México: mujeres indígenas enfrentan violencia

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En el sur de México, más mujeres integran los gobiernos locales regidos por sistemas normativos indígenas, pero pocas llegan a los cargos de mayor poder y varias sufren amenazas.

La participación de las mujeres indigenas en Oaxaca, en el sur de México, ha aumentado en los cabildos de los municipios regidos por sistemas normativos indígenas. Sin embargo, su presencia disminuye de forma drástica en los cargos de mayor poder, y quienes los alcanzan enfrentan violencia política por razón de género, obstáculos para ejercer sus funciones y, en algunos casos, amenazas contra ellas y sus familias. Así lo expuso la investigadora Carina Galar Martínez, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante el panel “Voces que gobiernan: las mujeres indígenas en el poder local”.

Qué son los sistemas normativos indígenas

Oaxaca tiene 570 municipios; 418 de ellos eligen a sus autoridades mediante sistemas normativos indígenas, es decir, según las normas y prácticas propias de cada comunidad, generalmente en asambleas comunitarias y no por partidos políticos. El cabildo es el órgano de gobierno del municipio: lo integran la presidencia municipal, que encabeza la administración; la sindicatura, que representa al municipio y vigila sus finanzas; y las regidurías, que se encargan de distintas áreas.

Las cifras

Según Galar, en 2015 el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca dispuso que los municipios de este régimen debían incluir al menos a una mujer en su cabildo; de lo contrario, la elección sería anulada. Para 2023, fecha fijada para alcanzar alguna paridad, 98 % de ellos ya incluía mujeres. Pero actualmente solo 34 municipios tienen una presidenta municipal y 66 una síndica. “Vemos la asimetría” en los grandes cargos, señaló la académica.

Los testimoniosMujeres y una niña de una comunidad indígena

Margarita Belén Díaz Velasco, presidenta municipal de Santa Catarina Minas, rindió protesta el 1 de enero. Medios mexicanos la describen como la primera mujer en ocupar ese cargo en ese municipio y como defensora del territorio contra la minería. Relató que, a meses de asumir, se arrepiente de haber acudido a la asamblea que la eligió. Contó que integrantes de su cabildo intentaron desconocerla después de que se opuso a actos de corrupción en la contratación de obra pública, y que las amenazas continúan pese a acudir a las autoridades electorales. Afirmó además que, desde el día de la elección, el expresidente municipal buscó anular el resultado alegando que debía estar casada o tener pareja, requisito que no cumplía.

María de Jesús Saveche Martínez, nombrada presidenta municipal de Santa Inés Yatzeche en 2016, recordó que hasta entonces la participación de las mujeres se limitaba en buena medida a votar y completar el quórum. Su gobierno enfrentó la resistencia de un grupo de hombres que intentó formar un cabildo solo masculino; la elección fue impugnada y se repitió en una nueva asamblea, donde fue reelegida. Aurora Sánches Gómes, exsíndica de San Bartolomé Quialana, recordó que en 1998 observó una asamblea sin una sola mujer y que su padre le dijo que no podía estar allí.

El director del CEIICH, Mauricio Sánchez Menchero, sostuvo que el liderazgo de las mujeres indígenas no debe entenderse como una cuota ni una concesión, sino como una fuerza histórica y transformadora que enfrenta, principalmente, la violencia y la intransigencia del patriarcado.

El caso oaxaqueño ilustra un desafío que también interesa a Costa Rica: lograr que la paridad en los números se traduzca en poder real y en condiciones seguras para ejercer los cargos.

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