medios de comunicación -por ejemplo, la emisora estadounidense Columbia Broadcasting System (CBS)- proporcionaron detalles de la operación netamente militar llevada a cabo para tomar control del barco cisterna.
“En la incautación participaron dos helicópteros, diez marines (infantes de marina) y diez miembros de la Guardia Costera de EE.UU., así como fuerzas de operaciones especiales, según informó a CBS una fuente familiarizada con la operación”, indicó el medio de comunicación.
“El abordaje del buque contó con la participación de un grupo de élite de la Guardia Costera denominado Equipo de Seguridad Marítima y Respuesta”, agregó, en referencia al Equipo de Respuesta de Seguridad Marítima (Maritime Security Response Team, Mstr).
Según la plataforma especializada American Special Ops (Operaciones Especiales Estadounidenses), el Mstr de la Guardia Costera de Estados Unidos (United States Coast Guard, Uscg) “es una unidad táctica que se especializa en contraterrorismo marítimo y cumplimiento de alto riesgo de la ley”.
“Los Mstr son entrenados para abordar y asegurar naves, incluidas aquellas tomadas por terroristas en poder de rehenes”, agrega.
“El Equipo de Respuesta de Seguridad Marítima está bajo el comando regional atlántico de la Uscg”, según la misma fuente.
En su mensaje, Bondi señaló que, “por múltiples años, el petrolero ha sido sancionado por Estados Unidos debido a su involucramiento en una ilícita red de transporte de petróleo apoyando a organizaciones terroristas”.
“Esta incautación, completada frente a la costa de Venezuela, fue llevada a cabo cuidadosamente y con seguridad”, informó, para agregar que “nuestra investigación con el Departamento de Seguridad Interna (Department of Homeland Security), para evitar el transporte de petróleo sancionado, continúa”.
Respecto a la acción de piratería militar de su régimen, Trump dijo, escuetamente, el 10 de diciembre, durante una actividad en la Casa Blanca, a periodistas, que “hemos, recién, capturado un petrolero, frente a la costa de Venezuela, un petrolero grande, muy grande, el más grande que se haya capturado, en realidad”.
“Y otras cosas están ocurriendo, de modo ustedes que van a estar viendo, más tarde, y van a estar hablando, de eso, más tarde, con otra gente”, dijo, además -como suele hacer, sin precisar-, absteniéndose de identificar a quién pertenece la nave.
En cuanto a la carga robada, se limitó a decir lo obvio: “supongo que nos vamos a quedar con el petróleo”.
Este punto fue confirmado, al día siguiente, por la insoportable secretaria de Prensa del régimen, Karoline Leavitt, quien, entre otras cosas, dijo que “Estados Unidos tiene la intención de incautar el petróleo”, y agregó que, “sin embargo, existe un proceso legal para la incautación, y ese proceso se seguirá”.
En cuanto al secuestro del barco, Leavitt aseguró, al día siguiente, que “la administración Trump está ejecutando sobre la base de las políticas de sanciones del presidente, y las políticas de sanciones de Estados Unidos”.
“Y no vamos a no hacer nada y a mirar cómo naves sancionadas surcan los mares con petróleo cuyas ganancias estimulan el narcoterrorismo así como regímenes ilegítimos alrededor del mundo”, subrayó.
“Entonces, el presidente está (…) plenamente comprometido con hacer efectiva su política de sanciones, y eso es lo que ustedes vieron -y el mundo vio- que ocurrió ayer”, explicó, en su habitual tono de dueña de la verdad.
Y, más adelante, reafirmó: “el presidente considera que la captura del petrolero hace efectiva las políticas de sanción, de la administración”.
Respecto a la embarcación, Leavitt dijo que “es una nave fantasma sancionada (sanctioned shadow vessel), conocida por transportar petróleo de mercado negro, sancionado, al Irgc (…) una entidad sancionada”.
La funcionaria aludió así, por la sigla de su denominación en inglés, a la fuerza iraní denominada Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (Islamic Revolutionary Guard Corps, Irgc), creada, en 1979, por la brutal teocracia establecida, ese año, en Irán, tras el derrocamiento de la monarquía Pahlavi (1925-1979).
Se trata de la principal rama de las Fuerzas Armadas Iraníes, formalmente responsable de proteger, según parámetros tradicionales, la soberanía nacional, lo que, entre otras cosas, significa reprimir cualquier manifestación de oposición a la dictadura.
