De dictador nacional a emperador universal: el peligroso empoderamiento de Trump y su irracional intento por desaparecer a Naciones Unidas

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Lo que empezó como un plan para el cese del fuego en la palestina Franja de Gaza, se metamorfoseó -sin haber puesto fin a la brutal agresión armada- en la Junta de Paz (Board of Peace), cuyo objetivo inmediato consiste en convertir el lugar -arrasado por la persistente limpieza étnica por parte del régimen israelí- en un lucrativo megaproyecto turístico/inmobiliario/comercial de lujo.

Pero el poder de la junta -formalmente definida como la segunda de tres fases del proceso de supuesta pacificación- es concebido, por sus impulsores, como trascendiendo Gaza, para llegar a cualquier lugar del planeta donde exista un conflicto bélico -o donde sea imperialmente necesario llegar-.

La Junta de Paz se presenta -de hecho, obviamente sin declararlo- como una dictatorial supraentidad de cobertura global, que apunta a desaparecer -o, al menos neutralizar- a Naciones Unidas, y se promueve como reemplazo -convirtiendo al imperio estadounidense y su nefasto capitalismo en la autocracia imperante en un mundo unipolar-.

El todopoderoso jefe de la junta es Donald Trump, el inventor de ese nuevo mecanismo de dominación global, cuya fobia al multilateralismo es un componente clave de su ADN ideológico.

El declarado objetivo inmediato de la junta -el verdadero- no es la publicitada solidaridad con el pueblo palestino en Gaza, ni la reconstrucción de franja en beneficio de la población.

Se trata, en realidad, de un masivo proyecto turístico/inmobiliario a ser construido sobre las ruinas de Gaza, y sobre el masivo asesinato de más de 73 mil palestinos -mayoría de niños y mujeres- perpetrado por el sionismo imperialista/guerrerista que gobierna a Israel.

Trump se proyecta como el pacificador quien ha puesto a fin a ocho guerras a nivel mundial -incluida la bestial agresión israelí a Gaza-, lo cual es absolutamente falso por más que
-siguiendo el libreto de Joseph Goebbels (1897-1945), el jefe de propaganda del régimen nazi alemán (1933-1945)- la mentira sea indefinidamente repetida -sin que, contrariamente a su capricho, eso le haya ganado el Premio Nobel de la Paz 2025-.

Dado a conocer en setiembre de 2025, y firmado en octubre, el plan para cesar el fuego en la franja, establece, en el noveno de sus veinte puntos, que “Gaza será gobernada bajo la gobernanza temporal de un comité palestino tecnocrático y apolítico, responsable de proporcionar la administración cotidiana de servicios públicos y municipalidades para el pueblo de Gaza”.

“Este comité será integrado por palestinos calificados y expertos internacionales, con fiscalización y supervisión de un nuevo organismo transicional internacional -la ‘Junta de Paz’ (‘Board of Peace’)- que será encabezado y presidido por el presidente Donald J. Trump, con otros miembros y jefes de Estado a ser anunciados”, se indica, a continuación.

Por lo tanto, la idea, en realidad, consiste en que Gaza sea gobernada por Trump, a través del mecanismo servil denominado “Junta de Paz”.

Según la misma disposición -y haciendo énfasis en el central aspecto lucrativo del plan-, “este organismo, recurrirá a los mejores estándares internacionales para crear gobernanza moderna y eficiente que sirva al pueblo de Gaza y conduzca a atraer inversión”.

En el décimo punto, se determina que “un plan Trump de desarrollo económico para reconstruir y energizar a Gaza será creado mediante la reunión de un panel de expertos quienes han ayudado al nacimiento de algunas de la pujantes ciudades milagro modernas en Oriente Medio”.

También se precisa que “muchas meditadas propuesta de inversión y apasionantes ideas de desarrollo han sido elaboradas por bienintencionados grupos internacionales, y serán consideradas para sintetizar los marcos de seguridad y gobernanza para atraer y facilitar estas inversiones que crearan empleos, oportunidad, y esperanza para la futura Gaza”.

En materia de seguridad -aspecto clave para que el componente de lucro se cumpla exitosamente-, en el punto 15, se determina que “Estados Unodos trabajará con socios árabes e internacionales para desarrollar una temporal Fuerza Internacional de Estabilización (International Stabilization Force, ISF) a movilizarse inmediatamente en Gaza”.

“Esta fuerza será la solución interna de seguridad, a largo plazo”, de acuerdo con esta disposición.

