Mare Nostrum (en latín: Mar Nuestro) es el nombre que el histórico imperio romano dio al europeo Mar Mediterráneo.
“Nuestro”, porque lo rodeaba ese vastamente extenso territorio -que comprendía casi toda Europa, además de Asia Occidental, Oriente Medio, el norte africano-, y porque era
-además de la terrestre- una prioritaria vía de comunicación intraimperial.
Casi veinte siglos después, Donald Trump restituyó, al Mar Caribe, su pasada condición de Mare Nostrum del imperio estadounidense, además de que fortaleció la diplomacia de las cañoneras (gunboat diplomacy) -la diplomacia armada-, y reasignó, al Tío Sam, el tradicional papel de gendarme mundial.
En tal contexto, primero, mediante un Decreto Presidencial -Orden Ejecutiva (Executive Order, EO)- que firmó el 20 de enero -el día uno de su actual presidencia-, decidió, en un ridículo -aunque peligroso- arrebato imperialista, cambiar el nombre del Golfo de México, a Golfo de Estados Unidos (Gulf of America).
La mediocridad de ese acto autocrático se equipara con la monárquica estupidez implícita en la decisión, en 1868, de la británica reina Victoria -cuyo período duró más de seis décadas (1837-1901)-, mediante la cual -según ella- resolvió un incidente diplomático con la plebeya Bolivia, en la lejana Sudamérica.
De acuerdo con relatos históricos, luego de preguntar “dónde queda Bolivia?” (“where is Bolivia?”), cuando le fue proporcionado un mapa, al enterarse de que la nación sudamericana carece de acceso al mar, la ignorante Victoria se vio imposibilitada de enviar una flota de la marina real para castigar al insolente general Mariano Melgarejo -el dictador del momento (1864-1971)-.
Ante esa molesta limitación, en un acto de máxima y encolerizada soberbia, tomó una pluma, trazó unas líneas sobre el área del país -como tachándolo-, y declaró: “Bolivia no existe más” (“Bolivia no longer exists”).
Con exactamente igual estrechez intelectual -sólo que casi 160 años (más de un siglo y medio) después-, Trump decidió, al inaugurar su regreso a la Casa Blanca, que el Golfo de México, ahora -según su desplante de naturaleza monárquica-, se llama, Golfo de Estados Unidos.
Los tiranos imperialistas -Victoria y Trump, incluidos- suelen abusar en materia de mediocridad.
Por supuesto que, en su fenomenal ignorancia, el narcisista anaranjado no se molestó en tomar en cuenta que, en la vida real, su patética decisión no existe fuera Estados Unidos.
Tampoco tuvo en consideración el hecho de que, más allá de la antojadiza geografía trumpiana, el golfo no solamente toca territorio estadounidense sino también de dos países latinoamericanos.
Con superficie de aproximadamente 1.5 millones de kilómetros cuadrados, el golfo es compartido por Estados Unidos, México, y Cuba -en orden de extensión de aguas territoriales: respectivamente, 800 mil, 600 mil, y 100 mil kilómetros cuadrados-.
En el mismo orden, lo bordean las costas de los sureños estados de Texas, Louisiana, Mississippi, Alabama, y Florida -en Estados Unidos-, los orientales estados de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, y Yucatán -en México-, y las occidentales provincias de Pinar del Río, y Artemisa -en Cuba-.
Los medios de comunicación que se negaron a adoptar la desquiciada nomenclatura trumpiana, fueron dictatorialmente perseguidos/censurados.
Por ejemplo, la histórica agencia informativa estadounidense The Associated Press (AP), fue excluida de la cobertura de actividades/declaraciones de Trump en la Oficina Oval (Oval Office) de la Casa Blanca.
Como acción adicional -también el día uno-, aplicó, a las narcoestructuras la etiqueta de “organizaciones terroristas extranjeras”, porque -según la narrativa oficial- “los carteles internacionales constituyen una amenaza de seguridad nacional más allá de la que presenta el crimen organizado”.
