Las Violencias Silenciadas: El Desafío de la Inclusión para Mujeres y Niñas con Discapacidad Auditiva

0
249

En el mundo moderno, saturado de estímulos sonoros y visuales provenientes de redes sociales, televisión y dispositivos tecnológicos, se ha creado un entorno comunicativo dinámico y omnipresente. Sin embargo, para las niñas y mujeres con discapacidad auditiva, esta constante avalancha de información a menudo resulta inaccesible. A pesar de los avances tecnológicos, la brecha digital persiste y se agrava para quienes enfrentan barreras en el acceso a la comunicación, perpetuando su exclusión de un mundo que no siempre está dispuesto a adaptarse a sus necesidades.

La comunidad sorda, que incluye a personas con discapacidad auditiva como la sordera o la hipoacusia, se encuentra en una situación de desventaja considerable. La falta de interpretación en lengua de señas y la ausencia de espacios accesibles para estas personas contribuyen a una exclusión persistente. Esta exclusión no solo limita el acceso a información esencial sobre la vida cotidiana, sino que también afecta áreas críticas como el desarrollo económico, la orientación cultural y los programas de bienestar social.

El estigma y la discriminación hacia las personas con discapacidad auditiva se manifiestan a menudo en comentarios despectivos como “¿estás sordo o qué?” o “¿te tengo que gritar para que escuches?”. Estas expresiones no solo revelan una falta de empatía, sino que también son un reflejo de la violencia sistémica que enfrenta esta población. Las violencias silenciadas que sufren las mujeres y niñas sordas incluyen violencia psicológica, económica, sexual y patrimonial, exacerbada por la falta de accesibilidad y el desconocimiento de sus necesidades y derechos.

Según la Clasificación Internacional del Funcionamiento y la Discapacidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las discapacidades deben entenderse dentro de una relación bio-psico-social que considera las limitaciones en la actividad y las restricciones en la participación. En el caso de las niñas y mujeres con discapacidad auditiva, estas restricciones se traducen en una participación limitada en la sociedad debido a la falta de acciones adaptadas a su lengua natural: la lengua de señas.

La invisibilidad de estas problemáticas se hace evidente en el entorno cotidiano. Las experiencias de maltrato y abuso quedan a menudo fuera del radar de las autoridades y la sociedad en general, debido a la falta de medios para que las mujeres sordas puedan expresar sus problemas y denunciar abusos. Esta situación crea un “doble silencio”, donde la falta de acceso a la comunicación se convierte en un obstáculo adicional para el reconocimiento y la resolución de las violencias sufridas.

A partir de talleres realizados con adolescentes, mujeres adultas, jóvenes y personas trans de la comunidad sorda, se han identificado varios indicadores de violencia de género específicos para esta población. Estos incluyen:

  • Maltrato infantil y abuso sexual: Manifestaciones diversas de abuso y violencia física y psicológica en el entorno familiar y social.
  • Trabajo doméstico no remunerado: Exigencia desproporcionada de labores domésticas sin compensación económica, a menudo exacerbada por la falta de oportunidades laborales.
  • Negación de oportunidades laborales: Restricciones en el acceso al empleo debido a la falta de orientaciones accesibles y la ausencia de adaptación en los entornos laborales.
  • Violencia institucional: Falta de asistencia adecuada en servicios públicos y la no inclusión de intérpretes de lengua de señas en la comunicación institucional.

Para abordar estas problemáticas, es esencial promover una cultura comunicacional de acceso que garantice la inclusión y el respeto a los derechos de las niñas y mujeres con discapacidad auditiva. Esto implica:

  • Educación en accesibilidad y comunicación: Implementar recursos pictográficos, imágenes y subtitulado, así como asegurar la interpretación en lengua de señas en todos los ámbitos de la comunicación pública.
  • Corresponsabilidad y apoyo diverso: Fomentar el uso de herramientas de comunicación accesibles y promover una inclusión social equitativa.
  • Visibilización de violencias de género: Adoptar una perspectiva interseccional e interdisciplinaria que considere las particularidades de la lengua de señas para facilitar procesos de denuncia, prevención y educación.

El camino hacia una verdadera inclusión requiere de un compromiso colectivo para adaptar el entorno comunicativo y social a las necesidades de todas las personas. Para las mujeres y niñas sordas, esto significa no solo garantizar que sus voces sean escuchadas, sino también que sus realidades sean reconocidas y abordadas con sensibilidad y respeto. Solo así se podrá construir una sociedad más inclusiva y equitativa para todos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí