Un patán es repudiado masivamente en Naciones Unidas: casi la mitad de países opta por no escuchar la recurrente vulgaridad de Netanyahu

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Foto/Agencias

El repudio fue inmediato: casi la mitad de las delegaciones nacionales abandonó la 81 Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el instante en que el corrupto/criminal primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, comenzó a encaminarse hacia el podio -en medio de aplausos y de abucheo-.

Centenares de personas, de por lo menos 77 representaciones -del total de 193 países miembros de la organización mundial-, protagonizaron, el 24 de setiembre, el éxodo de la dignidad ante la insultante presencia del principal representante/promotor del criminal sionismo belicista/imperialista israelí.

Sonriendo burlonamente, mientras la gente se retiraba del recinto -precediendo el inicio de sus casi 40 minutos de mentiras, insolencia, patanería, todo en inglés con acento esencialmente estadounidense-, Netanyahu dio una tan breve cuanto procaz declaración sobre lo que estaba ocurriendo.

“Antes de empezar, sólo un rápido anuncio: si hay otros cobardes morales quienes aún no se han ido de esta sala, por favor, háganlo ahora. Muchas gracias” (“Before I begin, just a quick announcement: if there are any other moral cowards who haven’t yet left this hall, please, do so now. Thank you, very much”), aseveró.

(Necesaria precisión: en el mundo al revés del sionismo belicista/imperialista israelí, no son cobardes quienes masacran civiles -mayoritariamente, mujeres y niños-, bombardean hospitales, desplazan a millones de civiles, hambrean a la población sino quienes nos oponemos a tales barbaridades).

Netanyahu no improvisó sino que leyó el “rápido anuncio” -que preparó, sabedor de que sería repudiado públicamente-.

Proferida la vulgaridad previa, el discurso del criminal de guerra consistió en lo esperado: repetición de falacias, justificación del belicismo imperialista del sionismo israelí en Oriente Medio, proyección de Israel como pacifista víctima del antisemitismo global, insultos para quienes lo critican, elogios para su cómplice el dictador estadounidense Donald Trump.

Todo ello, coronado con la repetitiva glorificación de las criminales/nazis fuerzas militares israelíes -demás de las recurrentes amenazas guerreristas-.

Ceñido a su conocido libreto justificador de lo injustificable, Netanyahu insistió en presentar a Israel como ejerciendo el derecho a defenderse del terrorismo palestino, y como campeona de la seguridad mundial.

En el primer caso, esgrimió el mediático ataque terrorista perpetrado, la mañana del 7 de octubre de 2023, en territorio de Israel, por el terrorista movimiento políticomilitar palestino Harakat al-Muqawama al-Islamiya (en transliteración del árabe: Movimiento de Resistencia Islámica) -más conocido por su sigla: Hamas-.

La acción de Hamas -agrupación que ejerce, desde 2007, el gobierno en la palestina Franja de Gaza, limítrofe con Israel-, tuvo saldo de 1,200 víctimas fatales, además de 251 secuestrados -judíos israelíes y de otras nacionalidades, tanto mujeres como hombres-, aproximadamente unos 100 de los cuales fueron, en distintos momentos, ejecutados por sus captores.

La sanguinaria respuesta militar israelí -en desarrollo desde la noche del 7 de octubre, en Gaza- ha cobrado, hasta el momento de redactar esta nota -casi tres años después-, por lo menos 74 mil vidas -la mayoría, de menores y mujeres-, y causado, además, el recurrente desplazamiento de alrededor de dos millones de personas -casi la totalidad de la población-.

También ha generado la intencional destrucción masiva de infraestructura clave de la franja -en particular, hospitales, escuelas usadas como albergues para desplazados civiles, instalaciones de organizaciones humanitarias-, principalmente por la vía de bombardeos, y ha impedido la distribución de ayuda de emergencia -alimentos, medicinas, combustible- en Gaza, atacando personal civil y vehículos de agencias internacionales de asistencia humanitaria.

Ante las atrocidades cometidas por las tropas sionistas en el lugar, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) -institución del Sistema de las Naciones Unidas- emitió, en enero de 2024, un fallo en el cual ordenó -por supuesto que infructuosamente-, a Israel, que se abstenga de cometer genocidio -crimen de lesa humanidad que el régimen de Netanyahu está cotidianamente perpetrando, y en el cual ha declarado que seguirá incurriendo-.

“El Estado de Israel, de acuerdo con sus obligaciones bajo la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, respecto a los palestinos en Gaza, tomará todas las medidas en su poder para prevenir la comisión de todos los actos en el alcance del Artículo II de esta Convención”, indicó en la primera de seis medidas provisionales incluidas en el texto.

