Voces de Indignidad

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Naciones Unidas /80 Asamblea General

Patanería + Poder = Dictador Perfecto

La primera de varias voces de indignidad fue oída, en la 80 Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando el autócrata estadounidense, Donald Trump, tomó por asalto, el 23 de setiembre, el podio del foro mundial, para insultar -impunemente- a la comunidad internacional.

Siguiendo la tradición establecida -al azar- en la 10 Sesión, en 1955 -el primer gobernante quien interviene en la reunión anual es el brasileño, seguido por su contraparte de Estados Unidos, el país sede de la organización-, Trump fue el segundo hablante -aplicarle la etiqueta de “orador”, sería un despropósito- en el debate general correspondiente a la Semana de Alto Nivel -participación de jefes Estado y de gobierno, o sus representantes-, llevada a cabo, este año, del 23 al 29 de setiembre.

En su habitual estilo -insoportable mezcla de incoherencia, mentira, autobombo-, Trump divagó, durante casi una hora -aunque el tiempo promedio acordado es de 15 minutos, con cierta flexibilidad-, como si todavía estuviese en la campaña electoral 2024 -o, quizá, pensando en 2028-.

Su discurso se centró, básicamente, en destacar méritos propios absolutamente inexistentes
-por ejemplo, haber puesto fin a siete guerras en apenas siete meses, o haber construido la más fenomenal economía en la historia del planeta-.

También, en su fobia contra el multilateralismo, se enfocó en denostar a Naciones Unidas
-incluyendo un par de críticas increíblemente ridículas-, así como en repetir su monumentalmente ignorante/manipuladora negación del cambio climático, y, por supuesto.

Además, apuntó a destacar su brutalmente represiva política antinmigrante, presentándola como única posibilidad ante lo que considera como una masiva invasión de foráneos peligrosos.

Según la patológica megalomanía que lo caracteriza, inventó que, “en un período de siete meses, he terminado siete guerras imposibles de terminar (‘seven unendable wars’)”.

“Dijeron que eran imposibles de terminar, nunca las vas a resolver”, agregó, para determinar que “algunas iban por 31 años, dos de ellas, 31 -piensen en eso, 31 años-, una tenía 36 años, una tenía 28 años”.

“Terminé siete guerras, y, en todos los casos, eran libradas con incontables miles de personas muriendo”, aseguró, proyectándose cual superhéroe salvador del planeta.

“Esto incluye Cambodia y Tailandia, Kosovo y Serbia, el Congo y Rwanda -una cruel, violenta guerra que fue-, Pakistán e India, Israel e Irán, Egipto y Etiopía, y Armenia y Azerbaijan, eso incluyó a todas”, dijo.

La realidad es que ninguno de esos enfrentamientos tuvo categoría formal de guerra, habiendo, constituido conflictos armados en algunos de los cuales Trump llevó a cabo alguna forma de mediación.

En el orden en que fueron enumerados por el déspota:

