“Recientemente celebramos EL DIA DEL PADRE. Les quiero comentar. Yo no
tuve a mi padre biológico mi lado. Cuando tenía 6 años una amiguita de la
escuela, mayor que yo, me dijo en son de burla; vos no tienes papá;. Yo le dije
que sí tenía papá y ella me respondió riéndose: expresó; ese no es tu papá,
ese es tu abuelito;, expresó la nicaragüense Noemi Pavon Gallard.
“Llegué a casa llorando muy enojada tirando todo lo que llevaba y gritando
desde la puerta, Yo no tengo papá. Un silencio seco y triste inundó la mirada
de mi madre y mi abuela. Todos en casa le decían papito a mi abuelo y yo
crecí creyendo que era mi papá también. Recuerdo que mi abuelo me tomó de
la mano y me sentó en su regazo y me dijo: Soy dos veces tú papito. Porque
soy el papá de tu mamá y también el tuyo, adicionó.
Agregó, “me abrazó y me sostuvo en sus brazos. Dejé de llorar y lo abracé tan
fuerte que él que lloró fue él. A los 7 años lo perdí. Se nos fue un 23 noviembre
de 1974. Pero otro hombre de mi familia tomaría el lugar de él y me daría todo
el amor de padre que una niña pudiera necesitar. Mi tío Ernesto Gallard se
convirtió en mi Papá Tío. Desde mis 5 años trabajé con él en su taller de
mecánica. Era tan pero tan hiperactiva que me tenía que tener haciendo algo
para que estuviera quieta y él aprovechó mi necedad de niña para enseñarme
a hacer trabajos sencillos de embolsar arandelas, por los que me pagaba 5
centavos por 100 arandelas que metía en una bolsa que luego metía en otra”.
Con esta pinolera conversó el Periódico La Voz de Goicoechea.
¿En qué momento comienzas a ahorrar tus primeros dineros?
Cada día recibía 10 centavos de pago que fui ahorrando en un chanchito de
barro hasta que abrí una cuenta bancaria en el Banco Inmobiliario.
A mis 8 años ya tenía una cuenta de ahorros. Así crecí a su lado trabajando en
su taller todos los días de 3 a 5 de la tarde hasta que me convertí en una joven
y administré su negocio llamado Taller Gallar.
¿Quien era para ti tu tío?
Mis amigos creían que yo era su hija, pues me mandaba a dejar en su carro
Mercedes Benz al Colegio Bautista.
Me llamaban La Gallardita.
Aprendí manejar vehículos en un camión viejo que para poder ver por el vidrio
tenía que poner una almohada en la silla y estirar los pies para meter freno; con
él aprendí a cambiar aceite de motor, a cambiar llantas, a oír el golpe de los
inyectores y saber cuál era el que necesitaba ser cambiado.
Fui la bodeguera del negocio y conocí más de 10 mil piezas de repuestos.
En vez de jugar con muñecas jugaba con gobernadores, boquillas, arandelas,
trasegadoras, filtros y resortes.
Fui su confidente y cómplice de amores.
Él mi amigo y mi respaldo.
Me cuidó como un padre verdadero cuida a una hija.
Con él aprendí a beber ron, whisky, ginebra, champang, cerveza.
Él conoció a mis amores a los largo de mis años de juventud y se hizo amigo
de Ricardo, Mauricio, Oswaldo a los que les decía que cuidado si se daba
cuenta que me habían roto el corazón se la verían con él.
Me hizo su heredera en vida de una parte de sus bienes.
Fue mi más fuerte colaborador con mis empresas.
Hoy quiero dedicarle este escrito a todos los Papá Tíos y Papá Abuelos que
asumen por amor el rol de padre.
Debería de haber un día especial para los Tíos y Abuelos que aman y protegen
a sus sobrinos y nietos como Padres. Hasta el cielo mi amor para Alfredo
Gallard mi Papito Abuelo y a Ernesto Gallard mi Papá Tío.