En realidad, porque -en su arbitraria visión de las cosas- eso le fabrica la excusa necesaria en el caso de intervenir militarmente -y hasta policialmente, por ejemplo, con la Agencia de Control de Drogas (Drug Enforcement Agency, DEA)- en cualquier país.
Con esa autojustificación, inició, a mediados de agosto -apenas siete meses después- la movilización de embarcaciones de guerra hacia el Mar Caribe, con el supuesto propósito de desactivar rutas marítimas usadas, por redes narcotraficantes sudamericanas, para trasladar droga hacia Estados Unidos.
En tal contexto, movilizó, hacia la zona caribeña sur, casi una decena de naves de la Marina de Estados Unidos (US Navy) -incluido un submarino nuclear-, flota que se posicionó, en aguas internacionales, frente a la costa de Venezuela, según versiones periodísticas.
Las tropas involucradas son aproximadamente cuatro mil, de acuerdo con las mismas fuentes.
Todo ello, como componente de la notoriamente intensificada presión política que viene ejerciendo sobre el patético dictador venezolano, el intelectualmente limitado Nicolás Maduro.
La excusa trumpiana: Maduro es el jefe del Cartel de los Soles -la narcoestructura militar venezolana, también encabezada por el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, y el actual canciller, el criminal Diosdado Cabello-.
Esa denominación, deriva de que las insignias que identifican a los generales venezolanos -general de brigada, general de división, mayor general, general en jefe (Padrino)- tienen forma de sol.
De acuerdo con lo indicado, el 3 de setiembre, por la revista estadounidense Newsweek, “Estados Unidos ha movilizado por lo menos ocho barcos de guerra y un submarino, al Caribe oriental”.
Según la lista dada a conocer por la publicación, se trata de los barcos USS Gravely, USS Jason Dunham, USS Sampson, USS Iwo Jima, USS San Antonio, USS Fort Lauderdale, USS Lake Erie, USS Minneapolis-Saint Paul, además del submarino USS Newport News.
A ese continente, se sumaron unidades de la militar Guardia Costera de Estados Unidos (United States Coast Guard, Uscg), y se agregó apoyo aeronaval.
Respecto a este último componente, Newsweek precisó que “los recursos aéreos estadounidenses amplían el alcance de las fuerzas navales, con capacidad constante de vigilancia, reconocimiento, y ataque”.
La revista detalló, asimismo, entre otros aspectos de la fuerza militar movilizada frente a Venezuela, que tres de los barcos son “destructores artillados con misiles guiados, que llevan a cabo patrullaje antinarcóticos, vigilancia marítima, y misiones de escolta”, y que “sus avanzados sistemas de radar y misiles proporcionan capacidades tanto defensivas como ofensivas para la más amplia presencia naval estadounidense”.
Cada una esas tres naves -USS Gravely, USS Jason Dunham, USS Sampson- “tiene un paquete de ataque que incluye misiles (…) con alcance superior a 1,000 millas (algo más de 1,600 kilómetros)”, agregó.
Al momento de redacción de esta nota, esa exagerada movilización de masivamente destructivos recursos marítimos y aéreos resultó, de acuerdo con la información del régimen de Trump, en la destrucción de apenas una lancha rápida que -siempre según la misma fuente- transportaba droga.
La desproporcionada correlación de fuerzas es suficiente para pensar que el objetivo de la presencia militar en la zona no es, en realidad, de seguridad nacional sino de flagrante interferencia política en Venezuela.
Que el régimen madurista tiene que terminar, es incuestionable, pero también lo es el hecho de que son los venezolanos quienes deben ponerle fin -no una intervención militar extranjera, menos aún si es lanzada por otra autocracia que sólo quiere reemplazar a la dictadura, con un gobierno títere-.
Al anunciar -en su inevitable modo impreciso- la operación militar, Trump dijo, el 2 de setiembre, durante una actividad oficial en la Casa Blanca que “hace unos pocos minutos, destruimos un bote, un bote que cargaba droga -muchas drogas en ese bote- (…) ocurrió recién, hace unos momentos”.
