El primer balazo, interrumpió la nueva andanada de Trump contra los inmigrantes irregulares, y su nuevo autoelogio como presunto guardián de la frontera sur.
Señalando, hacia su derecha, a una de dos gigantescas pantallas que mostraban un gráfico referido al tema, Trump expuso, interactuando con la multitud asistente a la actividad proselitista -realizada el 13E de julio, en la ciudad de Butler, en el nororiental estado de Pennsylvania, fronterizo con Canadá-, su habitual crítica a Biden por el manejo presidencial de la crisis de seguridad en el límite con México.
También destacó lo que considera como la eficiente política antinmigrante que implementó, en el terreno, durante su autocrática administración (2017-2021).
Además de la misoginia, la agresión de género, la patanería que lo caracterizan, el corrupto empresario republicano disfruta su racismo y su xenofobia, al expresar, por ejemplo, que Estados Unidos no necesita inmigrantes de “países de mierda” (“shithole countries”) -en realidad, la ofensiva expresión significa, literalmente, “países con hoyos para cagar”-.
El ex presidente -quien aspira a la reelección, en la cercana votación del 5 de noviembre- reiteró, por enésima vez, las etiquetas de “asesinos”, “delincuentes peligrosos”, “salidos de instituciones psiquiátricas”, entre otras, para referirse a quienes, por miles, huyen de situaciones de inseguridad ciudadana, pobreza extrema, otras violaciones a los derechos humanos.
Se trata, en abrumadora mayoría, de personas quienes buscan, en Estados Unidos, la seguridad y las oportunidades que no encuentran en sus respectivos países de origen -es decir: el “sueño americano”, misión imposible para la esperanzada mayoría-.
El racista y xenofóbico Trump pareciera no darse cuenta de que sus ancestros son alemanes -los paternos- y escoceses -los maternos-, a lo que se suma el hecho de que dos de sus hasta ahora tres esposas inmigraron a Estados Unidos: Ivana Marie Zelníčková -con quien estuvo casado, desde 1977 hasta 1990- era checa -fallecida en 2022-, y Melania Knavs -su actual esposa, desde 2005- es eslovena.
Ambas, se naturalizaron estadounidenses.
Eso significa que dos de las madres de cuatro de sus cinco hijos son inmigrantes -Ivana lo fue de Donald Jr, Ivanka, Eric; mientras Melania lo es de Barron, el más joven del grupo-, mientras que la estadounidense Marla Maples -en matrimonio desde 1993 hasta 1999- es la madre de Tiffany.
Pero, en el caso de Ivana y Melania, se trata de europeas -por lo tanto, blancas-, a diferencia de las inmigrantes negras, indias, mestizas de “shithole countries”.
Uno de los más tóxicos rasgos personales de Trump -y de los más peligrosos, cuando se trata de un inquilino de la Casa Blanca- es el autoritarismo -lo que implica menosprecio absoluto de la legalidad-.
La máxima demostración de esa característica conductual trumpiana fue el intento golpista que protagonizó el 6 de enero de 2021.
Eso fue catorce días antes de, involuntariamente, evacuar la Casa Blanca, literalmente, por la puerta trasera, para no asistir a la juramentación de Biden -a quien llama “Crooked Joe” (“Corrupto Joe”)-.
Con su discurso de odio, alentó, durante semanas, a su irracional base social, a que invadiera, ese día, violentamente, el Capitolio -la sede del Poder Legislativo estadounidense-.
En su mediocre/ridículo autoritarismo, Trump convirtió -tal como lo he planteado en diferentes momentos-, a Estados Unidos, en lo que, despectivamente, los racistas/xenófobos nacionales denominan una “república bananera” (a “banana republic”).
Y, no conforme con eso, trató de convertirse en su dictador.
Ahora -más de tres años y medio después-, volvió a ser -aunque de manera diferente-, protagonista de un nuevo incidente de violencia política, un hecho que refleja la peligrosa polarización -odio vs racionalidad- que está partiendo ideológicamente a Estados Unidos.
El balazo que al parecer le rozó una oreja, no es un hecho aislado.
Aunque actuó visiblemente solo, el atacante, identificado como Thomas Matthew Crooks
-abatido, como corresponde en turbias situaciones como esa, para borrar pruebas-, llevó a cabo la acción -en el mejor de los casos-, contagiado por el discurso de odio que Trump, sistemáticamente, profiere.