“En particular: (a) matanza de miembros del grupo; (b) causar lesión grave a la integridad físico o mental de los miembros del grupo; (c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; y (d) imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo”, enumeró.

El segundo de los 19 artículos de la convención -mencionado por la CIJ-, tipifica, como genocidio, esos cuatro actos criminales, lo mismo que el “traslado, por fuerza, de niños del grupo, a otro grupo”.

Aunque ignoró a la CIJ, el sionismo guerrerista/imperialista israelí recibió, a los 10 meses, un fuerte revés: dos de sus principales sicarios pasaron a tener orden de captura emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) -institución que coopera judicialmente con el Sistema de las Naciones Unidas, aunque no lo integra-.

Se trata de Netanyahu, y el ex ministro de Defensa (2022-2024), el general retirado Yoav Gallant, quienes, en su arrogante mediocridad, creyeron que el genocidio que iniciaron, hace casi tres años, en Gaza, quedaría impune.

La Sala Preliminar I (Pre-Trial Chamber I) de la CPI se encargó de oficializar su indudable condición de criminales, cuando emitió, el 21 de noviembre de 2024, las respectivas órdenes de detención, responsabilizándolos por la comisión de monumentales violaciones masivas a los derechos humanos -crímenes de guerra, y crímenes de lesa humanidad-.

“Cada uno tiene responsabilidad penal por los siguientes delitos (…) el crimen de guerra de someter a hambre como método de guerra, y los crímenes de lesa humanidad de asesinato, persecución, y otros actos inhumanos”, precisó la CPI, en el extenso comunicado que emitió, ese día, para informar sobre la histórica/justiciera decisión.

Se trata de hechos perpetrados “desde por lo menos el 8 de octubre de 2023 hasta por lo menos el 20 de mayo de 2024”, explicó, en el texto difundido en francés y en inglés -los idiomas de trabajo del tribunal-.

La primera fecha, marca el día siguiente al inicio de la agresión militar israelí contra Gaza, mietras la segunda fecha, indica el día en que la Fiscalía de la CPI solicitó la emisión de las órdenes de captura contra el dúo de criminales.

La acción judicial internacional contra Netanyahu y Gallant se inscribe en el caso que la CPI denominó “Situación en el Estado de Palestina” (“Situation in the State of Palestine”).

La Sala determinó, respecto a la conducta de ambos delincuentes ahora requeridos mundialmente, que los crímenes señalados “fueron parte de un ataque masivo y sistemático contra la población civil de Gaza”, de acuerdo con la versión oficial.

El Estatuto de Roma, que -vigente desde el 1 de julio de 2002- rige el accionar de la CPI
-tribunal del que 125 estados son parte, no así Estados Unidos ni Israel-, precisa, en el octavo de sus 128 artículos, que los crímenes de guerra son casi una treintena de actos violatorios de convenciones internacionales.

La extensa lista incluye “el homicidio intencional”, “la tortura o los tratos inhumanos”, “el hecho de causar deliberadamente grandes sufrimientos o de atentar gravemente contra la integridad física o la salud”, “la deportación o el traslado ilegal o el confinamiento ilegal”, “la toma de rehenes”.

Asimismo, “dirigir intencionalmente ataques contra la población civil en cuanto tal o contra personas civiles que no participen directamente en las hostilidades”, “dirigir intencionalmente ataques contra bienes civiles, es decir, bienes que no son objetivos militares”.

Además, “dirigir intencionalmente ataques contra personal, instalaciones, material, unidades o vehículos participantes en una misión de mantenimiento de la paz o de asistencia humanitaria de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas (…)”, “atacar o bombardear, por cualquier medio, ciudades, aldeas, viviendas o edificios que no estén defendidos y que no sean objetivos militares”, “declarar que no se dará cuartel”.

También, “cometer atentados contra la dignidad personal, especialmente los tratos humillantes y degradantes”, “cometer actos de violación, esclavitud sexual, prostitución forzada (…) y cualquier otra forma de violencia sexual”, “hacer padecer intencionalmente de hambre a la población civil como método de hacer la guerra, privándola de los objetos indispensable para su supervivencia, incluido el hecho de obstaculizar intencionalmente los suministros de socorro”.

Por otra parte, según el sexto artículo del estatuto, los crímenes de lesa humanidad representan casi una docena de actos perpetrados “como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”.

Se trata de “asesinato”, “exterminio”, “deportación o traslado forzoso de población”, “encarcelamiento u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales del derecho internacional”, “tortura”, “violación sexual, prostitución forzada (…) o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable”.

