El fenómeno migratorio ha sido narrado en gran medida desde la óptica de cumplir el «sueño americano», pero esta visión ignora la complejidad detrás de la migración forzada. Mónica González, fotoperiodista, y Aitor Sáez, corresponsal de Deutsche Welle en México, invitaron a los asistentes del conversatorio “¿Cómo Narrar historias de migración forzada?” a cuestionarse cómo el periodismo puede transformar la percepción pública de la migración y desmitificar los estereotipos.
Durante la VI Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios, ambos comunicadores compartieron sus experiencias y reflexionaron sobre la responsabilidad del periodista en la cobertura de este fenómeno.
La Realidad de la Migración Forzada
González, quien ha documentado el desplazamiento interno y la migración hacia Estados Unidos desde 2006, recordó cómo las imágenes de mujeres y niños cruzando el desierto de Sonora la impactaron profundamente. «No se trataba de una simple caminata; era el abismo de una incertidumbre devastadora», comentó.
Para ella, el periodismo visual debe reflejar esta realidad sin adornos, sin convertir el sufrimiento en un “sueño” sino en lo que es: un desplazamiento forzado por la violencia, los desastres naturales o los conflictos políticos.
Sáez, quien ha recorrido rutas de refugiados sirios y afganos, destacó la importancia de humanizar las historias y evitar caer en la simplificación de emociones. «No podemos encasillar al migrante solo en miedo , esperanza; sus emociones son complejas y cambiantes», explicó.
Documentar historias de migración implica, según Sáez, una tarea continua de adaptación a una realidad en constante cambio y la habilidad para reconocer los matices de cada situación.
Documental Como Acto de Acompañamiento
Para González, documentar el viaje migratorio se convierte en un acto de acompañamiento: «Estar presente durante ese trayecto, ser testigo y darle voz a quienes, de otra manera, serán invisibles».
Su experiencia la ha llevado a registrar no solo el sufrimiento, sino también momentos de alegría, como las reuniones familiares en Florida tras años de separación.
La fotografía, como ella afirma, es una herramienta poderosa para mostrar esta dualidad.
La Influencia de los Medios y la Desinformación
Uno de los desafíos discutidos fue cómo los medios influyen en la percepción del migrante y, en muchos casos, refuerzan estereotipos o prejuicios.
González y Sáez hicieron hincapié en el rol ético del periodista, quien debe ser consciente de que su trabajo afecta tanto a los migrantes como a la sociedad en general.
Por ejemplo, la desinformación sobre las políticas migratorias ha llevado a algunas familias a enviar a sus hijos solos en busca de asilo en Estados Unidos, creyendo que tendrán mayores probabilidades de éxito.
Sáez explicó que los periodistas se convierten en una especie de «asesores legales y activistas», ya que son la primera referencia para los migrantes desorientados. Este acompañamiento, aunque no forma parte de la función tradicional de un periodista, es una forma de brindar apoyo a quienes atraviesan momentos críticos.
Migración y política
Sáez también abordó cómo la migración se politiza para ganar simpatías o votos, convirtiéndose en una herramienta de manipulación. Cuando la economía local prospera, el migrante es bienvenido; cuando decae, el migrante se convierte en el chivo expiatorio.
En este contexto, Sáez llamó a los periodistas a humanizar las historias y evitar la criminalización del migrante. «Es nuestra responsabilidad desmantelar las narrativas que deshumanizan», dijo.
González subrayó la necesidad de responsabilidad, no solo por parte de los medios, sino también del gobierno y la sociedad civil.
Consideró fundamental mostrar la humanidad de los migrantes y recalcar que, en muchos casos, no se trata de un «sueño» sino de una necesidad impuesta por circunstancias inhumanas.
Reflexiones finales
El conversatorio dejó a los asistentes con una pregunta crucial: ¿es la migración realmente una elección o son «sueños forzados»?. Para Mónica González y Aitor Sáez, el periodismo tiene la responsabilidad de responder a esta pregunta desde una perspectiva humana y ética, acercándose a las historias con empatía y disposición para ver al migrante como un igual, no como un «otro».
La migración no es solo un desplazamiento físico; es un testimonio de resiliencia, sufrimiento y esperanza. El papel del periodista, como concluyeron ambos, es acompañar este proceso y contar estas historias desde el respeto, la dignidad y la verdad.







