Kamala Harris: poderoso mensaje ético y alentador, “nunca abandonaremos la lucha por nuestra democracia”

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La vicepresidenta de Estados Unidos y ex candidata presidencial demócrata, Kamala Harris, dio, a sus seguidores y a todos los estadounidenses, un intenso mensaje ético, al mismo tiempo admonitor y alentador, llamando a mantener inalterablemente activa la lucha por la democracia.

Cuando se pierde una elección se acepta el resultado, agregó Harris, quien opto por no pronunciarse inmediatamente después de la votación presidencial el 5 de noviembre, que fue ganada, por el reincidente candidato republicano, el ex presidente (2017-2021) Donald Trump.

La derrota electoral no es momento para resignarse sino para seguir trabajando,
puntualizó Harris, en breve el mensaje -de aproximadamente 10 minutos-, que dio, al aire libre, en la Universidad Howard (Howard University, HU) -la sede de su campaña electoral, y donde estudió, en 1982-1986, ciencias Políticas y Economía-, en Washington -la capital nacional-.

Si Estados Unidos está entrado en una etapa oscurantista, es necesario, ante ello, fortalecer la fe y la verdad, aseguró la vicepresidenta, un día después de llevada a cabo la votación presidencial en el marco de las elecciones generales estadounidenses 2024.

“El resultado de esta elección no es lo que queríamos, ni aquello por lo que luchamos”, planteó.

“Pero, escúchenme cuando digo, escúchenme cuando digo que la luz de la promesa estadounidense siempre brillará, mientras no nos resignemos, y mientras sigamos luchando”, subrayó.

Al expresar que “mi corazón rebosa hoy, lleno de gratitud por la confianza que ustedes pusieron en mí, lleno de amor por nuestro país, y lleno de determinación”, Harris dijo, a sus seguidores y a sus colaboradores que “estoy muy orgullosa de la campaña que hicimos, y de la manera en que la hicimos”.

Al respecto, aludió al hecho de que su labor proselitista tuvo duración exageradamente breve, ya que el inicial candidato presidencial demócrata, el presidente estadounidense, Joe Biden -de quien Harris era compañera de fórmula reeleccionista- renunció a la postulación, alrededor de tres meses ates de la votación.

“Durante los 107 días de esta campaña, hemos tenido la intención de construir comunidad y construir coaliciones, unir a personas de todos los estratos sociales y orígenes, unidos por el amor al país, con entusiasmo y alegría en nuestra lucha por el futuro de Estados Unidos”, dijo.

Harris subrayó, reiteradamente, durante su breve actividad proselitista que, si ocurría, la reelección de su clasista, misógino, xenofóbico, racista adversario republicano implicaría “volver atrás” en materia de democracia, derechos humanos, economía popular, entre otros aspectos.

En constante diferenciación respecto a Trump, la ex candidata subrayó que el trabajo realizado junto con su equipo de campaña, fue llevado a cabo “con el conocimiento de que (los estadounidenses) tenemos mucho más en común que aquello que nos separa”.

Al dirigirse a sus seguidores -centenares de los cuales se reunieron para escucharla, en el campus de la HU-, Harris dijo que “yo sé que la gente está experimentando una gama de emociones, ahora”.

“Lo entiendo, pero debemos aceptar los resultados de esta elección”, agregó, en obvia referencia al brutal intento golpista -con saldo de seis víctimas fatales y centenares de heridos- que Trump alentó, el 6 de enero de 2021 -dos semanas antes de dejar la presidencia-, aseverando que la elección de dos meses antes le fue robada por Biden.

A diferencia de su megalómano adversario -quien en el discurso de triunfo, algunas horas después de la votación-, la ignoró -luego de haber sido soezmente agresivo, respecto a ella, durante la campaña-, la demócrata informó, en el marco de su alocución n la HU, que, antes de emitir el mensaje, dialogó con el republicano.

“Hoy, más temprano, hablé con el presidente electo Trump, y lo felicité por su victoria”, comenzó a relatar.

“También le dije que lo ayudaremos, y a su equipo, en la transición (gubernamental), y que emprenderemos una pacífica transferencia del poder”, reveló, a continuación.

También en esto, la demócrata marcó la diferencia respecto a su ex adversario, quien, mientras ella y Biden eran juramentados, respectivamente, como vicepresidenta y presidente de Estados Unidos para el período 2021-2025, en lugar de asistir a la ceremonia en las afueras del Capitolio -la sede del bicameral parlamento estadounidense-, salió, a bordo de un helicóptero, con su esposa, rumbo a su lujosa residencia en Mar-a-Lago, en el sudoriental estado de Florida.