  1. -Cambodia/Tailandia: se trata de una disputa en torno a la demarcación definitiva de la frontera terrestre binacional de 817 kilómetros, diferendo que data de décadas, habiendo generado el desplazamiento de centenares de miles de personas en ambos países del sureste asiático, e implicado choques militares -uno de los más recientes, ocurrido en julio de 2025-
  2. -Kosovo/Serbia: aunque Kosovo se declaró, en 2008, independiente de Serbia, este país sigue reclamando, al primero, como una provincia autónoma, lo que ha generado períodos de recurrentes enfrentamientos armados entre ambos países del sureste europeo -el más reciente, ocurrido en setiembre de 2023
  3. -Congo/Rwanda: el conflicto generado por una organización armada que opera en Congo
    -cuyo gobierno acusa a la limítrofe Rwanda de apoyar-, data de mediados de la década de 1990, habiendo, el segundo, roto relaciones con el primero, en enero de 2025
  4. -Pakistán/India: en permanente tensión desde su independencia, en agosto de 1947, respecto al imperio británico, ambos países del sur asiático se han enfrentado en guerras (1947-1948, 1965, 1971, y 1999), además de choques fronterizos armados, el más reciente de los cuales ocurrió en mayo de 2025
  5. -Israel/Irán: se trata de uno de los varios conflictos armados que el sionismo imperialista gobernante en Israel, mantiene en su esfuerzo por implementar la creación de la Gran Israel -consistente en la anexión de la totalidad del Estado de Palestina, al que no reconoce, y de territorios de países vecinos-, siendo las acciones más recientes los bombardeos, israelíes -y el estadounidense, el 21 de junio de 2025, en apoyo a Israel- contra instalaciones nucleares iraníes
  6. -Egipto/Etiopía: aunque mantienen un diferendo en torno a una represa hidroeléctrica inaugurada por Etiopía, en setiembre, en un río afluente del Nilo -que, a su vez cruza 11 países del noreste y el oriente africano, incluidos Egipto y Etiopía-, estos dos países no están en guerra
  7. -Armenia/Azerbaijan: estos dos países que comparten frontera terrestre e integraron la Unión Soviética (1922-1991) disputan la región de Nagorno-Karabakh, ubicada en el suroeste del segundo, y con población mayoritariamente armenia, lo que ha generado recurrentes choques armados bilaterales -el último, en 2023-, habiendo las partes logrado un acuerdo de paz, promovido por Trump, que apunta a poner fin al conflicto de más de tres décadas -lo que no ha ocurrido-.

En alusión a las supuestas siete guerras que, según su inventada narrativa, terminó en los siete primeros meses de su segundo tóxico periodo en la Casa Blanca (iniciado el 20 de enero de 2025), el narcisista autócrata aseveró que “ningún presidente o primer ministro -y, de hecho, ningún otro país-, ha logrado, nunca, hacer algo siquiera parecido a eso” -en realidad, nadie, Trump incluido, lo ha hecho-.

“Y lo hice en apenas siete meses”, insistió, en su desquiciada fantasía, para agregar que “eso nunca ha ocurrido antes, no hay nada como eso”, por lo que aseguró que se siente “muy honrado por haberlo hecho”.

Como no podía ser de otra manera, en obsesivo antimultilateralismo, atacó a la organización mundial.

“Es una lástima que yo tuve que hacer estas cosas, en lugar de que Naciones Unidas las hiciera”, se permitió aseverar -como si esas guerras hubiesen existido, y él las hubiese, realmente, finalizado-.

“Y, tristemente, en todos los casos, Naciones Unidad ni siquiera trató de ayudar en ninguno de ellos”, dijo.

“Terminé siete guerras, traté con los líderes de todos y cada uno de estos países, y nunca recibí siquiera una llamada telefónica de Naciones Unidas ofreciendo ayudar a cerrar el trato”, siguió afirmando.

“Todo lo que recibí de Naciones Unidas fue una escalera que, subiendo, se detuvo justo a la mitad (…) y, después, un teleprompter que no funcionó”, agregó, tratando de aparentar que hablaba en broma -aunque siempre criticando, de la manera más ridícula posible, a la organización mundial-.

Esa doble/patética referencia fue, en el primer caso, al hecho de que, cuando ingresó a la sede de Naciones Unidas -en la nororiental ciudad estadounidense de Nueva York, de la que es oriundo-, para participar en la Asamblea General, un desperfecto interrumpió el funcionamiento de la escalera mecánica que estaba usando.

En el segundo, aludió a la falla que, por algunos minutos -al inicio de su injurioso
discurso-, impidió que los teleprompters (pantallas electrónicas para leer discursos) ubicados frente al podio, funcionasen correctamente.

Ala ternando improvisación y lectura, a causa del momentáneo defecto, dijo -con su autoritario/tóxico sentido del humor-: “sólo puedo decir que, quien sea que está operando este teleprompter, está en serios problemas”.

Respecto a sus presuntas proezas antibélicas, al atacar a Naciones Unidas, dijo, sobre la supuesta falta solidaridad de la organización mundial, que “no lo pensé, en ese momento, porque estaba demasiado ocupado trabajando para salvar millones de vidas -es decir, la salvación y el freno de esas guerras-, pero, más tarde, me di cuenta de que Naciones Unidas no estuvo ahí para nosotros, no estuvieron ahí”.

