Por: Gerardo Sánchez M./ Jesús Sánchez
Una población cercana a los 6 millones y medio de habitantes, cuarto país más pobre de Latinoamérica y una tasa de desempleo del 5% en acenso, desde las explosiones sociales del 2018 que termino sumiendo a Nicaragua en una situación más decrepita.
Obligando a muchos al exilio y otros a buscar con desesperación mejores oportunidades de vida a raíz de la destrucción económica, humana y desarrollo comercial que a dejado la sed de poder de gobernantes y políticos corruptos que sacrifican a la población por beneficio propio.
Muchos nicaragüenses deben dejar sus familias atrás y enfrentarse a las adversidades naturales y un inestable clima económico, sumado a un terreno escabroso en busca de alcanzar sus sueños en otros países como Costa Rica.
Abandonados a su suerte, muchos subsisten de la cosecha de la tierra y la dificultosa falta del agua potable y luz eléctrica.
Según expertos, la economía local de Nicaragua se basa en tres pilares: el 35% del PIB corresponde a su actividad exportadora, de la que dos terceras partes son absorbidas por Estados Unidos; una porción similar corresponde a la economía informal, mientras que alrededor del 20% de la economía se alimenta de las remesas, mismas que son controladas por leyes en ese país, sumado a esto recientes sanciones comerciales por parte de Estados Unidos, que vendrán a sofocar más a la población.
Costa Rica actualmente alberga un 75% de la población inmigrante nicaragüense en su territorio, una cifra preocupante para las autoridades, que ven con recelo la posibilidad de más exilio forzado de nicaragüenses por diferencias políticas.