Después de haber perpetrado el intento golpista del 6 de enero, insistiendo -desde noviembre de 2020, y sin ningún fundamento- que Biden y los demócratas le “robaron” la reelección, Trump se ha dedicado a ampliar aún más la brecha política, al grado de promover, de hecho, una guerra interna, con su recurrente amenaza de “baño de sangre” si se la “roban” también este año.
Se trata del discurso populista que tiene eco en la masa trumpiana -irreflexiva, acrítica, obediente en grado de irracionalidad- invasora de diferentes estamentos sociopolíticos del país, incluida la Cámara de Representantes (House of Representatives).
Allí, la congresista republicana Marjorie Taylor Greene -un patético espécimen del primario trumpismo redneck-, fanática seguidora del ex presidente, alineada en el discurso de odio de su jefe, ha llegado a advertir sobre una nueva guerra civil en Estados Unidos.
Al momento de redactar esta nota, es prematuro determinar el verdadero origen del balazo que, según la versión oficial, rozó la oreja derecha de Trump.
Por lo tanto, las preguntas se multiplican, vertiginosamente, respecto a varios de los datos que van surgiendo principalmente de la cobertura periodística en el terreno -no así de las autoridades encargadas de la investigación-.
El principal y más viralizado signo de interrogación: cómo fue posible que, en medio de la masiva presencia de personal especializado en seguridad y en espionaje, el sicario -y visto, además, por varias personas del público asistente- pudo llegar a unos cien metros de Trump, posicionarse, apuntar el arma, y disparar?
Se trata de fuerzas caracterizadas mundialmente como de excelencia profesional: el Servicio Secreto (Secret Service, encargado de la seguridad de presidentes y ex presidentes, entre otros personajes de alto nivel político), el Buró Federal de Investigación (Federal Bureau of Investigation, FBI), la fuerza Especial de Armas y Tácticas (Special Weapons and Tactics, Swat) -sigla que deletrea la palabra que, en inglés, significa “golpe rápido y demoledor”-.
También participaron en la tareas de vigilancia del perímetro y alrededores, el Departamento de Policía de la Ciudad de Butler (Butler City Police Department), y la Policía del Estado de Pennsylvania (Pennsylvania State Police).
La historia official se encargará de dar la explicación formal -chivo expiatorio incluido, como ocurrió en el caso del asesinato de Kennedy, en 1963-, mientras alguna investigación independiente se encargará de desmantelar la versión oficial y de exponer la verdad -ojalá-.
Entretanto, en declaraciones al medio de comunicación British Broadcasting Corporation (BBC), momentos después del incidente, un pelirrojo simpatizante de Trump, relató lo que vio y lo que hizo, tratando, infructuosamente, de evitar el incidente.
Luciendo una visera roja con la inscripción “Trump 2020” -acompañada por tres pequeñas estrellas blancas sobre fondo rectangular azul-, en la parte frontal, denunció la indiferencia de los efectivos de seguridad a quienes avisó -al igual que hicieron otras personas-, que un hombre, portado un fusil automático, se había ubicado, y se arrastraba, sobre el techo de un edificio con características de galpón de grandes dimensiones.
- “Entonces, nos acercamos, caminando, y, potablemente cinco a siete minutos después de que Trump empezara a hablar -estoy calculando, no tengo idea-, pero notamos al tipo arrastrándose sobre el techo del edificio al lado de nosotros, a 50 pies (15 metros) de nosotros”, comenzó a relatar.
- “Entonces, estamos parados ahí, estamos señalando al tipo arrastrándose sobre el techo”, reafirmó, para agregar que el hombre “tenía un rifle, podemos verlo, claramente, con un rifle, definitivamente”.
- “Estamos señalándolo, la Policía está ahí abajo, recorriendo el área”, y “nosotros decíamos: ‘hey, ustedes! Hay un tipo, en el techo, con un rifle!’, y la policía: ‘ha, ha’ (hace gestos corporales como en burla), es como si no supieran qué estaba pasando”, siguió narrando.
- “Y nosotros: ‘hey! Ahí, en el techo! Podemos verlo desde aquí, lo vemos, está arrastrándose!’”, reafirmó.
- “Y, en seguida, estoy pensando: ‘por qué Trump sigue hablando? Por qué no lo sacaron del escenario?’”, indicó, asimismo.
- “Estoy parado, ahí, señalándolo, por dos o tres minutos, los del Servicio Secreto están mirándonos, desde encima del (otro) galpón, estoy señalando a ese techo, parado, así (extiende el brazo izquierdo, señalando), y, en seguida, suenan cinco disparos”, precisó.
A la pregunta puntual de si tenía certeza de que los disparos se originaron donde se había ubicado el individuo, respondió: “cien por ciento, cien por ciento”.
