NICARAGUA: EL DECESO DE UN PAIS

Jesús Sánchez/Foto-Medios

La tierra de lagos y volcanes, antes el granero de Centroamérica, no ha logrado tregua ni descanso, tras una Revolución Sandinista, que logró derrotar al dictador Anastasio Somoza Debayle -dejando atrás una estela de sangre de la dinastía Somoza, y la guardia de ese entonces-, donde las violaciones a mujeres y muertes por doquier eran el pan de cada día, una historia al parecer ya olvidada por las generaciones actuales que desconocen u olvidó ser contada por quienes vivieron el rastro de sangre de la guardia somocista que busca revivir desde su caída en 1979.

Pero la historia, desde 1979 hasta 1990 con los Sandinistas en el poder, ha pasado de héroes del pueblo por derrotar a la sanguinaria guardia somocista, a volverse un espejo de Somoza.

Desde el pasado 18 de abril 2018, Nicaragua vive un retroceso de, al menos, 25 años, en materia económica y social, un país dividido por la sed de poder que ha dejado a sus más de 6.5 millones de habitantes entre la incertidumbre y la pobreza.

Actualmente, Nicaragua sufre una transformación sociopolítica decadente, donde la persecución política por parte del Gobierno Sandinista, en contra de sus opositores, parece unirse a políticos de papel poco confiables que ocultan su poca capacidad política a la población incrédula. El Partido Liberal (PLC), que parece ser una de las opciones de cambio, deja un sabor de poca credibilidad entre la población, desde ‘’El Pacto Alemán – Ortega’’ en 1998.

Pero esto no se limita a un partido carente de credibilidad y estructura política que pueda ejecutar un plan contra la corrupción y la pobreza que actualmente azota al quinto país más pobre de Latinoamérica, candidatos de papel que centran su ejecución política en un guion dirigido por Estados Unidos, sin sopesar los intereses reales estadounidenses al igual que Rusia, quien actualmente sostiene alianzas con el actual Gobierno de Nicaragua, en su búsqueda de mantener un control geoestratégico político, económico y militar.

Sin duda alguna Nicaragua enfrenta una de las peores situaciones en su historia, donde una oposición dispersa -en algunos casos tras un beneficio propio-, no es la diferencia entre un actual gobierno aferrado al poder y rodeado de sanciones que solo encaminan a una Nicaragua a ser la próxima Cuba y Venezuela, aislando a su población que cada día se sume en divisionismo e ideales insustentables que no contribuyen en nada a evitar una caída libre sociopolítica y económica de unos de los países más productivos en el pasado.

 

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