Esa aseveración siguió a lo que dijo, dos días antes -en Aurora-, respecto a Harris, entonces la candidata presidencial demócrata: “ella es una persona de izquierda radical”.
De modo que, implícitamente, anunció que Harris será incluida entre los “radicales lunáticos izquierdistas” quienes, porque son “el enemigo interior”, serán cazados, junto con los “migrantes ilegales”.
Todo eso -y, probablemente más-, en el marco de la represión militar que su proyectado régimen autocrático lanzará, una vez instalado -el 21 de enero-, a nivel nacional -para hacer, a Estados Unidos, “grande, otra vez”-.
El peligrosamente desquiciado megalómano quiso, engañosamente, presentar, a la Guardia Nacional, como un contingente no militar, sabiendo que, en realidad, lo es.
En su sitio en internet, el Departamento de Defensa, explica que las fuerzas armadas del país norteamericano son: “Ejército (Army), Infantería de Marina (Marine Corps), Marina (Navy), Fuerza Aérea (Air Force), Fuerza Espacial (Space Force), Guardia Costera (Coast Guard), Guardia Nacional (National Guard)”.
También aclara que, “compuesta por la Guardia Nacional del Ejército (Army National Guard) y la Guardia Nacional Aérea (Air National Guard), la Guardia Nacional es una fuerza versátil que apoya misiones de combate, emergencias nacionales, esfuerzos humanitarios, operaciones de seguridad interna, y más”.
Trump parece dispuesto a convertir ese “y más” en arma de persecución/exterminación política.
En realidad, el trumpismo aspira, efectivamente, a más: la desconstrucción del Estado, cuya estructura fue determinada hace 235 años, por los padres fundadores (founding fathers) del país, en la Constitución -vigente desde 1789-.
El principal punto de apoyo es un artefacto ideológicamente explosivo, fabricado por un tanque de pensamiento de la extrema derecha estadounidense.
Se trata del “Mandato para Liderazgo. La Promesa Conservadora. Proyecto 2025. Proyecto de Transición Presidencial” (“Mandate for Leadership. The Conservative Promise. Project 2025. Presidential Transition Project”), elaborado bajo la supervisión de la nefasta Fundación Heritage.
Aunque Trump intentó, durante la campaña electoral, distanciarse de la iniciativa, entre los autores figuran numerosas personas allegadas al otra vez presidente electo, incluidos ex integrantes de su primera tóxica administración (2017-2021).
El proyecto -consistete en 30 capítulos, distribuidos en cinco secciones, a lo largo de 992 páginas-, que fue elaborado en 2023 -previendo la reelección de Trump-, y dado a conocer en julio de 2024, plantea una radical restructuración del Poder Ejecutivo.
Casi simultáneamente -y en plena convergencia de propósitos-, en un hecho sin precedente en la historia de Estados Unidos, la mayoría -conservadora- en la cúpula de su sistema judicial -la Corte Suprema de Estados Unidos (Supreme Court of the United states, Scotus)-, se pronunció a favor de que los presidentes y los ex presidentes de ese país deben tener, sin perjuicio de los delitos o crímenes que cometan, el blindaje jurídico de la inmunidad sin límite.
En cuanto a la iniciativa de la Heritage, el largo texto contiene el comentario introductorio titulado “Una Nota sobre el ‘Proyecto 2025’”, en el cual el entonces director de la fundación, Paul Dans -uno de los principales autores y promotores de la iniciativa-, presentó la visión ultraderechista republicana -y, claro está, trumpiana- de lo que debe ser el Poder Ejecutivo estadounidense.
“El Proyecto de Transición Presidencial 2025 es el esfuerzo unificado del movimiento conservador por estar pronto para que la próxima Administración conservadora gobierne a las 12:00 del mediodía, el 20 de enero de 2025”, planteó Dans, quien se desempeñó, en el régimen de Trump, como jefe de Gabinete (Chief of Staff) de la Oficina de Gestión de Personal (Office of Personnel Management), trabajando en estrecha coordinación con personal de la presidencia.
A causa de la masiva resistencia que la propuesta generó, en sectores fuera de la burbuja del extremismo conservador, Dans anunció, al final de julio de 2024, la decisión de renunciar a la dirección de la entidad.
En su sitio en Internet, la fundación señala que “la misión de Heritage es la de formular y promover políticas públicas basadas sobre los principios de la libre empresa, el gobierno limitado, la libertad individual, los valores tradicionales estadounidenses, y una fuerte defensa nacional”.
Entre sus declarados objetivos principales, figuran los de “proporcionar soluciones, investigando, desarrollando, y promoviendo soluciones innovadoras”, además de “movilizar a los conservadores, uniendo al movimiento conservador para que trabaje unido”, lo mismo que “capacitar a líderes, preparando a las futuras generaciones que liderarán a Estados Unidos”.
También asegura que, “ahora, más que nunca, el pueblo estadounidense necesita a un defensor quien preserve el gran experimento estadounidense y todo lo bueno y lo justo que representa”.
A continuación, explica que “es por eso que La Fundación Heritage existe”.







