NO SÉ que pueda yo decir sobre tus escombros que no esté dicho por las alambradas que te hacen sangrar por los costados. Llena la piel de polvo y de sangre;la víspera de la Nochebuena se perdieron las cartas que todos los niños habían mandado al Niño Dios.
“Réquiem a una ciudad muerta” Pedro Rafael Gutiérrez
Era la fiesta más esperada del año, la Navidad de 1972; toda la población nicaragüense se preparaba para pasar en familia la noche buena, árboles de navidad, juguetes, el rico pavo para la cena y el abrazo familiar, pero toda esa alegría se apagó en la madrugada del 23 de diciembre de 1972, en tan solo 30 segundos, cuando un sismo de 6.2 en escala de Richter devastó la capital de Nicaragua. Era el segundo terremoto después de 41 años, pues en marzo de 1931, Nicaragua había pasado por una sacudida igual.
Llegó diciembre, durante ese mes, un hombre llamado Melico Maldonado se disfrazaba de Santa Claus y regalaba dulces a los niños, las tiendas más visitadas eran: Tienda Nomar, Almacén Jeréz, El Nene, Carlos Cardenal, John Benard, Almacenes Osorio, Casa Dreyfus y La Tina Lugo; en los cines se estaba exhibiendo la cinta navideña “Mr. Scrooge”, con Albert Finney.
Las personas realizaron sus preparativos en toda la semana previa al domingo 24 de diciembre de 1972, para pasarla en familia. A pesar de ser una temporada fría, se sintió mucho calor el día 22, y entre las 11 y 11:30 p.m., se sintieron dos leves temblores, pero al ser un día de muchos preparativos, no fueron tomados en cuenta.
“El día anterior, o sea el 22 de diciembre, mi actividad fue algo rutinaria, ya que asistí a mi trabajo en Casa Pellas y por la tarde fui con mi compañero de trabajo Renán Víquez, a tomar unas cuantas cervezas en un restaurante capitalino. Nos despedimos, – temprano porque él tenía que viajar a la ciudad de Granada -, donde habitaba, Renán me dijo: “Esto Recuerdos de Navidad en Managua 12 está raro, mira el cielo, está todo rojizo”, no puse atención a lo que se refería. Me dirigí a la casa de mi novia en esa época y estuve ahí hasta como a eso de las 08:00 p.m., me fui temprano porque había habido algunos ligeros temblores y me recomendaron que mejor estuviera en mi casa”, relató el escritor Guillermo Mejía Baltodano.
Mientras estaban en un profundo sueño, en la madrugada del sábado 23 de diciembre, exactamente a las 12:35 a.m., empezó a temblar, la gente se despertó desesperada para salvar sus vidas, las casas y edificios se venían abajo, miles quedaron atrapados y otros lamentablemente no sobrevivieron, en tan solo 30 segundos, Managua quedó totalmente destruida.
Los servicios públicos como agua y energía fueron suspendidos, hospitales públicos y privados quedaron destruidos y el 75% de la infraestructura urbana quedó inutilizada, detalla el periodista Nicolás López Maltez.
El cardenal Miguel Obando y Bravo se unió a la ayuda de las víctimas, se estimó que los muertos oscilaban entre 200 y el 250%, algunos por medidas sanitarias fueron incinerados. Lo peor que pudo haber pasado luego del movimiento telúrico fue que unos enloquecieron, mientras otros se suicidaron al entrar desesperadamente a las casas en ruinas para tratar de poner a salvo a sus padres, hermanos o hijos en lugares donde nada se podía hacer. El fuego se extendió por el centro de la ciudad, como había sucedido hacía 41 años, detallaba en una nota la Prensa Libre de Guatemala que tituló: Managüenses relatan las horas de angustias.
El diario La Prensa quedó destruida y suspendió sus publicaciones por tres meses, los nombres de las primeras personas muertas empezaron a surgir. Se sabía que había aparecido fulano o sutano, una madre lloraba la muerte de su hijo tierno, pero nadie parecía interesado en consolarla, detalló el periodista Horacio Ruiz de La Prensa en su reportaje Un ensayo del juicio final, publicado el 1 de marzo de 1973.
