Principales víctimas de la brutal guerra que hace algo más de cuatro meses está, inmisericordemente, destruyendo -en todo sentido- a la palestina Franja de Gaza, las mujeres y los niños son, además de ello, satanizados por un ministro israelí quien sostiene que hay que matarlos porque son terroristas.
El psicótico ministro de Seguridad, Itamar Ben-Gvir, promotor de la paranoica propuesta de específica limpieza étnica, considera que, mediante esa bestialidad, Israel estaría evitando la repetición del 7 de octubre de 2023 -como si la acción terrorista de ese día fuese lo que el régimen israelí pretende que fue, tratado de ocultar la flagrante bandera falsa (montaje) de la cual, en realidad, se trató.
La mañana de ese día, comandos de la organización políticomilitar Harakat al-Muqawama al-Islamiya (Hamas) -transliteración del árabe, que significa Movimiento de Resistencia Islámica- irrumpieron, desde Gaza, en fronterizo territorio de Israel.
Para hacerlo, fácilmente rompieron un sector de la publicitadamente infranqueable valla que, en el lado israelí que bordea los dos tramos de la frontera binacional -que suman 59 kilómetros-.
En ausencia de patrullaje por las Fuerzas de Defensa de Israel (Isael Defense Forces, IDF), asesinaron a algo más de mil personas, secuestraron a alrededor de doscientos judíos
-extranjeros, en algunos casos-, y, sin dificultad, regresaron a Gaza.
La respuesta del ultraderechista/belicista/corrupto primer ministro Benjamin “Bibi” Netanyahu, fue el lanzamiento -en falsa calidad de defensa- de la guerra mediante la cual está, desde entonces, implementando, en Gaza, la cruel política de tierra arrasada
-conducente a dos espurios/evidentes objetivos: la expulsión de la población palestina, y la anexión, de ese territorio, a Israel-.
Nakba en modernizada, más devastadora, y más letal versión de la ocurrida hace casi ocho décadas.
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, el 29 de noviembre de 1947, la Resolución 181, y, por lo tanto, el Plan de Partición de Palestina, que, entre sus disposiciones clave, delineó, con precisión, las fronteras correspondientes a los dos Estados que estaba creando: el de Israel y el de Palestina -el primero, unilateralmente fundado seis meses después-.
El dirigente sionista David Ben-Gurion proclamó, arbitrariamente, el 14 de mayo de 1948, en un acto llevado a cabo en la ciudad de Tel Aviv, la independencia de Israel -y la consecuente materialización del estado judío-, e inauguró, tres días después, el cargo de primer ministro del nuevo país.
Ante la unilateralidad de la proclamación, y considerando algunos aspectos del plan de partición como negativos para el pueblo palestino, la comunidad árabe internacional rechazó, en lo inmediato, la iniciativa aprobada por Naciones Unidas, lo que fue la excusa para que Israel -cuyos habitantes iniciales fueron judíos europeos asentados en Palestina- expulsara, a la mayoría de los palestinos, de sus lugares de origen.
Registros históricos ubican, en el rango de 750 mil a 800 mil -y hasta un millón-, el total de personas violenta y repentinamente convertidas, sin piedad ni justificación, en refugiadas
-unas, en diferentes países, otras, en territorio correspondiente al Estado de Palestina pero bajo ocupación israelí-.
Ese brutal capítulo de la violenta historia de Oriente Medio, se conoce, en árabe, como al-Nakba (la catástrofe), una acción que investigadores académicos, en números crecientes, coinciden en describir como una operación militar de limpieza étnica antipalestina.
Además de la brutal expulsión, las víctimas sufrieron el robo -o la destrucción- de su patrimonio, mientras que la ciudades, los barrios, la aldeas que ancestralmente habitaron hasta entonces, fueron, en gran proporción, arrasadas, y, en el caso de las viviendas, las que no fueron destruidas, pasaron a ser habitadas por pobladores israelíes invasores
-eufemísticamente denominados “colonos”-.
Numerosas familias palestinas expulsadas, llevaron consigo, al forzado exilio, las llaves de sus respectivas viviendas, objetos que conservan como símbolo de la esperanza de regreso, de reivindicación de derechos, de justicia colectiva.
En marcado contraste, la independencia palestina fue declarada, el 15 de noviembre de 1988, en Argel -la capital de Argelia, país árabe en el costero norte africano-, por Yasser Arafat, entonces el máximo -y emblemático- líder de la guerrillera y política Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
O sea que, 41 años después de aprobada la resolución que le daba origen, y 40 años después de la unilateral declaración israelí de independencia, se formalizó, en injusta/flagrante precariedad, el Estado de Palestina.