Además, se indica que “la ISF capacitará y proporcionará apoyo a fuerzas de policía palestinas examinadas, en Gaza”, lo que recuerda, por ejemplo, a la creación, en Nicaragua, de la nefasta Guardia Nacional (GN).

Los jefes de la ocupación militar estadounidense (1912-1925, 1926-1933) de ese país centroamericano constituyeron y capacitaron a la GN, como la militarizada institución policial nacional.

Lo hicieron mientras se preparaban para irse, -derrotados por la guerrilla de Augusto César Sandino (1895-1934)- y nombraron, como jefe, al dictador (1933-1956) Anastasio Somoza García -el iniciador de la sanguinaria/corrupta dinastía (1933-1979) que estuvo en el poder hasta que fue derrocada, el 19 de julio de 1979, por el entonces guerrillero Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln)-.

En el mismo punto del plan, se indica que “la ISF trabajará con Israel y con Egipto para ayudar a asegurar áreas fronterizas, junto con recién entrenadas fuerzas policiales palestinas”.

“Es crucial evitar que municiones entren a Gaza, y facilitar el rápido y seguro flujo de materiales para reconstruir y revitalizar a Gaza”, de acuerdo con el texto, que, a continuación, precisa que “un mecanismo de coordinación de operaciones será acordado por las partes”.

La hipocresía -de proporciones universales- implícita en lo planteado en el plan, quedó al descubierto, en el texto de la Carta de la Junta de Paz (Charter of the Board of Peace).

Aunque es promovida como instrumento de solución para la dramática situación de los palestinos de la franja, en la Carta no hay mención de Gaza, ni de los gazatíes, ni de mujeres/niños -las principales víctimas del genocidio-.

La junta fue puesta en vigencia, por Trump, cuando firmó, en el marco de la cumbre anual del Foro Económico Mundial (World Economic Forum), llevado a cabo, del 19 al 23 de enero, en la oriental ciudad suiza de Davos, la Carta de la Juta de Paz.

Lo hizo, acompañado por los respectivos gobernantes -o altos funcionarios- de otros 19 países como signatarios iniciales -esencialmente, actores secundarios en la escena política mundial-.

Entre los integrantes inaugurales del orwelliano “hermano grande” (“big brother”) universal, figura el impresentable motosierrista argentino, Javier Milei -un patético admirador de Trump y del sionismo guerrerista, quien quiere convertirse al judaísmo para ser “el primer presidente judío de la Argentina”-.

También notorio trumpista del grupo es el dictatorial ultraderechista primer ministro de Hungría, Viktor Orban, lo mismo que el otro de los dos latinoamericanos del grupo -el presidente de Paraguay, Santiago Peña-, al igual que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan.

También aparecen ilustres desconocidos internacionalmente tales como Shavkat Miromonovich Mirziyoyev (presidente de Uzbekistán), Kassym-Jomart Tokayev (presidente de Kazakhstan), Gombojavyn Zandanshatar (primer ministro de Mongolia).

Y, por supuesto, no podía faltar el ejecutor de la política criminal que caracteriza al sionismo imperialista/guerrerista gobernante en Israel, el delincuente primer ministro Benjamin “Bibi” Netanyahu, quien enfrenta juicio penal en Israel -por actos de corrupción-, y tiene orden de captura emitida por la Corte Penal Internacional -por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad-.

Netanyahu anunció, el 18 de enero, por la vía de la gubernamental Oficina el Primer Ministro, su disposición a incorporarse al patético grupo, después de haberlo criticado -entre otras razones, por la presencia de Turquía, un adversario regional de Israel-.

Firmada la Carta -y al momento de redactar esta nota-, entre las nuevas adhesiones a la Juna de Paz figura el dictador salvadoreño Nayib Bukele -ficha trumpiana en Centroamérica-.

En alineamiento con el plan, el énfasis del accionar de la Junta de Paz está puesto en el lucro, empezando por los mil millones de dólares que tienen que pagar los países que quieran ser integrantes permanentes -de lo contrario, lo son, en principio, por tres años-.

De acuerdo con lo informado por la Casa Blanca, en una declaración que emitió el 16 de enero -tres días después de la firma de la Carta, en Davos-, para su operatividad, la Junta de Paz -presidida por Trump- cuenta con una Junta Ejecutiva (Executive Board), cuyos siete integrantes -ninguna mujer, ningún palestino- son:

-Marco Rubio (estadounidense, secretario de Estado, ex senador republicano)
-Steve Witkoff (estadounidense, enviado especial para Oriente Medio)
-Jared Kushner (estadounidense, yerno de Trump, empresario inmobiliario)
-Tony Blair (británico, ex primer ministro)
-Marc Rowan (estadounidense, empresario billonario, administrador de inversiones)
-Ajay Banga (indio/estadounidense, empresario, presidente del Banco Mundial)
-Robert Gabriel (estadounidense, viceasesor presidencial de Seguridad Nacional).

