La ambivalencia de la naturaleza humana es ambiente propicio para fenomenales emprendimientos, creaciones, genialidades, descubrimientos, para solidaridad -todo, fruto de talento admirable-, y también lo es para actos deleznables, destrucción, vileza, egoísmo -todo, consecuencia de mediocridad-.
La pesadilla que está desarrollándose en la palestina Franja de Gaza, es brutal ejemplo de lo segundo.
El exterminio étnico es, en términos generales, aborrecible, pero lo es aún más cuando se lo perpetra hambreando a un grupo humano -es el más bajo/despreciable nivel de la mediocridad-.
Se trata, exactamente, de lo que el genocida sionismo imperialista está haciendo en Gaza, a vista y paciencia de una buena parte de la comunidad internacional.
En lo que va de la guerra de -literalmente- tierra arrasada que el régimen israelí mantiene, desde la noche del 7 de octubre de 2023, en Gaza, las víctimas fatales son, al momento de escribir esta nota, algo más de 60 mil -la mayoría (más de la mitad) niños y mujeres-, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud de Gaza citados por medios de comunicación.
A esas bestiales cifras se suman, para el mismo período, casi 150 mil heridos, y alrededor de 14 mil desaparecidos.
Además de la gente fallecida a causa, principalmente, de bombardeos aéreos y de operaciones terrestres de las tropas invasoras sionistas -las Fuerzas de Defensa de Israel (Israel Defense Forces, IDF)-, más recientemente están los centenares de personas asesinadas, por las hordas militares judías, en los puntos de distribución de alimentos -o camino a ellos-.
Esta variante de exterminio de civiles se enmarca en el asesino bloqueo israelí que impide el ingreso de ayuda humanitaria -alimentos, medicinas, etc- en volúmenes suficientes, a la franja.
El régimen sionista nazi encabezado por el guerrerista primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu -un delincuente quien enfrenta, en Israel, cargos penales por actos de corrupción-, ha desatado, así, la hambruna que, como arma de guerra, está matando, masivamente, a palestinos -con particular ensañamiento, a menores y a mujeres, entre ellas, embarazadas y madres en período de lactancia-.
Impactantes fotografías y videos muestran a niños tan brutalmente desnutridos que, por ejemplo, sus brazos son del grosor de los dedos de quienes los asisten médicamente.
Esta modalidad de torturante exterminio -agonía por hambre- se constituye en una muestra más de los retorcidos extremos a los cuales la criminalidad en el poder en Israel -lo mismo la de cuello blanco, que la uniformada- es capaz de llegar -siempre autosuperándose para marcar nuevos récords de psicótica crueldad-.
Ante ello, emitir declaraciones “políticamente correctas” lamentando la situación en Gaza, sólo para “quedar bien”, no es sino una forma de inadmisible complicidad, tan criminal como el abastecimiento monetario y militar para que el corrupto sionismo guerrerista/imperialista siga perpetrando el genocidio -iniciado hace casi ocho décadas-, la limpieza étnica, ara, luego, anexar los territorios del Estado Palestino -al que se niega a reconocer-.
Es el siniestro plan para convertir, a la totalidad de la histórica Palestina, en Israel, y, a partir de eso, avanzar en la anexión de territorios de otros países del área, para crear la Gran Israel, en una bestial restructuración territorial de Oriente Medio-.
Para la criminalidad sionista históricamente gobernante en Israel -ahora, por la vía del régimen dirigido por el corrupto “Bibi” Netanyahu-, masacrar palestinos no es sino un detalle, un componente de la ejecución de su plan expansionista -ante lo cual, la resistencia, la resiliencia, la dignidad del pueblo palestino son ilimitadamente admirables y ejemplares-.
La intención del sionismo imperialista/guerrerista quedó demostrada al final de la década de 1940, cuando la entonces recién creada (1945) Naciones Unidas dio origen a los estados, respectivamente, de Israel y de Palestina, lo que fue flagrantemente violado por la parte judía -provocando el conflicto que persiste casi entrando en la tercera década del siglo 21-.
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, el 29 de noviembre de 1947, el Plan de Partición de Palestina, que creó ambos estados -asignando, por presiones imperiales/sionistas, algo más de 50 por ciento del territorio, a la parte judía, aunque constituía la población minoritaria, frente a la árabe palestina-.