“Y hay más, de donde eso vino” (“and there’s more where that came from”), agregó, en tono de amenaza, dando a entender que se trató de solamente la primera operación de esa índole.
“Tenemos muchas drogas entrando a nuestro país, entrando hace mucho tiempo”, siguió divagando peligrosamente, y aseveró que “estas, salieron de Venezuela, saliendo muy pesadamente de Venezuela”, además de, ambiguamente, decir que “muchas cosas están saliendo de Venezuela”.
Respecto a la embarcación atacada, reafirmó que “la destruimos” (“we took it out”).
Trump difundió, también ese día, en Truth Social (Verdad Social) -su red en Internet-, un breve video en blanco y negro -16 segundos de duración-, en el cual se observa -por momentos borrosamente, la mayor parte del tiempo desde una altura considerable- el desplazamiento de una lancha rápida que, de pronto, estalla en llamas.
La intencionalmente pésima calidad de la imagen, y la distancia desde la que fue grabada, impiden determinar si la embarcación, efectivamente, transportaba droga.
El video acompañó un manipuladoramente impreciso texto en el cual Trump aseguró -en su habitual tono aseverativo- que, “esta mañana, bajo mis Órdenes, Fuerzas Militares de Estados Unidos realizaron un ataque cinético (en movimiento) contra narcoterroristas positivamente identificados del Tren de Aragua en la zona de responsabilidad de SOUTHCOM”.
Trump hizo, así referencia, respectivamente, a la estructura de crimen organizado venezolana -de acción transnacional- denominada Tren de Aragua (TDA), y al militar Comando Sur de Estados Unidos (United States Southern Command, Southcom), cuya área de operación es América Latina -con excepción de México, que está en la zona operativa del Comando Norte de Estados Unidos (United States Northern Command, Northcom), que, entre otras áreas, cubre Norteamérica-
“TDA es una designada Organización Terrorista Extranjera, que opera bajo el control de Nicolás Maduro, responsable de asesinato masivo, tráfico de drogas, tráfico sexual, y actos de violencia y terror en Estados Unidos y el Hemisferio Occidental”, agregó.
“El ataque ocurrió mientras los terroristas estaban en el mar en aguas Internacionales transportado narcóticos ilegales, dirigiéndose hacia Estados Unidos”, planteó, para asegurar, a continuación, que “el ataque resultó en 11 terroristas muertos en acción. Ninguna de las Fuerzas de Estados Unidos sufrió daño en este ataque”.
“Por favor, que esto sirva como aviso a cualquiera que apenas esté pensando en traer drogas a los Estados Unidos de América. CUIDADO! Gracias por su atención a este asunto!!!!!!!!!!!”, expresó, cerrando el texto, en calidad de amenaza.
Maduro respondió con la previsible advertencia de que cualquier agresión armada estadounidense, contra Venezuela, sería respondida.
Asimismo, declaró movilización militar general, ordenó vuelos -por parte de la Aviación Militar Bolivariana (AMB), la fuerza aérea venezolana- sobre la zona donde se encuentran las naves de guerra trumpianas, y anunció la creación de una estructura de defensa nacional popular.
En conferencia de prensa llevada a cabo -durante aproximadamente tres horas- el 1 de setiembre -24 horas antes del ataque a la embarcación supuestamente narco-, advirtió que, “si Venezuela fuera agredida, pasaría, inmediatamente, al período de lucha armada en defensa del territorio nacional, y de la historia y del pueblo de Venezuela”.
De inmediato, afirmó: “y declararíamos, constitucionalmente, a la república, en arnas”.
“Lucha armada, y república en armas, de norte a sur, de este a oeste, para garantizar la paz, la soberanía, y el desarrollo del país, en cualquier circunstancia que nos toque”, aseguró, a continuación, ante los más de 300 periodistas locales e internacionales participando, presencial o virtualmente, en el diálogo.
