María Corina y el Comité Nobel Noruego, sólido apoyo al trumpismo imperialista y al sionismo genocida

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En su desmedida megalomanía, su descontrolado egocentrismo, su peligroso autocratismo, Donald Trump quiere el Premio Nobel de la Paz.

Se autopromociona como merecedor, asegurando -entre otras flagrantes falacias- que ha logrado -en el tiempo récord de nueve meses- el fin de ocho guerras.

En su recuento, Superdonald incluye el genocidio de más de dos años en la palestina Franja de Gaza, para el cual promovió un cese del fuego -que, como en casos anteriores, es sistemáticamente violado por las partes en pugna-, sin perjuicio de que ha aportado armas y declaraciones para la continuidad de esa limpieza étnica.

La insultante -además de manipuladora- postulación formal de Trump fue perpetrada, a mediados de 2025, por el manipulador primer ministro de Israel, Benjamin “Bibi” Netanyahu -el criminal de guerra universalmente requerido por la Corte Penal Internacional, además de que enfrenta, en el sistema judicial israelí, cargos, que ameritan prisión, por actos de espesa corrupción-.

Al inicio de la visita que realizó, del 7 al 9 de julio, a la Casa Blanca, Netanyahu informó, a Trump, sobre la carta que dirigió, el 1 del mismo mes, al Comité Nobel Noruego, para presentar la procaz nominación.

Pero se les adelantó la derechista María Corina Machado, quien se convirtió, el 10 de octubre, en la primera persona venezolana galardonada por el Comité Noruego Nobel -uno de sus promotores fue el entonces senador republicano Marco Rubio, entonces adversario y ahora secretario de Estado de Trump-.

Se materializó, así, una vez más el uso de la codiciada medalla de oro de 18 quilates -y los aún más codiciados 11 millones de coronas suecas (alrededor de 1.17 millones de dólares)- como arma para premiar lo absolutamente opuesto al objetivo original de la distinción.

Según la información difundida en el oficial sitio web The Nobel Peace Prize (El Premio Nobel de la Paz), el galardón se otorga a “quien haya hecho el mayor o el mejor trabajo por la fraternidad entre naciones, por la abolición o la reducción de ejércitos existentes”, entre otras condiciones.

La cita corresponde al testamento del químico, inventor, ingeniero sueco Alfred Nobel (1833-1896), cuyo nombre llevan ese y los otros cuatro premios -respectivamente, en las áreas de física, fisiología o medicina, literatura, química-.

En el reverso, la medalla de paz, presenta la inscripción “pro pace et fraternitate gentium” (“por la paz y la fraternidad entre los pueblos”).

Conferido inicialmente en 1901, el premio ha tendio 150 entregas -en algunos casos, compartidas-, a 139 galardonados: 92 hombres, 28 organizaciones, 19 mujeres.

La información oficial también indica que, “en los años más tempranos del Premio de la Paz -hasta la Primera Guerra Mundial-, el premio fue frecuentemente otorgado a pioneros del movimiento organizado por la paz”, haciendo alusión al inicial conflicto armado global del siglo 20, de 1914 a 1918.

“En los años entre guerras, el foco se movió a políticos activos quienes procuraron promover la paz, la estabilidad, y la justicia internacionales por medio de la diplomacia y los acuerdos internacionales, pero los premios también fueron otorgados por trabajo humanitario”, agrega.

“Desde la Segunda Guerra Mundial, el Premio de la ¨Paz ha sido principalmente otorgado para honrar esfuerzos en cuatro áreas principales: control de armas y desarme, negociación de paz, democracia y derechos humanos, y trabajo dedicado a crear un mundo mejor organizado y más pacífico”, señala, en este caso, refiriéndose a la conflagración de 1936 a 1945.

La misma fuente precisa que, “en el siglo 21, el Comité Nobel ha incluido esfuerzos para limitar el daño del cambio climático causado por el hombre y las amenazas al ambiente, como relevantes para el Premio de la Paz”.