Por otra parte, al destacar la obligación de las derrotas electorales, planteó que “ese principio, como tantos otros, distingue, a la democracia, de la monarquía o la tiranía, y cualquiera quien busque la confianza pública, debe honrarlo”.

Hablando como la mujer de carácter que es, Harris alentó, intensamente, a sus seguidores, a mantener el esfuerzo por defender, entre otros derechos, la libertad.

“La lucha por la libertad, por las oportunidades, por la justicia, y la dignidad del pueblo, una lucha por los ideales de nuestra nación, los ideales que reflejan lo mejor de Estados Unidos: esa es una lucha que nunca abandonaré”, aseguró, en calidad de reafirmación de compromisos que formuló, reiteradamente, durante su breve -aunque intensamente activa- campaña electoral.

“Nunca abandonaré la Lucha por un futuro en el cual los estadounidenses puedan perseguir sus sueños, sus ambiciones”, lo que incluye, entre otros objetivos, “la aspiración de las mujeres de tener la libertad de tomar decisiones respecto a su propio cuerpo, y que el gobierno no les diga qué hacer”, subrayó.

“Y continuaremos esta lucha, en el centro de votación, en los tribunales, y en la plaza pública, también la realizaremos en modos más silenciosos, en cómo vivimos nuestras vidas, tratándonos, entre nosotros, que bondad y respeto, mirando, a la cara, a un extraño y viendo a un vecino, siempre usando nuestra fortaleza para alentar a la gente, para luchar por la dignidad que toda la gente merece”, subrayó.

“La lucha por la libertad implicará trabajo duro, pero -como siempre dijo-, nos gusta el trabajo duro”, agregó, para señalar que “el trabajo duro es buen trabajo, el trabajo duro puede ser trabajo alegre, y la lucha por nuestro país siempre lo vale”.

Asimismo, alentó a la juventud, planteándole que una derrota coyuntural no implica que no habrá victoria.

“A los jóvenes quienes está mirado: está bien, sentirse triste y desalentado, pero, por favor, sepan que las cosas van a estar bien”, expresó.

“En la campaña, frecuentemente dije que, cuando luchamos, ganamos, pero esta es la cosa, esta es la cosa: algunas veces la lucha toma algún tiempo”, pero “eso no significa que no ganaremos”, porque “lo importante es que nunca se resignen, nunca se resignen, nunca dejen de tratar de que el mundo sea un lugar mejor”.

“Ustedes tiene el poder, y nunca escuchen cuando alguien les diga que algo es imposible porque nunca antes se hizo”, continuó recomendando, en calidad de intensa exhortación, para agregar que “ustedes tienen la capacidad de hacer un bien extraordinario en el mundo”.

Igualmente, se dirigió a los estadounidenses, en general, a quienes aconsejó, ante el triunfo del trumpismo, mantener la esperanza así como la voluntad de trabajar por la libertad.

“Y, a todos quienes están mirando: no se desesperen, no es momento de levantar las manos, es momento de enrollarnos las mangas, es momento de organizarse, movilizarse, y mantenerse comprometidos en aras de la libertad y la justicia, y el futuro que todos sabemos que podemos construir, juntos”, planteó.

Como no podía ser de otra manera, Harris marcó -por enésima vez- la diferencia, en materia de calidad humana, respecto a Trump.

El virtual presidente reelecto se dirigió, la madrugada del 6 de noviembre, a centenares de irracionales fanáticos reunidos, para escucharlo y celebrar, en el Centro de Convenciones (Convention-Center), en la ciudad de West Palm Beach, en la costa atlántica del sudoriental estado de Florida.

En su politiquero -y premonitorio- mensaje, se adelantó al resultado de la votación, para declararse ganador de la elección llevada a cabo el 5 de noviembre.

Al momento de hablar a sus irracionales seguidores, la proyección extraoficial le asignaba 266 votos electorales -cuatro menos de los 270 necesarios para ganar-, pero Trump aseguró -como siempre, sin mencionar fuente de la falsa información que difunde-, que había reunido “por lo menos 358 votos electorales”, para convertirse en presidente de Estados Unidos.

“Quiero agradecer, al pueblo estadounidense, por el extraordinario honor de ser su 47 presidente”, declaró, y, en su característica arrogancia -a nivel de megalomanía-, vaticinó que “esta va a ser la era dorada de Estados Unidos”.

