Donald Trump dijo, la noche del 19 de junio, que, en el transcurso de las siguientes dos semanas, daría a conocer si Estados Unodos atacaría -o no- instalaciones nucleares clave de la dictadura religiosa de Irán, y aseguró que nadie sabía cuál sería su decisión.
Pero, sin previo aviso -y fiel a su insoportablemente errática conducta-, lanzó dos días después -la noche del 21 de junio, cuando en Oriente Medio era la madrugada del 22-, el bombardeo contra los objetivos: las estructuras respectivamente ubicadas en las cercanías de Fordow, Isfahan, y Natanz, ciudades de las norcentrales provincias de Qom -la primera de las tres- e Isfahan -las otras dos-.
El breve anuncio -de algo más de tres minutos y medio- revelando esas acciones de bombardeo aéreo y naval -la Operación “Martillo de Medianoche” (Operation “Midnight Hammer”)-, fue emitido, en la Casa Blanca, momentos después de llevadas a cabo.
En una de sus incontables boconadas, Trump garantizó, urbi et orbe, que las centrales nucleares no existían más, que eran cosa del pasado, que estaban completamente destruidas -y, con ellas, la supuesta intención del régimen iraní de contar con arsenal nuclear-.
Lo hizo, acompañado por tres de sus impresentables/obedientes colaboradores más inmediatos -los patéticos JD Vance (ex senador republicano, actual vicepresidente), Marco Rubio (ex senador republicano, actual secretario Estado), y Pete Hegseth (mayor retirado, actual secretario de Defensa)-, quienes -de pie, detrás de su jefe- asintieron, reiteradamente, como programados robots, las aseveraciones exageradamente triunfalistas del autócrata.
Pero la mediática narrativa dirigida al país y al resto del planeta, empezó a quedar en evidencia como un invento más del desquiciado mitómano, cuando medios informativos aclararon que, en realidad, se desconocía el nivel de daño real causado por la agresión estadounidense -o sea: nada de completa destrucción-.
Las plataformas noticiosas citaron, entre otras fuentes, a autoridades de Estados Unidos, de Irán, y de Israel.
Asimismo, versiones periodísticas mencionaron la duda -formulada por fuentes estadounidenses-, en cuanto a si los responsables del programa nuclear iraní lograron llevar, a lugar seguro, la maquinaria y otros componentes de las tres centrales atómicas, antes de los explosivos “martillazos”.
A raíz de las reveladoras y viralizadas evaluaciones técnicas, Trump dio una confusa especie de marcha atrás, al afirmar que los datos de inteligencia en su poder le habían indicado que el daño había sido considerable -no obstante lo cual insistió, a continuación, en su contradictoria aseveración de destrucción total-.
Y, en declaraciones que formuló, en conferencia de prensa, al final de la Reunión Cumbre que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) realizó el 24 y el 25 de junio, en la occidental y costera ciudad holandesa de La Haya, volvió a decir que los datos de inteligencia que recibió, respecto a los bombardeos, no fueron concluyentes -pero, nuevamente, aseguró que, sí, que, en efecto, que, indudablemente, las tres instalaciones fueron arrasadas por la bombas-.
De acuerdo con versiones periodísticas, aproximadamente 125 bombarderos y un submarino estadounidenses aplicaron el “martillo”.
Las aeronaves dejaron caer, en total, más una docena de bombas de 30 mil libras (casi 14 mil kilos) cada una, en las subterráneas instalaciones de Fordow (12 explosivos) y Natanz (dos), luego de que el submarino, posicionado en el cercano Mar Arábigo, disparó más de dos docenas de misiles contra infraestructura no subterránea de Isfahan, según diferentes medios informativos.
Estas fuentes también señalaron que Fordow y Natanz se ubican a profundidades subterráneas en el rango de 80 a 100 metros, sin proporcionar mayores detalles respecto a Isfahan.
Al formular la declaración inicial, en la Casa Blanca, Trump leyó -autoestimulado por la adrenalina triunfalista- el texto referido al supuestamente demoledor éxito de los “mazazos”.
Lo hizo de un prompter (apuntador electrónico), por momentos, con cierta dificultad, ya que -obviamente- la actividad intelectual no es su fuerte.
“Hace poco, las fuerzas militares estadounidenses, llevaron a cabo ataques masivos, de precisión, contra tres instalaciones nucleares clave del régimen iraní: Fordo, Natanz, e Isfahan”, empezó a relatar.
