Costa Rica ante las urnas del 2026: un electorado volátil, desconectado y atrapado en una crisis estructural de la democracia
El más reciente informe del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP-UCR), publicado el 3 de diciembre de 2025, revela una fotografía inquietante —y, para quienes analizamos la política desde una óptica crítica de clase— profundamente reveladora de la crisis estructural que atraviesa la democracia costarricense. No se trata simplemente de “preferencias electorales”, sino de un profundo reacomodo de expectativas, frustraciones y distancias entre la ciudadanía y un sistema político que no logra dar respuestas a un país cada vez más fragmentado.
1. Un electorado que observa la campaña… de lejos
Aunque el 56% afirma tener “mucho interés” en la campaña, el dato más relevante es el otro lado del espejo: el 43.5% está desconectado. No habla del tema en casa, no sigue las propuestas, no confía en la oferta electoral.
Esa desconexión no es accidental: es síntoma de un proyecto neoliberal enquistado en la institucionalidad del país, que ha erosionado la confianza ciudadana durante décadas, mientras precariza la vida cotidiana y reduce las posibilidades de participación real.
La política dejó de ser conversación en los hogares porque la gente percibe que, independientemente del resultado, el modelo permanece intacto.
2. Seguridad: el nuevo eje del miedo político
El informe confirma que el tema dominante es la seguridad (42.4%), seguida del empleo y la economía.
Mientras tanto, áreas históricamente estructurales como educación o salud quedan rezagadas. No es casualidad: desde hace varios años, la narrativa político-mediática ha desplazado la discusión hacia el “orden público”, preparando el terreno para discursos punitivos, mano dura y soluciones simplistas, que evitan cuestionar el origen social y económico de la violencia.
Este escenario crea un terreno fértil para candidatos que instrumentalizan el miedo y lo convierten en identidad política.
3. Democracia: mayoría la respalda, pero la duda avanza
Aunque un 75% afirma preferir la democracia, más de un 24% justifica el autoritarismo, ya sea de forma abierta o bajo la frase “depende de las circunstancias”.
Aquí se desnuda un fenómeno preocupante: la población percibe que el sistema democrático no responde, no protege y no distribuye bienestar.
Lo que antes era una democracia robusta, hoy es una democracia formal desgastada por:
fragmentación partidaria,
debilitamiento sindical,
concentración de riqueza,
mercantilización del Estado,
y pérdida de derechos laborales y sociales.
4. El panel confirma la volatilidad: estabilidad aparente, movimiento profundo
Según el auto-reporte, solo un 12.8% cambió su intención de voto entre octubre y diciembre.
Pero el panel —como “microscopio electoral”— revela algo más profundo:
muchos que cambian se vuelven indecisos,
otros dudan por falta de información,
y el movimiento interno se neutraliza, dando la falsa ilusión de estabilidad.
Lo más revelador es que el 45% del electorado más decidido a votar no sabe por quién hacerlo.
Esto marca una elección abierta, incierta y profundamente fragmentada.
5. El rechazo político: PLN como símbolo de la crisis
El rechazo electoral se concentra en tres figuras:
Álvaro Ramos (PLN) – 30.9% de rechazo general
Laura Fernández (PPSO) – figura oficialista con 12.6%
Ariel Robles (FA) – 8.6%, señal del desgaste también en discursos progresistas institucionalizados.
El PLN encarna décadas de administración neoliberal y corrupción. Que incluso el electorado indeciso lo coloque como principal rechazo confirma un distanciamiento generacional y social con ese partido histórico.
6. La indecisión: más que duda, es una ruptura
Las razones para no decidirse no son triviales:
falta de información,
percepción de que “el voto no cambia nada”,
demasiadas candidaturas,
nula diferencia entre propuestas,
colapso de identificación partidaria.
La frase clave del informe es reveladora:
“La indecisión se asocia a un proceso evaluativo en espera de información relevante.”
Nada más político que esto: la ciudadanía no decide porque no encuentra proyecto país.
7. Carreras electorales: oficialismo fuerte, oposición débil y país fragmentado
Entre quienes están decididos a votar, el panorama es claro:
Laura Fernández (PPSO) – 30%
Álvaro Ramos (PLN) – 8%
Ariel Robles (FA) – 5%
Otros 10 candidatos debajo del margen de error.
El oficialismo capitaliza la inercia del poder, la maquinaria estatal y un voto conservador que valora “orden” en tiempos de crisis. Sin embargo, su apoyo puede ser volátil, especialmente si la campaña enfría o si emergen escándalos.
Las oposiciones —fraccionadas y sin proyecto común— disputan márgenes mínimos.
8. Conclusión: una elección que refleja una crisis más grande
Costa Rica entra al 2026 con:
una ciudadanía desconectada,
un sistema de partidos desfondado,
un proyecto neoliberal hegemónico,
un discurso de seguridad dominante,
, una democracia tensionada entre apatía y autoritarismo.
El informe del CIEP no solo mide intención de voto; mide el estado emocional del país.
Un país cansado, desconfiado , urgido de un proyecto político que supere el estado actual de precarización y polarización vacía.
La verdadera pregunta no es quién ganará en febrero, sino qué país quedará después si la política continúa ofreciendo candidatos sin proyecto, partidos sin identidad y discursos sin esperanza social.









