Italia busca cambiar desde las aulas

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Hombre coloca la mano sobre el hombro de una compañera de trabajo

Más de 576.000 personas han respaldado en Italia una iniciativa para impulsar un referéndum contra las restricciones a la educación afectivo-sexual en las escuelas, en medio de un debate nacional marcado por los feminicidios, la violencia contra las mujeres y los estereotipos de género.

La discusión ha colocado nuevamente a los centros educativos en el centro de una pregunta que trasciende las aulas: ¿puede la educación contribuir a prevenir las distintas formas de violencia contra las mujeres?

La iniciativa busca dejar sin efecto las disposiciones de la denominada ley Valditara, que restringe la educación afectivo-sexual para menores de 10 años y establece requisitos adicionales para desarrollar este tipo de contenidos en los niveles educativos superiores.

Entre las condiciones se encuentran la autorización escrita de las familias, la revisión previa de los materiales y la preparación de actividades alternativas. Para quienes impulsan el referéndum, estos requisitos pueden dificultar que los centros educativos mantengan programas de educación afectivo-sexual.

El debate ocurre en un país que registró 97 feminicidios durante 2025 y que, según los datos citados por EL PAÍS, contabilizaba 56 casos en lo que transcurría de 2026.

La discusión adquirió una dimensión todavía mayor después del asesinato de Lorena Isceri, ocurrido en Florencia a comienzos de septiembre. Su padre, Francesco Isceri, pidió públicamente a la clase política trabajar más allá de las diferencias partidarias y fortalecer las acciones preventivas desde las escuelas, los centros especializados y las herramientas legales.

Su llamado recuerda el impacto que tuvo años atrás el asesinato de Giulia Cecchettin. Su padre, Gino Cecchettin, convirtió el dolor familiar en una demanda pública para abordar las raíces culturales de la violencia contra las mujeres.

 

Ese caso contribuyó a ampliar en Italia una conversación sobre machismo, estereotipos, relaciones afectivas, consentimiento y educación emocional.

Una educación que no llega a todos

Hasta el curso anterior, algunos centros educativos italianos ya desarrollaban iniciativas relacionadas con la educación afectivo-sexual, aunque no existía una asignatura obligatoria de alcance nacional.

Según un informe de Save the Children citado por EL PAÍS, solamente el 47% de los estudiantes consultados declaraba haber recibido este tipo de formación.

La psicoterapeuta Marta Giuliani, especialista en educación afectivo-sexual, sostiene que niños y adolescentes enfrentan actualmente una enorme cantidad de información procedente de internet y las redes sociales.

Pornografía, acoso, presión para compartir imágenes íntimas y exposición constante a contenidos digitales forman parte del entorno en el que crecen muchos jóvenes.

Desde esta perspectiva, la educación afectivo-sexual no se limita a explicar aspectos biológicos de la sexualidad. También incluye emociones, consentimiento, límites personales, relaciones saludables y capacidad para identificar situaciones de violencia o control.

Precisamente ahí se encuentra uno de los principales argumentos de quienes defienden que estos contenidos tengan presencia estable en las escuelas.

El debate también alcanza a las familias

El Gobierno italiano ha defendido las restricciones establecidas por la ley Valditara como una forma de proteger la libertad educativa de los padres.

El ministro de Educación, Giuseppe Valditara, ha planteado además la necesidad de evitar lo que considera una exposición de los menores a contenidos vinculados con la identidad de género.

Los promotores del referéndum sostienen una posición diferente y consideran que la educación afectivo-sexual debe formar parte de la formación de niños y adolescentes.

La controversia, por tanto, no se limita a decidir qué debe enseñarse en las aulas. También plantea quién debe definir esos contenidos, cuál debe ser la participación de las familias y hasta dónde llega la responsabilidad del Estado en materia educativa.

Los estudiantes también participan

La discusión ha encontrado eco entre organizaciones estudiantiles.

Sophia Volpato, integrante de Rete Degli Studenti Medi, explicó a EL PAÍS que la educación que reclaman no estaría dirigida exclusivamente a las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, sino también a las dinámicas sociales y afectivas que forman parte de la vida cotidiana.

En esa visión, aprender a reconocer emociones como la rabia, los celos, el miedo o la frustración puede ser parte de una formación destinada a construir relaciones basadas en el respeto.

Uno de los conceptos que aparece con mayor frecuencia en el debate es el consentimiento: comprender que una negativa debe ser respetada y que los celos, el control o la posesión no constituyen expresiones normales de afecto.

Una problemática que comienza antes de la adultez

Los datos del Instituto Nacional de Estadística italiano citados en el reportaje añaden otra dimensión al debate. Según ISTAT, el 15% de las mujeres italianas —alrededor de tres millones— declaró haber sufrido agresiones sexuales antes de cumplir 16 años.

El dato lleva la discusión hacia una etapa anterior a las relaciones adultas y plantea la importancia de trabajar desde edades tempranas conceptos relacionados con el respeto, los límites personales y la identificación de situaciones de violencia.

Al mismo tiempo, la educación por sí sola no puede considerarse una solución única frente a los feminicidios. La prevención también involucra sistemas de protección, atención a las víctimas, respuesta judicial, servicios sociales y políticas destinadas a reducir las distintas formas de desigualdad.

Italia ya ha adoptado medidas penales contra el feminicidio. Sin embargo, parte del debate actual se concentra en qué puede hacerse antes de que una situación de violencia llegue a convertirse en un delito.

El cambio cultural como desafíoIlustración de mujeres y lazos rojos de concienciación sobre el VIH

La experiencia italiana muestra que la violencia contra las mujeres puede convertirse en una discusión que involucra a familias, estudiantes, docentes, organizaciones sociales, profesionales de la salud mental, cineastas y autoridades.

La Fundación Giulia Cecchettin es un ejemplo de cómo una tragedia familiar puede transformarse en una iniciativa orientada a promover cambios culturales desde las escuelas.

También el cine ha comenzado a ocupar un espacio dentro de esa conversación. Películas que abordan la violencia machista y las desigualdades de género han contribuido a llevar estos temas a públicos más amplios y, en algunos casos, a las propias comunidades educativas.

La discusión italiana todavía está abierta. El eventual referéndum dependerá de los procedimientos institucionales correspondientes y de los tiempos electorales, pero la cantidad de firmas reunidas ya refleja que la educación afectivo-sexual se ha convertido en uno de los asuntos presentes en el debate público.

Más allá de las posiciones políticas enfrentadas, la pregunta permanece: si las conductas violentas pueden estar relacionadas con patrones culturales aprendidos, ¿qué papel puede desempeñar la escuela para enseñar desde edades tempranas el respeto, el consentimiento y la igualdad?

Para Italia, esa discusión ya no ocurre únicamente dentro de los colegios. Se ha trasladado a las familias, al Parlamento y a la sociedad.

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