- “Nuestro objetivo fue la destrucción de la capacidad de Irán de enriquecer uranio, y detener la amenaza nuclear presentada por el estado número uno patrocinador del terror”, agregó
-no obstante el hecho de que los regímenes estadunidense e iraní, avanzaban, hacía algún tiempo, en negociaciones, precisamente, sobre el programa nuclear de la teocracia-. - “Esta noche, puedo informar, al mundo, que los ataques fueron un espectacular éxito militar”, indicó, para, a continuación aseverar: “las principales instalaciones de enriquecimiento nuclear de Irán, han sido completamente y totalmente obliteradas (“completely and totally obliterated”)”.
- “Irán, el matón de Oriente Medio, ahora tiene que hacer la paz”, porque, “si no, futuros ataques serán considerablemente mayores, y mucho más fáciles”, amenazó, en ascendente bullying.
- “Por cuarenta años, Irán ha estado diciendo: ‘muerte a Estados Unidos, muerte a Israel’”, y “ellos han estado matando a nuestra gente (…) perdimos más de mil personas, y cientos de miles en Oriente Medio han muerto como resultado de su odio, en particular”, afirmó.
- “Yo decidí, hace mucho tiempo, que no dejaré que eso pase, no continuará”, agregó, a manera de autoritaria revelación.
- “Quiero agradecer y felicitar al primer ministro ‘Bibi’ Netanyahu”, dijo, en alusión al belicista primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mencionándolo por su apodo.
- “Nosotros trabajamos como equipo -como quizá ningún equipo ha trabajado antes-, y hemos avanzado mucho para borrar esa horrible amenaza para Israel”, planteó, en su habitual modalidad de discurso -ridículamente grandilocuente-, como un jefe reconociendo méritos de sus subalternos.
- “Quiero agradecer a los militares israelíes, por el maravilloso trabajo que han hecho”, señaló, a continuación, en referencia a los bombardeos aéreos que Israel llevó a cabo, contra objetivos en Irán, en el marco de la guerra iniciada, el 13 de junio, por el régimen de Netanyahu -y sostenida durante casi dos semanas-.
Un cese del fuego fue acordado, doce días después -con intervención de Estados Unidos-, lo mismo por Israel que por Irán, y, esencialmente, se ha mantenido -aunque ambas partes lo violaron, al inicio-.
Trump siguió alardeando, en su mensaje de vacío triunfalismo, en el sentido de que, además, “quiero felicitar a los grandes patriotas estadounidenses quienes pilotearon, esta noche, esas magníficas maquinas, y a todos los militares de Estados Unidos, en una operación cuyas características el mundo no ha visto en muchas, muchas décadas”.
Según Trump, los bombarderos -armas de letal destrucción- son “magníficas máquinas”
-probablemente porque, en su desquiciada distorsión de la realidad, causan “magnífico aniquilamiento”-.
“También quiero felicitar al jefe del Estado Mayor Conjunto (estadounidense), el general Dan ‘Razin’ Caine -un general espectacular-, y a todas las brillantes mentes militares involucradas en ese ataque”, expresó, de inmediato, derrochando elogios -como si una mentalidad destructora pudiese describirse como “brillante”-.
Respecto a la confrontación Israel-Irán, dijo que “eso no puede continuar”, y amenazó con que “habrá paz, o habrá una gran tragedia para Irán, mucho mayor que la que hemos visto” en el marco de la denominada “guerra de 12 días” entre ambos actores en el brutalmente conflictivo escenario geopolítico de Oriente Medio.
“Recuerden: hay muchos más objetivos. El de esta noche fue el más difícil de todos, por mucho. Pero, si la paz no llega pronto, iremos por esos otros objetivos, con precisión, velocidad, y destreza”, planteó, siempre en tono intimidatorio y triunfalista, evidentemente dirigiéndose a la dictadura religiosa iraní -instalada en 1979, con el derrocamiento de la dinástica monarquía Pahlavi (1925-1979)-.
“No hay fuerza militar, en el mundo, que pudiera hacer lo que hicimos esta noche -ni cerca-, no ha habido, nunca, una fuerza militar que pudiera hacer lo que ocurrió hace apenas un rato”, subrayó.
“Y quiero, sencillamente, agradecer a todos, y, en particular, a Dios”, planteó, en el cierre de la apresurada declaración de supuesto pleno éxito, para expresar: “quiero, sencillamente, bendecir a Oriente Medio. Dios bendiga a Israel, y Dios bendiga a Estados Unidos”.
Trump insistió al día siguiente, en redes sociales, que “hemos completado nuestro muy exitoso ataque contra los tres sitios Nucleares en Irán, incluyendo Fordow, Natanz, y Esfahan (sic)”, agregando que “todos los aviones están ahora fuera del espacio aéreo de Iran” .