“Vendría la historia grande, otra vez”, agregó, en alusión a la lucha encabezada, en el siglo 18, por el libertador venezolano/latinoamericano Simon Bolívar (1783-1830) -líder de la independencia de Venezuela, así como de la limítrofe Colombia y de su vecino Ecuador-.
“Nosotros, somos gente que trabaja para la paz, pero se prepara: si tú quieres la paz, prepárate para garantizarla”, indicó, seguidamente, transliterando, del latín, la máxima imperial romana “si vis pacem para bellum” (si quieres la paz, prepárate para la guerra”).
“Así que eso está contemplado, en los planes”, reafirmó, además de anunciar la movilización militar a nivel nacional: “mañana, se hará el llamado a el (sic) proceso de preparación y entrenamiento masivo de la población, en todos los territorios de la república”.
También informó que, en el contexto de la alerta defensiva, “he decidido crear la Unidad Comunal Miliciana de Combate, en los 5,336 circuitos comunales (municipales) del país”.
“Y esa Unidad Comunal Miliciana, englobará una estructura llamada Base Popular de Defensa Integral, que son 15,751 Bases Populares de Defensa Integral”, siguió explicando.
“Y eso va a reorganizar, de manera dinámica, a los ocho millones doscientos mil ciudadanos y ciudadanas de Venezuela que están alistados en el Sistema Miliciano y de Reservistas”, agregó.
Al respecto, destacó lo que describió como el “poder nacional para hacer fracasar esta amenaza, y hacer prevalecer la paz y la soberanía”.
De concretarse una intervención militar imperialista, el blanco “no es Maduro, es un pueblo, es una historia sagrada, y ustedes no han podido con esa historia, ni podrán”, agregó, dirigiéndose, ahora, al régimen trumpista.
En términos similares, el entones dictador militar panameño (1983-1989), Manuel Antonio Noriega, advirtió públicamente, en 1989, agitando un machete, que, si invadía Panamá, Estados Unidos encontraría resistencia armada -incluidos los civiles Batallones de la Dignidad, que creó para la emergencia, y que fueron inmisericordemente eliminados por la fuerza atacante-.
Pero, cuando empezó la previsible masacre -en diciembre de ese año-, el estridente tirano se escondió en la Nunciatura Apostólica, la madriguera desde la que salió para entregarse a agentes de la DEA, no a efectivos militares.
Durante la conferencia de prensa, Maduro hizo alusión -en calidad de advertencia a su contraparte estadounidense- a la conducta del actual secretario de Estado estadounidense, el ex senador republicano de ascendencia cubana Marco Rubio -quien, después de haber competido con Trump por la candidatura presidencial 2024, parece implementar, en el desempeño del actual cargo, su propia agenda política-.
En ese sentido, y como queriendo emular la agudeza de ingenio de su fallecido mentor político y antecesor inmediato en la presidencia venezolana (1999-2002, 2002-2013), el coronel Hugo Chávez -caracterizado, entre otros rasgos personales, por la ironía y el sentido del humor-, Maduro dirigió un mensaje al autócrata estadounidense.
“Presidente Donald Trump -Mr. President Donald Trump-: usted tiene que cuidarse, porque Marco Rubio quiere manchar, sus manos, de sangre, con sangre suramericana, caribeña, con sangre venezolana (…) un baño de sangre”, expresó -quizá tratando de causar desconfianza presidencial respecto al secretario de Estado, lo que no sería difícil dada la permanente paranoia trumpiana-.
“Y que su apellido -Trump- se manche de sangre, por los siglos de los siglos, con una masacre contra el pueblo de Venezuela, con una guerra, terrible, contra Suramérica y el Caribe, porque esto sería una guerra completa, en todo el continente”, agregó, en grandilocuente alusión a una intervención militar estadounidense en el caribeño país sudamericano.
