Dime cómo criticas, y te diré qué clase mediocre eres

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La mediocridad -un rasgo demasiado característico de numerosos especímenes humanos- es destructiva en su forma básica, pero lo es infinitamente más en su variante mediática.

Los medios de comunicación -tanto los tradicionales como las plataformas en Internet- son espacios que están invadidos por esa variante -que, tal parece, llegó para quedarse-.

Legiones de personajes autoproyectados como periodistas se apoderan de espacios de información y análisis, sin estar siquiera mínimamente capacitados para hacerlo -en mi calidad de periodista, no los reconozco como colegas-.

Los ejemplos son demasiado numerosos como para elaborar, aquí, una lista.

Sin embargo, hay casos que, por su flagrante obviedad, es posible mencionar, a manera de ejemplo.

Algunas cadenas de televisión informativa, son paradigmáticas -aunque presentan, afortunadamente, excepciones-.

La arrogancia de un alto porcentaje de reporteros y presentadores de noticias -hombres y mujeres, por igual-, es de no creer -y llega a risibles niveles de fatuidad-.

Todos esos especímenes, se proyectan -con la complicidad de empleadores quienes los venden como tales- como expertos -que no lo son- en todos los temas, únicos poseedores -que tampoco lo son- de la verdadera y exclusiva información, profundos conocedores -que, nuevamente, no lo son- de la realidad de cualquier país, cuando, en realidad, repiten los datos que los anónimos trabajadores detrás de cámaras les proporcionan.

Pero tales estrellas incurren -voluntaria o involuntariamente- en barbaridades informativas que se convierten en actos de desinformación.

Por ejemplo, la noche de las elecciones generales llevadas a cabo en noviembre de 2009, en Honduras, bajo un corrupto y represor régimen de facto resultante del golpe de Estado contra Manuel “Mel” Zelaya -en junio de ese año-, una presentadora de noticias de una de esas redes, se esforzó en presentar la votación como enmarcada en un proceso electoral transparente, desarrollado en plena normalidad.

O sea que, para esa supuesta experta en Honduras -y en procesos electorales-, el ambiente de un delictivo régimen -como el de ese momento, en ese país- es normal, y permite la realización de elecciones transparentes.

En mi período como corresponsal internacional en Honduras, conocí, entre muchos otros aspectos de la realidad nacional, la naturaleza de los procesos electorales en ese país, de modo que, personalmente, sé que no se desarrollan en transparencia -menos aún, el de 2009, bajo la tan efímera cuanto destructiva dictadura del corrupto/mediocre Roberto Micheletti-.

“Gorileti” -como, genialmente, lo bautizó el histriónico/mediático Hugo Chávez- se mostró como el comemierda que es cuando llegó a Costa Rica -al sector de la policial Base 2 del Aeropuerto Internacional “Juan Santamaría”-, para participar en la negociación entre golpistas y melistas -mediada por el costarricense Oscar Arias, entonces presidente (1986-1990, 2006-2010) por segunda vez-.

Micheletti pidió que la negociación se realizase en el avión que lo había transportado desde Honduras, porque tenía miedo de ser víctima de un atentado, en el trayecto desde el aeropuerto a la casa de Arias -sede de la negociación-.

Solamente se convenció de que Costa Rica no es Honduras, cuando Rodrigo Arias, entonces ministro de la presidencia y hermano del presidente-, le garantizó que no habría ningún atentado, y que la prueba consistía en que ambos se desplazaría -ida y vuelta- en el mismo vehículo.

En otro caso, cuando la masiva presión popular removió, en setiembre de 2015, al corrupto general retirado Otto Pérez, de la presidencia de Guatemala, un presentador de noticias de otra de esas redes, entrevistó al reemplazante -Alejandro Maldonado-, proyectándolo como el dirigente político salvador de la democracia chapina.

Al dialogar con Maldonado -y dirigiéndose, recurrentemente, al personaje, como “señor presidente”-, el presentador -quien se caracteriza por la actitud de ignorante patán autoritario- fue altamente elogioso -hasta en exageración- de su interlocutor, sin tener noción de que estaba entrevistando a un delincuente.

En este caso, se trata de alguien -Maldonado- cuyo origen político estuvo en el ultraderechista Movimiento de Liberación Nacional (MLN) -del que, entre otras cosas, fue diputado, en los 60s-, una criminal agrupación escuadronera cuyo máximo dirigente fue el general Carlos Castillo Armas -el militar puesto, por la CIA y la embajada estadounidense, al frente del brutal golpe de Estado que derrocó al democrático Jacobo Árbenz (1951-1954)-.