“Cada miembro de la Junta Ejecutiva supervisará un portafolio definido, crítico para la estabilización de Gaza y el éxito a largo plazo, que incluye, pero no se limita a, creación de capacidad, relaciones regionales, reconstrucción, atracción de inversión, financiamiento en gran escala, y movilización de capital”, señaló la sede presidencial estadounidense, en el texto de 12 mayoritariamente extensos párrafos.

De acuerdo con la información oficial, también se cuenta con una Junta Ejecutiva de Gaza, que “ayudará a apoyar la gobernanza efectiva, y a proporcionar los mejores servicios de su clase para avanzar la paz, la estabilidad, y la prosperidad para el pueblo de Gaza”.

Los integrantes de este componente -que incluye a dos mujeres-:

-Steve Witkoff (estadounidense, enviado especial para Oriente Medio)
-Jared Kushner (estadounidense, yerno de Trump, empresario inmobiliario)
-Hakan Fidan (turco, canciller)
-Ali Al-Thawadi (qatarí, ministro de Asuntos Estratégicos)
-general Hassan Rashad (egipcio, director del Servicio General de Inteligencia)
-Tony Blair (británico, ex primer ministro)
-Marc Rowan (estadounidense, empresario billonario)
-Reem Al-Hashimy (emiratí, ministra de Cooperación Internacional)
-Nikolay Mladenov (búlgaro, coordinador especial de Naciones Unidas para el Proceso de Paz de Oriente Medio)
-Yakir Gabay (israelí/chipriota, empresario billonario en bienes raíces)
-Sigrid Kaag (neerlandesa, diplomática).

Por otra parte, los estadounidenses Aryeh Lightstone y Josh Gruenbaum son asesores de la Junta de Paz, “encargados de dirigir la estrategia y las operaciones día a día, y de traducir el mandato y las prioridades diplomáticas de la Junta a ejecución disciplinada”, informó, asimismo, la Casa Blanca.

Lightstone es un ex asesor senior en la Embajada de Estados Unidos en Israel, y Gruenbaum se desempeña en el equipo presidencial estadounidense contra el antisemitismo.

Igualmente según los datos oficiales, Mladenov es -además de integrante de la Junta Ejecutiva- alto representante para Gaza, cargo en el cual “apoyará la supervisión por parte de la Junta, de todos los aspectos de la gobernanza, la reconstrucción, y el desarrollo de Gaza, y asegurará la coordinación entre los pilares civil y de seguridad”.

Por otra parte, “para establecer seguridad, preservar la paz, y establecer un duradero ambiente libre de terror, el mayor general Jasper Jeffers ha sido designado Comandante de la Fuerza Internacional de Estabilización (International Stabilization Force, ISF), donde dirigirá operaciones de seguridad, apoyará la desmilitarización exhaustiva, y facilitará la entrega segura de ayuda humanitaria y ,materiales de construcción”, informó la Casa Blanca, en la declaración, respecto al militar estadounidense.

La ISF es una fuerza multinacional de paz creada, en octubre de 2025, a iniciativa de Estados Unidos, por el consejo de Seguridad de las Naciones Unidas -en el marco de plan de paz-, para proporcionar seguridad lo mismo que supervisión del alto al fuego en Gaza.

Aparte de convertir a Gaza en un groseramente lucrativo negocio turístico/inmobiliario, el plan es la base para la reafirmación de Estados Unidos como potencia dominante en un mundo monopolar, y para la oficialización de Trump como dictador universal.

La Carta así lo confirma, por una parte, planteando que el experimento en Gaza es factible de ser replicado a nivel planetario, y, por otra, otorgando, a Trump -como presidente de la Junta de Paz-, poder absoluto.

En el primer artículo, se determina, abiertamente, que “la Junta de Paz es una organización que procura promover la estabilidad, restablecer gobernanza fiable y legal, y asegurar paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflicto”.

“La Junta de Paz emprenderá tales funciones de construcción de la paz, de acuerdo con el derecho internacional y según sea aprobado en concordancia con esta Carta, incluyendo el desarrollo y la difusión de las mejores prácticas capaces de ser aplicadas por todas las naciones y las comunidades que procuren la paz”, se plantea, a continuación -en manifiesto ataque a Naciones Unidas y al sistema multilateral-.