Por su parte, en declaraciones que formuló el 2 de setiembre -un día después que Maduro-, en Estados Unidos, a periodistas -sin aludir a la acusación del venezolano-, Rubio dijo que estuvo presente, el 29 de agosto, para una actividad oficial, en la sede de Southcom, en la ciudad de Miami, en el sudoriental estado de Florida -por el cual fue Senador-.
Al responder a preguntas sobre la crisis políticomilitar entre Estados Unidos y Venezuela -y evitando ser específico-, señaló, respecto a la destrucción de la supuesta narcolancha, que “el presidente hizo el anuncio, y dijo que fue un ataque letal”.
Dirigiendo, reiteradamente, a los periodistas, al Pentágono -la sede del Departamento de Defensa-, para información detallada, dijo que “no estoy tratando de ser evasivo”, y que “es suficiente decir que el presidente va a estar en la ofensiva contra los carteles de droga, y contra el narcotráfico hacia Estados Unidos”.
Esa actividad ilegal “desestabiliza, no sólo al país sino a toda la Cuenca del Caribe”, aseguró.
Y, en una variante del discurso oficial sobre el posible destino de la presunta narcoembarcación, señaló que “esas drogas en particular, probablemente iban hacia Trinidad (y Tobago), o algún otro país en el Caribe, punto en el cual sólo contribuyen a la inestabilidad que esos países están enfrentando”.
“Entonces, el presidente ha sido muy claro que él va a usar todo el poder de Estados Unidos, la fuerza completa de Estados Unidos, para enfrentar y erradicar esos carteles de droga sin perjuicio del lugar desde donde estén operando, y sin perjuicio del tiempo en que han podido actuar con impunidad”, agregó, para, a continuación, asegurar que “esos días, pasaron”.
En cuanto a la presencia militar estadounidense en el Caribe, dijo, en tono trumpiano -o sea, amenazante-: “creo que mientras esas naves estén en la región, y mientras el presidente esté en la Casa Blanca, ha sido claro que no va a permitir que Estados Unidos siga siendo inundado con cocaína, y fentanilo, y otras drogas que vienen desde diferentes lugares”.
“Esta es (enviada) desde Venezuela, que es una ruta común”, agregó, como precisando, para agregar que “alguna (droga) termina en Europa, mucha termina en Puerto Rico y, de ahí, en Estados Unidos continental”.
“Por eso, nadie debe sorprenderse”, aconsejó, en referencia a la movilización militar frente a Venezuela, enfatizando -al reproducir la narrativa de Trump- que “por eso están ahí, en una misión antidrogas, y van a continuar operando”.
Interrogado respecto al cartel de origen de la embarcación destruida, y siempre evitando ser preciso, planteó que “el presidente fue muy claro en el sentido de que destruimos un bote con droga que salió de Venezuela operado por una organización designada como narcoterrorista -que es lo que son-, y él ha sido claro que los días de actuar con impunidad, y destruir una nave o agarrar un par de drogas en un bote, esos días pasaron”.
“Ahora es que vamos a combatir contra los carteles de drogas que están inundando las calles estadounidense y matando a estadounidenses”, aseguró, a continuación, repitiendo la imprecisa retórica trumpiana.
No obstante la claramente ineludible pregunta sobre si “van a atacar al régimen de Maduro?”, también se limitó a repetir la evasiva palabrería oficial.
“Bueno, miren, otra vez: no voy a responder por la Asesoría Legal de la Casa Blanca”, comenzó a divagar.
“Es suficiente decir que todos esos pasos fueron dados en anticipo”, agregó, sin proporcionar detalles, y, a continuación, advirtió que, “cuando se inunda, con drogas, las calles estadounidenses, se comete terrorismo en Estados Unidos, y eso va a terminar”.
Y, a la pregunta -igualmente específica- “ustedes van a actuar en suelo venezolano contra el régimen de Maduro?”, la respuesta fue imprecisa aunque amenazante.