Una flota fantasma (shadow fleet) consiste en naves que operan sin regulación, para eludir sanciones a causa de comercialización de petróleo -principalmente iraní y venezolano- prohibida por Estados Unidos -no obstante el hecho de que el país norteamericano recibe hidrocarburo, precisamente, de Venezuela-.
La respuesta del madurismo, a la narrativa trumpiana, fue inmediata, y se conoció mediante un comunicado que el canciller venezolano, Yván Gil, difundió en su sitio en la red social Instagram.
Por esa vía, la dictadura madurista expresó que “denuncia y repudia enérgicamente lo que constituye un robo descarado y un acto de piratería internacional, anunciado de manera pública por el presidente de los Estados Unidos, quien confesó el asalto de un buque petrolero en el mar Caribe”.
El régimen señaló, asimismo, la obvia relación entre el secuestro del petrolero, y los hundimientos, desde setiembre, por parte del régimen trumpista, en el Caribe sur, frente a la costa venezolana, de lanchas supuestamente trasportando droga hacia Estados Unidos -en claro hostigamiento militar a la dictadura de Maduro-.
“Han quedado finalmente al descubierto las verdaderas razones de la agresión prolongada contra Venezuela”, de acuerdo con lo denunciado en el texto de siete considerable extensos párrafos.
“No es el narcotráfico”, aseguró el gobierno, para indicar que “siempre se trató de nuestras riquezas naturales, de nuestro petróleo, de nuestra energía, de nuestros recursos que pertenecen exclusivamente al pueblo venezolano”.
“La política de agresión contra nuestro país responde a un plan deliberado de despojo de nuestras riquezas energéticas”, reafirmó.
Igualmente, hizo referencia a la oposición antimadurista -ineficiente, aunque apoyada por Estados Unidos- en su declarado esfuerzo por derrocar a la dictadura imperante en el caribeño país sudamericano.
Asimismo, destacó la coincidencia cronológica entre “este acto de piratería”, y la entrega, en Oslo, del Premio Nobel de la Paz 2025.
En ese sentido, señaló “las manipulaciones y la falta de resultados de quienes han pretendido, durante años, sin ningún éxito, una operación de ‘cambio de régimen’, a través de la violencia y en abierta complicidad con gobiernos occidentales”.
Pero “la humanidad está despertando y luchando contra los abusos imperiales del Norte, como se demostró en numerosas y concurridas manifestaciones de protestas en distintos estados de EEUU y ciudades de Europa”, aseguró.
El régimen madurista se refirió, en este caso, a las fenomenalmente masivas manifestaciones de contundente repudio a la xenofóbica/racista/criminal política que la dictadura trumpista implementa contra la población inmigrante en Estados Unidos
-brutalidad que también afecta a ciudadanos estadounidenses-.
Sí, el gobierno de Maduro es una tiranía; sí, Maduro es un patético dictador, pero ese comunicado es conceptualmente correcto.
En cuanto al desarrollo del secuestro marítimo, CBS informó que “la Guardia Costera dirigió la operación con el apoyo de la Armada”, en alusión a la Marina de Estados Unidos (US Navy).
Por su parte, la BBC proporcionó datos sobre el escasamente conocido barco petrolero que ahora está en el centro de la tensión creciente entre las dictadura trumpista y madurista.
“Los datos disponibles públicamente señalan que el buque está controlado por la empresa gestora Thomarose Global Ventures LTD, con sede en Nigeria, y es propiedad de una empresa vinculada a Artemov, según la CBS”, indicó el medio de comunicación británico, en referencia al empresario petrolero ruso Viktor Artemov -sancionado por Estados
Unidos-.
De acuerdo con diferentes versiones periodísticas, la nave -actualmente denominada “The Skipper” (“El Capitán”)- opera desde 2005, cuando navegaba como “The Hoyo”.
El barco, que mide 333 metros de eslora (largo) y 60 metros de manga (el sector más ancho), tiene capacidad de carga de por lo menos 1.9 millones de barriles de petróleo, dimensiones que lo caracterizan como un Carguero Muy Grande de Crudo (Very Large Crude Carrier, Vlcc).
Al respecto, la BBC informó que, “de hecho, en el momento de su construcción era uno de los buques cisterna más grandes del mundo”.