“Esta es una magnífica victoria para el pueblo estadounidense, que nos permitirá Hacer a Estados Unidos Grande Otra Vez (Make America Great Again)”, agregó, al recitar el lema de su campaña electoral.

No obstante el tono conciliador que se esforzó por dar a su discurso de aproximadamente 25 minutos, en la sede de su campaña electoral, ubicada en el Centro de convenciones (Convention Center) de la ciudad de West Palm Beach, en el sudoriental estado de Florida, hizo sentir su característica xenofobia.

“Tenemos un país que necesita ayuda, y necesita mucha ayuda”, afirmó, para, a continuación, amenazar que “vamos a arreglar nuestras fronteras”, en alusión al límite terrestre sur, y la crisis humanitaria que allí tiene lugar, con la presencia de cientos de miles de inmigrantes irregulares aspirando a ingresar a Estado Unidos.

“Vamos a arreglar todo, respecto a nuestro país”, siguió afirmando.

“Hemos hecho historia, esta noche, y la razón va a ser, exactamente, eso”, agregó, a continuación.

En cuanto al tema migratorio -que constituye una de sus obsesiones xenofóbicas/racistas, reiteró sus amenazas -con afirmaciones de habitualmente pésima sintaxis-.

“Vamos a tener que sellar esas fronteras, y vamos a tener que dejar que la gente entre a nuestro país, queremos que la gente regrese, pero tenemos que dejarlos que regresen, pero tienen que entrar legalmente, tienen que entrar legalmente”, aseveró.

Trump aludió así al limite terrestre de 3,155 kilómetros, que, en el sur, Estados Unidos comparte con México, y que es dramático escenario de la crisis humanitaria generada por la masiva presencia de migrantes irregulares quienes, por cientos de miles, procuran ingresar a Estados Unidos, en procura de la seguridad ciudadana y las oportunidades que sus respectivos países de origen no les ofrecen.

También se refirió -por supuesto que autoritariamente- a lo que será su irracional política exterior.

“Vamos a hacer nuestro mejor trabajo (…) vamos a voltear el mundo”, amenazó, para reafirmar que “tiene que ser volteado, tiene que volteado rápido, y vamos a voltearlo”, comenzó a desvariar.

“Vamos a hacerlo de todas las maneras con tatas maneras, pero vamos a hacerlo de todas las maneras”, agregó, incoherentemente.

Durante su campaña electoral, Trump repitió -hasta el cansancio, y un poco más- que, si hubiese sido presidente, habría evitado guerras tales como la que escenifican, respectivamente, en Ucrania (desde 2020), y en la palestina Franja de Gaza (desde 2023).

También aseveró, recurrentemente, que, si ganaba la reciente elección presidencial, pondría fin, en días, a ambos conflictos bélicos.

Habrá que ver qué excusas dará, cuando -por supuesto-, el bocón no logre ese teóricamente rápido/fácil objetivo.

A continuación, hablando de la jornada electoral, vaticinó que “este será, por siempre, recordado como el día en que el pueblo estadounidense retomó el control de su país”.

De acuerdo con los más recientes números dados a conocer en proyecciones de medios de comunicación, al momento de redacción de esta nota, Trump ha obtenido 291 votos electorales -no los falsamente autoadjudicados 350-, frente a los 226 hasta entonces reunidos por Harris.

El mínimo para llegar a la Casa Blanca, es 270.

En la votación popular, Trump ha acumulado algo más de 72.2 millones sufragios (50.8 por ciento del total), mientras Harris ha recibido poco más de 67.5 millones (47.5 por ciento).

Tambipen al momento de redacción, el conteo de votos populares continuaba, lentamente, en por lo menos media docena de estados.

El sistema electoral estadounidense es, en el mejor de los casos, surrealista, ya que consiste en dos componentes: el sufragio popular -el verdadero, el emitido por los votantes registrados, que, en estos comicios fueron aproximadamente 161 millones-, y el Colegio Electoral de Estados Unidos (Electoral College of the United States).

Para la elección presidencial, habiéndose llevado a cabo la votación, el colegio se reúne, una vez cada cuatro años, para, únicamente, oficializar el resultado, lo que puede ser la confirmación de la voluntad popular -como suele ocurrir- o la imposición, como ganador, del candidato perdedor -como ha sucedido cinco veces, desde que la arbitraria institución fue instituida, en 1787.