“Bueno, esta es una operación antidrogas, y vamos a enfrentar a los carteles de drogas donde sea que estén, y donde sea que estén operando contra el interés de Estados Unidos”, aseguró.
“La más alta obligación del presidente es asegurar el interés nacional, y la seguridad nacional de nuestra pueblo”, agregó, para aseverar, a manera de aduladora reflexión, que “no conozco a ningún presidente que esté más seguro de eso, que éste, nuestro presidente ahora, el presidente Trump”.
Y, poniendo fin al diálogo con los periodistas, planteó: “no voy a especular sobre qué puede venir”.
Rubio se abstuvo de referirse a “qué puede venir”, quizá porque sea la reedición de pasados libretos de invasión militar imperialista en diferentes países -la lista es exageradamente larga, en la nefasta historia del tan ilegal cuanto brutal intervencionismo estadounidense-.
Entre los guiones intervencionistas más destacadamente recientes, se cuenta, en 1983, la invasión militar en Granada, para derrocar al socialista Gobierno Revolucionario Popular de Granada (Grenadian People’s Revolutionary Government).
También figura la bestial intervención de diciembre de 1989, en Panamá, para que la DEA capturase al corrupto y cobarde Noriega -fallecido en 2017, cumpliendo en Panamá, después de haberlo hecho en Estados Unodos y en Francia, pena de prisión por actividades de crimen organizado, incluido narcotráfico-.
Igualmente, aparece la invasión militar de 2003 a Irak, para derrocar al dictador (1979-2003) Saddam Hussein, ahorcado en 2006, acusado de haber cometido crímenes de lesa humanidad.
Tanto Noriega como Hussein fueron colaboradores de Estados Unidos -específicamente, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)- quienes, una vez en el poder, optaron por un supuesto -aunque políticamente rentable- populismo antimperialista.
En todos los casos, el intervencionismo fue justificado, entre otras improbables explicaciones, mediante el gastado discurso de defensa/protección de la seguridad nacional y los intereses de Estados Unidos -aunque lo cierto es que el imperio no perdona
traiciones-.
De momento, no está claro si Trump tiene la intención de invadir Venezuela para capturar
-o eliminar- a Maduro -o ambas cosas, en ese orden, como ocurrió con Hussein-.
Aunque el dictador venezolano es indudablemente fácil de ubicar, el primer gobierno Trump (2017-2021) ofreció, en 2020, 15 millones de dólares por datos que contribuyan a localizarlo.
La recompensa pasó, en enero de 2025 -al cierre de la administración del demócrata Joe Biden (2021-2025)-, a 25 millones, cifra que el actual régimen trumpista duplicó, cuando la disparó, en agosto -siete meses después, y semanas antes de la movilización militar-, a 50 millones de dólares.
En el póster que, al respecto, difundió -en inglés y en español-, el 7 de agosto, el Departamento de Estado actualizó la cifra.
“Aumento de recompensa de hasta $US 50.000.000 por información conducente al arresto o condena del dirigente del terrorista global especialmente designado Cartel de los Soles Nicolás Maduro Moros”, precisó, en el texto emitido conjuntamente con el Departamento de Justicia -específicamente, la DEA-, y acompañado con una actualizada fotografía del requerido.
De acuerdo con lo indicado en el afiche, Maduro es buscado “por conspiración de narcoterrorismo, conspiración para importación de cocaína y conspiración para usar y portar ametralladoras y dispositivos destructivos en apoyo a un delito de drogas”.
“Envía las pistas a la DEA: CartelSolesTips@dea.gov (e-mail)”, según la instrucción, en la cual se garantizó que “todas las identidades se mantienen estrictamente confidenciales”.
Trump viene, desde su exitosa campaña electoral 2024, enfocándose en Maduro, en señalarlo no solamente como dictador -lo cual es correcto- sino también como jefe del Cartel de Los Soles -lo cual no necesariamente es así, además de que ignora a personajes como Cabello y como Padrino-.