El secuestro del barco, implica, además de toda otra consideración, la violación de instrumentos internacionales de lo que Estados Unidos es firmante -la Carta de las Naciones Unidas, la Carta de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Declaración Universal de los Derechos Humanos-.
En cuanto a la carta del organismo mundial -texto que data de 1945-, en el primero de sus 11 artículos -contenidos en 19 capítulos- establece, en el primero de sus cuatro numerales, que, entre los propósitos de Naciones Unidas, figuran el fe “mantener la paz y la seguridad internacionales”, y el de “lograr por medios pacíficos (…) el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz”.
El régimen trumpista no solamente no trata de evitar quebrantamientos de la paz sino que, en los hechos, los promueve.
En el segundo artículo, destaca, entre siete principios -incluido el de “la igualdad soberana” de todos los países integrantes de Naciones Unidas-, que “los miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justica”.
También en ambos casos, la conducta del trumpismo respecto a Venezuela, es la antítesis de lo señalado en la Carta de las Naciones Unidas.
En cuanto a la Carta de la OEA -documento que, consistente en 146 artículos contenidos en 22 artículos, data de 1948-, en el primer artículo, se establece, entre otros objetivos de los países integrantes de la organización regional, “lograr un orden de paz y justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia”.
En el segundo, se determina, entre los ocho “propósitos esenciales” del bloque continental, “afianzar la paz y la seguridad del Continente”, además de actuar en “respecto al principio de no intervención”, “asegurar la solución pacífica de controversias que surjan”.
Nuevamente, la conducta belicista/imperialista del trumpismo, contra Venezuela, constituye una flagrante y sistemática violación de esos propósitos.
En lo que tiene ver con la declaración sobre las garantías individuales -aprobada, en 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y consistete en Preámbulo y 30 artículos-, en el primer artículo se determina que “todos los seres humanos (…) deben comportarse fraternalmente los unos on los otros”.
En el tercero, se determina que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.
Ninguna de esas garantías es respetada por Trump ni por su patético secretario de Defensa, Pete Hegseth -ahora, por belicista capricho de su jefe, secretario de Guerra-, en lo que tiene que ver con los asesinados tripulantes de las supuestas narcolanchas que ambos están destruyendo en el Caribe.
En su ofensiva militar antimadurista, Trump y Hegseth -quienes, como suele ocurrir en el mundo Maga, parecen competir en pobreza intelectual- están perpetrando crímenes tanto de lesa humanidad como de guerra.
El Estatuto de Roma, que, vigente desde el 1 de julio de 2002, rige el accionar de la Corte Penal Internacional (CPI) -tribunal del que 125 estados son parte-, determina, en el octavo de sus 128 artículos, que los crímenes de guerra son casi una treintena de actos violatorios de convenciones internacionales.
La extensa lista incluye “el homicidio intencional”, “la tortura o los tratos inhumanos”, “el hecho de causar deliberadamente grandes sufrimientos o de atentar gravemente contra la integridad física o la salud”.
Asimismo, “dirigir intencionalmente ataques contra la población civil en cuanto tal o contra personas civiles que no participen directamente en las hostilidades”, “dirigir intencionalmente ataques contra bienes civiles, es decir, bienes que no son objetivos militares”.
Por otra parte, según el sexto artículo del estatuto, los crímenes de lesa humanidad representan casi una docena de actos, entre ellos “asesinato”, “exterminio”,
“otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física”.
No obstante la flagrantemente criminal conducta de Trump, y la antítesis implícita en su apoyo al tirano estadounidense y la obtención del Premio Nobel de la Paz, Machado insiste en expresar apoyo a su jefe.
En declaraciones que formuló, el 11 de diciembre, a CBS -en el programa Face the Nation (De Cara a la Nación), Machado así se mostró.
“Completamente apoyo la estrategia del presidente Trump, y nosotros, el pueblo venezolano, estamos muy agradecidos con él y con su administración, porque creo que es un campeón de la libertad en este hemisferio”.
La razón: “él ha, finalmente, puesto a Venezuela donde tenía que estar, en términos de prioridad para la seguridad nacional de Estados Unidos”.
De modo que según la pública confesión de Machado, no se trata del bienestar del pueblo venezolano, del restablecimiento de la democracia, de la irrestricta vigencia de los derechos humanos -supuestas prioridades opositoras- sino de la seguridad nacional gringa como la verdadera/servil prioridad.