- “Nosotros les decíamos, a los policías, lo señalábamos para los del Servicio Secreto que nos miraban desde arriba del galpón”, siguió relatando, además de indicar que “nos miraban, todo el tiempo -cuando estábamos parados junto a aquel árbol (señala)-, con binoculares”.
- Interrogado sobre si esos agentes del Servicio Secreto podían ver al atacante, dijo que, “probablemente, no, por el desnivel (del techo), pero: por qué no hay nadie del Servicio Secreto en todos los techos, ahí?”.
- “Digo: esto no es un lugar grande”, señaló.
(El video de la BBC, con las declaraciones del testigo, se encuentra, entre otras direcciones en la red, en: https://www.bbc.com/news/articles/cn4v7v2g5l1o)
Imágenes aéreas del lugar, que fueron reproducidas por medios de comunicación, muestran la escasa distancia -unos 150 a 200 metros- entre el atacante, y Trump, así como entre el atacante y los francotiradores de las fuerzas de seguridad posicionados en otros dos de los cuatro techos de galpones en la reducida área.
En una actualización difundida, al día siguiente del atentado, por diferentes medios, la agencia informativa estadounidense The Associated Press (AP) indicó -en coincidencia con el relato del testigo- que, “no mucho antes de que disparos sonaran, participantes en el acto político notaron que un hombre escalaba hacia el techo de un edificio cercano, y advirtieron a agentes policiales locales, según dos jerarcas policiales”.
Sin embargo, la versión de AP difirió, al señalar, citando a las mismas fuentes, que “un agente subió al techo y enfrentó a Crooks, quien apuntó, con su rifle, al agente”.
“El agente retrocedió bajando por la escalera, y Crooks, rápidamente, disparó hacia el ex presidente Donald Trump, y fue entonces que contrafrancotiradores del Servicio Secreto de Estados Unidos le dispararon, dijeron los jerarcas policiales quienes hablaron con The Associated Press a condición de anonimato para abordar una investigación en desarrollo”, agregó la agencia.
Por su parte, fugazmente citado en la nota informativa que la BBC difundió el 14 de junio, Charles Marino, un ex agente del Servicio Secreto, evaluó lo ocurrido, desde el punto de vista de la operación de seguridad en el lugar.
Marino “coincidió en que hay preguntas que responder”, de acuerdo con la versión periodística.
El ex agente “dijo, a la BBC, que habría estado, entre las tareas de los agentes, (la de) revisar los alrededores y tomar nota de ‘áreas preocupantes’”, agregó el medio de comunicación británico.
El neandertalismo trumpiano aprovechó, inmediata y manipuladoramente, el conveniente atentado, para atacar en manada, a Biden y al Partido Demócrata, profiriendo teorías conspirativas que fueron recogidas por plataformas de comunicación lo mismo estadounidenses que internacionales.
En la primera línea de difamación se posicionó -como no podía esperarse menos- Taylor, la vociferante seguidora del golpista.
“Estamos en una batalla entre el bien y el mal”, aseveró la extremista, al día siguiente del atentado, para agregar que “el Partido Demócrata es, completamente, el mal, y ayer, ellos trataron de asesinar al presidente Trump”.
También describió, a la agrupación política gobernante, como “el partido de los pedófilos”.
Concedentemente, su correligionario y presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, afirmó que, “cuando el mensaje sale constantemente, de que la elección de Donald Trump sería una amenaza a la democracia, y que la república terminaría, eso calienta el ambiente”.
Por su parte, en referencia a las advertencias reiteradamente formuladas por Biden respecto al peligro que Trump representa para la democracia, el senador republicano Tim Scott expreso, también el 14 de julio, en redes sociales, que lo planteado por el actual mandatario demócrata -quien, igualmente, busca la reelección- “ha conducido, directamente, al intento de asesinato contra el presidente Trump”.
No conforme con eso, Scott agregó, siguiendo el libreto conspiracionista republicano, que “esto fue un intento de asesinato en complicidad con la izquierda radical y los medios corporativos que incesantemente llaman, a Trump, una amenaza para la democracia”.
En marcado contraste con las acusaciones del extremismo republicano, al conocerse la información sobre lo ocurrido en Pennsylvania, Biden condenó, inmediatamente, el atentado, algo que reafirmó en dos declaraciones formuladas al día siguiente -de modo que el presidente emitió, en el lapso de 24 horas, tres mensajes contra la violencia, en términos generales, y contra la que tuvo a Trump en la mira, específicamente-.