“Lo pensé, realmente, después del hecho, no durante as negociaciones, que no fueron fáciles”, insistió.

No conforme con mentir -sobre algo que no hizo respecto a algo que no existió-, Trump aprovechó el momentáneo secuestro de la tribuna mundial, para hacerse desvergonzada propaganda: “todos dicen que yo tendría que ganar el Premio Nobel de la Paz, por cada uno de estos logros”.

La soez idea fue, inicialmente, planteada -probablemente de común acuerdo con el tirano estadounidense-, el 7 de julio, por el primer ministro de Israel, el corrupto/belicista Benjamin “Bibi” Netanyahu, durante la tercera de sus hasta ahora cuatro visitas de este año a la Casa Blanca.

El criminal de guerra israelí entregó, entonces, al totalitario estadounidense, copia de la carta que dirigió, seis días antes, al Comité Nobel, para presentar la ofensiva nominación, de su anfitrión, como candidato a recibir el galardón.

En el texto -consistente en cuatro vergonzosos párrafos de variada extensión-, Netanyahu
-quien es requerido mundialmente por la Corte Penal Internacional (CPI), como autor de crímenes de guerra- indicó, de entrada: “Deseo presentar la nominación del Honorable Donald J. Trump, 45 y 47 Presidente de Estados Unidos de América, para el Premio Nobel de la Paz”.

“En Oriente Medio, sus esfuerzos han traído cambio dramático, y creado nuevas oportunidades para expandir el círculo de paz y normalización”, según el genocida primer ministro -quien, además, enfrenta, en el sistema judicial israelí, cargos penales por haber incurrido en variadas formas de corrupción, incluido enriquecimiento ilícito-.

A raíz de la insistencia de Trump respecto a que logró poner fin a siete guerras -lo que equivaldría, en promedio, una por mes-, diferentes medios de comunicación desmintieron al déspota norteamericano.

En ese sentido, la cadena de televisión informativa estadounidense Cable News Network (CNN) in formó, el 24 de setiembre -un día después de la vergonzosa alocución- que “los dos conflictos en los que Trump ha, hasta ahora, puesto los mayores esfuerzo para terminarlos -la guerra en Gaza y la guerra de Rusia contra Ucrania- siguen librándose sin miras de reducirse, no obstante las miríadas de plazos, amenazas, y promesas que ha hecho para lograr acuerdos de alto al fuego”.

Aunque en Gaza no hay guerra sino una brutal/genocida operación de limpieza étnica por parte de Israel, CNN aludió así a los dos conflictos que, desde su campaña electoral 2024, el autócrata prometió resolver rápidamente -en algunos momentos, llegando a decir que lo haría “en el día uno” (“on day one”) de su nuevo período presidencial-.

Además, ha asegurado que, de no haber mediado un supuesto fraude electoral, en 2024 -y de haber, por lo tanto, sido presidente durante el período 2021-2025-, ninguno de esos conflictos armados habría ocurrido.

La cadena de televisión señaló, asimismo, “que el fracaso en cuanto a lograr un acuerdo en Oriente Medio y Ucrania no ha impedido que Trump se jacte de los conflictos que ha terminado”.

“Trump ha repetido esta afirmación, desde temprano este verano (mediados de año en el hemisferio norte), y la Casa Blanca ha proporcionado, el mes pasado, una lista de los supuestos siete acuerdos bilaterales”, agregó.

“Si bien, indudablemente, ayudó a lograr un par de acuerdos entre enemigos de larga data, su papel en asegurar ceses del fuego en algunos de los otros conflictos respecto a los cuales se ha jactado de haber terminado, ha sido cuestionado por algunos de los países involucrados”, indicó, de inmediato.

“Y, además, por supuesto, están las guerras que no ocurrían cuando él afirma que las terminó”, según CNN.

Por su parte, la agencia informativa estadounidense de cobertura internacional The Associated Press (AP) señaló, el mismo día, que “Trump ha ayudado con mediaciones, pero expertos dicen que su impacto no es tan claro como él lo presenta”.