La entrega de la medalla ha reconocido esfuerzos pacifistas y en defensa de los derechos humanos por parte activistas tales como -para citar solamente algunos ejemplos- el argentino Adolfo Pérez Esquivel (1980), la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú (1992), el emblemático sudafricano Nelson Mandela (1993), las iraníes Shirin Ebadi (2003) y Narges Mohammadi (2023).

También ha resaltado el trabajo humanitario llevado a cabo por instituciones mundiales, incluidos el Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) -1917, 1944-, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) -1954-, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) -1969-.

Sin embargo, en flagrante omisión, el paradigmático liderazgo de resistencia no violenta ejercido por el inclaudicable anticolonialista indio Mohandas Gandhi (1869-1948), no ameritó la medalla -quizá porque el Mahatma venció a un imperio, valiéndose de éticos medios pacíficos, lo cual no solamente no es políticamente correcto sino que llega a ser imperdonable, porque, a las monarquías, se las admira, no se las combate-.

Sumado a ello, y también en contradicción con las buenas intenciones oficialmente enunciadas como razón de ser del premio, unos cuantos destinatarios de la medalla no la merecieron realmente -para plantearlo con mesura-.

En ese grupo figuran personajes entre quienes se destaca, por ejemplo, el ex presidente estadounidense (1901-1905, 1905-1909) Theodore “Teddy” Roosevelt, autor del imperial lema de política exterior “hablar suavemente, y portar un garrote” (“speak softly and carry a big stick”) -recibió el premio, en 1906-.

Igualmente, Henry Kissinger, el turbio alemán naturalizado estadounidense, quien -como nefasto asesor de Seguridad Nacional (1965-1975) y secretario de Estado (1973-1977) del corrupto ex presidente estadounidense Richard Nixon (1969-1973, 1973-1974)- fue, entre otros crímenes, cómplice del cruento golpe de Estado de 1973, en Chile -obtuvo la medalla, precisamente, en 1973-.

El comité decidió, ese año, otorgar el premio, conjuntamente, a Kissinger y al dirigente revolucionario vietnamita Le Duc Tho, “por haber, conjuntamente, negociado un cese del fuego en Vietnam, en 1973”.

Sin embargo, Tho -cofundador, en 1930, del Partico Comunista local, y ex preso político (1930-1936, 1939-1944)- se negó a recibir el galardón, a causa de que el acuerdo de 1973, que ambos negociaron (1969-1973), para poner fin a la guerra (1955-1975), no había logrado este objetivo, dando así una fenomenal lección de ética -algo completamente ajeno a Kissinger-.

En la carta que, al respecto, dirigió al comité, y en alusión a que el enfrentamiento armado no había concluido, Tho señaló que, “en estas circunstancias, me es imposible aceptar”.

Entre los galardonados dudosos, figura, igualmente, el ex presidente estadounidense Barack Obama (2009-2013, 2013-2017), no obstante el hecho de que, por ejemplo, su secretaria de Estado en el primer cuatrienio, la insoportable Hillary Clinton, fue cómplice del cruento golpe de 2009, en Honduras -el premio le fue otorgado en 2009, apenas siete meses después de iniciado su primer cuatrienio en la Casa Blanca-.

Tampoco debió recibir la medalla -en 2016- el entonces presidente colombiano (2010-2014, 2014-2018), Juan Manuel Santos, quien, en su previa condición de ministro de Defensa (2006-2009), fue cómplice de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por su jefe, el patán/corrupto ultraderechista y ex presidente (2002-2006, 2006-2010) Álvaro Uribe -un guerrerista aliado de los criminales grupos paramilitares-.

Y, como más reciente miembro del grupo de falsos paladines de la paz y de los derechos humanos, la venezolana entró, el 10 de octubre de 2025, en escena.

Machado es una dirigente política derechista, además de ex diputada (2011-2014), e integrante de la clase socioeconómicamente alta de Venezuela, quien se ha proyectado como la más popular y más estridente líder contra el régimen del intelectualmente patético dictador venezolano, Nicolás Maduro.

Su indiscutible posicionamiento no ha sido difícil de lograr, en el contexto de monumental mediocridad que caracteriza a la dirigencia supuestamente opositora venezolana -como lo demostró, paradigmáticamente, el impresentable Juan Guaidó-.