Arrogándose la condición de portavoz de todos los venezolanos -algo que, obviamente, no es- aseveró, además, que “apoyamos estas acciones, porque (…) estamos ante una dictadura no convencional”, porque “esta es una estructura criminal muy compleja que ha convertido a Venezuela en un santuario para el crimen internacional y actividades terroristas”.
Y, en su renegada conceptualización, aseveró, respecto a los ilegales ataques contra las “narcolanchas” y al igualmente ilegal secuestro del petrolero, que “era importante aplicar la ley”, puntualizando que “hemos estado pidiendo esto, por años, y, finalmente está ocurriendo”.
“Es por eso que creo que el régimen tiene sus días contados”, agregó, a continuación, recitando una de tantas aseveraciones del dictador de Estados Unidos respecto a su contraparte de Venezuela.
O sea que alguien quien se jacta de ser pacifista apoya “completamente” la política guerrerista del desquiciado megalómano quien tiene como rehenes, a Estados Unidos y al resto del mundo.
Pero el supuesto combate antinarco que Trump alardea que está exitosamente implementando en el Caribe -específicamente contra el fentanilo, droga que ha declarado como arma de destrucción masiva-, fue desmentido por dos destacados integrantes de su vergonzoso gabinete.
Nada menos que Hegseth y el oportunista secretario de Estado, Marco Rubio, formularon, el 16 de diciembre, reveladoras declaraciones, a legisladores estadounidenses, de acuerdo con declaraciones del senador demócrata Chris Murphy, reproducidas, un día después, por el periódico digital The New Republic (TNR).
“Recordando detalles de una reunión clasificada”, Murphy dijo que Hegseth y Rubio “reconocieron que no hay fentanilo saliendo de Venezuela”, indicó el medio de comunicación estadounidense, para agregar que, “en cambio, los botes están transportando cocaína -hacia Europa-”.
“‘Puedo decir esto’, dijo Murphy, señalando que no estaba abordando información clasificada. ‘La administración no tuvo ninguna justificación legal, y no tuvo ninguna justificación de seguridad, para esos ataques”, señaló, a continuación, TNR.
“Así que estamos gastando miles de millones de dólares de los contribuyentes para librar una guerra, en el Caribe, para impedir que cocaína vaya, de Venezuela, a Europa”, planteó Murphy, de acuerdo con la versión periodística, y reafirmó que “eso es un masivo desperdicio de recursos de seguridad nacional, y sus dólares de los contribuyentes”.
TNR informó, asimismo, que “Murphy subrayó que Trump había excedido su autoridad al tratar de usa la aparentemente fabricada amenaza de drogas para librar la guerra contra Venezuela sin el expreso permiso del Congreso”.
De acuerdo con la octava sección -del total de 10- del segundo de los siete artículos de la Constitución estadounidense -vigente desde 1787-, “el Congreso tendrá el poder (…) de declarar la guerra”.
La Constitución le asigna, igualmente, el poder “de definir y castigar Piraterías y Delitos cometidos en alta Mar, y ofensas contra la Ley de Naciones” -algo que Trump y sus cómplices están flagrantemente violando en su asedio políticomilitar a Venezuela-.
La versión periodística también citó a Murphy, respecto a las acciones militares en el Caribe, en el sentido de que “sólo el congreso, sólo el público estadounidense puede autorizar la guerra, y, justamente, no hay ninguna duda de que esos son actos de guerra”.
Pero Trump es terco, y, como el mediocre autócrata que es, no se ubica en la realidad, optado por actuar, permanentemente, a contrapelo de la sensatez.
En ese sentido, la Casa Blanca difundió, el 16 de diciembre, en la red social Facebook, un texto en el cual el dictador aseguró que “Venezuela está completamente rodeada por la más grande Armada que se haya reunido en la historia de América del Sur”.
En advertencia respecto al régimen madurista, agregó que “sólo se hará más grande, y el impacto para ellos será como nada que hayan visto antes”.
Y anunció: “el régimen de Venezuela ha sido designado como una ORGANIZACIÓN TERRORISTA EXTRANJERA”.
“Por lo tanto, hoy, estoy ordenando UN TOTAL Y COMPLETO BLOQUEO DE TODOS LOS PETROLEROS llegado y saliendo de Venezuela”, señaló, a continuación.
La piratería militar estadounidense está, definitiva y descontroladamente, establecida en el Caribe.







