El imperio implosiona, Trump es un detonante (Pt-4)

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Según lo escrito por Dans en el texto introductorio al Proyecto 2025, “para que los conservadores tengan una oportunidad combativa de asumir el Estado Administrativo y reformar nuestro gobierno federal, la tarea tiene que empezar ahora”, de modo que “la totalidad de este esfuerzo es para aportar al próximo presidente conservador, quien sea él o ella”.

En tal sentido, se “estableció una serie de recetas de política, agencia por agencia, para el presidente entrante”, señaló Dans.

Y, en un desvarío ideológico -fruto de la obsesión anticomunista de la ultraderecha-, escribió, sin más: “la larga marcha del marxismo través de nuestras instituciones ocurrió”.

Al redactar la introducción, el ideólogo del extremismo conservador estadounidense, probablemente, tuvo presente el disparatado concepto de que dirigentes del ahora gobernante Partido Demócrata -entre ellos Biden y Harris- son “de izquierda radical” -o, en el mejor de los casos, “socialistas”-.

Interrogado, en una entrevista periodística, durante la campaña electoral de 2020, sobre la leyenda de su presunto socialismo, Biden respondió, sonriendo: “acaso parezco socialista?” (“do I look like a socialist?”).

De acuerdo con el planteamiento de Dans en la introducción al proyecto, “el gobierno federal es un monstruo, convertido en arma contra los ciudadanos estadounidenses y los valores conservadores, con la libertad y la independencia asediadas como nunca antes”.

Por lo tanto, “la tarea que nos ocupa -revertir esta marea y regresar, a nuestra República a su atracadero original- es demasiado grande como para que un solo generador de políticas sea la punta de lanza”, por lo que “requiere la acción colectiva de nuestro movimiento”, aseveró, en calidad de llamado.

“Nuestro objetivo consiste en reunir un ejército de conservadores alineados, investigados, y preparados, para que se pongan a trabajar, el Día Uno, para desconstruir el Estado Administrativo”, aclaró.

Según versiones periodísticas, ese contingente ideológico cuenta con decenas de miles de consecuentes soldados.

El profeso derechista explicó, asimismo, que “el proyecto está construido sobre cuatro pilares”, los que, de inmediato, describió.

“Pilar I -este volumen (el texto de 992 páginas)- coloca, en un lugar, un consenso de visiones sobre cómo gobernar a las principales agencias federales, y donde existe desacuerdo, agrupar esas diferencias, para que el presidente elija un camino”, comenzó a precisar.

“Pilar II es una base de datos de personal que permite a los candidatos a construir sus propios perfiles profesionales, y a los miembros de nuestra coalición revisarlos y formular sus recomendaciones”, agregó.

“Esas recomendaciones serán luego cotejadas y compartidas con el equipo del presidente electo, haciendo más eficiente el proceso de designación”, señaló.

“Pilar III es la Academia de la Administración Presidencial, un sistema educativo en línea impartido por expertos de nuestra coalición”, planteó, a continuación.

“Al recién llegado, esto le explicará cómo funciona el gobierno, y cómo funcionar en el gobierno”, explicó, además de indicar que, “al experimentado, le ofreceremos seminarios en persona, con capacitación avanzada, y fijaremos el nivel de lo que se espera del liderazgo superior”.

“En el Pilar IV -el Manual- estamos formando equipos de agencias, y redactando planes de transición a ser implementados en cuanto el presidente diga ‘que Dios me ayude’”, expresó, en alusión a las cuatro palabras –“so help me God”- de cierre del juramento presidencial, en la ceremonia de asunción del cargo.

Por su parte, en el prólogo del texto –“Una Promesa a Estados Unidos” (“A Promise to America”)-, el presidente de la fundación, Kevin Roberts, planteó que “este libro es el trabajo de todo el movimiento conservador”.

Igualmente, señaló que “los autores expresan recomendaciones de consenso (…) especialmente en cuatro amplios frentes que decidirán el futuro de Estados Unidos”.

Se trata de “restituir a la familia como centro de la vida estadounidense, y proteger a nuestros niños”, además de “desmantelar el estado administrativo y regresar a la autogobernabilidad del pueblo estadounidense”.

Asimismo, “defender la soberanía, las frontera, y la riqueza de nuestra nación, contra amenazas globales”, y “asegurar nuestros derechos individuales, dados por Dios, a vivir libremente: lo que nuestra Constitución llama ‘las Bendiciones de la Libertad’”.

Pasando, más adelante, a detallar aspectos clave de cada frente, Roberts los describió como “promesas”.

En cuanto a la primera -la familia como centro-, escribió que “el próximo presidente conservador debe ponerse a trabajar en la búsqueda de la verdadera prioridad de la política: el bienestar de la familia estadounidense”.