- “Una carga completa de BOMBAS fue dejada caer sobre el sitio principal, Fordow”, indicó, para reafirmar que “todos los aviones están, seguros, dirigiéndose a casa”.
- Y, en un mensaje posterior, escribió que “este es un MOMENTO HISTÓRICO PARA LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, ISRAEL, Y EL MUNDO”, agregando que “IRÁN DEBE AHORA ACORDAR EL FIN DE ESTA GUERRA. GRACIAS!”.
Trump pareció bajar -levemente- el tono triunfalista de su mensaje del día anterior, en cuanto a no hacer referencia a instalaciones “totalmente obliteradas” (“totally obliterated”), como sabiendo que había exagerado -una de sus principales/inaguantables características-.
Por su parte, en un video que difundió, velozmente, en redes sociales, Netanyahu fue altamente elogioso de Trump, al destacar los bombardeos.
“Su valiente decisión de apuntar a las instalaciones nucleares de Irán, con la asombrosa y justa fuerza de Estados Unidos, cambiará la historia”, aseveró -luego de que, según versiones periodísticas, manipuló, exitosamente, a Trump, para que Estados Unidos bombardeara esos tres objetivos-.
Mediante la Operación “Martillo de Medianoche”, el régimen trumpiano “ha hecho lo que ningún otro país, en la tierra, podría hacer”, según la visión guerrerista del turbio primer ministro -quien enfrenta, en Israel, cargos penales por corrupción, y es requerido por la corte Penal Internacional, por crímenes de lesa humanidad-.
El exitismo trumpiano fue rápidamente neutralizado por la realidad técnica/militar, cuando un informe clasificado, de la militar Agencia de Inteligencia para la Defensa (Defense Intelligence Agency, DIA), del Departamento de Defensa (Defense Department) -más conocido como el Pentágono (the Pentagon)- fue filtrado a medios de comunicación, lo que marcó el contexto real de la información.
Reuters, la agencia informativa británica de cobertura mundial, indicó, el 24 de junio -tres días después de los bombardeos, y del anuncio triunfalista-, citando “fuentes con conocimiento del tema”, que “una evaluación preliminar de inteligencia de Estados Unidos, ha determinado que los ataques estadounidenses del fin de semana, contra instalaciones nucleares iraníes, han echado atrás el programa de Teherán (la capital de Irán) por sólo unos meses”.
“El informe inicial fue preparado por la Agencia de Inteligencia de Defensa, el principal brazo de inteligencia del Pentágono y una de las 18 agencias de inteligencia de Estados Unidos, dijeron dos de las fuentes, quienes solicitaron anonimato para abordar asuntos clasificados”, agregó el medio de comunicación.
“La evaluación encontró que Irán podría reiniciar su programa nuclear, en cuestión de meses, según las tres fuentes, una de las cuales dijo que el más pronto reinicio podría ser en uno o dos meses”, precisó Reuters.
Por su parte, en una declaración emitida al día siguiente de los bombardeos estadounidenses, el Centro del Sistema de Seguridad Nuclear Nacional, de la dictadura de Irán, también restó credibilidad al anuncio inicial de Trump.
En alusión a la lógica contaminación radiactiva, a causa de la “obliteración”, el centro garantizó que “no hay ningún peligro para los residentes quienes viven en los sitios antemencionados”.
Según la agencia especializada iraní, “no hay indicios de contaminación en ninguna de las tres instalaciones atacadas”.
La respuesta militar de la teocracia, a los “martillazos”, se produjo el 23 de junio, mediante el bombardeo de una instalación militar estadounidense ubicada en Qatar, país en la costa oriental de la Península Árabe separado de Iran por el angosto Golfo Pérsico -una distancia de apenas 190 kilómetros-.
Se trata de la Base Aérea Al Udeid, que fue blanco de lo que medios de comunicación describieron como una limitada ráfaga de misiles -o sea: una respuesta de magnitud notoriamente menor que los bombardeos estadounidenses-.
Al Ubeid, la mayor base militar de Estados Unidos en Oriente Medio, ubicada en las afueras de Doha, la capital de Qatar.
La reacción del régimen iraní, encabezado por el ayatollah (gran sacerdote) Ali Khamenei, fue casi inmediatamente seguida por el cese al fuego que, de acuerdo con versiones periodísticas, Israel e Irán acordaron bajo presión de Estados Unidos.
Pero la tregua fue, casi inmediatamente violada por recíprocos bombardeos israelíes e iraníes, lo que molestó, notoriamente, a Trump.