En aparente contradicción con su accionar antidictatorial, el alineamiento de Machado, con Trump -el autócrata quien está dando indicios de que se apresta a intervenir militarmente en Venezuela-, y con Netanyahu -el autoritario criminal de guerra exterminador de la población palestina-, no la presenta como plena merecedora del Premio Nobel de la Paz -por más desprestigiado que esté-.

Sin perjuicio de ello, el Comité Nobel Noruego (Den norske Nobelkomité, en noruego), consta de cinco integrantes, quienes son designados por el Storting -el unicameral parlamento de Noruega, país gobernado por una monarquía-, lo que quizá explica la politización que suele evidenciarse en el otorgamiento de la medalla.

En el caso de Machado, la institución señaló, en el anuncio oficial, emitido el 10 de octubre, que “El Comité Noruego del Nobel ha decidido otorgar el Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado”.

Ello, “por su incansable labor en promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha en favor de una transición justa y pacífica de la dictadura hacia la democracia”, agregó.

“El Premio Nobel de la Paz de 2025 se concede a una persona valiente, de firmes principios y profundamente comprometida con la paz: a una mujer que mantiene viva la llama de la democracia en medio de una creciente oscuridad”, precisó.

“Como líder de las fuerzas democráticas en Venezuela, María Corina Machado constituye uno de los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en América Latina en los últimos tiempos”, siguió elogiando.

“Ha desempeñado un papel fundamental en la unificación de una oposición política profundamente dividida; una oposición que ha sabido congregarse en torno a la exigencia de elecciones libres y un gobierno representativa”, agregó, en exagerada alabanza de la dirigente antidictadura venezolana.

“Este es, precisamente, el núcleo de la democracia: la defensa conjunta de los principios que garantizan el autogobierno del pueblo, incluso en la discrepancia”, planteó el Comité.

“La dictadura de Venezuela hace que la actividad política sea sumamente difícil”, contexto en el cual “la oposición ha sido sistemáticamente reprimida mediante el fraude electoral, procesos judiciales y encarcelamientos”, indicó.

En ese dramático cuadro de situación, “Machado se destacó como defensora de elecciones libres y justas”, aseguró, además.

“Durante años, ha luchado incansablemente por la libertad del pueblo venezolano”, puntualizó, además de relatar que, “antes de las elecciones presidenciales de 2024, Machado fue la principal candidata de la oposición, pero el régimen impidió su postulación”.

El comité hizo, así, referencia al evidente fraude perpetrado por el régimen, para mantener, a Maduro, en el poder, por tercer sexenio consecutivo (2013-2019, 2019-2025, desde 2025).

En calidad de precandidata presidencial para los comicios de 2024, Machado obtuvo, en las elecciones primarias, entre 10 aspirantes a la postulación, la arrolladora mayoría de casi 93 por ciento.

Machado se candidateó no obstante la decisión, de la dictatorial Contraloría General de la República (CGR), el 30 de junio de 2023, de inhabilitarla -por 15 años- para ejercer cargos públicos.

La CGR apoyó la decisión, acusando, a la dirigente opositora, de haber incurrido en actos de corrupción, y de haber apoyado sanciones internacionales contra el régimen madurista.

En tal contexto, Edmundo González, un considerablemente gris opositor a la dictadura, reemplazó, a Machado, como candidato presidencial.

No obstante masivas denuncias de fraude electoral, Maduro fue declarado, por el Consejo Nacional Electoral (CNE) como el ganador de la votación presidencial del 28 de julio de 2024.

Juramentado, el 10 de enero de 2025 -para cumplir el período 2025-2031-, el dictador rechazó las denuncias de estafa electoral, calificándolas de intento golpista.

Machado respondió, el mismo día, revirtiendo la acusación: “hoy, 10 de enero, Maduro consolida un golpe de Estado”.

“Frente a los venezolanos, y frente al mundo, decidieron cruzar la raya roja que oficializa la violación a la Constitución nacional”, agregó, respecto a la dirigencia de la tiranía.

