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Nicaragüenses en Costa Rica: “la solución a la crisis es pacífica, no es armada”

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George Rodríguez 

Foto-George R / Ricardo Somarriba

La crisis sociopolítica de Nicaragua se resuelve con paz, sin violencia.

El planteamiento fue reafirmado durante la Marcha por la Unidad de los Nicaragüenses en el Exilio, realizada hoy en San José, la capital costarricense, en la que participaron centenares de ciudadanos de Nicaragua radicados o exiliados en Costa Rica.

La diáspora nicaragüense establecida en varios países a nivel mundial, ansía que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, abandonen, de inmediato, el poder, que las elecciones programadas para 2021 sean adelantadas, para que se instale un nuevo gobierno y el país comience a recuperarse de la destrucción multidimensional generada por la violenta crisis estallada hace nueve meses.

La oposición nicaragüense no quiere que el país sea, nuevamente, escenario de una guerra sino que aspira a que la dramática situación del país centroamericano sea superada sobre la base de la paz, aunque plantea que ese es el camino que el gobierno de Ortega no quiere seguir.

Los planteamientos fueron formulados, a Informativo JBS, por participantes en la marcha, quienes fueron enfáticos en rechazar la opción bélica como la vía para superar la dramática situación de su país de origen, además de que coincidieron en señalar que la solución a la crisis pasa, imprescindiblemente, por la salida, de Ortega y Murillo, del poder.

En ese sentido, Deyling Espinoza, integrante de la organización opositora en el exilio denominada Grupo Azul y Blanco, planteó que “creo que deberían adelantar las elecciones”, ya que “ese es uno de los puntos que todos estamos esperando, y, si tenemos que ir hasta Nicaragua, a votar, vamos a ir, porque no queremos más al dictador, en nuestra Nicaragua”.

Por el rechazo generalizado al gobierno, la oposición, dentro de Nicaragua, ha sido masiva, y la pareja gobernante tiene que renunciar, aseguró la joven nicaragüense oriunda de Managua y residente en Costa Rica.

“Este pueblo, se levantó, y no los va a dejar, ni siquiera, que avancen en este año, porque, en este año, ellos se van”, subrayó Espinoza, quien participó, en la marcha, maquillada con los colores de la bandera nicaragüense –azul y blanco-.

Los nicaragüenses radicados en Costa Rica apoyan, decididamente, a sus compatriotas quienes, en Nicaragua, se oponen al gobierno.

“La lucha ha sido dura, y la lucha es todos”, de modo que, “aunque seamos residentes en este país (Costa Rica), hemos sentido el dolor del pueblo nicaragüense, y, por esa razón, nosotros nos hemos despertado en apoyo, ya que el pueblo de Nicaragua tiene prohibida la libre expresión”, razón por la cual, “yo, cada vez que hay marchas, me pinto la cara, en representación de mi gente, que no puede expresarse”.

Aunque es partidaria de hallar solución pacífica a la crisis de su país, Espinoza considera que Ortega es partidario de la vía armada.

“Sería bueno que fuera pacífica, y que no hubiera más sangre derramada, pero, si el dictador quiere guerra, creo que nosotros, en algún momento, creo que tendremos que darle un poco de su propia medicina”, porque “es a lo que él está acostumbrado”, planteó.

En declaraciones por separado, José Adrián Ortiz Pérez, dirigente de la organización opositora en el exilio Nicas Azul y Blanco en Costa Rica, fue categórico en plantear que la única vía de solución es la pacífica.

Aunque “no pararemos de luchar, hasta que Daniel Ortega se vaya del poder”, los opositores “no queremos la violencia”, aseguró, para subrayar que, “si ellos son asesinos, nosotros no”.

Ortiz también considera que Ortega procura resolver la crisis, por la vía armada, como manera de neutralizar a la oposición, y de permanecer en el poder.

Ello explica las informaciones conocidas la semana pasada sobre dos choques entre efectivos policiales y militares y grupos armados, en sectores del sureño departamento (provincia) de Río San Juan –que limita con Costa Rica-, señaló.

De acuerdo con la información policial, contenida en dos comunicados, fuerzas de la Policía Nacional fueron atacadas por integrantes de una banda dedicada a actividades delictivas tales como abigeato, asesinato, y narcotráfico.

En el segundo incidente, cuatro agentes policiales murieron durante el enfrentamiento, según la versión oficial.

En ambos comunicados, la fuerza de seguridad señaló que los integrantes de la “Banda el Jobo” están asentados en territorio costarricense, desde donde se desplazan, a través del límite terrestre de 309 kilómetros, hacia territorio nicaragüense, para cometer las acciones criminales, regresando a su base.

