Sign in / Join

Un mix de Trump y Duterte amenaza a Brasil

Share:

George Rodriguez

El ultraderechista capitán retirado Jair Bolsonaro genera reacciones extremas entre los brasileños en general y los votantes en particular: o lo aman o lo odian.

Lo aman los “rednecks” del país tropical, quienes se identifican plenamente con el obsceno nivel de patanería contenido en el discurso que maneja el candidato presidencial por el Partido Social Liberal (PSL), quien además se desempeña, hace casi tres décadas, como diputado –con absoluta carencia de brillo parlamentario, además de espiritual-.

“Bolsonazi” –como popularmente lo denominan sus detractores- se caracteriza por ser obviamente promilitarista –al grado de que, además de llevar a un general como compañero de fórmula, añora el tiempo de la sanguinaria dictadura militar brasileña del período 1964-1985-.

También es partidario de que la gente se arme para defenderse en el marco de los fenomenales niveles de inseguridad imperantes en Brasil –además de que su gesto público favorito consiste en colocar los dedos de sus manos en forma de imaginarios revólveres, y simular que los dispara-.

Este es el componente dutertiano de la siniestra personalidad de quien aspira a gobernar a Brasil durante el período 2019-2023, pero regresándolo, según ha manifestado, a las décadas de 1940 y 1950.

Asimismo, lo aman los agresores machistas, los homofóbicos, y los racistas quienes se identifican con los ofensivos comentarios del aspirante presidencial respecto a las mujeres, a la población sexualmente diversa, y a los brasileños afrodescendientes.

Aparecen así los rasgos misóginos y discriminatorios de su conducta trumpiana, en cuyo contexto se permite decir, a imagen y semejanza de su alma gemela estadounidense, lo que le venga en gana –que, en general, consiste en afirmaciones políticamente incorrectas y humanamente despreciables-.

Duterte se destacó, mientras fue alcalde (1988-1998) de Davao –la ciudad más poblada de la sudoriental isla filipina de Mindanao y la tercera con mayor población a nivel nacional-, por la aplicación de una represiva política de tolerancia cero para combatir la delincuencia en el lugar.

Llegado en 2016, principalmente sobre la base de su fama como represor, a la presidencia, entre otras medidas autoritarias, lanzó una inclaudicable campaña de represión para enfrentar al crimen organizado –en particular a las organizaciones dedicadas al narcotráfico-.

Ha justificado la matanza antinarco mediante afirmaciones tales como: “estos hijos de puta, están destruyendo a nuestros hijos”, “si conoces algún drogadicto, ve por él y mátalo tú mismo, porque conseguir que sus padres lo hagan será muy doloroso”.

Poco después de haber asumido la presidencia, garantizó impunidad a los efectivos policiales culpables de abuso de autoridad en cumplimiento de órdenes presidencial.

“Tienen mi apoyo. Tendrán todo lo necesario para luchar contra los criminales”, indicó durante una actividad oficial, dirigiéndose a los integrantes de la policía filipina, y les garantizó: “siguiendo mis indicaciones, no tendrán que preocuparse por consecuencias penales”.

Las críticas que ha recibido, de la comunidad internacional, por su política guerrerista, no tienen impacto alguno en la conducta del mandatario asiático, quien ha asegurado que “me importa una mierda, lo que opinen de mí”.

En materia de seguridad, Bolsonaro –uno de cuyos gestos característicos es colocar ambas manos imitando la forma de armas de fuego, y dispararlas- se ha expresado, también, partidario de medidas fuertemente represivas para combatir a la delincuencia –fenómeno particularmente intenso en ciudades brasileñas tales como la oriental Río de Janeiro y la sureña Sao Paulo-.

En ese sentido, describió, citado por el diario brasileño O Globo, una posible operación antidelictiva, en el caso de que legue a ser presidente.

“Primero, desde un helicóptero, se tiran volantes y folletos, dándoles seis horas, a los delincuentes, para que se entreguen. Cumplido ese plazo, si no se entregan, se ametralla el barrio pobre, desde el aire”, explicó.

También ha afirmado que la pena capital y planificación familiar obligatoria son instrumentos idóneos para el combate a la violencia delictiva.

En ese sentido, en su condición de diputado, hace algunos años, aseguró que “defiendo la pena de muerte y el rígido control de la natalidad, porque veo la violencia y la miseria que cada vez se extiende más por nuestro país”, y subrayó, a continuación, que “quien no tiene condiciones para tener hijos, no debe tenerlos”.

Las mujeres también son recurrente blanco de comentarios ofensivos por parte de Bolsonaro –padre de una mujer y cuatro varones-, marcando, en este caso, notoria afinidad con Trump.

