Dora María Téllez: la revolucionaria sandinista presa por oponerse al “adefesio que se llama orteguismo”

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Dora María Téllez, singular/emblemática comandante guerrillera en la lucha que puso fin a la dictadura somocista en Nicaragua, se rebeló contra la nueva tiranía -la que encabeza su ex compañero de armas Daniel Ortega-.

Es una acción consecuente con su condición de revolucionaria, algo que el régimen le hace pagar con prisión.

Téllez fue detenida, la mañana del 13 de julio de 2021 -en el marco de uno entre incontables e ilegales allanamientos policiales-, en su casa en Managua.

Cumplida la acción represiva -durante la cual fue golpeada-, sus captores la llevaron a la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) -la eufemística etiqueta del infame centro policial de detención cuya denominación más conocida es “El Chipote”-.

Para los operadores de ese lugar -principalmente en lo que tiene que ver con los detenidos políticos-, los derechos humanos no existen, los reclusos no son personas, la higiene no es necesaria, la atención médica de los presos es innecesaria, porque la única realidad es el maltrato -creativamente cruel-.

La norma, en El Chipote, es la humillación, buscar la manera de quebrar el alma de los prisioneros, prioritariamente por la vía de la tortura -brutalidad que, allí, presenta características de ensañamiento cuyo límite es la imaginación de quienes la ejecutan, y de quienes les ordenaban que la apliquen-.

El abuso sexual -de mujeres, lo mismo que hombres- es uno de los instrumentos de tormento favoritos de los carceleros, con la violación como opción prioritaria -más aún, cuando se usa el cañón de un fusil-.

En tal contexto de criminalidad como política, la tortura psicológica se suma a la física.

En síntesis: la dictadura nicaragüense ha adoptado -y perfeccionado- el manual de tortura de los regímenes dictatoriales nazifascistas que sojuzgaron, por décadas, durante el siglo pasado, a América Latina -encabezados, entre muchos otros, por los Somoza en Nicaragua, el cobarde Pinochet, en Chile; Videla y compañía, en Argentina; “El Goyo” Álvarez y los demás milicos, en Uruguay, Luis García Meza y su sanguinario ministro del Interior (Seguridad) Luis “Lucho” Arce, en Bolivia-.

Lo que se hace en El Chipote no se diferencia mucho de lo que se hizo, durante décadas, en los centros de tortura de esas brutales/corruptas dictaduras.

A diferencia de entonces -cuando se perseguía, despiadadamente, cualquier manifestación de oposición, de lo que entonces era, claramente, la izquierda-, en el caso actual de Nicaragua, la persecución no es ideológica -aunque el régimen se disfrace de revolucionario, y antimperialista, y antiyanqui-.

Lo mismo se persigue a campesinos, estudiantes, empresarios –con excepción de los que están coludidos con la dictadura-, sacerdotes -salvo los que subrepticiamente no se oponen al régimen-, dirigentes políticos, organizaciones no gubernamentales, defensores de derechos humanos, universitarios, personas de la base social opositoras o apenas sospechosas de serlo.

Entre los perseguidos/encarcelados figuran ex compañeros de armas de Ortega -además de Téllez, el comandante guerrillero Hugo Torres, fallecido en reclusión en 2021, y el guerrillero y luego vicecanciller en el gobierno revolucionario (1979-1990) Víctor Hugo Tinoco-.

Otro aspecto de la violación plena de los derechos humanos, en “El Chipote”, es que los presos políticos son privados de alimentación y de asistencia médica adecuadas, además de que se los mantiene en celdas sin ventilación, en las que duermen sobre estructuras de cemento, y donde la luz permanece encendida -o apagada- 24/7.

Consecuencia de las inhumanas condiciones de reclusión, los prisioneros de conciencia presentan evidente deterioro físico, algo que, en conferencias de prensa, sus familiares vienen denunciando recurrentemente -advirtiendo, en cada caso, que la vida de los cautivos está en peligro-.

Durante la última semana de agosto, el régimen presentó, en tres grupos individuales y en días sucesivos, a varios de los dirigentes que mantiene en calidad de rehenes.

Se trató de una maniobra destinada a dar prueba de vida de los prisioneros, para lo cual la dictadura inventó la realización de lo que denominó “audiencias informativas” destinadas a actualizar, a cada rehén, sobre el supuesto “avance de su caso”.

Sin embargo, de acuerdo con abogados independientes, esas audiencias no existen en la jurisprudencia penal nicaragüense.

En el grupo movilizado el 31 de agosto, Téllez fue incluida.

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) denunció, en la “Alerta Urgente por Dora María Téllez”, texto que difundió el 17 de setiembre,  en la red social Twitter, que la vida de la combatiente antisomocista y opositora antiorteguista está en riesgo.

“Desde la última vez que le vimos en el escarnio que el régimen Ortega Murillo llamó ‘audiencias informativas’ han pasado 17 días y no sabemos nada de ella”, precisó, para señalar que, “en esa ocasión, pudimos comprobar su deterioro físico, la marca de la tortura en su cuerpo visiblemente pálido, débil y delgado”.