En uno de mis varios períodos como corresponsal internacional en Guatemala, conocí a dirigentes del MLN -incluidos los ultraderechista/golpistas/escuadroneros delincuentes Mario Sandoval y Lionel Sisniega, desplazándose en caravanas de automóviles con decenas de guardaespaldas privados a bordo-, y conocí, personalmente -no por referencia-, la realidad del MLN.

Pero ese entrevistador, nunca supo con quién estaba dialogando, y, en este caso -por tratarse de un ultraderechista-, no formuló ninguna de las “preguntas incómodas” que -en su hipócrita/ridícula visión de la profesión- los periodistas tenemos que formular, además de “gastarnos los zapatos” en nuestro desempeño informativo.

Otra superestrella de una de esas cadenas de televisión llegó, en su patético exhibicionismo y su mediocre afán de notoriedad, a hacerse expulsar, mediante oportunistas actitudes provocadoras/antiprofesionales, de una entrevista con Nicolás Maduro -sabiendo que no iría, como decenas de opositores de verdad, a la cárcel-, y de una conferencia de prensa, en la Casa Blanca, con Donal Trump.

Otro “profundo analista” de la realidad latinoamericana entrevistó, en 2018 -al inicio de la violenta crisis sociopolítica nicaragüense-, en Managua, a Daniel Ortega, desarrollando un diálogo que no aportó absolutamente nada nuevo para que la audiencia de esa red de televisión tuviese claridad de lo que estaba ocurriendo en el país.

El tema, con todos esos “genios” del periodismo se reduce a que, dentro de su burbuja de egocentrismo y fatuidad, se convierten en el centro de las informaciones que presentan y que -según ellos y sus medios- “analizan a profundidad”, o de las entrevistas que realizan, asumiendo poses de inquisitivos profesionales -en realidad, haciendo gala de superficialidad-.

En esa triste -aunque empoderada- fauna, hay un ejemplar paradigmático -por lo particularmente patético-.

Es un peruano llamado Jaime Bayly, quien -proyectándose como periodista altamente profesional y ético, de elevado nivel intelectual- ocupa espacio -demasiado espacio- en la televisión de su país, para proyectarse como absoluto dueño de la verdad, único analista correcto del tema que sea, agudo periodista.

Es -con algunos grados menos de patanería- alma gemela del impresentable nicaragüense William Grigsby, también autoerigido en dueño de la verdad, en materia de realidad política nicaragüense, cuando no es más que un desinformador barato.

Imitador de programas de televisión estadounidenses, Bayly dedicó, el 16 de setiembre, espacio considerable a hablar de Daniel Ortega, diciendo cosas que ya están gastadas de tanta repetición por tanto “sesudo analista” y tanto opositor nicaragüense oportunista -que los hay, en demasía, principalmente en la multitudinaria diáspora-.

Visiblemente fascinado al escucharse, disfrutando intensamente cada palabra que decía, Bayly se refirió a expresiones que Ortega usó, el 12 de setiembre -en el marco del desfile por la conmemoración del 44 aniversario de la Policía Nacional (la ex Policía Sandinista) de Nicaragua-, en alusión a dos presidentes izquierdistas: el socialista chileno Gabriel Boric, y el ex guerrillero (ex M-19) colombiano Gustavo Petro.

Ortega dijo que “estos, son tiempos de desafíos, de retos, que ponen a prueba la calidad revolucionaria de los que en Nuestraméricalatina y el Caribe, en algún momento, incluso tomaron las armas para derrocar un gobierno proimperialista al servicio del capital y al servicio del narcotráfico”.

“Hay quienes se mantienen firmes, a lo largo de la Historia, como se han mantenido firmes todos ustedes, queridos hermanos de la Policía Nacional, hermanos del Ejército, hermanos Sandinistas”, agregó, al dirigirse a los participantes en la actividad llevada a cabo en Managua -la capital nacional-.

“Otros, caminan un tiempo, y, cuando las condiciones son adversas, entonces la cobardía los hace renegar -la cobardía-, los hace convertirse en agentes del imperio yanqui, y los hace traicionar, traicionarse a sí mismos, traicionar a los que dieron la Vida cuando ellos estaban al frente de esos Movimientos Guerrilleros”, planteó, a continuación.

“Para no ir muy largo, quiero referirme a quien es hoy Presidente de Colombia”, dijo, empezando a referirse a Petro -dirigente del guerrillero (1974-1990) Movimiento 19 de Abril (M-19), popularmente conocido como “El M”-.

“Sí, fue guerrillero, increíble, fue guerrillero, y guerrillero víctima de las campañas de los gobernantes proimperialistas en Colombia”, siguió planteando, para mencionar, puntualmente, a la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) (1964-2016).

