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Roberto Samcam: “esta lucha es cívica, o no es el método correcto”

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George Rodríguez

La solución a la violenta crisis sociopolítica que hace nueves meses golpea, desmesuradamente, a Nicaragua, es pacífica.

Quien piense lo contrario, incurre en un serio error.

Se trata de la vía que garantiza la derrota gubernamental y la victoria popular, porque la resistencia que la gente ha mantenido desde abril, cuando se soltó la represión antiopositora –con saldo de centenares de víctimas fatales-, ha generado un ámbito de lucha al cual el régimen no está habituado: el de la lucha cívica.

De modo que es esencial que, con la reciente activación de grupos armados antigubernamentales, principalmente en sectores del sureño departamento (provincia) de Río San Juan –uno de los dos que limitan con Costa Rica (el otro, es Rivas)-, la población no se confunda ni empiece a optar por la -aparente- salida fácil que significa la confrontación armada.

Promotor de esta línea de análisis, el mayor retirado nicaragüense Roberto Samcam, sabedor, por experiencia personal –lo mismo en ex la guerrilla del ahora nuevamente gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que, a continuación, en el Ejército Popular Sandinista (EPS) y en la guerra de “la contra”-, de lo que significa, en toda su dimensión, un conflicto armado.

“Yo, quiero dejar sentada mi posición personal -y como analista-, de que esta lucha es cívica, o no es el método correcto”, planteó, en reciente diálogo con Informativo JBS, y reafirmó: “es cívica, la lucha tiene que ser por los canales cívicos”.

En opinión de Samcam, se trata de una vía a la que no está habituado el régimen presidido por Daniel Ortega, el que ha optado por la sostenida y fuerte represión, policial y paramilitar, para desalentar la inicial realización permanente de acciones pacíficas antigubernamentales, incluidas masivas manifestaciones opositoras, así como barricadas en barrios en todo el país, lo mismo que “tranques” –bloqueos en diversos puntos de la red nacional de carreteras-, en ambos casos para obstruir el avance de las fuerzas represivas.

“Durante todos estos meses, el régimen estuvo a la defensiva, precisamente, porque el pueblo nicaragüense lo sacó de su zona de confort”, ya que “el régimen nunca estuvo preparado para librar una lucha cívica” sino que “estaba preparado para librar lucha armada, lucha violenta”, explicó.

La adquisición, el año pasado –antes de que estallara la crisis-, de medio centenar de tanques T-72, a Rusia, en un contexto que ya era de descontento popular creciente, apuntó, precisamente a que el régimen estuviese en condiciones de hacer frente a posibles situaciones de protesta callejera, indicó.

Sin embargo, el Ejército de Nicaragua –el que en 1990, tras la primera derrota electoral del FSLN, reemplazó al EPS-, no tuvo la disposición, no obstante su intimidatorio equipamiento –incluidos los cincuenta tanques rusos-, de arremeter contra las barricadas y los tranques, la “operación limpieza” que fue encomendada a las fuerzas policiales –principalmente los contingentes antidisturbios- y a las “turbas” paramilitares, señaló.

De modo que, frente a la actitud guerrerista y represora del gobierno, la lucha opositora, en todas sus manifestaciones, debe encauzarse por canales cívicos, de acuerdo con lo planteado por Samcam, quien advirtió que, por ello, la activación de grupos armados antigubernamentales no debe confundir, a la población, respecto a la naturaleza de la lucha por el rescate de Nicaragua.

“Este accionar, de los grupos, lo que está haciendo es provocar que la gente pierda la fe y la esperanza en que la solución a la crisis nicaragüense es pacífica”, señaló Samcam, quien aclaró que “hay grupos armados, de alzados en armas, que tienen años de estar –años-, y no han hecho absolutamente nada, es decir, no han incomodado al régimen”, precisó que, “algunos grupos, son, también, organizados, y armados, y preparados por el mismo régimen, para confundir a la población”, y subrayó que, “eso, es importante conocerlo”.

La existencia de esas agrupaciones irregulares apunta a desvirtuar la naturaleza de la lucha cívica, al generar una falsa expectativa en el sentido de que el histórico recurso de la solución bélica a los problemas políticos y sociales es el válido, expresó.

Por ello, en opinión de Samcam, “la lucha tiene que ser cívica, la lucha tiene que seguir por los canales que se ha seguido, y que tuvo, al régimen, contra la espada y la pared”, motivo por el cual “hace falta es más inteligencia (…) más cerebro para conducir una lucha cívica”.

La ira popular es entendible, porque las violaciones a los derechos humanos son en gran escala –en tal grado, que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (Giei) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señaló, en un informe dado a conocer al final del año pasado, denunció la comisión de delitos de lesa humanidad, por parte del régimen orteguista-, reflexionó.

No obstante ello, el esfuerzo por restablecer el Estado de Derecho, el orden constitucional, y la vigencia de los derechos humanos, debe mantenerse, invariablemente, en el marco cívico, reafirmó.

Además de las consideraciones estratégicas locales para ello, el contexto internacional también apuntala esa línea de acción, lo que allana el camino al restablecimiento del diálogo, que debe ser efectivo, indicó.

Samcam hizo referencia al diálogo nacional que, mediado por la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) e instalado a mediados de mayo -aproximadamente un mes después de estallada la crisis-, quedó suspendido en semanas, en un contexto de fuertes críticas de Ortega a los obispos.

De acuerdo con el análisis de Samcam, no obstante su brevedad, el tiempo del diálogo fue suficiente para que el presidente ganara tiempo, mediante el desmantelamiento de tranques y barricadas, la disuasiva fuerza de la represión a las masivas manifestaciones, la consolidación del terror de Estado, todo lo cual le permitió que, actualmente, la correlación de fuerzas, dentro del país, le sea favorable –lo que no ocurre a nivel internacional-.

Por ello, “la salida de Ortega, tiene que ser por una vía negociada”, lo cual, dada esa correlación de fuerzas implica encarar lo que el mayor retirado describe como un trago amargo: “ver las condiciones, o la posibilidad, de que Ortega salga del país, y su familia”.

La negociación implica el restablecimiento del diálogo, necesariamente mediado por la CEN, que es el único moderador válido para las conversaciones, planteó Samcam, quien se opone a la mediación de otros actores, incluidos el gobierno mexicano y el Vaticano.

El diálogo debe resultar, prioritariamente, en una hoja de ruta para la salida, de Ortega, del poder -algo que el analista describe como una condición imprescindible-, además del anticipo de las elecciones calendarizadas para 2021, explicó, en alusión a dos exigencias prioritarias, básicas, de la sociedad civil organizada y de los nicaragüenses en general.

También fruto de las conversaciones, “tiene que entablarse un calendario rápido, para el desarme de todos los paramilitares para la limpieza total de la policía orteguista, y para establecer las condiciones en las cuales el ejército debe de continuar por el tiempo prudencial que se estime conveniente”, planteó.

En síntesis, lo que tendría que resultar del diálogo sería la concreción de las expectativas de los nicaragüenses en general, indicó, además de señalar que junto con la salida de Ortega, la hoja de ruta, implica, el establecimiento de un gobierno de transición que la implemente.

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