Esa versión, que dio origen, también la semana pasada, a una nota de protesta que la cancillería de Nicaragua dirigió a su contraparte de Costa Rica, fue desmentida por el Ministerio de Seguridad Pública (MSP) costarricense.

En nombre del MSP, el director de la Policía de Fronteras, comisionado Allan Obando, refutó los planteamientos nicaragüenses, y aseguró que el límite binacional es constantemente vigilado por personal de la fuerza de seguridad que dirige, y negó que en territorio costarricense estén asentados grupos que cometen delitos en Nicaragua.

Al respecto, Ortiz dijo, al participar en la marcha, que lo afirmado por la policía y la cancillería nicaragüenses constituye “una artimaña del orteguismo”, porque, según aseguró, “los grupos armados no existen, en Nicaragua”.

En coincidente línea de razonamiento, el médico Gerald López, dirigente de la Unión de Nicaragüenses en el Exilio por una Nicaragua mejor (Unepunm), planteó, por su parte, que el incidente en Río San Juan constituyó un montaje gubernamental.

Ello, para tratar de presentar, an nivel internacional, a la oposición como procurando un enfrentamiento armado interno, en un esfuerzo por evitar que la Organización de los Estados Americanos (OEA) aplique, a Nicaragua, la Carta Democrática Interamericana.

Entre otros componentes, la carta prevé la suspensión, del Sistema Interamericano, de cualquier país miembro de la OEA cuyo orden constitucional sea alterado, situación que, según el secretario general de la organización, el uruguayo Luis Almagro, y diversos países integrantes del bloque regional, es la que existe en Nicaragua.

Pero el gobierno nicaragüense sostiene que, si bien se registró un intento de golpe de Estado, esa acción fue neutralizada, por lo que el país ha restablecido la normalidad.

Esa sanción fue aplicada, en 2009, a Honduras, a raíz del cruento golpe de Estado que, en junio de ese año, derrocó al presidente Manuel “Mel” Zelaya, siete meses antes de que finalizara su mandato constitucional (2006-2010).

En opinión de López, respecto a los incidentes en el sur del país, “ese es un autoataque” mediante el cual “el mismo gobierno mandó matar los policías”, para trata de evitar la aplicación de la Carta Democrática.

Al respecto, el opositor aseguró que la oposición en el exilio se radicalmente contraria a la vía armada como ruta de solución a la crisis nicaragüense.

“No nos hemos armado aquí, en el exilio, no nos hemos armado, no queremos tomar las armas, porque, también, humildemente, somos menos, ellos tienen armas, no tenemos armas, no queremos guerra, y, ellos, están haciendo eso, hoy por hoy, para decirle, al mundo, de que nosotros somos los que queremos guerra”, expresó.

Pero ni la oposición, en particular, ni el pueblo nicaragüense, en general, procuran un enfrentamiento armado con el gobierno.

“No queremos guerra”, aseguró, para reafirmar que “Nicaragua, hoy por hoy, no quiere guerra, Nicaragua, hoy por hoy, quiere paz”.

Respecto a la manifestación en la capital costarricense, López indicó que la agrupación a la que pertenece fue la organizadora de la actividad, en la cual participaron unos 65 grupos de nicaragüenses, lo mismo residentes que exiliados, en Costa Rica.

Al igual que otros organizadores y participantes, el médico subrayó el factor de unidad como uno de los componentes esenciales de la caminata.

Al enumerar los motivos de la marcha, dijo: “primeramente, la unidad, segundo, la liberación de nuestros presos políticos, y, tercero, queremos que el dictador se vaya del país”, porque “no lo queremos más”.

Ortega se mantiene en el poder por la fuerza de las armas, no por voluntad popular, agregó.

“Él, está ahí por la policía y por el ejército, no está ahí porque el pueblo lo decidió, no”, porque “nunca ha ganado las elecciones”, afirmó.

La mayoría de los participantes en la manifestación portó banderas nicaragüenses y pancartas alusivas a la resistencia popular y al gobierno, y coreó consignas contrarias a Ortega y Murillo.

“De que se van, se van!”, “y, si no se van? Los sacamos!”, “el pueblo, unido, jamás será vencido!”, alternaron los caminantes, mientras un grupo musical ponía animado ritmo a la marcha.

Otras consignas aludieron, favorablemente, a la Iglesia católica, por el esfuerzo mediador, de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), en el fracasado diálogo nacional del año pasado, y al obispo Silvio Báez, uno de los más radicalmente opuestos al gobierno, entre los 10 integrantes de la CEN.

 

 

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