“Cómo una persona en ese estado y a esa edad puede seguir resistiendo?”, preguntó la oenegé, en alusión a Téllez, nacida el 21 de noviembre de 1955, en la norteña ciudad nicaragüense de Matagalpa.

Al respecto, el Cenidh informó, además, que, de parte del régimen, “hay un silencio y hermetismo total sobre su situación”, y aseguró que “nos aterra pensar en cómo ese deterioro ha avanzado y en las consecuencia fatales e irreparables que pueda ocasionarle”.

En opinión del centro, Téllez “no puede seguir en El Chipote”, lo que “amerita, como mínimo, un cambio de régimen carcelario”.

El Cenidh aludió, así, a algunos casos de presos políticos a quienes se retiró de ese establecimiento de reclusión, para ubicarlos en el esquema de casa por cárcel-eufemísticamente etiquetado, por la dictadura, como el “beneficio de la convivencia familiar”-.

Esa supuesta ventaja significa que los presos políticos permanecen, en sus respectivos domicilios, absolutamente incomunicados -sin acceso a Internet, ni a teléfono celular, ni a teléfono fijo-, con vigilancia policial -turnos de dos o tres efectivos-, 24/7, dentro del inmueble.

En alusión directa a las inhumanas condiciones de encierro impuestas a Téllez, el Cenidh expresó, asimismo, en la declaración, que “responsabilizamos al régimen y especialmente a la Corte Suprema de Justicia y a la Dirección de Auxilio Judicial de lo que pueda ocurrirle”.

“Su vida corre peligro”, reafirmó la organización defensora de los derechos humanos, para plantear que “exigimos su libertad y la de todas las personas presas políticas” en Nicaragua.

Según los más recientes números que el no gubernamental Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas dio a conocer -el 1 de setiembre-, los rehenes políticos en poder de la dictadura son 205: 20 mujeres, 185 hombres.

En la actualización al 31 de agosto de 2022, el mecanismo precisó que catorce de las prisioneras políticas son dirigentes opositoras, entre ellas Téllez y la ex precandidata presidencial Cristiana Chamorro -hija de la ex presidenta nicaragüense (1990-1997) Violeta Chamorro, y del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura somocista, en 1978, mientras dirigía el histórico y ahora nuevamente atacado diario La Prensa-.

En el grupo también está María Fernanda Flores, la primera dama durante el gobierno (1997-2002) del corrupto ex presidente Arnoldo Alemán, quien luego se desempeñó como legisladora por el centroderechista Partido Liberal Constitucionalista (PLC) -actualmente liderado por el ex mandatario-.

La nómina de lideres presas políticas se completa con: Ana Margarita Vijil, Cinthia Samantha Padilla, Eveling Pinto, Julia Hernández, Karla Escobar, María Esperanza Sánchez, María Fernanda Flores, María Oviedo, Nidia Barbosa, Suyén Barahona, Tamara Dávila, Violeta Granera.

Al participar, el 14 de marzo,  en una audiencia pública realizada por la Comisión Interamericana de derechos Humanos (Cidh), en su sede en Washington, el Movimiento Autónomo de Mujeres denunció que la dictadura enfoca su crueldad, específicamente, en las presas políticas.

Las reclusas “han sido objeto de mayor ensañamiento”, dijo Violeta Delgado, dirigente de esa oenegé, a la entidad continental.

En ese sentido, mencionó, entre otros, el caso de Téllez, de quien informó, entre varios aspectos, que, en ese momento, estaba “recluida en el área destinada a los hombres, como una manera de irrespetar su condición de género”.

La rehén fue, además, sometida a uno de los “juicios express” que el régimen implementó, al inicio de este año, contra numerosos dirigentes opositores en cautiverio, continuó revelando.

Se trata de los procedimientos que, en flagrante violación a los derechos humanos, fueron llevados a cabo a puerta cerrada, e invariablemente culminados en sentencia condenatoria-sobre la base de delitos fabricados-.

En ese contexto de flagrante ilegalidad, Téllez recibió, el 10 de febrero, condena a ocho años de prisión, acusada de haber incurrido en “conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional” -lo que significa que la dictadura ortegamurillista la considera “traidora a la patria”-.

Durante su trayectoria guerrillera, Téllez fue la “comandante dos” de la “Operación Chanchera”, que consistió en la histórica toma del capitalino Palacio Nacional -donde sesionaba la Asamblea Nacional, el parlamento unicameral nicaragüense-, por parte de un comando del FSLN.

Liderada por Edén Pastora –“comandante cero”-, Torres –“comandante uno”-, y Téllez, la operación sandinista tuvo lugar en agosto de 1978.

Entre los aproximadamente 1500 rehenes de los guerrilleros, figuraron varios altos dirigentes somocistas, a cambio de cuya liberación, el contingente guerrillero logró la liberación de medio centenar de sandinistas presos de aquella dictadura -incluido Ortega-.

Téllez también comandó el guerrillero Frente Occidental “Rigoberto López Pérez”, dirigiendo, en 1979, la decisiva toma de la noroccidental ciudad de León.