Ello, después del planteamiento, en el Preámbulo de la Carta, respecto a la “necesidad de un más ágil y eficaz organismo internacional de construcción de la paz”, y de que los firmantes decidan “reunir una coalición de estados dispuestos (willing states), comprometidos con la cooperación práctica y la acción eficaz”.

Esta conceptualización es notoriamente afín -si no exactamente igual- a la “coalición de los dispuestos” (“coalition of the willing”), la etiqueta inventada por el entonces presidente estadounidense (2001-2005, 2005-2009), el intelectualmente limitado George W. Bush, para describir a los países que aportaron tropas a la fuerza militar que, encabezada y mayoritariamente constituida por Estados Unidos, invadió Iraq, en 2003, para derribar al régimen del dictador iraní (1979-2003) Saddam Hussein -capturado, ese año, y ejecutado, en 2006, mediante ahorcamiento-.

En cuanto a Trump, el texto -que se refiere al cargo del estadounidense, principalmente, como presidente (Chairman), y, en algunos casos, como ejecutivo jefe (Chief Executive), de la Junta de Paz-, le permite cumplir su narcisista deseo de hacer lo que quiera, en el contexto de autoritaria verticalidad que caracteriza a la estructura de la Junta de Paz.

En el tercer artículo -titulado “Presidente” (“Chairman”)- se determina que “Donald J. Trump será el inaugural Presidente de la Junta de Paz, y será, por separado, el inaugural representante de Estados Unidos de América”.

Además, “el Presidente tendrá exclusiva autoridad para crear, modificar, o disolver entidades subsidiarias según sea necesario o adecuado para cumplir la misión de la Junta de Paz”.

Aparte de designar “un sucesor para el papel de Presidente”, el jefe de la Junta “puede establecer subcomités según sea necesario o adecuado, y establecerá el mandato, la estructura, y las reglas de gobernanza para cada comité”.

Como atribución adicional del mandamás, según el artículo 4, “el Comité Ejecutivo será seleccionado por el Presidente, y consistirá de líderes de estatura global” -lo que, a juzgar por los firmantes iniciales de la Carta, asegura mediocridad y subordinación absoluta al megalómano estadounidense-.

Sumado a ello, “los miembros del Comité Ejecutivo se desempeñarán en períodos de dos años, sujetos a remoción por parte del Presidente, y renovables a su discreción”.

Por otra parte, “las decisiones de la Junta Ejecutiva serán tomadas por mayoría de sus miembros presentes y votando, incluido el Ejecutivo Jefe”, y “tales decisiones entrarán en vigencia inmediatamente, sujetas al veto del Presidente, en cualquier momento posterior”.

Al respecto, al artículo 2 prevé que “las decisiones serán tomadas por mayoría de los Estados Miembro presentes y vitando, sujetas a la aprobación del Presidente, quien también puede emitir voto, en su condición de Presidente, en el caso de un empate” -copia del esquema del Senado de Estados Unodos, cuyo presidente -el vicepresidente del país- puede votar con igual propósito-.

En cuanto a la membresía de la Junta de Paz, según el artículo 2, “está limitada a los Estados invitados a participar, por el Presidente”, además de que “cada Estado Miembro será representado, en la Junta de Paz, por su Jefe de Estado o de Gobierno”.

“Cada Estado Miembro cumplirá un período de no más de tres años (…) sujeto a renovación por parte del Presidente”, pero “el período de membresía de tres años no aplicará a Estados miembro que contribuyan más de USD $ 1,000,000,000 en fondos en efectivo, a la Junta de Paz, dentro del primer años de la entre dada en vigencia de la Carta”.

El lucro -no el hipócritamente declarado bienestar de los palestinos en Gaza-, como objetivo central del plan, queda incuestionablemente revelado con esa disposición -que, por otra parte, no aclara el uso que se dará a esos mil millones de dólares-.

El Artículo 7 -referido a “Interpretación y resolución de disputas” es el que, con más claridad establece la dimensión absolutista /verticalista de la Junta de Paz.

Según esa disposición, “las disputas internas entre miembros, entidades, y personal de la Junta de Paz, con respecto a asuntos relacionados con la Junta de Paz, deben ser resueltas a través de la colaboración amigable, en concordancia con las autoridades establecidas por la Carta”.

“Para tales propósitos, el Presidente es la autoridad final respecto al significado, la interpretación y la aplicación de esta Carta” -en síntesis: Trump hace lo que quiere-.

Y, por supuesto, “el idioma oficial de la Junta de Paz será el inglés” -el imperio gringo, manda, y su nuevo capataz está, dictatorialmente, encargándose de que así sea-.

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