Pero el dirigente sionista David Ben-Gurion (1886-1973), un judío polaco, anunció, unilateralmente, el 14 de mayo de 1948, al mundo, la independencia israelí -inaugurando, además, el cargo de primer ministro, que desempeñó en dos períodos: 1948-1953, 1955-1963)-.
Sobre esa espuria base, el recién instalado régimen sionista israelí perpetró la violenta expulsión masiva de palestinos, de sus lugares de origen, en lo que fue denominado, por las víctimas, como al-Nakba (en árabe: la catástrofe).
Además de la expulsión, las víctimas sufrieron el robo -o la destrucción- de su patrimonio, mientras que las ciudades, los barrios, la aldeas que ancestralmente habitaron hasta entonces, fueron, en gran proporción, arrasadas.
Las viviendas que se salvaron de la destrucción, pasaron a ser ilegalmente ocupadas por “colonos” judíos.
Numerosas familias palestinas expulsadas, llevaron -conmovedoramente- consigo, al forzado exilio, las llaves de sus respectivas viviendas, objetos que conservan como oxidado símbolo de la esperanza de regreso, de reivindicación de los derechos violados, de justicia colectiva.
Investigadores académicos han coincidido, desde entonces, en -correctamente- describir la Nakba, como una sionista operación militar de limpieza étnica antipalestina.
La acción unilateral judía, también desencadenó, instantáneamente, la primera de varias guerras árabe-israelíes, conflicto armado que se extendió durante aproximadamente un año (1948-1949).
El extremista sionismo nazi, victimiza, bestialmente, desde entonces, al pueblo palestino, agresión que, a partir de octubre de 2023, presenta características de crueldad ilimitadamente creciente -y constantemente perfeccionada, para causar, siempre, más devastación, más dolor, más injusticia-.
Simultáneamente al genocidio que está perpetrando en Gaza, el régimen de Netanyahu -un seren (capitán) de la Sayeret Matkal (Unidad de Reconocimiento de Estado Mayor), grupo élite de las IDF, especializado en inteligencia militar, contraterrorismo (o sea, asesinato político), y rescate de rehenes-, implementa, en Cisjordania, la política militar-civil consistente en consolidar la ocupación ilegal.
Ello, mediante la invasión lo mismo militar -por parte de las IDF- que civil -por parte de violentos judíos civiles armados, hipócritamente denominados “colonos”-.
Los tales colonos crean, ilegalmente, lo que el sionismo expansionista denomina, manipuladoramente, “asentamientos”, sobre la base de la destrucción física de infraestructura palestina -principalmente, viviendas-, y la represión -en numerosos casos, el asesinato- de habitantes locales.
Separadas por territorio israelí, Cisjordania y la Franja de Gaza son los sectores, respectivamente, oriental y occidental, del Estado de Palestina -el mismo al cual el sionismo extremista niega, hace casi ocho décadas, reconocimiento-.
Cisjordania -mencionada, asimismo, como la Margen Occidental, o la Ribera Occidental (West Bank)- limita, en el norte, el oeste, y el sur, con Israel, y en el este, con Jordania
-territorialmente separadas, ambas, por el Río Jordán y el Mar Muerto-.
Gaza es fronteriza, en el norte y el este, con Israel, y, en el sur, con Egipto, además de que
es bordeada, en el oeste, por el Mar Mediterráneo.
Cisjordania, establecida sobre 5,640 kilómetros cuadrados -con algo menos de 3.2 millones de habitantes-, es el área mayor, mientras Gaza cubre apenas 365 kilómetros cuadrados -y su población es de poco más de 2.1 millones, desplazada, en un noventa por ciento, por la guerra genocida en desarrollo hace poco menos de dos años-.
La relación gente/territorio hace que la franja sea una de las regiones más densamente pobladas a nivel mundial: unas seis mil personas por kilómetro cuadrado.
Gaza es gobernada, desde 2007, por el terrorista movimiento políticomilitar palestino Harakat al-Muqawama al-Islamiya -que, en transliteración del árabe, significa Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas)-.
A causa del inmisericorde bloqueo que Israel mantiene desde ese año, y de la constante agresión del sionismo, presenta algunos de los más críticos índices socioeconómicos globales.
De acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (United Nations Development Programme, Undp), para 2024, “el producto interno bruto (PIB) del Estado de Palestina se contrajo en 35.1 por ciento en 2024 (…) con el desempleo potencialmente aumentando a 49.9 por ciento”.
Las dos extensiones territoriales palestinas están bajo ocupación por parte de las IDF -Gaza, en el contexto de la presente guerra, completamente, y Cisjordania, hace décadas, en aproximadamente 90 por ciento-.
El tercer componente territorial palestino, es el sector oriental de la histórica ciudad de Jerusalén -cuyo ADN religioso es, simultáneamente, católico/judío/musulmán-, ubicada en el área central de Israel y en el centroccidente de Cisjordania.
En cuanto a la hambruna que el sionismo extremista ha consolidado en Gaza, el régimen de Netanyahu ha perpetrado, recurrentemente, la criminal desfachatez de negar esa dramática/inhumana situación, ello apoyado sobre el inaceptable hecho de que, al momento de redacción de esta nota, la dramática situación no ha sido oficialmente declarada como lo que, incuestionablemente, es.
Entre otras afirmaciones negacionistas -no obstante las versiones periodísticas ilustradas con fotografías y videos de las víctimas -principalmente menores de edad- de la criminal desnutrición, medios de comunicación internacionales citaron, recientemente, a David Mencer, portavoz gubernamental israelí, como habiendo aseverado que “no hay hambruna, en Gaza”.
Y, tratando, torpe e hipócritamente, de deslegitimar las puntuales/documentadas versiones periodísticas, aseveró, a continuación, que “hay una hambruna de la verdad”.
Por su parte, jefes militares israelíes han coincidido en mentir, flagrantemente, a periodistas, en el sentido de que “en Gaza, no hay hambre”, atribuyendo los fallecimientos de niños agudamente desnutridos, a “enfermedades”.
Pero la verdad es brutalmente notoria, y las mentiras de los criminales en la cúpula del poder civil/militar israelí, no pueden ocultarla, por más que, mediocremente, intentan hacerlo -hay que reconocerles que se esfuerzan-.
En un comunicado que difundió el 12 de mayo, en su sitio en Internet, la Organización Mundial de la Salud (OMS) -agencia especializada de Naciones Unidas-, planteó, con irrefutable precisión, el brutal contexto que presenta Gaza.
En un demoledor revés al régimen judío, la OMS denunció que “los 2.1 millones de gazatíes (habitantes de la franja) se enfrentan a una escasez prolongada de alimentos”.
De ese total, “casi medio millón de personas se encuentran en una situación catastrófica de hambre, malnutrición aguda, inanición, enfermedad y muerte”, explicó, para, de inmediato, precisar que “se trata de una de las peores crisis de hambre del mundo, que se desencadena mientras se escriben estas líneas”.
“El último análisis de seguridad alimentaria ha sido publicado hoy por la alianza Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), de la que es miembro la OMS”, informó.
En su sitio en Internet, la CIF se escribe como “una innovadora iniciativa global de múltiples partes interesadas que busca mejorar el análisis de la seguridad alimentaria y la nutrición para fundamentar las decisiones”.
La OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Food and Agriculture Organization of the United Nations, FAO) son dos de las 21 entidades que son parte de la CIF.
La OMS constituye, por definición oficial, un equipo coordinador de “la respuestas mundial a las emergencias sanitarias”, mientras la misión de la FAO consiste, formalmente, en ser la agencia especializada de la organización mundial que “lidera el esfuerzo internacional para poner fin al hambre”, cuyo “objetivo es lograr la seguridad alimentaria para todos”.
Citado por la OMS, en el comunicado, el director general de esa organización, el médico etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, refutó el inadmisible negacionismo israelí, aclarando que “no necesitamos esperar a que se declare una hambruna, en Gaza, para saber que la gente ya están pasando mucha hambre”.
Ello, “mientras que a tan sólo unos minutos de distancia, al otro lado de la frontera, aguardan alimentos y medicamentos”, denunció, a continuación , el funcionario internacional.
Respecto al análisis de la CIF, Ghebreyesus precisó que, “en el informe de hoy, se muestra que, sin acceso inmediato a alimentos y suministros esenciales, la situación seguirá deteriorándose, lo que conducirá a una hambruna, y a un incremento en el número de muertes”.