El FSLN logró, de ese modo, controlar la primera ciudad, como parte de la Ofensiva Final que, en julio de ese año, marcó el fin de la dictadura (1967-1979) del general Anastasio “Tacho” Somoza Debayle.

Terminó, así, la brutal y corrupta tiranía dinástica inaugurada, en 1933, por su padre, el general Anastasio Somoza García –“Tacho Viejo”-, el primer director de la Guardia Nacional (GN), la fuerza de seguridad creada por la jefatura militar de la ocupación imperial iniciada, en 1912, por Estados Unidos.

Autor intelectual del asesinato del general Augusto César Sandino (1895-1934) -el General de Hombres Libres-, quien, al frente del guerrillero Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, derrotó a la invasión militar estadounidense.

La dimensión de la lucha de Sandino se mantiene vigente, ya que se trató de una acción que, además de armada, fue de dignidad nacional -y de dignidad latinoamericana-.

El criminal servilismo de “Tacho Viejo” fue de alta utilidad para la expansión imperialista de Estados Unidos, en particular en Centroamérica, lo que fue evidenciado en una anécdota que se ha constituido en ejemplo de cómo el establishment políticoeconómico de Estados Unidos ha tratado, históricamente -incluido el presente-, a sus lacayos regionales.

Según el relato recurrentemente referido desde entonces, el tres veces presidente  (1932-1936, 1936-1940, 1940-1944) del país norteamericano, el demócrata Franklin Roosevelt, dijo, tras la designación de Somoza García como director inaugural de la GN -por lo tanto, como dictador de Nicaragua-, que “Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” (“Somoza may be a son of a bitch, but he’s our son of a bitch”).

El son of a bitch del imperio fue ajusticiado, el 29 de setiembre de 1956, en León, por el poeta local Rigoberto López Pérez, el mártir de la dictadura somocista con cuyo nombre el FSLN identificó al frente guerrillero que Téllez dirigido, 23 años después -y menos de un mes antes del triunfo revolucionario-.

Durante el gobierno de la Revolución Popular Sandinista (1979-1990), Téllez fue vicepresidenta del Consejo de Estado -que, temporalmente, reemplazó a la Asamblea Nacional-, diputada por el FSLN -en la restablecida Asamblea Nacional-, y ministra de Salud.

Después de la primera derrota electoral -en 1990- del FSLN -y de Ortega, su eterno candidato presidencial-, Téllez obtuvo una Maestría en Historia, en la sede managua de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA).

A nivel político, la vitalicia postulación presidencial de Ortega, sumada a la inamovilidad su ex compañero de armas, como máximo líder del FSLN, fueron distanciando a Téllez.

El proceso de disidencia culminó en 1995, cuando Téllez optó por salir de la histórica agrupación -secuestrada por Ortega y Murillo-, para fundar, junto con el ex vicepresidente (1985-1990) Sergio Ramírez, y algunos referentes guerrilleros -incluido Torres-, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

El propósito: reivindicar el ideal sandinista, y recuperar la democracia y la justicia social que empezaban a erosionarse.

Más recientemente, el MRS -del cual la comandante guerrillera fue segunda presidenta (1998-2007) y primera mujer en ese cargo- cambió denominación, en enero de 2021, pasando a identificarse como Unión Democrática Renovadora (Unamos).

En declaraciones reproducidas por el diario español El País, el 18 julio de 2019-exactamente cuarenta años después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, y habiendo transcurrido poco más de un año desde el estallido, en abril de 2018, de la crisis que, persistentemente, golpea al país-, Téllez dijo que, luego de haber derribado a la dictadura somocista, Nicaragua está bajo una nueva tiranía.

“Los nicaragüenses invertimos muchísimo esfuerzo, trabajo, y sangre para derrocar la dictadura de los Somoza y, evidentemente, los procesos de democratización fueron insuficientes, porque volvió a instalarse otra dictadura”, comenzó a analizar.

Ahora, se ha constituido “una dictadura forjada en la matriz propagandística de la revolución sandinista”, agregó.

Pero se trata de una tiranía que “no tiene nada que ver con el sandinismo” sino que “tiene que ver con un adefesio que se llama orteguismo”.

La insurrección -esta vez, no por la vía armada- de Téllez, fue respondida, por los nuevos tiranos, con particular crueldad.

Respecto al encarcelamiento de la emblemática opositora, el parlamentario europeo español Javier Nart -combatiente internacionalista en la guerrilla del FSLN- dirigió, el 14 de setiembre, una carta, a Irana Venerio, la embajadora de la dictadura en Bélgica, cuya capital -Bruselas- es sede algunas instituciones de la Unión Europea (UE) -una de ellas, el parlamento regional-.

“Actualmente Dora María Téllez -la mítica ‘Comandante Dos’-, sufre condiciones de prisión que yo pensé habían concluido aquel 18 de julio, que las mazmorras medievales de los Somoza no existirían más en Nicaragua”, escribió, en alusión a la fecha del triunfo revolucionario sandinista de 1979.

Además, expresó que “parte el alma conocer las incalificables condiciones de prisión-confinamiento solitario, ausencia de luz, deficiente alimentación, aislamiento de contacto con familiares…- por defender los ideales del auténtico FSLN hoy traicionados”.

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