Hablando como si todavía estuviese en campaña electoral -o quizá adelantando la de
2028-, en la extensa enumeración de presuntos logros, se adjudicó el mérito de, supuestamente, haber construido -durante su primera presidencia (2017-2021)- la más fenomenal economía que el planeta ha tenido.

“En mi primer período, construí la más grade economía en la historia del mundo”, se permitió asegurar.

“Tuvimos la mejor economía que haya habido -historia del mundo-, y estoy haciendo lo mismo, de nuevo, pero esta vez es, en realidad, más grande y aún mejor”, aseguró, para, de inmediato, agregar que “los números superan, por lejos, mi primer período de récords”
-según su narcisismo, sólo Trump supera a Trump-.

“Hace más de un año, nuestro país estaba en profunda dificultad, pero, hoy, apenas ocho meses después de iniciada mi administración, somos el país más atractivo en cualquier lugar del mundo, y no hay ningún otro país siquiera cerca”, siguió delirando.

Dominado por la grandilocuencia, y probablemente sintiendo que tenía, a la comunidad internacional, como rehén, aseguró, en insultantes términos generales: “Estados Unidos es bendecido con la economía más fuerte, las fronteras más fuertes, la estructura militar más fuerte, las amistades más fuertes, y el espíritu más fuerte que cualquier nación en la faz de la Tierra”.

“Esta es, en efecto, la era dorada de Estados Unidos”, sintetizó.

La agresión antiambientalista no podía faltar, y la perpetró al autoelogiarse en materia energética.

“La energía es otra área donde Estados Unidos está, ahora, prosperando como nunca antes”, aseguró.

“Estamos deshaciéndonos de las falsamente llamadas renovables”, empezó a atacar.

“Por cierto: son un chiste, no funcionan, son demasiado caras, no son lo suficientemente fuertes como para encender las plantas que se necesitan para hacer grande al país”, agregó, tomando la verdad como rehén.

“El viento, no sopla”, siguió inventando, para aseverar que “esos grandes molinos de viento son tan patéticos y tan malos, tan caros para operarlos, y hay que reconstruirlos todo el tiempo, empiezan a oxidarse y pudrirse”.

“La energía más cara que se haya concebido, y, en realidad es energía”, dijo, a continuación.

“Se supone que hay que hacer dinero, con la energía, no perder dinero”, reflexionó, además de afirmar que “se pierde dinero, los gobiernos tienen que subsidiar, no se puede desconectarlos sin subsidios masivos”.

“Y, la mayoría, son construidos en China, y le doy mucho crédito a China: ellos los construyeron, pero tienen pocas granjas de viento”, agregó, antes de preguntar: “Entonces, por qué ellos los construyen, y los venden en todo el mundo, pero casi no los usan?”.

“Ello usan carbón, ellos usan gas, ellos usan casi cualquier cosa, pero no les gusta el viento, pero endemoniadamente les gusta vender molinos de viento”, dijo.

“Europa, por otra parte, tiene mucho que recorrer, con muchos países al borde de la destrucción de la agenda de la energía verde”, planteó, poniendo ahora la mira de su arbitrariedad, en un importante aliado de Estados Unidos.

También se permitió exhibir su cavernaria ignorancia, al afirmar que “el cambio climático, es la estafa más grande”.

“En 1982, el director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, pronosticó que, para el año 2000, el cambio climático causaría una catástrofe global, dijo que sería irreversible, como sería un holocausto nuclear”, afirmó.

“Qué pasó? Aquí estamos”, dijo, al respecto, como enunciando una conclusión inteligente.

Trump hizo, así, irrespetuosa referencia al científico egipcio Mostafa Kamal Tolba (1922-2016), quien se desempeñó, durante casi dos décadas (1975-1992) como director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

En el activo desempeño del cargo, Tolba ejerció liderazgo en la elaboración y la puesta en vigencia del Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono (1985), y el Protocolo de Montreal (1987).

Se trata de instrumentos que apuntaron a reducir el daño a la capa de ozono, y a proteger la salud de miles de millones de personas, a nivel mundial.