En una rabieta mientras formulaba declaraciones a periodistas -que eran transmitidas en vivo, el 24 de junio, por estaciones de televisión-, el presidente se mostró, exactamente, como el patán berrinchudo que es.
“Básicamente, tenemos dos países que han estado peleando tanto tiempo, y tan duro, que no saben qué carajo están haciendo (what the fuck they’re doing)”, dijo, confirmando que ningún dictador permite que se lo contradiga, que se le demuestre que miente.
Además, insistió en reafirmar la engañosa narrativa oficial sobre la supuesta destrucción total de las tres instalaciones bombardeadas por Estados Unidos, oportunidad que no perdió para lanzar sus habituales expresiones soeces contra específicos medios de comunicación -principalmente, la cadena de televisión informativa estadounidense Cable News Network (CNN)-.
En este caso, la ofensiva aseveración obedeció a que CNN fue la primera plataforma noticiosa que reveló la existencia del informe de la DIA.
“Las noticias falsas (fake news) -CNN, en particular-, están tratando de decir: ‘bueno, estoy de acuerdo en que fue destruido, pero quizá no tan destruido’”, agregó, en tono de burla.
“Realmente, están hiriendo a grandes pilotos que arriesgaron sus vidas”, dijo, para aseverar que “CNN es basura, y también lo es MSCNC, y, francamente, las redes no son mucho mejor”, además de subrayar que “todo es noticias falsas (fake news)”.
En el segundo caso, probablemente se refirió al canal de televisión informativa estadounidense MSNBC, quizá confundiendo -por ignorancia, o por limitación intelectual, o por ambos factores- la sigla de ese medio de comunicación.
“Esos pilotos dieron en sus blancos, esos blancos fueron obliterados, y los pilotos tendrían que recibir el crédito”, dijo, además de insistir con la “obliteración”, y de, nuevamente, atacar a los medios que terminaba de insultar, difundiendo la teoría conspiracionista de que “no persiguen a los pilotos, me persiguen a mí”.
Pero, en declaraciones que formuló un día después, a periodistas, en el marco de la cumbre de la Otan, volvió a -confusamente- referirse al tema, aduciendo que la información de inteligencia que le fue proporcionada presentó imprecisión.
- “La inteligencia es muy incompleta”, empezó a decir, para agregar, de inmediato, que “la inteligencia, dice: ‘no sabemos, pudo ser muy severo’. Eso es lo que dice la inteligencia”.
- “La palabra original que usé -creo que nos causó problemas, porque es una palabra fuerte- fue ‘obliteración’, y ustedes van a ver eso, y va a salir”, agregó.
- “Israel está haciendo un informe sobre eso, tengo entendido, y se me dijo que ellos dijeron que fue total obliteración”, aseveró -insistiendo en su fake news-.
Al respecto -y aclarando que CNN fue el medio que “primero informó sobre la evaluación de la DIA”, la emisora estadounidense National Public Radio (NPR) aportó, el 25 de junio, datos precisos sobre los resultados de los “martillazos”.
NPR indicó que “un funcionario de Estados Unidos, quien no estaba autorizado a hablar públicamente, dijo que las tempranas evaluaciones por parte de la Agencia de Inteligencia para la Defensa mostraron que los ataques del sábado por la noche no ‘obliteraron’ el programa de enriquecimiento nuclear de Irán sino que lo atrasaron ‘unos pocos meses’”.
Respecto a la irrespetuosa referencia que Trump hizo respecto a Israel y a Irán, el medio de comunicación australiano The Conversation, difundió, el 25 de junio -un día después-, un revelador artículo de opinión del psicólogo británico Geoff Beattie.
Al reproducir la afirmación de que esos países no saben “qué carajo están haciendo (what the fuck they’re doing)”, Beattie aclaró que, cuando dijo eso, “Trump estaba, claramente furioso, y su lenguaje lo mostró”.
“Eso no fue un desliz verbal: no hubo ninguna corrección inmediata, ningún pedido de disculpa, ningún indicio no verbal de avergonzamiento”, precisó, a continuación.
Habiéndose expresado así, “sencillamente, se alejó, claramente enojado”, agregó, en referencia al hecho de que Trump formuló las declaraciones mientras se dirigía a abordar el helicóptero militar asignado a la presidencia.
Beattie, docente universitario de psicología, aclaró, asimismo, que “ese no es el tipo de lenguaje normalmente asociado a un presidente”, y explicó que, “se informado sobre algunos (gobernantes) habiendo usado la ‘palabra con f’ (the f-word), pero, habitualmente, a puertas cerradas”.