En ese sentido, la OMS puntualizó, en el comunicado, que “tres cuartas partes de la población de Gaza se encuentran en las fases de ‘emergencia’ o de ‘catástrofe’ de privación de alimentos, los dos peores niveles de la escala de cinco de inseguridad alimentaria y desnutrición de la CIF”.
Según la alianza internacional especializada, los niveles (fases) son, respectivamente: nada/mínimo, estrés, crisis, emergencia, catástrofe/hambruna.
El sistema de medición de la CIF también es usado por la Red de Alerta Temprana de Hambruna (Famine Early Warning Systems Network, Fews Net).
El desglose de las fases, determina que la primera –“nada/mínimo”- es indicativa de que “los hogares pueden cubrir las necesidades esenciales alimentarias y no alimentarias sin involucrarse en estrategias atípicas e insostenibles para acceder a alimentos e ingresos”.
La segunda -estrés-, señala que “los hogares tienen consumo de alimentos mínimamente adecuado, pero no pueden cubrir algunos gastos no alimentarios sin involucrarse en estrategias con las cuales enfrentar el estrés”.
La tercera -crisis- se presenta cuando “los hogares tienen baches en consumo de alimentos que son reflejados en desnutrición alta o por encima de aguda habitual; o pueden marginalmente cubrir las necesidades de alimentación sólo agitando bienes esenciales de sobrevivencia, o mediante estrategias para enfrentar crisis”.
En la cuarta -emergencia-, “los hogares: tienen grandes brechas en consume de alimentos que se reflejan en muy alta desnutrición aguda y mortalidad excesiva; o pueden mitigar grandes brechas de consumo de alimentos sólo empleando estrategias de emergencia para subsistir, y liquidación de bienes”.
En la quinta -catástrofe/hambruna-, los hogares tienen una extrema carencia de necesidades alimentarias y/o básicas de otra naturaleza aun después de pleno empleo de estrategias de emergencia. Hambre extrema, muerte, indigencia, y niveles extremadamente críticos de desnutrición aguda son evidentes”.
En cuanto al quito nivel, la CIF aclara que, “para Clasificación de Hambruna, un área (de la población) debe tener niveles extremadamente críticos de desnutrición aguda, y mortalidad”.
Sin perjuicio de la declaración oficial de hambruna en Gaza, es dramáticamente obvio que la catástrofe -que, efectivamente, golpe a Gaza- está descrita, con fuerte precisión, en los parámetros de la quinta fase.
La OMS denunció, asimismo, en el comunicado, que, “desde que comenzó el bloqueo a la ayuda el 2 de marzo de 2025, el Ministerio de Salud (de Gaza) ha registrado la muerte de 57 niños por malnutrición, si bien es probable que esta cifra esté subestimada y que se incremente en el futuro”.
“Si la situación no mejora, se prevé que casi 71,000 niños memores de 5 años sufrirán malnutrición aguda en los próximos 11 meses, según el informe se la CIF”, indicó, de inmediato.
La OMS reveló, igualmente, que “las madres embarazadas y en período de lactancia también corren un alto riesgo de malnutrición, y se calcula que casi 17,000 necesitarán tratamiento por malnutrición aguda en los próximos 11 meses si no mejora la gravísima situación actual”.
“Las madres malnutridas no producen suficiente leche nutritiva, lo que pone en peligro a sus bebés”, agregó, para informar que, “además, los servicios de asesoramiento que se les prestan están muy limitados”.
“Para los lactantes menores de 6 meses, la leche materna es la mejor protección contra el hambre y las enfermedades, sobre todo en aquellos lugares donde escasea el agua limpia, como es el caso de Gaza”, indicó.
La agencia especializada también exhibió, contundentemente, la criminal hipocresía del régimen sionista en cuanto a insistir que está permitiendo, en la franja, un supuesto abastecimiento de asistencia prioritaria.
“El plan anunciado recientemente por las autoridades israelíes de entregar alimentos y otros artículos esenciales a través de determinados puntos de distribución en Gaza es manifiestamente inadecuado para satisfacer las necesidades inmediatas de más de dos millones de personas”, reveló.
En el agudizado contexto de brutalidad impuesto, en Gaza, por el sionismo guerrerista, los puntos de distribución de ayuda humanitaria mencionados por la OMS fueron convertidos, por el sanguinario régimen sionista, en sitios de emboscada, por parte de las IDF, para masacrar a los palestinos -niños y mujeres incluidos- quienes llegan con la esperanza de resolver, no obstante precariamente, el hambre.