- “Anoche, hablé con Donald Trump, estoy sinceramente agradecido que está bien y recuperándose, y tuvimos una conversación breve pero buena”, indicó el jefe de Estado, en declaraciones que formuló, durante tres minutos, la tarde del 14 de julio, en la Casa Blanca.
- “Como dije anoche, no hay lugar, en Estados Unidos, para este tipo de violencia, ni para ninguna violencia, en realidad”, agregó.
- “Un intento de asesinato es contrario a todo aquello que representamos como nación, todo”, planteó, para subrayar que “eso no es quiénes somos como nación, no es Estados Unidos, y no podemos permitir que esto ocurra”.
- “La unidad es la meta más elusiva de todas, pero nada es (más) importante que eso, ahora: unidad”, aseguró, para subrayar que “debatiremos, discreparemos -eso no va a cambiar-, pero no vamos a perder de vista el hecho de quiénes somos como estadounidenses”.
“He dado instrucciones que esta investigación sea exhaustiva y rápida, y los investigadores tendrán todos los recursos que necesiten para hacer esto”, informó.- “Todavía no tenemos ninguna información sobre el motivo de quien disparó”, aunque “sabemos quién es”, dijo, a continuación.
- “Exhortó, a todos, a todos: por favor, no hagan suposiciones sobre sus motivos ni sus filiaciones”, agregó.
- “Mientras esta investigación continúa, esto es lo que vamos a hacer”, anunció.
- “Primero, el señor Trump, como ex presidente y candidato del Partido Republicano, ya recibe un elevado nivel de seguridad, y he sido consecuente en mi instrucción, al servicio secreto, de que le proporcione todos los recursos, la capacidad, y las medidas de protección necesarias para asegurar su continua seguridad”, comenzó a precisar.
- “Segundo, he instruido al Servicio Secreto que revise todas las medidas de seguridad para la Convención Nacional Republicana”, siguió señalando.
- Biden hizo, así, referencia a la Convención Nacional Republicana (Republican National Convention, RNC), que se lleva a cabo, del 15 al 18 de julio, en la ciudad de Milwaukee -la mayor del norteño estado de Wisconsin-, para elegir al candidato presidencial con miras a la votación de noviembre -o sea, para ratificar a Trump-.
- “Y, tercero, he ordenado una revisión independiente de la seguridad nacional en el acto político de ayer, para evaluar, exactamente, qué ocurrió, y compartiremos los resultados de esa revisión independiente, on el pueblo estadounidense, también”, dijo.
- En el “Mensaje a la Nación”, que formuló, durante seis minutos, por la noche, también en la Casa Blanca, Biden se refirió a lo que definió como “la necesidad de que bajemos la temperatura en nuestra política, y que recordemos que, aunque podemos estar en desacuerdo, no somos enemigos”.
- “Somos vecinos, somos amigos, compañeros de trabajo, ciudadanos, y -lo más importante-, somos compatriotas estadounidenses, y debemos mantenernos unidos”, subrayó, de inmediato.
- Lo ocurrido durante el acto proselitista de Trump, “nos llama, a todos, a dar un paso atrás, tomar conciencia de dónde estamos, cómo avanzamos desde aquí”, agregó.
- Al referirse a lo que, por la tarde, describió como “una investigación en desarrollo”, Biden dijo que “aún no conocemos el motivo de quien disparó, no conocemos sus opiniones ni sus afiliaciones, no sabemos si tuvo ayuda o apoyo o si se comunicó con alguien más”, y aseguró que “los profesionales policiales, mientras hablo, están investigando esas preguntas”.
- “Esta noche, quiero hablar de lo que sabemos: un ex presidente fue baleado, un ciudadano estadounidense murió, sencillamente ejerciendo su libertad de apoyar al candidato de su preferencia”, expresó, a continuación.
- “No podemos -no debemos- seguir este camino, en Estados Unidos”, reflexionó, a manera de exhortación.
“Lo hemos recorrido antes a lo largo de nuestra historia”, pero “la violencia nunca ha sido la respuesta, ya sea con miembros del Congreso en ambos partidos como blanco del disparo, o una violenta turba atacando el Capitolio el 6 de enero, o el brutal ataque contra el esposo de la ex presidenta de la Cámara Nancy Pelosi, o información e intimidación de autoridades electorales, o la conspiración para secuestrar a una gobernador, o un intento de asesinato contra Donald Trump”, agregó.
“No hay lugar, en Estados Unidos, para este tipo de violencia, nunca. Punto. Sin excepción. No podemos permitir que esta violencia sea normalizada”, planteó, en tono de fuerte advertencia.