En flagrante choque con la realidad, Trump incurrió en un desvarío adicional, cuando asevero: “solía ser enfriamiento global”.

“Si ustedes miran años atrás, en los 1920s y los 1930s, decían: ‘el enfriamiento global va a matar al mundo, tenemos que hacer algo’”, afirmó, para agregar que, “después, dijeron: ‘el calentamiento global va a matar al mudo’, pero entonces empezó a refrescar”.

“Entonces, podían sólo llamarlo cambio climático, porque, de esa manera, no pueden equivocarse”, dijo, a continuación.

“Es cambio climático, porque si va más arriba o más abajo -lo que demonios pase-, es cambio climático”, siguió en su desquiciada verborrea, precisando que “es la estafa más grade que se haya perpetrado al mundo, en mi opinión”.

“Todas estas predicciones hechas por Naciones Unidas y muchos otros -frecuentemente por mañas razones- estuvieron equivocadas, fueron hecha por gente estúpida”, se permitió seguir insultando.

Quedó, así, universalmente claro que, en el ignorante mundo Maga -liderado por su desquiciado ícono-, los temas ambientales no son fundamentales, entre otras, por la sencilla rezón de que, considerarlos en su verdadera dimensión, requiere la sensibilidad de la que estos nocivos/peligrosos personajes carecen absolutamente.

Ubicado en ese contexto de irracionalidad, tratando de justificarse por sus temerarias aseveraciones, Trump aseguró, en tono de arrogancia en máximo grado: “no es políticamente correcto, seré muy fuertemente criticado por decir eso, pero estoy aquí para decir la verdad, no me importa”.

El jefe del Estado policial instalado, el 20 de enero de 2025, en Estados Unidos, unió, en su trastornado discurso, los temas ambiental y migratorio, en un imposible intento por dar base a su antirrazonamiento.

Apoyado en una de las demenciales consignas impresas en sus propagandísticas gorras
–“Trump tuvo razón en todo” (“Trump was right about everything”)- dijo: “es verdad, he tendio razón en todo (‘I’ve been right about everything’)”.

“Y les digo que, si ustedes no se alejan de la estafa de la energía verde, su país va a fracasar, y si no frenan a gente que nunca antes han visto, con la que no tienen nada en común, si país va a fracasar”, afirmó, en calidad de supuestamente infalible advertencia.

“Soy el presidente de Estados Unidos, pero me precopa Europa. Amo a Europa, amo a la gente de Europa, y odio verla devastada por la energía y la inmigración”, expresó.

“Este monstruo de dos colas, destruye todo en su paso, y no pueden (los europeos) dejar que eso siga pasando”, empezó a aconsejar, sin ninguna autoridad moral para hacerlo -confundiendo, además, colas con cabezas, lo cual no es sorprendente-.

“Ustedes están haciéndolo, porque quieren ser agradables, quieren ser políticamente correctos, y están destruyendo su herencia”, pero “ustedes tienen que tomar control
-fuertemente e inmediatamente- del absoluto desastre de inmigración, y la catástrofe de falsa energía, antes de que sea demasiado tarde”,

También expresó reconocimiento a su contraparte de El Salvador, el dictador Nayib Bukele, por la servil connivencia del centroamericano en la cacería de inmigrantes en condición irregular en Estados Unidos -incluidos ciudadanos salvadoreños-.

“En nuestra frontera sur, hemos repelido una colosal invasión, por los pasados cuatro meses -y eso es cuatro meses seguidos-, el número de foráneos ilegales admitidos y entrando a nuestro país ha sido cero”, aseguró -número que, como todas las cifras trumpianas, en el mejor de los casos, es poco creíble-.

“Nuestro mensaje es muy sencillo: si ustedes entran ilegalmente a Estados Unidos, van a la cárcel, o van de regreso a donde vinieron, o quizá aún más lejos que eso”, agregó, para precisar: “ustedes saben lo que eso quiere decir”.

Trump se refirió, así, a aspectos de su represiva política antinmigrante, un brutal paquete que incluye cacería policial, detención, reclusión, deportación.