Las Farc fueron “encabezadas por quien nunca retrocedió, y murió en combate, el Comandante Manuel Marulanda Vélez, a quien tuve el honor de ponerle en el pecho la Orden Sandino en las montañas de Colombia”, expresó, a continuación.

“Esos son los imprescindibles”, aseguró, para agregar que “los otros se convierten en basura, y después de luchas que ellos encabezaron -como Petro-, donde cayeron muchos hermanos colombianos en el combate, dando la batalla por corazón, por conciencia, por dignidad”.

“Petro se ha convertido en Presidente de Colombia, un Estado al servicio de los yanquis, un Estado que está lleno, está lleno, sí, de bases militares del imperio yanqui, y Petro decía que él era antimperialista, cuando estaba luchando con la guerrilla”, continuó acusando.

  • “Y qué esperás, Petro, para sacar, las bases militares de los yanquis, de Colombia?”, preguntó, a continuación, dirigiéndose al mandatario de ese andino y caribeño país sudamericano, y agregó: “ha traicionado”.
  • Ortega aseguró que Petro es “una vergüenza, una vergüenza para los que lucharon en el movimiento guerrillero que él encabezó, para los que dieron la vida en el movimiento guerrillero que él encabezó”, porque “ha traicionado esa sangre!”, exclamó.

“Y los traidores se juntan”, señaló, en referencia a la actividad llevada a cabo, el 11 de setiembre, en Santiago -la capital de Chile-, para marcar los cincuenta años desde el golpe militar que derrocó y mató a Salvador allende, el socialista presidente (1970-1973) del andino país sudamericano.

Entre otros jefes de Estado y de gobierno, y dirigentes políticos invitados, Petro participó en la actividad organizada por el gobierno de Boric.

“Y, ahora, como que les picó un chile por lo que dije ayer, una verdad: que los militares chilenos, y los carabineros (policía militarizada chilena), han sido asesinos, que asesinaron a todo un pueblo y todo un proyecto, hace 50 años cuando dieron el golpe de Estado en contra del presidente mártir, heroico, Salvador Allende”, dijo.

“Se han molestado porque dije que son criminales”, precisó, a continuación.

Respecto a Boric -quien inició, el 11 de marzo de 2022, el presente cuatrienio presidencial-, Ortega afirmó que, después de haber mencionado a Petro, “me refiero al otro, que juraba que iba a castigar a los asesinos de jóvenes, de la juventud chilena, que siempre está dando y ha estado dando la batalla, de los revolucionarios chilenos que han dado y siguen dando la batalla, porque saben que Chile no es una democracia”.

“Chile sigue encadenado a las leyes que dejó Pinochet, sigue encadenado al Imperialismo, esa es la verdad, y deben aceptarlo, y la Juventud chilena, las Fuerzas Revolucionarias que mantienen sus Principios lo saben y siguen luchando”, agregó.

“Y esos Carabineros que dice el Gobierno chileno que son ángeles y que son amados por el pueblo chileno, con el Gobierno del Presidente anterior, con Piñera, entonces pegaba gritos el presidente actual de Chile, criticando a Piñera y diciendo que si él llegaba al gobierno lo iba a meter preso y que iba a acabar con los Carabineros”, indicó.

Ortega hizo, así, alusión a la brutal represión que, con la fuerza policial militarizada Carabineros, el entonces presidente de Chile (2010-2014, 2018-2022), el derechista y corrupto Sebastián Piñera -defensor del dictador militar (1973-1990) Augusto Pinochet-, lanzó, en 2019, contra manifestantes civiles opositores, en el marco de la crisis política que entonces golpeó achile.

En “el gobierno de Piñera, hubieron más de nueve mil jóvenes reprimidos, por los Carabineros, en las calles de Santiago y otras ciudades, que perdieron la vista, quedaron ciegos”, denunció.

Y, dirigiéndose al presidente chileno, aseguró que “esos son crímenes que no podés tapar Boric, Boric, no podés taparlos, Boric: vos sos un ‘Pinochetito’”.

Si bien es flagrantemente inexacto que Petro sea un traidor a la guerrilla en la que combatió, y que Boric sea un dictador, es incuestionablemente exacto el hecho de que los Carabineros y las fuerzas armadas chilenas, son estructuras criminales, violadoras de los derechos humanos.

De modo que, en su referencia a los carabineros, Ortega no hizo más que presentar una irrefutable realidad histórica.

En cambio, la verdad, respecto a las insultantes expresiones que usó para referirse a los dos presidentes, consiste en que se trata de líderes de la izquierda latinoamericana, con alta/incuestionable autoridad moral -entre los cuales figuran el actual presidente brasileño (2003-2007, 2007-2011, desde 1 de enero de 2023) Luiz Inácio “Lula” da Silva, y el ex presidente uruguayo (2010-2015) José “Pepe” Mujica-, quienes son críticos de la dictadura establecida, por Ortega, en Nicaragua.