Entre innumerables comentarios sexistas, durante su campaña como precandidato presidencial por el entonces opositor Partido Republicano, Trump criticó el aspecto de su adversaria Carly Fiorina –la única mujer quien compitió por la candidatura republicana-.

“Miren esa cara! Alguien votaría por eso? Pueden imaginar eso, la cara de nuestro próximo presidente?”, expresó.

En términos similares, durante un debate legislativo, Bolsonaro se expresó soezmente respecto a una colega diputada –representante por el socialista y ex gobernante Partido dos Trabalhadores (Partido de los Trabajadores, PT).

“Hace unos días, me llamaste violador (…) y te dije que no iba a violarte, porque tú no mereces”, afirmó, dirigiéndose a la parlamentaria.

Al explicar y justificar su afirmación, Bolsonaro reafirmó que “ella no merece (ser violada), porque es muy mala, porque es muy fea, no es de mi gusto. Jamás la violaría”, y repitió que “yo no soy violador, pero, si lo fuese, no iba a violarla, porque no lo merece”.

Trump y Bolsonaro también comparten el rechazo masivo de mujeres, en los respectivos países.

Ese sentimiento se ha reflejado, en Estados Unidos, en las multitudinarias manifestaciones –con participación de cientos de miles de personas-, en diferentes ciudades norteamericanas, contra el machismo del presidente magnate.

Similares números han registrado las masivas marchas, en ciudades brasileñas y de otros países, enmarcadas en la campaña antibolsonarista denominada “Ele Não” (“Él No”).

El candidato derechista considera, además, que “las mujeres deben ganar menos, cuando están embarazadas”, y en materia de igualdad de oportunidades, piensa que “no es una cuestión de colocar cuotas de mujeres, porque sí. Tenemos que colocar gente capacitada. Si colocan mujeres, porque sí, voy a tener que contratar negros, también”.

Respecto a su paternidad, señaló, el año pasado, que “tengo cinco hijos”, y precisó que “fueron cuatro hombres”, pero, “ahí, en el quinto, me dio una debilidad, y vino una mujer”.

Bolsonaro es, además, homofóbico, lo que ha quedado en evidencia en comentarios discriminatorios, que han llegado a incluir a sus hijos.

“Sería incapaz de amar a un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita, aquí. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente, a que aparezca con un bigotudo, por ahí”, aseguró, y aclaró que “no corro ese riesgo, porque mis hijos fueron muy bien educados”.

En cuanto a su política en esa materia, aseguró que, en el caso de llegar a la presidencia, “no voy a combatir ni discrimina, pero, si veo a dos hombres besándose, los voy a golpear”.

Bolsonaro suele referirse, en términos elogiosos, a la dictadura militar brasileña que, durante 21 años gobernó, mediante brutal represión y terror de estado, al país sudamericano con la mayor extensión territorial y la principal economía.

En ese sentido, ha admitido que “estoy a favor de la tortura”, pero “el error de la dictadura fue torturar y no matar”.

Y en abril de 2016, durante la votación nominal, en la Cámara de Diputados, en el proceso de destitución –ese año- de la entonces presidenta brasileña (2011-2015, 2015-2016) Dilma Rousseff, el diputado ultraderechista dedicó su voto –entre otras menciones- a un militar quien fue torturador durante el régimen de facto.

“Por la familia (…) contra el comunismo (…) por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, por el pavor de Rousseff (…) las Fuerzas Armadas, por Brasil encima de todo, y por Dios por encima de todo, mi voto es sí”, afirmó.

Bolsonaro debe enfrentar, en segunda vuelta electoral presidencial, programada para el 28b de este mes, a su principal adversario, el izquierdista Fernando Haddad.

Según las cifras dadas a conocer por el Tribunal Superior Eleitoral (Tribunal Superior Electoral, TSE),  correspondientes a la primera votación, llevada a cabo el 7 de este mes,

Bolsonaro reunió 46 por ciento de los votos, mientras Haddad obtuvo un lejano 29.3 por ciento –para una diferencia de 16.7 puntos-.

En virtud de que ninguno de los 13 candidatos participantes entonces logró el requerido 50 por ciento más un sufragio, para ganar entonces la elección presidencial, los dos rivales más votados –Bolsonaro, candidato por el Partido Social Liberal (PSL), y Haddad, postulado por el PT- pasan a la segunda vuelta.

Los algo más de 147.3 millones de votantes fueron llamados a elegir, el 7 de octubre, además de un presidente y un vicepresidente, a 27 gobernadores –en los 26 estados y el Distrito Federal-, 54 de los 81 senadores, los 513 diputados, y 1059 diputados en los estados.

El ganador de la segunda votación presidencial reemplazará al actual mandatario, el derechista Michel Temer –el ex vicepresidente de la administración de Rousseff, quien completa el interrumpido mandato de la ex presidenta-.

 

 

Deja una respuesta