El impresentable presidente que, hace algo más de tres meses, está empeñado en desmantelar a Argentina, recibió un fenomenal golpe al ego -un contundente nocaut político-.
Encabezado por su vicepresidenta, Victoria Villarruel, el Senado rechazó -aplanadora de 42 votos en contra, débil minoría oficialista de 25 votos a favor, y cuatro abstenciones- el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que apuntaba a desregular la economía nacional
-y necesitaba mayoría de 34 de los 72 integrantes de la cámara alta, para ser aprobado-.
El DNU 70/23 -que el presidente Javier Milei había firmado y requería trámite legislativo para su confirmación o, como afortunadamente ocurrió, en el Senado, su rechazo- era una de las principales fuentes energizantes de la motosierra ideológica que el patán autodefinido como “liberal libertario” se comprometió a aplicar para desmantelar el Estado argentino, como parte de su tóxica -aunque, precisamente, por ello, exitosa- campaña electoral.
Ahora, pasa a la Cámara de Diputados.
Milei no quería que el DNU fuese puesto a votación parlamentaria, sin tener asegurada la mayoría.
Pero Villarruel lo incluyó en la agenda para la sesión que el Senado llevó a cabo el 14 de marzo, al igual que una iniciativa beneficiosa para los jubilados (pensionados) argentinos
-sector particularmente golpeado por las demenciales medidas económicas del régimen mileísta-.
Según versiones periodísticas locales, está en desarrollo una crisis política -quizá institucional-, consistente en la ruptura -o, al menos, el distanciamiento- entre Villarruel y Milei.
El aparente divorcio político se habría originado, de acuerdo con esos análisis, en la lentitud, por parte de la presidenta del Senado, en cumplir la orden de Milei, en cuanto a dejar sin efecto al automático aumento de 20 por ciento, en las dietas de los integrantes de la cámara alta -lo mismo que de los diputados-, ajuste vigente desde 2011.
Milei se opuso a ese ajuste, pero se recetó -lo mismo para sus colaboradores inmediatos-, secretamente, un aumento salarial de 40%, según versiones periodísticas.

El autócrata tuvo que echar reversa, porque la ex presidenta (2007-2011, 2011-2015) y ex vicepresidenta (2019-2023) Cristina Fernández de Kirchner -la peronista popularmente conocida como Cristina, o como CFK-, lo puso en plena evidencia, en redes sociales.
O sea que, según el doble rasero de Milei, lo que “la casta” hace, está mal cuando “la casta” lo hace, pero no cuando lo hace el mileísmo -o el libertarismo liberal-.
La línea ética entre el mileísmo y “la casta” es, obviamente, muy delgada -si acaso existe-.
Villaruel no era partidaria de echar atrás el ajuste, a diferencia de su contraparte de la Cámara de Diputados, el también oficialista y obediente Martín Menem -sobrino del centroizquierdista peronista ex presidente (1989-1994, 1994-1999)-, quien obedeció al presidente, según las misma versiones.
De acuerdo con las mismas fuentes, la vendetta política de Villarruel habría consistido en poner a debate -contrariamente a lo ordenado por Milei- el polémico DNU, y el tema de las jubilaciones.
En tal contexto, la Oficina del Presidente -o sea, Milei- difundió, el día antes de la sesión del Senado, un Comunicado Oficial en cuyo ofensivo texto, sin nombrarla,criticó, severamente, a Villarruel, proyectándola como traidora -absteniéndose de usar, específicamente, esa expresión-.
Además, en el comunicado, el régimen evidenció, claramente, su temor ante el previsible rechazo, de la mayoría del Senado, al decreto -lo que es de esperar que tenga réplica en la Cámara de Diputados-.
“La Oficina del Presidente expresa su preocupación por la decisión unilateral de algunos sectores de la clase política que pretende avanzar con una agenda propia e inconsulta, a fin de entorpecer las negociaciones y el diálogo entre los distintos sectores de la dirigencia política”, se planteó, en el texto presidencial mileísta.
La oficina hizo, asimismo, mención a lo que describió como “tanto el tratamiento apresurado del DNU 70/23 como la iniciativa de promover una fórmula jubilatoria sin consenso”, y aseveró que “el potencial rechazo al DNU (…) conllevaría un grave retroceso en los derechos y necesidades del pueblo argentino”.
“El Gobierno Nacional espera que el Poder Legislativo no se deje cautivar por el canto de sirena de quienes pretenden ‘anotarse’ victorias de corto plazo en detrimento del futuro de los 45 millones de argentinos”, planteó, a continuación.
“El Presidente de la Nación agradece a aquellos legisladores que, comprometidos con los intereses de la Patria y la senda del cambio, no se prestan al juego perverso de aquellos que han decidido deliberadamente entorpecer el desarrollo de la Nación”.
La evidente división en filas mileístas quedó -aún más- de manifiesto, en el comunicado que se constituyó, al día siguiente -el 14 de marzo-, en reacción oficial a la derrota que Milei sufrió momentos antes, en el Senado.
“El día primero de marzo de 2024, el Presidente de la Nación extendió una invitación, en un acontecimiento histórico sin precedentes, a todos los integrantes de la dirigencia política, sin distinción partidaria, a firmar el Pacto de Mayo”, denominación referida a la fecha de la independencia argentina -25 de mayo de 1810-.
“Este pacto constituye un acuerdo fundacional destinado a establecer diez políticas de Estado que permitan edificar un nuevo orden económico, rescatando a Argentina de la senda del fracaso y reinsertándola en el camino necesario para volver a ser una potencia mundial”, planteó la Oficina del Presidente -o sea, Milei-, en el texto de cuatro párrafos.
“Este acuerdo, largamente demandado por la clase política durante décadas pero que nadie ha osado convocar, requiere necesariamente de la buena voluntad de todos los sectores de a vida política nacional”, agregó.
Por tales razones, “lo acontecido hoy en la Cámara de Senadores de la Nación atenta contra la convocatoria del Presidente”, según la visión -constantemente arbitraria- del nuevo inquilino de la Casa Rosada.
La cámara alta del parlamento argentino “se ha encargado de rechazar el DNU del Presidente Javier Milei a solo 3 meses de su asunción” -el 10 de diciembre-.
“Resulta imposible interpretar esta decisión de otra manera que como un intento de socavar el Pacto de Mayo, el Gobierno Nacional y el cambio elegido por los argentinos”, agregó, en flagrante negacionismo de que el DNU es parte de la motosierra mileísta para desmantelar el Estado, destruir la economía, consolidar la autocracia.
Al afirmar que, respecto a la situación argentina, ha planteado que existen “dos alternativas: el acuerdo o la confrontación”, Milei lanzo la amenazante/divisionista afirmación de que “ha llegado el momento de que la clase política decida de qué lado de la historia quiere quedar”.
En poco más de tres meses, el “liberal libertario” -eufemismo por “ultraderechista”- ha destruido el poder adquisitivo de los argentinos, ha generado el caos como manera de gobernar, ha mantenido el -hasta ahora- indetenible curso hacia el abismo de la autocracia.
Ante ello, surge la interrogante respecto a si Milei seguirá los pasos de Fernando de la Rúa (1999-2001), quien, a causa de su desastrosa gestión presidencial -principalmente en el campo de la economía-, y de la masiva y tenaz oposición popular, debió renunciar a la mitad de su cuatrienio gubernamental.
En el caso del desequilibrado motosierrero, la pregunta es: cuánto -y cómo- va a durar?