La opositora agregó que “Maduro fue, a la juramentación, además, flanqueado por los dictadores de Cuba y de Nicaragua”, en alusión a la presencia, respectivamente, del cubano Miguel Díaz-Canel y del nicaragüense Daniel Ortega, entre los invitados internacionales a la actividad, y reflexionó: “esto, lo dice todo”.

Momentos después de haber recibido, la mañana del 10 de octubre, de parte del comité Nobel, la información sobre el premio de paz 2025, Machado -quien, según versiones periodísticas, está en Venezuela, aunque en situación clandestina-, confirmó su flagrante alineamiento con el imperialismo y el guerrerismo.

“Este reconocimiento de la lucha de todos los venezolanos es un fortalecimiento para concluir nuestra tarea: conquistar la Libertad”, escribió, en inglés, en la red social X, -exactamente nueve meses después de la juramentación de Maduro-.

“Estamos en el umbral de la victoria y hoy, más que nunca, cortamos con el Presidente Trump, el pueblo de Estados Unidos, y los pueblos de América Latina, y las naciones democráticas del mundo como nuestros principales aliados para lograr libertad y democracia”, aseguró, a continuación.

Y, en servilismo sin control, anunció: “dedico este premio al sufriente pueblo de Venezuela y al Presidente Trump por su decisivo apoyo a nuestra causa!”.

Como si lo anterior hubiese sido poco, también dirigió elogio a Netanyahu.

“Hablé con el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu hoy y le agradecí su cálida felicitación para el pueblo de Venezuela por nuestro Premio Nobel de la Paz 2025”, escribió, igualmente en X, y en inglés, el 17 de octubre.

“Nosotros los venezolanos valoramos profundamente la paz, y sabemos que lograrla requiere inmensa valentía, fuerza, y claridad moral contra las fuerzas totalitarias que se oponen a nosotros”, agregó.

Repitiendo conceptualmente el discurso del sionismo guerrerista gobernante en Israel, y adaptando esa manipuladora narrativa al contexto venezolano, aseguró que “no es sorpresa que el régimen iraní -un partidario clave del régimen de Maduro en Venezuela- también apoya a organizaciones terroristas como Hamas, Hezbollah, y los Houthis” -agrupaciones armadas, en choque bélico con Israel-.

“Este alineamiento subraya la naturaleza global de los lucha entre la libertad y el autoritarismo”, afirmó, a continuación.

“Así como luchamos por la libertad y la democracia en Venezuela, todas las naciones en el Oriente Medio merecen un futuro construido sobre dignidad, justicia, y esperanza -no temor-”, planteó.

Y, otra vez alabando al autócrata estadounidense, escribió -en referencia al acuerdo de alto el fuego, del 9 de octubre, recurrentemente violado por ambas partes enfrentadas en la Franja de Gaza- que “tenemos la esperanza de que la plena implementación del visionario plan del Presidente Trump contribuirá a lograr una paz duradera en la región”.

Siempre ceñida a la narrativa de Netanyahu, agregó que, “la paz requiere libertad, y la libertad requiere valor y fuerza”.

Casi simultáneamente, la Oficina del Primer Ministro difundió, en su sitio en Internet, un breve comunicado, precisando detalles del diálogo telefónico ente el autócrata Israeli y la opositora sudamericana.

“La galardonada con el Premio Nobel de la Paz, la líder opositora venezolana María Corina Machado llamó al primer ministro Benjamin Netanyahu hace algunos momentos”, señaló la dependencia gubernamental israelí, en el texto de cuatro breves párrafos.

“La señora Machado dijo al primer ministro que ella valora las decisiones y las decididas acciones de él en el curso de la guerra, y los logros de Israel”, agregó, destacando el alineamiento -o sea, la complicidad- de la dirigente con el guerrerista sionismo imperialista que gobierna al país de Oriente Medio.

“También elogió el acuerdo para la liberación de los rehenes en Gaza”, indicó, de inmediato, la oficina, en alusión a los algo más de 200 judíos de diversas nacionalidades
-mayoritariamente israelíes-, que estuvieron, desde 2023, en poder del terrorista movimiento políticomilitar palestino Harakat al-Muqawama al-Islamiya -que, en transliteración del árabe, significa Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas)-.