Igualmente, “persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género (…)”, “desaparición forzada de personas”, “el crimen de apartheid”, “otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física”.

El estatuto hace, así, referencia brutal sistema discriminatorio que, conocido como apartheid (separación, en afrikaans -idioma hablado en Sudáfrica y en la limítrofe Namibia-), fue impuesto, desde 1948 a 1994, por el régimen racista blanco que durante décadas gobernó a Sudáfrica, y por su contraparte de la ex África Sudoccidental (la actual Namibia).

En el mismo artículo se determina, entre otras precisiones, que, “por ‘persecución’ se entenderá la privación intencional y grave de derechos fundamentales en contravención del derecho internacional en razón de la identidad del grupo o de la colectividad”.

También se indica que “por ‘el crimen de apartheid’ se entenderán los actos inhumanos (…) cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales y con la intención de mantener ese régimen”.

Además, el artículo sexto incluye la aclaración de que, “a los efectos del presente Estatuto se entenderá que el término ‘genero’ se refiere a los dos sexos, masculino y femenino, en el contexto de la sociedad”, y reafirma, a continuación, que “el término ‘género’ no tendrá más acepción que la que antecede”.

Respecto a la orden internacional de captura, la CPI informó, en el comunicado, que “la Sala evaluó que (…) existe base razonable para considerar que, a pesar de tener medidas, a su disposición, para evitar o reprimir la comisión de crímenes o asegurar la presentación del asunto a las autoridades competentes, el señor Netanyahu y el señor Gallant, omitieron hacerlo”.

Por si todo lo anterior fuese poco, el brutal ataque del 7 de octubre, contra Israel, no solamente dio al régimen judío la excusa para agredir genocidamente a los palestinos, en Gaza, sino que sirvió para crear la situación de emergencia bélica que Netanyahu está usando como escudo contra los procesos penales que, por haber incurrido en corrupción, enfrenta, desde 2019, en el sistema judicial israelí.

Se trata de los trámites que la Fiscalía General de Israel identifica, respectivamente, como Caso 1000, Caso 2000, y Caso 4000.

El primero, se refiere a acusaciones de que Netanyahu -lo mismo que su esposa, Sara Netanyahu- recibió regalos -incluyendo dinero, joyas- y otros beneficios, a cambio de ejecutar favores.

El segundo, se apoya en acusaciones de que Netanyahu acordó, con el empresario Arnon Mozez, director del diario israelí Yedioth Ahronoth, debilitar a un medio de comunicación que le hacía competencia, a cambio de cobertura periodística, del primero, favorable al primer ministro.

El tercero, se centra en acusaciones que también incluyen soborno -equivalente a millones de dólares- en beneficio de un empresario de telecomunicaciones, también a cambio de cobertura periodística favorable a Netanyahu, en este caso, por la plataforma de noticias Walla.

Según los cálculos de la fiscalía, los regalos recibidos por el matrimonio Netanyahu tienen valor global de 707,147 shekels (unos 192,102 dólares).

Al dar a conocer, el 16 de mayo de 2019, la versión en inglés de los cargos formalizados contra Netanyahu -redactados, en la versión original, en hebreo-, el diario israelí Times of Israel (ToI) -que se publica en inglés- informó que, probablemente, haya más delitos.

En la opinión de Netanyahu, se trata de una cacería de brujas impulsada por la oposición política, los medios de comunicación, la fuerza policial, y la Fiscalía General.

De modo que, actuando como si tuviese autoridad moral, y exagerando en desvergüenza/cinismo/insolencia, Netanyahu llegó, nuevamente, a la Asamblea General de las Naciones Unidas, para insultar a la comunidad internacional -y, sobre todo, a las víctimas del genocidio en Gaza-.

Haciendo, en el podio mundial, campaña proselitista con miras a las elecciones israelíes programadas para el 27 de octubre, se refirió, de inicio, a la guerra que -con la complicidad del trumpismo-, mantiene, desde febrero, contra la brutal teocracia musulmana que gobierna, desde 1979, a Irán -o sea: malos contra malos-.

“Hace 14 años, me paré en este podio, y tracé una línea roja”, dijo.

“Prometí impedir que la asesina dictadura de Irán desarrollara bombas atómicas, arnas nucleares apuntadas a destruir a Israel, armas nucleares que podrían amenazar al mundo entero”, agregó, para, de inmediato, vanagloriarse: “eso es, exactamente, lo que hicimos”.

“Ahora, permítanme decir algo que puede sorprenderlos: devastar las instalaciones nucleares de Irán, fue difícil, fue muy difícil de hacer”, aseguró.