La obsesión transmutó en política del régimen, desde el regreso, el 20 de enero, de Trump, a la Casa Blanca.
En ese cuadro de situación, en el comunicado mediante el cual dio a conocer el poster referido al tirano sudamericano, el Departamento de Estado aseguró, entre otras cosas, que “Maduro ayudó a administrar y eventualmente dirigió el Cartel de los Soles, una organización narcotraficante venezolana compuesta por altos funcionarios venezolanos”.
“En marzo de 2020, Maduro fue acusado, en el Distrito del Sur de Nueva York, de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, y conspiración para posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos”, agregó.
En cuanto a la exagerada suma ofrecida a cambio de información sobre el paradero y para la captura de Maduro, el departamento precisó que, “como líder del cartel de los Soles, Maduro es el primer objetivo en la historia del Programa de Recompensas por Narcóticos (Narcotics Reward Program) con una oferta de recompensa mayor a 25 millones de dólares”.
El propósito de Trump en cuanto a centrar la atención estadounidense e internacional en la perspectiva de una invasión a Venezuela, así como poner el foco en Maduro, y en presionarlo mediante la movilización militar frente a la costa venezolana, puede obedecer a varios objetivos.
Por una parte, justificar la satanización, particularmente de los inmigrantes venezolanos, como criminales y narcotraficantes -en cambio, los haitianos, por ejemplo, son, por definición del xenofóbico y racista autócrata, cazadores y devoradores de mascotas-.
Por otra parte, justificar la inhumana cacería de inmigrantes de cualquier nacionalidad, así como tratar de que esa política brutalmente represiva deje de ser foco de atención nacional e internacional.
O flexionar el músculo militar, lo suficiente como para tener incidencia decisiva en el inevitable proceso político venezolano de remoción y reemplazo del régimen madurista.
Trump es impredecible -además de contradictorio e inestable- en materia de toma de decisiones, llegando, por momentos, a parecer temeroso de asumirlas -principalmente, en el caso de los aranceles punitivos, respecto a los cuales ha mostrado actitudes contradictorias-.
Esto último ha conducido a la descripción del personaje, por parte de algunos medios de comunicación, como “Taco Trump” -la sigla que significa “Trump siempre se acobarda” (“Trump always chickens out”, Taco).
El personaje pretendió, durante la campaña electoral 2024, proyectarse como pacificador, como el líder capaz de, apenas asumiendo nuevamente la presidencia, terminar con la guerra en Ucrania y la intervención militar israelí en la Palestina Franja de Gaza.
Llegó a aseverar que, de haber estado en la presidencia, ninguno de esos conflictos armados habría tenido lugar, no solamente incumplió como componedor sino que, en el caso de la limpieza étnica que tiene lugar en Gaza, apoya, decididamente, al agresor sionismo gobernante en Israel.
Pero, contradictoriamente, se ha mostrado belicista, en los primeros ocho meses de su actual cuatrienio presidencial.
Además, está promoviendo que el Departamento de Defensa sea también conocido como Departamento de Guerra -así denominado desde su creación, en 1789, hasta el cambio a su nombre actual, en 1947-.
Según Trump, “el nombre ‘Departamento de Guerra’, más que el actual ‘Departamento de Defensa’, asegura paz a través de fuerza, ya que demuestra nuestra capacidad y disposición de pelear y ganar guerras en nombre de nuestra Nación, sin previo aviso, no sólo defender”.
“Este nombre agudiza el enfoque del Departamento en nuestro interés nacional y el enfoque de nuestros adversarios en nuestra disposición y capacidad de librar la guerra para asegurar lo que es nuestro”, según la línea de razonamiento belicista de Trump.
En el caso de la fuerte intimidación a Maduro, lo que quiere asegurar es la caída de la dictadura, y la instalación de un régimen proestadounidense, que reduzca, en América Latina, la presencia de gobiernos de izquierda –“socialistas”, o “comunistas”, según la ignorante/limitada percepción ideológica de los trumpianos-.