“La señora Machado agregó que valora la inclaudicable lucha contra el iraní eje del mal, que está activo no sólo contra Israel sino también contra el pueblo de Venezuela”, puntualizó.

“El primer ministro felicitó a la señora Machado por haber obtenido el Perimo Nobel, y elogió los esfuerzos de ella por la democracia y por la expansión del círculo de paz mundial”, informó, asimismo -sin identificar a ese grupo global-.

En el caso de la comunicación con Trump, se registró una contradicción, o un comentario despectivo -nada raro, en el autócrata anaranjado-, que, al parecer, no se percibió o no ameritó atención.

En declaraciones que formuló en la Casa Blanca, el 17 de octubre -una semana después del diálogo que, según relató Machado, ambos mantuvieron-, Trump dijo desconocer quién es la dirigente opositora venezolana.

Al responder a una pregunta, y haciendo alusión a lo que considera sus méritos para obtener el galardón Nobel, planteó que “resolví ocho guerras”.

“Miren todas las guerras que resolvimos, y cada vez que resuelvo una, dicen: ‘si usted resuelve la próxima, usted va a recibir el Premio Nobel’”, agregó, en tono de burla
-mencionando un par de casos, sin poder enumerar la totalidad-.

“Alguien lo recibió, que es una muy agradable mujer, muy agradable, no sé quién es, pero fue muy generosa”, aseguró.

En cuanto al declarado desconocimiento de Trump respecto a quién es Machado, a las posibles razones se suma una que, probablemente, sea la verdadera: la venezolana lo dejó sin el Premio Nobel, lo que implica una triple ofensa: a su ego, a su misoginia, a su xenofobia.

En primer lugar, el comité no optó por él; en segundo lugar, lo hizo por una mujer; en tercer lugar, es venezolana -una de las nacionalidades que el autócrata ha soezmente estigmatizado, con particular agresividad, en el marco de su represiva/xenofóbica política antinmigrante-.

La asignación del premio tiene algunos aspectos favorables, en cuanto, por una parte, parece -aunque no haya sido el propósito- un esfuerzo en materia de equidad de género, considerando que en los 104 años de existencia, lo han recibido apenas 19 mujeres (de ellas, solamente dos latinoamericanas: la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, en 1992, y Machado, 33 años después), frente a 92 hombres, y 28 organizaciones -para un desequilibrado total de 139 medallas-.

Por otra parte, significa un revés internacional para la dictadura madurista, y, por otra más
-quizá la razón principal-, golpeó, con severidad, el ridículamente desmedido ego de Trump
-junto con el patético ego colectivo de los irracionales habitantes del planeta Maga-.

Sin embargo, los factores adversos se centran en lo que Machado no proyecta, lo que contraría la percepción del comité, en cuya opinión la nueva galardonada es “una persona (…) profundamente comprometida con la paz”, quien “lucha a favor de una transición (…) pacífica de la dictadura a la democracia”.

No queda claro cuál es la definición que el comité da a coneptos tales como transición pacífica, y profundo compromiso por la paz, al aplicarlos a una persona renuente a afirmar, con claridad, si apoya o rechaza una potencial invasión militar extranjera -específicamente, estadounidense- en su país.

Entrevistada por medios de comunicación internacionales, en los días inmediatamente siguientes al anuncio del comité noruego, Machado fue, invariablemente, interrogada al respecto, pero -en también invariablemente todas respuestas- evitó pronunciarse con precisión.

A manera de reflejo condicionado, manejó precarios conceptos elusivos tales como denunciar que la dictadura madurista y sus aliados internacionales son quienes están invadiendo a Venezuela, o que el narcotráfico y otras actividades delictivas oxigenan al régimen, o que en la votación de 2024 el pueblo dio un mandato de cambio.

Ello, además de, específicamente, negarse a expresar opinión respecto a un aspecto clave en el presente contexto venezolano.