En el último caso, el destino favorito es El Salvador, específicamente el bukeliano campo de concentración denominado Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) -donde los derechos humanos no existen-.

Centenares de inmigrantes en situación irregular, capturados por los terroristas agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE), han recibido el castigo adicional -en el contexto de absoluta violación a las garantías fundamentales- de ser enviados directamente al Cecot.

En ese contexto se enmarca el emblemático caso del ciudadano salvadoreño Kilmar Ábrego, quien, no obstante su estatus migratorio regularizado, fue ilegalmente detenido, enviado al Cecot, regresado a Estados Unidos para ser juzgado bajo falsos cargos -entre ellos, pertenecer a una de las más violentas pandillas salvadoreñas, aunque llegó al país norteamericano, precisamente, huyendo de esta estructura delictiva-.

El servilismo de la dictadura bukeliana ameritó puntual reconocimiento por parte de Trump, quien dijo, en su mensaje a la comunidad internacional: “quiero agradecer, al país de El Salvador, por el trabajo exitoso y profesional que han hecho al recibir y encarcelar a tantos criminales que entraron a nuestro país”.

“Todos están siendo detenidos”, alardeó, para agregar -como justificación de esa barbarie- que “no tenemos opción”.

“Y otros países no tiene opción, porque otros países están en la situación exactamente igual con la inmigración: está destruyendo su país, y ustedes tiene que hacer algo sobre eso”, planteó, a continuación.

El tema migratorio también fue excusa para atacar a Naciones Unidas, aseverando que la organización mundial es enemiga de los países del hemisferio occidental -el colmo de la mediocridad-.

“No sólo Naciones Unidas no está resolviendo problema como debería: muy frecuentemente está, en realidad, creando nuevos problemas que nosotros tenemos que resolver”, empezó a calumniar -en el foro universal-.

“El mejor ejemplo es el problema político número uno de nuestro tiempo: la crisis de migración descontrolada”, señaló, además de reafirmar que “está descontrolada, sus países están siendo arruinados”.

Según el autócrata, “Naciones Unidas está financiando un ataque a los países occidentales y sus fronteras”.

A manera de ejemplo -como siempre, sin precisar fuente de información-, aseguró que “en 2024, Naciones Unidas presupuestó 372 millones de dólares, en asistencia en efectivo, para apoyar a un estimado de 624 mil migrantes ingresando a Estados Unidos”.

“Piensen en eso: Naciones Unidas está apoyando a gente que está entrando ilegalmente a Estados Unidos, y, después, nosotros tenemos que sacarlos”, subrayó.

“Naciones Unidas también proporcionó comida, alojamiento, transporte, y tarjetas de débito a foráneos ilegales -pueden ustedes creer eso?- camino a infiltrar nuestra frontera sur”, siguió divagando, ahora en referencia al límite terrestre de unos 3,155 kilómetros que Estados Unidos comparte con México.

“Millones de personas atravesaron esa frontera sur, hace apenas un año, millones y millones de personas estaban entrando, veinticinco millones, por todo, durante los cuatro años de la incompetente administración Biden”, agregó.

“Y, ahora, hemos frenado eso -totalmente frenado-, de hecho, ya ni siquiera entran, porque saben que no pueden atravesar”, aseguró.

Según Trump, “lo que tuvo lugar es totalmente inaceptable”, porque “Naciones Unidas se supone que tiene que frenar invasiones, no crearlas, y no financiarlas”.

“En Estados Unidos, rechazamos la idea de que a masivos números de gente de tierras extranjeras se les permita viajar la mitad del mundo, pisotear nuestras fronteras, violar nuestra soberanía, causar crimen absoluto, y vaciar nuestra red de seguridad social”, explicó.

“Hemos reafirmado que Estados Unidos pertenece al pueblo estadounidense”, agregó, de inmediato, ubicándose en la nacionalista/patriotera Doctrina Monroe (1823).

“Y yo aliento a todos los países a asumir su propia posición en defensa de sus ciudadanos, también”, agregó, de inmediato.

La razón: “tienen que hacerlo, porque así lo veo”.

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