En el caso de Petro, se suma el hecho de que Colombia anotó, en julio de este año, una victoria, frente a Nicaragua, en el escenario mundial, cuando la Corte Internacional de Justicia (CIJ) falló a favor del país sudamericano en una disputa de mar territorial que ambas naciones mantenían en el Caribe.

Las aseveraciones de Ortega contra los dos presidentes, son fácil y contundentemente refutables -cuando se tiene la autoridad moral, y cuando se actúa honestamente-.

Pero Bayly perdió la oportunidad de formular un planteamiento serio, contundente, sobre por qué Ortega estuvo completamente fuera de lugar al expresarse, como lo hizo, en cuanto a Petro y a Boric.

En lugar de hacerlo, se dedicó a, histéricamente, proferir débiles adjetivos insultantes, contra Ortega, proyectándose como el osado periodista -sin ser, realmente, ninguna de las dos cosas- que critica a un dictador -algo que es muy fácil hacer en un monólogo televisivo, a miles de kilómetros de distancia, sin correr el riesgo de, por ello, ir preso-.

En su habitualmente falsa pose de persona culta, Bayly describió -durante su verborrea de algo más de ocho minutos-, a Ortega, indistintamente como:

-“el miserable señor Daniel Ortega”
-“la tarántula de Ortega” (dicho dos veces)
-“un hombre tan estúpido, tan idiota, como Daniel Ortega”
-“un hombre tan tarado, tan imbécil, sí claro, es malvado, y es cruel también”
-“un estúpido que domina, bajo el imperio del terror, a un país entero”
-“nadie se atreve a darle una patada en el trasero, a ese miserable”
-“este tarado”
-“no se puede ser más miserable y más canalla que Ortega”.

Además, leyendo una anotación de epítetos “cultos”, dijo que “es increíble, cómo un país se hinca de rodillas, ante un…descerebrado, ehm…mononeuronal, como Daniel Ortega”.

(Que alguien de su staff, por favor, le explique, a ese aspirante a intelectual, que, si se está hincado, se está, obviamente, de rodillas).

“Luego, ataca, de una manera tan absolutamente impresentable, al presidente chileno Boric, no?, y a la policía de Chile, a los Carabineros”, siguió diciendo, escandalizado, porque, “recordarán ustedes (…) la policía chilena tuvo que reprimir (…) las protestas”.

“Muchos de los jóvenes que protestaban, sucumbieron a la violencia, y agredieron propiedad pública y propiedad privada, saquearon locales comerciales”, siguió aseverando, para explicar que “la policía, tuvo que intervenir”.

Lo que Bayly omitió decir es que, en el contexto de esa represión antiopositora, la policía militarizada chilena -los carabineros- violó derechos humanos, al atacar, brutalmente, a manifestantes civiles -ensañándose, particularmente, con las mujeres participantes-.

Sumado a ello, en instalaciones policiales, decenas de detenidos fueron nuevamente agredidos, lo que incluyó la violación sexual de numerosas mujeres, todo lo cual fue nacional e internacionalmente denunciado y documentado.

De modo que, según el antirrazonamiento de Bayly, la policía movilizada por el pinochetista Piñera no violó derechos sino que “tuvo que intervenir”, porque los manifestantes “sucumbieron a la violencia”.

O sea que los manifestantes provocaron la brutal agresión de la que fueron víctimas -que se extendió durante días-, y, por lo tanto, la merecieron.

La torpeza intelectual de Bayly es de tan fenomenal magnitud, que, al justificar la brutalidad de la policía piñerista, lo que hizo fue justificar, por ejemplo, la despiadada represión de la policía y los paramilitares orteguistas contra los manifestantes civiles de 2018.

  • Ortega, recurrentemente, plantea que la violencia de 2018 fue desencadenada por manifestantes “golpistas”, y que la Policía Nacional tuvo que intervenir para evitar que el “golpe de Estado” se concretase.
  • Es, exactamente, la línea de excusa que Piñera uso en 2019, Ortega usa desde 2018, y Bayly usa ahora.
  • De modo que, al razonar tal como lo hace un dictador -para justificar violaciones a los derechos humanos-, Bayly parece confesarse, de hecho, como “un hombre tan estúpido, tan idiota, como Daniel Ortega”, y como “un hombre tan tarado, tan imbécil”, además de “miserable”, y “canalla”.

Dime cómo criticas, y te diré qué clase mediocre eres.

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