Lo más próximo a una definición ha consistido en afirmar, vagamente -en presunta alusión al hostigamiento militar trumpista-, que está ocurriendo lo correcto, y que el logro de la paz implica fuerza.

Por ejemplo, en declaraciones al diario español El País, planteó -un tanto confusamente- que “yo, no voy a opinar sobre una operación de esa naturaleza, una operación que busca la defensa de la seguridad nacional de ningún país” -al parecer, en implícita referencia a Estados Unidos-.

“La única invasión que hay, en Venezuela, es la que hemos tenido de la guerrilla (colombiana), de los carteles, de los agentes cubanos, rusos, e iranís, Hezbollah, Hamas, y demás organizaciones”, dijo, al incluir, en la lista, a dos organizaciones políticomilitares islámicas.

“Y eso es lo que hay que denunciar, que no pueden andar con estándares dobles, en función de sus propios intereses”, agregó, sin precisar a quiénes se refería.

“De modo que nosotros estamos, hoy, frente a un país que está ocupado por las fuerzas del crimen, que, aún así, dio un mandato de libertad (en la votación de 2024)”, reafirmó.

En referencia a la comunidad internacional, aseguró que los gobiernos, “en general, todos, tienen que tomar una decisión: o están con el pueblo de Venezuela, o están con un cartel narcoterrorista”.

Y, entrevistada el 11 de octubre, por la British Broadcasting Corporation (BBC), eludió responder a una concretísima pregunta: “apoyaría una invasión de Estados Unidos a Venezuela, como última instancia?”.

También en este caso, Machado divagó respecto a que “Venezuela vive una invasión
-absolutamente- de agentes cubanos, iranís, chinos, rusos, de terroristas islámicos, del cartel de la droga que han tomado control de una parte de nuestro territorio”, y reiteró que “la invasión ya existe”.

“Nosotros, lo que necesitamos es una liberación”, agregó, para plantear que, “para eso, estamos trabajando durísimo, y, para eso, necesitamos posiciones firmes”.

Además de afirmar que, “con el pueblo de Venezuela, están los Estados Unidos, con el pueblo de Venezuela está la mayoría de las naciones latinoamericanas, del caribe, y europeas”, vaticinó que, “nosotros, vamos a liberar a Venezuela, y vamos a ofrecerles protección, a todos los venezolanos, dentro de su país”.

Y, en diálogo, en inglés, con la cadena de televisión informativa estadounidense Cable News Network (CNN), el 15 de octubre, hizo lo mismo.

Respecto a la evidente intención del régimen trumpista de lograr, en Venezuela, “un cambio de régimen”, surgió la puntual pregunta: “por qué quiere usted que el futuro de su país sea decidido por un intervención militar de Estados Unidos?”.

“Bueno, en primer lugar, el cambio de régimen ya fue el mandato, en condiciones absolutamente injustas, pero ganamos”, comenzó a responder, imprecisamente, refiriéndose a la elección presidencial de julio de 2024.

“La gente me decía que yo estaba loca, que era absolutamente imposible ganar con esas condiciones”, no obstante lo cual “construimos una legión de más de un millón de voluntarios”, aunque “no teníamos dinero, no teníamos medios de comunicación, no teníamos absolutamente ningún apoyo internacional”, agregó.

El último punto de estas afirmaciones resulta flagrantemente contradictorio con su recurrente afirmación de que Estados Unidos y otros países la respaldan.

“Entonces, nosotros logramos construir esta increíble organización, ganamos por avalancha (…) y, entonces, Maduro decidió declarar la guerra al pueblo venezolano”, expresó, para reafirmar: “la guerra!”.

“Nosotros no quisimos esta guerra, él empezó esa guerra, y nosotros necesitamos la ayuda del presidente de los Estados Unidos para detener esta guerra”, agregó, a continuación, sin precisar la naturaleza de ese apoyo -aunque, de hecho, refiriéndose, implícitamente, a la posibilidad invasión militar-.

“Entonces, toda estructura criminal permanece en el poder, en control, con los recursos que recibe”, y, “en el caso de Maduro y su criminal estructura narcoterrorista, eso es con tráfico de dogas, tráfico de oro, tráfico de armas, hasta tráfico humano”, explicó.