Pero se trata de un estado cuyo territorio -establecido en 1947, por Naciones Unidas, en el Plan de Partición-, fue inmisericorde y violentamente reducido, por la fuerza -por Israel-, además de militarmente ocupado, en su abrumadora mayoría -por las IDF-.
Notoriamente limitados por los intereses geopolíticos impuestos, en particular, por la entonces potencia mandataria británica, los integrantes del Comité Especial de las Naciones Unidas Para Palestina (United Nations Special Committee on Palestine, Unscop) procuraron, no obstante, que el plan de partición fuese lo más equilibrado posible en la asignación de territorio para los dos estados.
No obstante, la iniciativa fue flagrantemente manipulada, lo que la redujo a la mitad.
Su pleno cumplimiento habría evitado la constante situación bélica que, desde entonces, con altibajos, golpea a Oriente Medio.
La guerra de atrición que -con la excusa del derecho a la defensa tras un atetado terrorista-Israel está impunemente llevando adelante, desde octubre, en Gaza, plantea una nueva Nakba, para los palestinos.
Tal como ocurre en cualquier enfrentamiento armado, las poblaciones femenina y menor de edad son dos particularmente vulnerables sectores afectados en la menor de las dos áreas territoriales que constituyen el componente árabe del plan de partición de 1947.
La occidental Franja de Gaza -también conocida como Gaza, fronteriza con Israel y
Egipto-, y la oriental Cisjordania -mencionada, asimismo, como la Margen Occidental (West Bank), limítrofe con Israel y Jordania-, forman -separadas por territorio
israelí-, el Estado de Palestina.
Gaza cubre 365 kilómetros cuadrados -con población algo superior a 2.1 millones, desplazada, en un noventa por ciento, por la guerra-, mientras Cisjordania se extiende sobre 5,640 kilómetros cuadrados -con aproximadamente 3.2 millones de habitantes-.
Bordeada en el oeste por el Mar Mediterráneo, en el norte y el este por Israel, y en el sur por Egipto, la franja -gobernada, desde 2007, por Hamas- es una de la zonas más densamente pobladas, a nivel mundial, a lo que se suma el hecho de que, a causa del inmisericorde bloqueo impuesto, ese año, por Israel, la aislada franja presenta algunos de los más críticos índices socioeconómicos.
Cisjordania -gobernada por la Autoridad Nacional Palestina- limita al norte, al oeste, y al sur con Israel, mientras que al este -bordeada por el Río Jordán y el Mar Muerto- es fronteriza con Jordania.
Ambas extensiones territoriales están bajo ocupación por parte de las IDF -Gaza, en el marco de la presente guerra, completamente, y Cisjordania, hace décadas, en más de 90 por ciento-.
En el contexto de la nueva Nakba, mujeres y niños constituyen un 70 por ciento de las algo más de 28 mil víctimas fatales que ha generado el enfrentamiento entre las IDF y las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam (Izz ad-Din al-Qassam Brigades, IQB) -el componente armado de Hamas-.
No obstante esos brutales datos estadísticos, que se suman a la masiva destrucción física de ciudades en la franja, el guerrerista ministro de Seguridad de Israel, se permitió proponer que el ensañamiento contra esos dos indefensos grupos poblaciones sea elevado a convertirlos en prioritarios objetivos militares.
Según la propuesta de Ben-Gvir, las IDF deben disparar, específicamente, contra mujeres y contra niños, según su patológico razonamiento, para evitar que se repita la agresión palestina del 7 de octubre de 2023.
Citado en notas informativas difundidas del 12 al 14 de febrero, por medios de comunicación israelíes y regionales de Oriente Medio, el ministro planteó que “no podemos tener mujeres y niños (palestinos) acercándose a la frontera”.
“Cualquiera que se acerque, tiene que recibir una bala”, precisó, en el desarrollo de una discusión con el jefe del Estado Mayor de las IDF, el general Herzl “Herzi” Halevi, durante la reunión ministerial llevada a cabo, el 11 de febrero, en la base militar Golis, en el sur de Israel -sector fronterizo con Egipto, al oeste, y con Jordania, al este-, según las diversas y coincidentes versiones periodísticas.
“Usted sabe cómo operan nuestros enemigos (…) van a ponernos a prueba”, afirmó Ben-Gvir, quien es, además, el máximo dirigente del ultraderechista partido Otzma Yehudit (Poder Judío), del cual es uno de los seis representantes en el Knesset (parlamento unicameral israelí).