“Pero, para mí, fue una de las decisiones más fáciles que he tenido que tomar como primer ministro, porque, si no lo hubiésemos hecho, estaríamos, todos, muertos”, aseveró.

“Ahora, quieren oír la máxima ironía?”, preguntó, a continuación, para responder con la máxima falsedad: “al defenderse, Israel también está defendiendo a muchos de los países cuyos delegados recién se fueron de esta sala”.

“En realidad, quiero que sepan que muchos de sus gobernantes hasta nos agradecen, en privado, por haber destruido las armas nucleares de Irán (Iran’s nukes)”, dijo, para completar el planteamiento -obviamente sin respaldarlo, por ejemplo, nombrando a esos líderes-.

Respecto a la agresión del 7 de octubre contra Israel, aseguró que “los terroristas de Hamas cometieron la peor masacre de judíos desde el Holocausto”.

Denominado, en hebrero, shoah, el holocausto es el genocidio antijudío que tuvo lugar, en Europa, de 1941 a 1945 -la mayor proporción de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y buena parte del sanguinario régimen nazi alemán (1933-1945)-.

Esa brutal manifestación de antisemitismo, fue decisiva en cuanto a determinar la necesidad de que la población afectada ejerciera, libre de violencia, el derecho a la autodeterminación, dando origen a la iniciativa, promovida, en diferentes momentos, por líderes históricos judíos, de procurar un espacio geográfico autónomo en el cual asentar a esas personas.

Así fue concebida la existencia del Estado de Israel.

Según Netanyahu, “esos monstruos de Hamas, ellos masacraron sobrevivientes del Holocausto”.

“En total, masacraron a 1,200 israelíes, ese día (…) proporcionalmente eso es igual a 40 mil inocentes estadounidenses masacrados en menos de 24 horas”, y, comparando números con las víctimas fatales de los atetados terroristas del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos, agregó: “eso es 16 veces el 9/11”.

Netanyahu manejó esas cifras, comparando las poblaciones israelí y estadounidense
-respectivamente, algo más de 10 millones y casi 342 millones-.

“Nuestros enemigos pensaban que colapsaríamos. Bueno, no colapsamos. En cambio, nos levantamos, y peleamos como leones”, agregó.

“Los pasados tres años, nuestros heroicos soldados han peleado, día a día, en una guerra de siete frentes”, aseguró, ratificando, de hecho, el belicismo imperialista/expansionista del criminal sionismo israelí -cuyo verdadero objetivo, por lo menos desde la creación de su estado, ha consistido en anexar el territorio que corresponde al fronterizo Estado de Palestina, y áreas de países vecinos, para construir la Gran Israel (en hebreo: Erezt Yisrael Hashlema, en inglés: Greater Israel)-.

“Ustedes conocen cualquier otro país, del tamaño de Nueva Jersey, capaz de pelear una guerra de siete frentes?”, preguntó, a continuación, en referencia al estado de Nueva Jersey, en el noreste estadounidense, limítrofe con el de Nueva York.

“Por tres años, siete frentes: Hamas, Hezbollah, los Houthis, Irán, milicias en Iraq, milicias en Siria, terroristas palestinos en Judea y Samaria”, enumeró -como hace Trump, cuando, recurrentemente, dice que ha resuelto ocho guerras-.

Netanyahu aludió -además de la agrupación terrorista que gobierna a Gaza, y de Irán- a la organización políticomilitar libanesa Hezbollah -en transliteración del árabe: Ḥizbu-‘llāh- (Partido de Dios)-, que tiene representación en el parlamento de Líbano -país limítrofe con Israel-.

Igualmente, a la islámica organización políticomilitar Ansar Allah (en transliteración del árabe: Seguidores de Dios) -popularmente conocida como al-Hūthiūn (en transliteración del árabe: Movimiento Houthi)-, que opera principalmente en el noroeste de Yemen -costero país ubicado en la zona sur de la Península Árabe-.

La agrupación tomó su nombre de la etnia Houthi, que habita el sector norte de Yemen, segmento de población al cual pertenece la mayoría de los dirigentes de la organización.

También se refirió a grupos paramilitares musulmanes que operan en Iraq y en Siria -el primero, limítrofe con Irán, el segundo, fronterizo con Israel-, lo mismo que a la Autoridad Nacional Palestina, que gobierna a Cisjordania, y que es considerada por el sionismo israelí, como agrupación terrorista.

Cisjordania -a la cual el régimen israelí suele referirse como “Judea y Samaria”-, constituye, junto con Gaza, el fraccionado territorio del Estado de Palestina -creado, en 1947, por Naciones Unidas, junto con el Estado de Israel, pero no reconocido por la entidad judía-.

