El millonario Daniel Noboa, hijo del multimillonario y recurrente candidato presidencial Álvaro Novoa, se constituyó en el participante sorpresa en la presente contienda electoral por el más codiciado empleo en Ecuador.
Alternando como antepenúltimo o penúltimo de los ocho aspirantes al cargo, Noboa
-postulado por el centrista movimiento Acción Democrática Nacional (ADN)- saltó, al segundo lugar de las preferencias, desde el inicio del conteo de los votos emitidos en la elección presidencial enmarcada en los comicios generales llevados a cabo el 20 de agosto en el andino país sudamericano.

Durante el proceso electoral iniciado a raíz de la disolución, el 17 de mayo, de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral), por parte del presidente ecuatoriano, el derechista banquero Guillermo Lasso, la candidatura favorita fue la de Luisa González -promovida por el centroizquierdista partido Revolución Ciudadana (RC)-.
La acción de Lasso, activó el mecanismo constitucional que, en tal caso, prevé la realización -anticipada a lo previsto- de elecciones presidencial y legislativa, y la asunción de autoridades, en ambos poderes del Estado, para completar el período correspondiente.
Para esta coyuntura, quienes sean elegidos para ocupar, respectivamente, la silla presidencial, la vicepresidencial, y los 137 asientos legislativos, ejercerán, hasta el 24 de mayo de 2025, los cargos que asuman luego de estos comicios de emergencia.
Uno de los focos de atención estuvo puesto en Christian Zurita, quien reemplazó, como candidato a la presidencia por el centrista Movimiento Construye (CE), a Fernando Villavicencio, asesinado once días antes de la votación.
Periodista investigativo especializado en casos de corrupción, y asambleísta (2021-2023)
-hasta la presidencial clausura del organismo legislativo-, Villavicencio fue baleado, el 9 de agosto, por sicarios, cuando abordaba una camioneta luego de haber participado en una actividad proselitista llevada a cabo en el norte de Quito -la capital nacional-.
Otros aspirantes a ser inquilinos del céntrico Palacio de Carondelet -la sede del Poder Ejecutivo-, a quienes se consideraba como opciones para competir -en el caso de segunda vuelta-, con González, fueron principalmente, Jan Topic (Por Un País sin Miedo, socialcristiano), Otto Sonnenholzner (Actuemos, socialdemócrata), y el indígena Yaku Pérez (Claro que se Puede, izquierdista).

La atención -lo mismo popular que mediática- en Noboa, fue mínima, lo que le permitió
-inclusive en el debate de candidatos presidenciales, una semana antes de la votación- librarse de ser blanco de fuertes cuestionamientos por parte de rivales, y poder, así, exponer, sin mayor dificultad, su plan de gobierno.
Mediante intervenciones que no chocaron con los planteamientos de sus adversarios electorales, el candidato por ADN, mencionó el crítico tema de seguridad -o ausencia de ésta-, además del histórico problema de la corrupción, los mismo que aspectos tales como la seguridad y la protección ambiental.
En cuanto a atacar la dramática situación inseguridad, dijo que cuenta con un plan -que describió como integral- que prevé, entre otras acciones, proporcionar “herramientas, a las Fuerzas Armadas”.
Ello, complementado mediante “una reforma, al sistema judicial y al Código Penal”, lo que incluye la construcción de “un sistema de jurados ciudadanos elegibles”, además de “unificar el sistema de inteligencia”, agregó.
Se trata de lograr que los ecuatorianos “puedan vivir tranquilos”, subrayó.
En materia de ética, y haciendo alusión a su edad -35 años-, planteó, durante la comparecencia multipartita ante el electorado, que “somos la nueva generación, y no somos -ni hemos sido- contratistas públicos, ni partes de gobiernos anteriores”.
También se comprometió a “darle seguridad y empleo, al país”, para, de inmediato, agregar que, igualmente, “vamos a darle sostenibilidad”.
En ese sentido, aseguró, a manera de reflexión, que, “con empleo es que vamos a volver a tener dignidad y tranquilidad en nuestras calles, y poder invertir y sacar adelante un país que tiene todo, y no puede salir del hueco en el que está”.
En su Plan de Trabajo -consistente en 10 puntos centrales-, el candidato prevé, en materia de seguridad, entre otras acciones, “mejorar la eficiencia y equidad del sistema judicial”, crear “programas de vigilancia comunitaria y de denuncia ciudadana”.
Respecto a la corrupción, el proyecto gubernamental del candidato plantea, entre otras iniciativas, fortalecer “la cooperación internacional en la lucha contra los paraísos fiscales”, así como transparentar el proceso de licitación pública, por ejemplo, mediante “la publicación de las decisiones de adjudicación”.
Si bien su padre se convirtió en un habitual en las elecciones presidenciales -habiéndose postulado seis veces (1998, 2002, 2006, 2009, 2013, 2017, 2021), perdiendo, en los tres primeros intentos, en segunda vuelta-, la incursión de Daniel Noboa, en el área política, es reciente.
El único cargo de elección popular que ha desempeñado, hasta ahora, es el de integrante de la Asamblea Nacional (2021-2023).
Habiendo, el Consejo Nacional Electoral (CNE), contado, al 21 de agosto, 98.41 por ciento de los votos emitidos el día anterior, Noboa había obtenido 23.63 por ciento, ubicándose casi 10 puntos después de la líder -González-, con 33.35 por ciento.
En un lejano tercer lugar se mantenía Zurita, con 16.5 por ciento.
La razón del sorpresivo salto de Noboa, desde el fondo de las encuestas, a la segunda vuelta electoral, constituye, de momento, una interrogante, aunque algunas especulaciones empezaron a circular.
Sobre ese tema, citado en la nota informativa que, sobre el tema, la agencia informativa estadounidense The Associated Press (AP) difundió, al día siguiente de la votación, el docente universitario y experto en ciencias políticas Esteban Ron, dijo que “estamos ante una nueva polarización en el país: ahora es lo nuevo ante lo viejo, hay un hartazgo generalizado hacia las anteriores prácticas de hacer política”.
Ron hizo, así, alusión al hecho de que Noboa, de 35 años, el candidato presidencial más joven de los ocho, mientras que González tiene 45.
“El votante ecuatoriano está apoyando, ahora, a personas y no a ideologías”, agregó.