“Ellos van a mandar mujeres y niños, y, al final, todos van a resultar saboteadores”, siguió planteando, para formular, a continuación, el vaticinio de que, “si seguimos así, vamos a llegar a otro 7 de octubre”.
Al respecto, el medio de comunicación The New Arab -fundado en Qatar, y con sede en el Reino Unido-, informó que Halevi no cuestionó el razonamiento de Ben-Gvir, y solamente planteó el riesgo implícito en cuanto a incidentes de lo que describió con el eufemismo militar de “fuego amistoso” -por confusión, entre efectivos de las IDF, o contra civiles-.
Sobre ese tema, The New Arab indicó que “en diciembre del año pasado, soldados israelíes abrieron fuego y mataron a tres rehenes en la (norteña y costera) Ciudad de Gaza, a pesar de que estaban claramente desarmados, agitaban una bandera blanca, y clamaban por ayuda, en hebreo”.
“Palestinos han denunciado y grabado numerosas instancias de soldados israelíes abriendo fuego conta civiles inocentes”, agregó el periódico, para precisar que “filmaciones desde Gaza han mostrado a fuerzas israelíes matando, a balazos, a palestinos desarmados”.
En reacción a las versiones periodísticas -generadas por información, filtrada a los medios, sobre su discusión con Halevi, durante la reunión del gabinete ministerial-, Ben-Gvir defendió, con similar agresividad, sus planteamientos.
Luego de señalar que no sentía arrepentimiento por sus aseveraciones, el ministro reafirmó, en la red social X, que “hay que disparar contra todos aquellos quienes ponen a nuestros ciudadanos en riesgo, al acercarse a la frontera”.
“Eso es lo que ellos hacen, en cualquier situación normal”, aseguró, a continuación, como elemento justificador.
Sobre la misma discusión, la agencia informativa palestina al-Quds, reveló que el jefe militar planteó, a Ben-Gvir, que “esta es la tercera vez que hemos repetido esta conversación”, y le aseguró que “los soldados conocen las complejidades” de la situación.
En arrogante réplica, el ministro aseguró que “repetiremos esta conversación, por la cuarta y la quinta vez, también”, porque “tiene que haber instrucciones claras: no puede darse una situación en la cual niños y mujeres se acerquen a nosotros”.
De modo que, en la opinión de Ben-Gvir, esos son peligrosos enemigos de los cuales debe defenderse, asesinándolos, uno de los ejércitos más temidos y más tecnificados a nivel mundial.
Pero el desquiciado funcionario tuvo respaldo, a nivel parlamentario.
Según las versiones periodísticas, Nissim Vaturi, legislador por el derechista Movimiento Liberal Nacional-Likud, formuló declaraciones en la misma línea que Ben-Gvir.
Habiendo afirmado, con anterioridad, que “Gaza debe arder”, Vaturi dijo, ahora, que los palestinos son terroristas, y que “quien sea que reciba una bala, probablemente la merece”.
En cuanto al obvio objetivo expansionista de Israel, en declaraciones reproducidas el 5 de enero, por el diario británico The Guardian, el ministro de Defensa de aquel país, el general retirado Yoav Galant, dijo que, finalizada la guerra -algo que no está previsto que ocurra en lo inmediato-, Gaza permanecería bajo control israelí.
Formalmente, la franja sería gobernada por lo que Galant describió como organismos palestinos -los que no identificó-, con Israel manteniendo operatividad en el lugar.
“Los residentes de Gaza son palestinos, por lo que organismos palestinos estarán a cargo, con la condición de que no haya acciones hostiles, ni amenazas, contra el Estado de Israel”, planteó el militar retirado.
Por su parte, el ministro aseguró, además, que, una vez derrotado, “Hamas no controlará Gaza, y no significará una amenaza de seguridad para los ciudadanos de Israel”.
La brutal situación que afecta, con particular crueldad, a la población femenina y a la infancia en Gaza, fue puntualmente descrita, en el inicio de 2024, por la entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres).
Al actualizar, el 19 de enero, sus cifras sobre la victimización de mujeres, niñas, y niños angustiantemente desprotegidos en el contexto de irracionalidad belicista imperante, ONU Mujeres proporcionó un dato ilustrativo, de particular fuerza: dos madres palestinas mueren, cada hora, a causa de la guerra.
La agencia especializada mundial denunció que, a esa fecha, “más de 1.9 millones de personas -85 por ciento de la población total de Gaza- han sido desplazadas”, incluidas, en ese momento, “casi 1 millón de mujeres y niñas”.