“Esperamos que los presidentes sean calmos, mesurados, pensantes, considerados”, aunque “el comentario de Trump no fue nada de eso”, agregó el experto, quien reflexionó en el sentido de que “su respuesta furiosa, agresiva, fue como algo salido de un viejo texto de psicología”.
Asimismo, señaló que, “en la década de 1930, psicólogos desarrollaron la hipótesis de frustración-agresión, para explicar cómo puede surgir el comportamiento agresivo”.
“La hipótesis sugirió que, cuando el propósito de una personas es bloqueado de alguna manera, ello conduce a frustración, lo que, entonces, resulta en agresión”, relató.
“Durante las siguientes décadas, esa hipótesis fue considerada, por la mayoría de los psicólogos, como una notoria simplificación exagerada del complejo comportamiento humano”, siguió narrando.
“Suponía una relación causal directa entre frustraciones y agresión, ignorando todos los demás factores situacionales y cognitivos que pueden intervenir”, agregó.
“Los seres humanos son más complejos que eso, dijeron los psicólogos: encuentran otras maneras de lidiar con sus frustraciones”, indicó, para precisar que “usan su sistema racional de pensamiento, para hallar soluciones”, por lo que “no tienen que atacar verbalmente, cuando están frustrados, de esa aparentemente primitiva manera”.
“Es posiblemente por eso que mucha gente se sintió escandalizada al ver, a este presidente, en ciertas situaciones”, explicó, para señalar que, “parea muchos de nosotros, todo eso parece tan básico, tan poco sofisticado, tan aterrador”.
Pero Trump se caracteriza, precisamente, por todo eso, y por su constante incurrir en contradicciones, en frases sin terminar, en afirmaciones sin fundamento, en tergiversación de la realidad, en justificación de lo injustificable, en peligroso negacionismo.
A manera de ejemplo, en el marco de la extensa entrevista que llevó a cabo, el 22 de abril, con la revista estadounidense Time -a propósito de los primeros cien días de su actual período gubernamental (2025-2029)-, negó que esté ampliando, de facto, el poder de la presidencia, además de que manipuló la xenofóbica/racista política migratoria que, brutalmente, está implementando.
Respecto al primer punto, aseveró que “no siento que yo esté ampliándolo”, para, de inmediato, agregar que “creo que estoy usándolo como se supone que sea usado”.
“Siento que hemos tenido una muy exitosa presidencia en cien días”, dijo, a manera de generosa autoevaluación, señalando, además, que “hemos tenido gente escribiendo que fue el mejor primer mes, y el mejor segundo mes, y, realmente, el mejor tercer mes”.
“Creo que lo que estoy haciendo es, exactamente, lo que dije en la campaña (…) sobre remover gente, del país”, aseguró.
“Tenemos que hacerlo, porque Biden permitió que gente entrara a través de su locura, su demencia de la frontera abierta, permitió que entrara, a nuestro país, que no podemos tener en nuestro país, muchos delincuentes”, agregó, repitiendo su habitual autojustificación.
Sin identificar los lugares de origen, reiteró -entrando en flagrantes contradicciones- que “ellos vaciaron sus prisiones -muchos países, casi todos los países-, pero no un vaciado completo, pero algunos países, un vaciado completo de su sistema de prisiones”.
Apenas un ejemplo del recurrente trumpianismo: si, no, quién sabe, pero sí.
A ello, se suma la faceta rencorosa de su mediocridad, el aspecto revanchista de su totalitarismo, cerrando todo espacio al disenso -ni hablar de abierta oposición-.
Como todos los dictadores, Trump no admite opiniones no alineadas, detesta cualquier forma de oposición, gobierna para los ciudadanos Maga, es el presidente de quienes lo apoyan.
Esto, quedó flagrantemente expuesto el 3 de julio -un día antes de firmar el tóxico presupuesto antipueblo que define como la “hermosa gran ley” (“big beautiful bill”)-, durante una actividad política en la ciudad de Des Moines, en el central estado de Iowa.
Respecto a los legisladores -demócratas, y algunos republicanos- quienes votaron contra la ley, el autócrata aseveró que lo hicieron “sólo porque odian a Trump”.
Y, dirigiéndose a los asistentes a la actividad, confesó: “pero yo los odio también, saben? Realmente, los odio. No puedo soportarlos, porque realmente creo que odian a nuestro país. Ustedes quieren saber la verdad”.
Exabrupto? Patanería? Degradación cognitiva? Autoritarismo sin control? Mediocridad pura? Probablemente, una combinación de factores.