Pero el sismo de 6.2, en la escala de Richter, no bastó, y entre las 1:18 y 1:20 a. m. se dieron otros dos sismos de magnitud 5.0 y 5.2 que terminaron de derribar las viejas construcciones, el sismo provocó cerca de 19,320 muertos y 20,000 heridos, aunque no se sabe el número exacto de fallecidos debido a que hubo cadáveres que nunca fueron sacados de los escombros por los rescatistas nacionales y extranjeros y que al descomponerse causaron un fuerte hedor durante casi 5 meses hasta la llegada de la estación lluviosa en mayo de 1973, detalla el diario La Jornada en su reportaje “Hace 42 años fue el segundo terremoto de Managua del siglo XX”.
Primer terremoto Managua 31 de marzo de 1931
Edificios como el Banco de América, Hotel Intercontinental Managua, Gran Hotel, Teatro Nacional Rubén Darío, Palacio Nacional, Palacio Nacional de Comunicaciones, Cine González, Universidad Centroamericana (UCA), no se vinieron abajo, los estudios posteriores al terremoto indicaban que la vasta destrucción y la gran cantidad de pérdidas de vidas humanas, fueron por la pobre construcción de los edificios, la mayoría de taquezal y madera con poca resistencia, además de la existencia de cuatro fallas superficiales paralelas que atravesaban Managua. La que destruyó todo en ese entonces, fue la falla Tiscapa, detalla Hans Lawrence Ramírez de la Revista Magazine en su reportaje “50 años del terremoto del fin del mundo”.
Para ese año, el expresidente de la República Anastasio Somoza Debayle decretó la «Ley Marcial», y se creó el Comité Nacional de Emergencia, que procedió a llevarse a la población damnificada a algunos departamentos.
La gente se desesperaba por encontrar a sus familiares aún con vida, otros por comida y agua, iniciando así un caos total. “¿Qué voy a hacer sin mi muchachito? ¿Qué les voy a decir a sus padres? dijo inconsolable Ana viuda de Marcos, (abuela de Jacinto Noguera Castillo, de 11 años, quien pereció atrapado por una pared), al periodista Jorge Aragón Hernández.
La ayuda internacional llegó de inmediato, presidentes centroamericanos como Carlos Arana Osorio (Guatemala), Oswaldo López Arellano (Honduras) y Arturo Molina (El Salvador), dieron sus condolencias y ayuda con alimentos y hospitalización.
Nueve días después de la tragedia, el beisbolista puertorriqueño Roberto Clemente murió en un accidente de aviación cuando se dirigía a Nicaragua para entregar personalmente la ayuda a los damnificados del terremoto, ya que circulaba la noticia de la mala administración de la ayuda internacional por parte de Somoza Debayle. El cuerpo de Clemente nunca fue encontrado.
La nicaragüense Bianca Jagger, en ese entonces esposa del cantante Mick Jagger de Rolling Stones, inmediatamente viajó a Managua, visitó a sus familiares, se remangó su falda de satín y se puso a trabajar para ayudar a los damnificados. Mick la acompañó y vio con sus propios ojos el horror. En enero de 1973 los Stones tocaron en The Forum en Los Ángeles y recaudó $250.000. Desde ese día Bianca Jagger dejaría de ser una socialité para transformarse en un símbolo de las ayudas humanitarias en el mundo, detalla la revista Las 2 Orillas en su reportaje “El terremoto que cambió a la nicaragüense Bianca Jagger”.
Gracias al productor Alfonso Noel Lovo, el 2 de octubre de 1973 el grupo Santana ofreció un concierto a beneficio de las víctimas de la catástrofe en el Estadio Nacional, presidido por el comediante mexicano Mario Moreno “Cantinflas”. «Es un pueblo valiente que necesita salir avante, me entristeció mucho la noticia del terremoto, pero ustedes son valerosos y tienen que salir avantes, vengo con todo mi corazón, el nicaragüense es muy afectuoso y me siento complacido de estar en esta bella tierra», dijo el cómico al diario La Prensa.
En el transcurso de los meses, los sobrevivientes recibieron provisiones y asistencia médica, controlada la situación, procedieron a planear la reconstrucción de Managua, se decretó la creación de un Viceministerio de Planificación Urbana, quienes hicieron una evaluación a los edificios que podrían ser recuperados y reparados, algunos que quedaron en pie, pero destruidos fueron demolidos y así poco a poco se reconstruyó Managua con todas las medidas de seguridad necesaria.
El terremoto de 1972 en Managua, Nicaragua es uno de los desastres más grandes de la historia.