Ocupada en un 90 por ciento por fuerzas militares de Israel y por civiles judíos armados -manipuladoramente etiquetados como “colonos”-, Cisjordania contiene, territorialmente, el área de las históricas ciudades de Judea y Samaria -la primera ubicada en el sector sur, y, la segunda, en el norte-.

Geopolíticamente, el estado palestino está constituido por la occidental Cisjordania, la oriental Gaza -separadas por territorio israelí-, y la zona oriental de la ciudad de Jerusalén
-la tercera, sitio sagrado para el cristianismo, el judaísmo, y el islam-, ubicada junto a Cisjordania, y reclamada, en su totalidad, por Israel como su capital-.

Respecto a los rivales en los ocho frentes de guerra, Netanyahu dijo que esos actores de la geopolítica de Oriente Medio “se confabularon para borrarnos de la faz de la tierra”, pero que “fracasaron porque, en lugar de colapsar, les asestamos golpes devastadores, a todos ellos”.

“Con nuestros grandes amigos estadounidenses, aplastamos el ejército, la marina, la fuerza aérea, y las instalaciones nucleares de Irán”, precisó, en obligado reconocimiento a la criminal complicidad trumpiana, para agregar: “Israel golpeó a Hamas, aporreamos a Hezbollah”.

Y, haciendo alarde de su criminalidad, planteó: “adivinen qué pasó con el grueso del vasto arsenal de 150 mil misiles balísticos y cohetes de Hezbollah, todos apuntados a nuestros civiles”.

“Se fueron”, indicó, de inmediato, usando lenguaje similar al de Trump respecto a la agresión israelí/estadounidense a Irán.

“Los poderes de Hezbollah, muertos; su espíritu quebrado”, aseguró.

En el contexto de su habitual patanería, Netanyahu no podía omitir la amenaza guerrerista/imperialista urbi et orbe.

“Seguiremos defendiendo nuestro estado”, y “seguiremos ganando porque no tenemos otra opción”, advirtió -eufemísticamente/manipuladoramente anunciando que el criminal sionismo israelí proyecta persistir en su destructivo guerrerismo-.

“En esta batalla contra los bárbaros, no hemos tenido mejor socio que el presidente Trump”, insistió en el elogio, para subrayar: “se lo agradezco”.

“Le agradezco por su liderazgo valiente”, reafirmó, en su habitual combinación de servilismo y manipulación -que le ha resultado particularmente exitosa en el caso de su cómplice anaranjado-.

“Valientemente, enfrentó un enorme peligro para Estados Unodos, Israel, y el mundo, hace décadas”, dijo, a continuación.

“Entendió que, si no se los enfrentaba, los fanáticos ayatolas quienes corean ‘Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel’, eventualmente llevarían a cabo sus demenciales fantasías”, agregó en referencia a los líderes musulmanes quienes integran la brutal dictadura religiosa instalada en 1979 en Irán -habiendo derrocado a la dinástica/proestadounidense monarquía Pahlavi (1925-1979)-.

“Entonces, Israel y Estados Unidos actuaron juntos, no sólo para protegernos sino para salvar a la civilización”, aseveró, en desquiciada/mesiánica tergiversación de la realidad, agregando que “valientes pilotos estadounidenses, junto a valientes pilotos israelíes, volaron en misiones conjuntas sobre los cielos de Irán”.

“Ustedes preguntan por qué estamos ganando”, planteó, para afirmar que “no tenemos otra opción”.

“Y, a lo largo de esta larga guerra, nuestro objetivo nunca flaqueó: ganar; ganar, con determinación; ganar, con valentía, porque esto es Israel”, enfatizó.

En modo proselitista, usando el podio mundial como tarima de campaña electoral -con miras a la votación del 27 de octubre, proceso en el cual enfrenta fuerte resistencia-, preguntó: “tenemos nuestras diferencias?”, para responder: “por supuesto que las tenemos”, para volver a preguntar: “quién no las tiene?”.

A continuación, el mensaje inocultablemente electorero: “pero en momentos críticos, como esos momentos que dan forma a nuestro destino, nos unimos, porque lo que nos une es tanto más fuerte” -probablemente aterrorizado ante la posibilidad de perder la votación, y, con ella, la inmunidad oficial tras la que se ha escudado ante los procesos penales-.

Para cerrar, con demagogia: “yo saludo la valentía del pueblo de Israel”.

Esa valentía tiene que determinar la derrota de Netanyahu -y del sionismo extremo- en la inminente votación.

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