Por su parte, Juan Francisco Camino, analista político y, también, docente universitario, planteó una hipótesis marcadamente diferente.
“Uno de los factores clave en el sorpresivo avance de Noboa podría ser el trabajo silencioso que realiza a través de una fundación de ayuda social, (entidad) presidida por su madre, Anabella Azín”.
El ahora candidato, “llevó asistencia médica y alimentos especialmente a sectores marginales y rurales, en un contexto en que el Estado está ausente en esas zonas”, acción que “ha sido de un impacto fuerte”, aseguró Camino.
En un artículo de opinión difundido, también el 21 de agosto, por el medio de comunicación electrónico Primicias, el analista político ecuatoriano Santiago Basabe, formuló la interrogante: “por qué Noboa está en segunda vuelta?”, para señalar, a continuación, que “esa es la pregunta sin respuesta clara al día de hoy”.
No obstante, Basabe indicó que, entre las hipótesis generadas en torno al tema, “la primera que surge al natural, es que luego del debate presidencial, los bonos del hijo del magnate ecuatoriano (…) subieron notoriamente, sobre todo entre la población joven y el amplio grupo de indecisos”.
“Otra explicación, planteada desde algunos espacios, es que a raíz del asesinato de Fernando Villavicencio, los adeptos a Novoa fueron en vertiginoso ascenso”, agregó, a continuación.
“Una tercera salida a la inexplicable llegada de Noboa al ballotage (segunda vuelta) está en el sostenimiento de su candidatura a partir de los ilimitados recursos económicos de su familia, la clientela electoral que de allí se pudo derivar y, esencialmente, de la cosecha de información amasada a lo largo de décadas por su padre”, explicó, además.
El contexto político y de seguridad en el cual se desarrolla el presente e inesperado proceso electoral, es altamente volátil, poderosamente riesgoso -y, en principio, impredecible-.
El asesinato de Villavicencio, lo mismo que atentados contra otros participantes en los comicios, mantienen un tóxico ambiente de incertidumbre, contexto en el cual los casi sesenta días, entre la primera y la segunda vueltas, pueden resultar un tiempo cualitativamente muy largo en materia de inseguridad ciudadana -y política-.
Los sicarios de la narcopolítica ecuatoriana se han convertido en un componente -por demás desestabilizador- del escenario electoral nacional.
Ello se evidenció, por ejemplo, en la jornada inicial de votación, cuando numerosos candidatos llegaron, a emitir voto, vistiendo chaleco antibalas, negro -con el rótulo “policía”, en letras mayúsculas blancas-.
Zurita lo hizo protegido, adicionalmente, por un casco tipo militar -probablemente, teniendo en cuenta que Villavicencio murió a causa de tres disparos que recibió en la cabeza-.
De acuerdo con versiones periodísticas, Noboa es altamente previsor, ya que usa, permanentemente, chaleco antibalas propio, el que lleva puesto, discretamente, debajo de la ropa.