El colegio es, cada cuatro años, integrado 538 representantes de los cincuenta estados más la capital, para determinar -sin perjuicio del resultado de la votación popular-, el ganador de la votación presidencial.

Los estados tienen, cada uno, el mismo número de consejeros que de legisladores -sumados los del Senado y los de la Cámara de Representantes-, y Washington DC -la capital- tiene tres.

Entre los estados con los mayores números de consejeros -quienes emiten los llamados votos electorales-, figuran California (54), Texas (40), Florida (30), Nueva York (28), Pennsylvania (20), y los demás en escala descendente de 19 hasta tres.

El candidato presidencial ganador en cada estado, obtiene los votos electorales correspondientes, y el candidato que reúna, como mínimo, 270, es quien llega a la Casa Blanca.

Dicho arbitrario mecanismo -que es el que impone el ganador de la votación presidencial- implica que, triunfando en estados estratégicos desde el punto de vista de votos electorales, se gana la elección.

La línea de tiempo de la arbitrariedad electoral estadounidense revela que cinco candidatos presidenciales perdedores han llegado -de momento-, gracias al colegio -o sea, ilegítimamente-, a desempeñar el empleo más codiciado en Estados Unidos (tres en el siglo 19, dos en el siglo 21).

En el primer caso (1824), la elección correspondió a la Cámara de Representantes, debido a que el colegio no formuló la proclamación.

También en el primer caso, se trató del Partido Demócrata-Republicano que, creado por Thomas Jefferson y James Madison -dos de los siete principales Padres Fundadores (Founding Fathers) de Estados Unidos- operó desde 1792 hasta su disolución, en 1825, y fue antecesor del actual Partido Demócrata -establecido en 1828-.

Curiosamente, en los otros cuatro casos, los beneficiados por el arbitrario procedimiento han sido republicanos.

El quinteto: John Quincy Adams (1824) -demócrata-republicano-, Rutherford Hayes (1876), Benjamin Harrison (1888), George W. Bush (2000), Donald Trump (2016)
-republicanos-.

El ejemplo más reciente se registró en la contienda presidencial de 2016, cuando los principales competidores fueron Trump, por el Partido Republicano -el Viejo Gran Partido (Grand Old Party, GOP)-, y la ex primera dama (1993-1997, 1997-2001), ex senadora (2001-2005, 2005-2009), y ex secretaria de Estado (2009-2013), la insoportable y corrupta Hillary Clinton, por el Partido Demócrata.

Otros cinco candidatos -uno, de postulación independiente, los otros cuatro, respectivamente impulsados por agrupaciones políticas menores- rivalizaron en 2016, sin ninguna posibilidad -ni siquiera de aspirar al tercer lugar-.

De acuerdo con las cifras oficiales, Clinton logró un 48 por ciento de los votos populares emitidos -algo más de 65.8 millones-, al tiempo que Trump se hizo de un 46 por ciento -alrededor de 62.9 millones-, lo que resultó en la ajustada diferencia de dos puntos porcentuales, y 2.9 millones de sufragios.

Pero el colegio decidió exactamente al revés.

Como a diferencia de la vida real, en esa burbuja de arbitrariedad, de los 538 votos en juego, el mínimo de 270 da el gane, Trump -el perdedor en la elección de verdad- ganó el premio mayor, ya que reunió 304, mientras Clinton obtuvo 227 -los otros siete, se distribuyeron entre los demás aspirantes-.

De modo que 304 voluntades se impusieron a casi 66 millones.

Si eso no es fraude electoral legalizado, no sé qué es.

En el cierre de su intenso/alentador mensaje en la HU, Harris planteó la necesidad de que, en un contexto oscurantista, la fe y la verdad sean fuente de iluniacipon.

“Hay un adagio que un historiador, una vez, llamó una ley de la historia, la verdad de todas la sociedades en el tiempo”, dijo, para explicar que “el adagio es: sólo cuando está lo suficientemente oscuro, se puede ver las estrellas”.

“Yo sé que mucha gente siente que estamos entrando a un tiempo oscuro, pero, para beneficio de todos nosotros espero que no sea así”, agregó, a continuación.

“Pero esta es la cosa, Estados Unodos: sies así, llenemos el cielo con la luz de un brillante, brillante billón de estrellas, la luz, la luz del optimismo, de la fe, de la verdad y el servicio”, continuó reflexionando, en calidad de exhortación, para formular la esperanza de “que nuestro trabajp nos guíe, aun ante reveses, hacia la extraordinaria promesa de los Estados Unidos de América”.

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