“La retórica, en este país, se ha calentado mucho”, planteó, además de asegurar que “es tiempo de enfriarla, y todos tenemos la responsabilidad de hacer eso”.
“Sí, tenemos desacuerdos profundos, fuertes, lo que está en juego, en esta elección, es enormemente alto”, indicó, para, a continuación reafirmar que “he dicho, muchas veces, que la opción que hagamos en esta elección va a dar forma al futuro de Estados Unidos, y del mundo, por décadas”.
Biden aseguró, en ese sentido, que “algunos tiene una visión diferente sobre la dirección que nuestro país tendría que seguir”, aclarando que “el desacuerdo es inevitable, en la democracia estadounidense, es parte de nuestra naturaleza, pero la política no debe ser, nunca, un literal campo de batalla, y, Dios no lo quiera, un campo de matanza”.
“Todos, hora, enfrentamos un tiempo de prueba, a medida que la elección se aproxima, y, cuanto más alto sea lo que esté en juego, las pasiones se tornan más fervientes”, explicó.
“Esto pone una carga adicional sobre cada uno de nosotros, para asegurar que, sin perjuicio de la fortaleza de nuestras convicciones, nunca debemos de descender hacia la violencia”, aseguró.
En cuanto a la RNC, vaticinó que los republicanos “criticarán mi récord y ofrecerán su propia visión para este partido”, y señaló que, simultáneamente, “estaré viajando esta semana, defendiendo nuestro récord y la visión -mi visión del país-, nuestra visión”.
“Seguiré defendiendo, fuertemente, nuestra democracia, apoyando nuestra Constitución y el Estado de Derecho, llamando a la acción en la urna de votación, sin violencia en nuestras calles”, anunció, para, a continuación, subrayar que “así es cómo la democracia debe trabajar”.
Biden aseguró, asimismo, que “el poder para cambiar a Estados Unidos debe, siempre, estar en las manos del pueblo, no en las mano de un asesino en potencia”.
(El “Mensaje a la Nación”, en su versión original -en inglés-, difundida por la Casa Blanca, puede leerse aquí: https://www.whitehouse.gov/briefing-room/speeches-remarks/2024/07/14/remarks-by-president-biden-in-address-to-the-nation/)
En lo inmediato, lo cierto es que el único beneficiado, se llama Donald Trump.
El manipulador reincidente aspirante a la reelección, cuatro años después, está capitalizando el incidente, desde el inicio.
Mientras era retirado del escenario, por numerosos agentes del Servicio Secreto quienes lo protegía físicamente, rodeándolo, Trump detuvo, momentáneamente, el acelerado desplazamiento para, puño agitado en alto, dirigiéndose al público, gritar: “Fight! Fight! Fight!” (Peleen! Peleen! Peleen!”) -según fue posible determinar leyendo el movimiento de los labios-, mientras los incondicionales seguidores coreaban, repetidamente: “USA!”.
Por otra parte, mientras estuvo hospitalizado, el ex presidente emitió, vía su red Truth Social (Verdad Social), un mensaje de agradecimiento al personal de seguridad, de condolencia para los familiares de una persona participante quien falleció y otra quien resultó seriamente herida, y de narración de lo ocurrido.
“Quiero agradecer al Servicio Secreto de Estados Unidos, y a todos los agentes policiales, por su rápida respuesta al tiroteo que ocurrió en Butler, Pennsylvania”, escribió.
“Más importante, quiero extender mis condolencias a la familia de la persona quien murió en el acto político, y a la familia de otra persona quien fue seriamente herida”, agregó
“Es increíble que un acto como ese pueda tener lugar en nuestro país”, señaló, para informar que “fui herido con una bala que atravesó la parte superior de mi oreja derecha”.
Después de precisar otros detalles sobre su herida, expresó: Dios bendiga a Estados Unidos!”.
(El mensaje puede leerse, en su versión original en inglés, en: https://truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/112782066045321247
Donald J. Trump).
Por otra parte, causal o no, la imagen de Trump, levemente ensangrentado, sostenido por agentes del Servicio Secreto, alzando el puño derecho, con una bandera estadounidense como fondo, es, publicitariamente, de alto impacto.
Esa representación de caudillo desafiante, que no se amedrenta, que pelea en cualquier contexto, seguramente será explotada por el candidato y por los organizadores de su campaña electoral.
De modo que un balazo, el conspiracionismo, y una foto pueden determinar la próxima elección estadounidense -y el país que resultará de eso-.