“Toda la población de Gaza -alrededor de 2.2 millones de personas- está en crisis o peores niveles de aguda inseguridad alimentaria”, puntualizó, asimismo, en el informe.
Ello, además de que, en el lugar, “la pérdida de vidas y las severas necesidades humanitarias está en niveles sin precedente, en un contexto en el cual las necesidades ya era agudas antes de la presente escalada”, precisó, en el documento de one páginas que tituló “Resumen Situacional-Los Seres Humanos Detrás de los Números” (“Situation Overview-The Human Beings Behind the Numbers”).
Como dato ilustrativo, informó que, “en enero de 2023, se estimaba que aproximadamente 2.1 millones de palestinos (…) requerían alguna forma de asistencia humanitaria, de los cuales 49.2 por ciento eran mujeres”.
También reveló la forzada movilidad humana a causa de la guerra, indicando que, “al inicio de 2024, la mayoría de la población de Gaza ha sido obligada a desplazarse, múltiples veces, caminando”.
En ese sentido, aseguró que, “desde que la operación terrestre (de las IDF) inició, en Gaza, se ha informado que los hombres enfrentaban arbitraria detención y forzada desaparición”, y, “de acuerdo con versiones periodísticas, durante su desplazamiento, las mujeres también han enfrentado riesgo de detención arbitraria, y hostigamiento”.
ONU Mujeres denunció, al respecto, que, “para las familias con parientes ancianos o familiares con discapacidades quienes, sencillamente, no pueden moverse, son las mujeres quienes, desproporcionadamente, se quedan, como cuidadoras”.
A ello se suma el hecho de que, en materia de protección ante los permanentes bombardeos, la situación de mujeres y niñas es, también, de alta vulnerabilidad.
“En refugios severamente hacinados, entre los escombros en las calles, las mujeres y las niñas buscan seguridad, contra los ataques aéreos, en condiciones indescriptibles”, aseguró, a continuación, y aclaró que, “sin embargo, nadie está seguro en ningún lugar, en Gaza”.
A la inseguridad causada por la guerra, se agrega, específicamente para las niñas, un particular componente de la vulnerabilidad de género.
Al respecto, la agencia especializada señaló que “las mujeres, crecientemente, temen que, a la luz de la escasez de alimentos, los cierres escolares, y la pérdida de oportunidades educativas, las familias recurrirán a mecanismos desesperados para hacer frente a la situación, incluido el matrimonio temprano, especialmente dado el alto número de niñas quienes han perdido a uno o a ambos padres”.
El informe de ONU Mujeres fue conocido una semana antes de que, ante las atrocidades cometidas en Gaza, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió un fallo en el cual ordenó, a Israel, abstenerse de cometer genocidio -crimen de lesa humanidad que el régimen de Netanyahu está, sostenidamente, perpetrando, y que, de hecho, ha declarado que seguirá perpetrando-.
“El Estado de Israel, de acuerdo con sus obligaciones bajo la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, respecto a los palestino en Gaza, tomará todas las medidas en su poder para prevenir la comisión de todos los actos en el alcance del Artículo II de esta Convención”, indicó en la primera de seis medidas provisionales ordenadas en su fallo.
“En particular: (a) matanza de miembros del grupo; (b) causar lesión grave a la integridad físico o mental de los miembros del grupo; (c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; y (d) imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo”.
El segundo de los 19 artículos de la convención -mencionado por la CIJ-, tipifica, como genocidio, esos cuatro actos criminales, lo mismo que el “traslado, por fuerza, de niños del grupo, a otro grupo”.
El tribunal mundial -institución del Sistema de las Naciones Unidas-, también ordenó que “el Estado de Israel se asegurará, con efecto inmediato, que sus militares no cometan ninguno de los actos descrito en el punto 1 (la primera medida provisional)”.
Igualmente, que “el Estado de Israel tomará todas las medidas en su poder, para prevenir y castigar la incitación directa y pública a cometer genocidio en relación con los miembros del grupo palestino en la Franja de Gaza”.
Además, que “el Estado de Israel tomará inmediatas y efectivas medidas para permitir el abastecimiento de urgentemente necesarios servicios básicos y asistencia humanitaria, para atender las adversas condiciones de vida que los palestinos enfrentan en la Franja de Gaza”.
Me parece, todavía, oír las carcajadas de los criminales de guerra israelíes ante la inoperante formalidad del tribunal.







