El imperio implosiona, Trump es un detonante (Pt.2)

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En Aurora, dedicó virtualmente todo su discurso -de casi una hora y media- a satanizar/difamar a los inmigrantes indocumentados -principalmente los venezolanos-, al formular falsas acusaciones contra la administración Joe Biden-Kamala Harris -en particular en materia de política migratoria-.

Lo mismo que en otros momentos, satanizó a los migrantes, insertando, en el imaginario colectivo de sus acríticos seguidores, la imagen de que son criminales “con armas estilo militar AK-47, algunas veces mejores que las de nuestros militares”.

Al respecto, planteó que “hay que preguntar: son migrantes ilegales, vienen de áreas pobres, dónde diablos consiguieron estas armas? Dónde las consiguieron? Dónde las consiguieron? Quién les da armas mejores que las que nuestros militares tienen? Quién está dándoles las armas?”.

En ese sentido, formulando un símil con su patriotera consigna nacional –“Hacer Estados Unidos Grande Nuevamente” (“Make America Great Again”)-, siguió prometiendo: “voy a hacer Colorado seguro nuevamente”, y, dirigiéndose a los habitantes del estado, reafirmó: “vamos a hacerlos seguros, vamos a hacer eso, rápido”.

Habiendo construido la leyenda de que los delincuentes infiltrados entre los inmigrantes irregulares poseen arsenales superiores al estadounidense -algo cuya falsedad cae por su flagrante inexactitud-, el candidato hizo breves -aunque manipuladoras- menciones de las fuerzas armadas del país.

A manera de explicación, dijo que, “sólo para que lo aclaremos: Aurora ha recibido mucha publicidad, pero hay estados que tienen un problema más grande que Aurora, que la gente no está hablando de eso”, y agregó que “quieren tratar de resolverlo, pero no pueden, porque no son lo suficientemente rudos”.

“Se necesita gente muy ruda -como el ICE, como los militares-, se necesita gente muy ruda para resolverlo”, expresó, de inmediato, en mención del servicio de Control de Inmigración y Fronteras (Immigration and Customs Enforcement, ICE), y de las fuerzas armadas nacionales.

Como ejemplo justificativo, planteó que “habrá un sheriff (comisario) con uno o dos hombres, y habrá 35 migrantes con armas que no se ha visto en algunos estados”.

En tal manipuladora contextualización, dijo que “estoy anunciando que, al asumir el cargo (la presidencia estadounidense), tendremos una ‘Operación Aurora’, a nivel nacional, para expeditar la remoción de las pandillas salvajes”.

La idea consiste en “marcar (…) a cada red criminal de migrantes que opere en suelo estadounidense”, explicó.

También en Aurora, amenazó con que “enviaremos escuadrones élite de ICE, la Patrulla Fronteriza, y agentes federales encargados del cumplimiento de la ley, para cazar, y detener, y deportar hasta el último extranjero ilegal pandillero, hasta que no quede ni siquiera uno, en este país”.

“Y, si regresan a nuestro país, se les dirá que eso es una automática condena a 10 años de cárcel, sin posibilidad de libertad condicional”, agregó, ampliando la intimidación.

En cuanto al involucramiento de las fuerzas armadas, dijo -sin referirse, directamente, a la proyectada operación antimigrante- que “tenemos los mejores militares en el mundo, pero hay que saber cómo usarlos”, y reafirmó: “hay que saber cómo usarlos”.

“Yo los protejo, a ustedes, de enemigos de afuera”, aseveró, dirigiéndose a los estadounidenses -particularmente, la población femenina-, para agregar, respecto a eso, que “se puede decir China, se puede decir (el hereditario dictador norcoreano) Kim Jong-un”, asegurando que “si se tiene un presidente hábil, no hay problema”.

De inmediato aclaró, gritando -interrumpido por aplausos y estridentes expresiones de apoyo- que la peor amenaza “es el enemigo interior, toda la basura con la que tenemos que tratar, que odia a nuestro país: ese es el enemigo mayor que China, y Rusia”.

Sin embargo, durante la entrevista que la derechista cadena de televisión estadounidense Fox News difundió dos días después, reveló -breve, aunque inequívocamente- que su represivo plan dictatorial para combatir a criminales foráneos apunta, en realidad -y ante la entonces inminente y compleja jornada electoral del 5 de noviembre-, a cualquier oposición nacional
-“el enemigo interior”-, y que implica represión militar.

“Creo que el problema más grande es el enemigo interior, ni siquiera la gente que ha entrado y destruido nuestro país”, comenzó a plantear, en referencia, en el segundo caso, a los satanizados inmigrantes.

“No creo que ellos sean un problema en términos del día de la elección”, agregó, para reafirmar que “creo que el mayor problema (es) la gente interior”, subrayando, a continuación, que “tenemos alguna gente muy mala, tenemos gente enferma, radicales lunáticos izquierdistas”.

“Y eso tendría que ser fácilmente manejado, si fuese necesario, por la Guardia Nacional, o, si fuese realmente necesario, los militares”, reveló.

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