La complicidad del dictador estadounidense, Donald Trump, en el genocidio que tiene lugar en Gaza, fue nuevamente evidenciada en declaraciones que formuló en Edinburgh, la capital de Escocia, en el marco de la visita que realizó, del 25 al 29 de julio, a ese país del Reino Unido.
Trump se trasladó a Escocia -país de nacimiento de su madre, Mary Anne MacLeod (1912-2000)- para dialogar con autoridades británicas y de la Unión Europea, y jugar golf en sus dos propiedades dedicadas a ese deporte ubicadas, respectivamente, en las ciudades de Turnberry (en la costa oeste) y Aberdeen (en la costa este).
O sea que disfrazó, como visita de trabajo, una vacaciones personales que, corruptamente, financió con fondos estatales, además de que, también corruptamente, se valió de actividades formalmente oficiales, para promover sus negocios.
La presencia del visitante generó protestas en ciudades escocesas, actividades organizadas por la no gubernamental Coalición Frenar a Trump (Stop Trump Coalition).
Numerosos participantes en las manifestaciones de repudio portaron pancartas alusivas a diferentes temas relacionados con el reincidente inquilino de la Casa Blanca (2017-2021, 2025-2029), según fotografías difundidas por medios de comunicación internacionales.
“Cómplice en crímenes de guerra”, “el cambio climático existe”, “Gaza: frenar el genocidio”, son algunas de las consignas escritas en los carteles, y, en uno, de pequeño tamaño -pero con fuerte mensaje, sostenido, y aparentemente redactado/ilustrado, por una niña: “hombre malo váyase” (“bad man go away”).
En declaraciones a periodistas, antes de viajar a Escocia, Trump hizo referencia a la barbarie que el sionismo imperialista perpetra en Gaza, y -quizá, inadvertidamente- al eterno plan de anexar el territorio del Estado Palestino.
En su habitual estilo confuso, se refirió a las recurrentemente frustradas negociaciones Israel-Hamas -mediadas por Egipto, Estados Unidos, Qatar- de alto al fuego/liberación de rehenes.
“Se salieron de Gaza, se salieron en términos de negociar. Fue muy mal. Hamas no quería, realmente, llegar a un acuerdo. Creo que quieren morir. Y eso es muy, muy malo”, dijo.
Al parecer, dirigiéndose al régimen israelí, agregó que “ustedes van a tener que terminar el trabajo”.
Y, ahora refiriéndose, al parecer, a Hamas, expresó que “entonces, ahora estamos con los últimos rehenes, y ellos saben qué pasa cuando uno consigue los últimos rehenes. Y, básicamente, por eso ellos realmente no quisieron hacer un acuerdo. Yo vi eso”.
Nuevamente refiriéndose/dirigiéndose, al parecer, a Israel, dijo, a continuación que, “entonces, ellos se salieron. Van a tener que pelear, van a tener que limpiarlo. Ustedes van a tener que deshacerse de eso”.
De modo que Trump intensificó su apoyo al genocidio que el sionismo extremista impone en Gaza -como si los invasores necesitasen respaldo expreso para hacerlo-.
Igualmente, el patán aspirante al Premio Nobel de la Paz, considera que la limpieza étnica que tiene lugar en la franja, es un “trabajo” que es necesario “terminar”, para “deshacerse de eso” -la gente, no le importa, porque, en su visión deshumanizada, por ser palestinos, se trata de “daño colateral”-.
Será entonces que las condiciones estén dadas para crear el lujoso balneario internacional que el autócrata anaranjado quiere construir en la franja -algo así como “Trump Gaza”-.
Por su deleznable ensañamiento contra los palestinos, la Corte Penal Internacional (CPI) debe -tal como, acertadamente, lo hizo con Netanyahu- emitir órdenes de captura a nivel global contra el resto de la pandilla de nazis del siglo 21 que está gobernando a Israel -y sus cómplices internacionales-.
También debe perseguirlos sin tregua en cuanto salgan de su país, detenerlos donde se encuentren, someterlos a juicio por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, y condenarlos, inmisericordemente, a prisión perpetua.
La dimensión apasionante de la naturaleza humana tiene que empezar imponerse, aleccionadoramente, a la aberrante.