Al plantear -a manera de fóbica denuncia o preocupación- que existe el propósito de “reemplazar los amores y las lealtades naturales de la gente, con no naturales”, aseveró que, “hoy, la familia estadounidense está en crisis”.

Por ejemplo: “cuarenta por ciento de los niños nacen de madres no casadas, incluyendo más de 70 por ciento de niños negros”, además de afirmar -sin respaldo- que “la ausencia de padre es una de las principales fuentes de pobreza, criminalidad, enfermedad mental, suicidio adolescente, rechazo a la iglesia, y abandono de enseñanza secundaria”.

“Tantos de los problemas que los programas gubernamentales están diseñados para resolver
-pero no pueden-, son problemas, en definitiva, creados por la crisis del matrimonio y la familia”, continuó advirtiendo, para vaticinar que, “si las tendencias actuales continúan, estamos dirigiéndonos a una implosión social”.

Respecto a la segunda promesa -desmantelamiento del Estado-, señaló que, “por supuesto, la más segura manera de poner nuevamente al gobierno federal a trabajar para el pueblo estadounidense, es reducir su tamaño y alcance para que otra vez sea algo que se asemeje a la intención constitucional”.

También destacó que “los conservadores desean un gobierno más pequeño no por sí mismo sino por la prosperidad humana”, y se refirió, en términos militaristas.
a la seguridad del país.

“El presidente puede restaurar la confianza pública y la rendición de cuentas de nuestra función gubernamental más importante de todas: la defensa nacional”, expresó, para agregar que “el pueblo estadounidense desea un sector militar integrado por hombres y mujeres altamente capacitados quienes puedan proteger nuestra patria, y nuestros intereses en el exterior”.

De modo que, según la visión ultraconservadora, “el próximo presidente debe terminar con la experimentación social de la izquierda con los militares, restablecer el combate en guerra como su única misión, y proponerse derrotar la amenaza del Partido Comunista de China
(PCC) como su más alta prioridad”.

Al respecto, el vocero del extremismo derechista coincidió con una de las principales preocupaciones del establishment militar estadounidense -reiterada y obsesivamente expuesta por la entonces jefa (2021-2024) del Comando Sur de Estados Unidos (United States Southern Command, Southcom), la generala Laura Richardson-: la influencia de China en el continente americano, en particular en América Latina.

La jurisdicción del Southcom comprende a la región latinoamericana y caribeña, con excepción de México, que está en el área de influencia del Comando Norte de Estados Unidos (United States Northern Command, Northcom) -se trata de dos de los once Comandos Combatientes (Combatant Commands) con los cuales el Departamento de Defensa estadounidense, cual gendarme mundial, da vigilancia militar al planeta.

En lo que tiene que ver con la tercera promesa -soberanía nacional-, Roberts expresó que “Estados Unidos pertenece a ‘nosotros, el pueblo’ (‘we, the people’)” -las tres primeras palabras del Preámbulo de la Constitución de Estados Unidos.

“Toda autoridad gubernamental deriva del consentimiento del pueblo, y el éxito de nuestra nación deriva del carácter de su pueblo”, reflexionó.

También señaló que es posible considerar que existe “una amplia gama de desafíos ante el pueblo estadounidense: políticas supranacionales, seguridad fronteriza, globalización, enfrentar a China, producción, Big Tech (grandes empresas tecnológicas), universidades infiltradas por China”.

“Pero, en realidad, los problemas son dos: (1) que China es un enemigo totalitario de Estados Unidos, no un socio estratégico ni un competidor justo, y (2) que las élites de Estados Unidos han traicionado al pueblo estadounidense”, aclaró.

Por lo tanto, “la solución a todos los antemencionados problemas es no poner atención a este o aquel programa gubernamental, reemplazar a este o a aquel burócrata (…) los resolvemos, no podando y dando nueva forma a la hojas sino arrancando los árboles, desde la raíz”.

Como no podía ser de otra manera, el multilateralismo también fue satanizado -en plena coincidencia con la cavernaria/aislacionista visión trumpiana de las relaciones internacionales- como una fuente de peligro para el modelo que construyeron los ideólogos ultraconservadores estadounidenses.

“Las organizaciones y los acuerdos internacionales que erosionan nuestra Constitución, Estado de Derecho, o soberanía popular, no deben reformarse: deben abandonarse”, planteó el jefe de la fundación.

Y aportó el componente xenofóbico/racista -otra naturalmente plena coincidencia con el trumpismo-: “la inmigración ilegal debe terminar, no ser mitigada; la frontera, sellada, no repriorizada”.

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