“Necesitamos cortar eso flujos, que no entren, porque eso es lo que el régimen usa para represión, y, también, para expandir sus actividades criminales”, subrayó, a manera de exhortación -posiblemente, llamando a la invasión militar-.

“Y eso es lo que está pasando ahora, y tiene apoyo total”, aseguró, en evidente alusión a la supuesta guerra antinarco que Estados Unidos está librando en el Mar Caribe, frente a la costa venezolana -y, más recientemente, también en el Océano Pacífico, en el área la costa oeste de Colombia, país fronterizo con Venezuela-.

En el marco de la creciente tensión en las relaciones Colombia-Estados Unidos, el régimen de Trump canceló, al final de setiembre, la visa que había otorgado al presidente colombiano, el ex guerrillero Gustavo Petro-.

Ante la persistente actitud de evadir una respuesta explícita a la pregunta explícita, fue interrogada: “usted está llamando a una intervención estadounidense en su país, intervención militar?”.

Y, otra vez, la terca evasiva: “nosotros estamos llamando a detener y expulsar la intervención de Rusia, China, Cuba, e Irán”.

“Venezuela es, ahora, un santuario donde Hezbollah, Hamas, la guerrilla colombiana operan libremente, y son parte de esta unión con el régimen”, agregó.

“Y lo que hemos hecho -el pueblo venezolano- es, como dije, dar el mandato de cambio de régimen”, esfuerzo en el cual “ganamos, y necesitamos ayuda para implementar esa decisión”, dijo.

“Y, esa ayuda, viene en términos de cumplir la ley, cortando esos flujos que vienen de estas actividades criminales”, reafirmó, siempre sin especificar la naturaleza de esa necesaria asistencia.

Machado también subrayó que, mediante su accionar delictivo, “Maduro ha convertido, a nuestro país, en una real amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos (…) y, nosotros, vamos a convertir a Venezuela, de ese polo criminal, en un polo de energía que traiga prosperidad y seguridad para nuestro pueblo -primero, y primordialmente-, pero, también, al pueblo de Occidente.”

Por otra parte, en declaraciones que formuló, el 19 de octubre, al canal NTN24, de la televisión colombiana, insistió en la respuesta evasiva.

En este caso, la pregunta -que aludió también a la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA), fue: “qué opina la Premio Nobel de Paz sobre esa otra alternativa, la alternativa de la presión militar, la alternativa de la presencia de la CIA en Venezuela?”.

Machado empezó a eludir el tema, afirmado, respecto al régimen madurista, que, “como estructura criminal, se soporta en la entrada de esos flujos ilegales del narcotráfico, del oro de sangre, del contrabando de minerales, de seres humanos, de armas, y hay que cortar esos flujos”.

“Esa es la prioridad, y hemos estado pidiendo que esto se hiciera, desde hace muchos años, que se aplicara la ley internacional, que se hiciera pública toda la información que tienen tantas agencias y gobiernos sobre los negocios criminales de Maduro y todo su entorno”, agregó, de inmediato.

“Finalmente, esto está ocurriendo, lo que tenía que pasar”, señaló, en implícita referencia a las presuntas acciones militares estadounidenses antinarco frente a la costa y al espacio aéreo venezolanos.

Pero, nuevamente, desvió el diálogo, planteando que, “en Venezuela, nosotros no queremos una supuesta paz que es esclavitud la paz criminal, no”.

Y aseguró: “para mí, la paz real -la única paz-, sólo es posible si hay libertad, y, para que exista libertad, tiene que haber fuerza”.

En la visión de Machado, “la resolución del conflicto, en Venezuela, es absolutamente prioritario, y que el régimen, finalmente, no tiene otra opción que irse, con o sin negociación”.

De modo que la posición pública de la principal figura en la oposición venezolana, en cuanto a lo que se perfila como la inminente invasión militar estadounidense a Venezuela, no es ni “sí”, ni “no” sino una evasiva manipulación cómplice.

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