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La Unión Europea limitará las ayudas de las ONG a los inmigrantes

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Los medios italianos afirman que España y Francia se niegan a aceptar a los rescatados

Fuente/ ABC

Italia amenazó el pasado miércoles con bloquear sus puertos a las naves de las organizaciones no gubernamentales que llegaran con inmigrantes. Era un ultimátum a Bruselas para mostrar que la paciencia del Gobierno italiano, presionado por la opinión pública, se está acabando. El país recibió de inmediato bellas palabras: «Italia es heroica y es necesario apoyarla», dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Pero cuando se trata de pasar de las palabras a los hechos, hasta ahora Italia se ha quedado sola, mientras en el país la emergencia por la inmigración se hace cada día más explosiva.

Dos cócteles molotov se lanzaron contra un hotel que debía acoger a 35 refugiados, en Carpeneda di Vobarno, en la provincia de Brescia, al norte de Italia. Es solo un reflejo de la tensión y temor a la inmigración que se está creando en Italia. La opinión pública, de derecha e izquierda, sin distinción, percibe en la inmigración la principal amenaza para el país, tanto en las grandes ciudades como en los pequeños municipios, donde comienza a aflorar un profundo malestar con algunos gestos de racismo.

Para afrontar el problema Italia se está movilizando como no lo había hecho hasta ahora con el objetivo de lograr el apoyo de la Unión Europea. Por iniciativa del ministro del Interior, Marco Minniti, el domingo se reunió en París con sus colegas de Francia y Alemania así como con el comisario europeo Dimitri Avramopoulos. Entre los puntos más importantes acordados está el de imponer límites a las organizaciones no gubernamentales (ONG), prohibiéndoles entrar en aguas territoriales de Libia, además de exigirles la presentación de balances económicos transparentes.
En ocasiones, se ha acusado a las ONG de actuar como si sus naves fueran taxis para los inmigrantes, acusación que aquellas rechazan. Aunque a menudo se elogia también su acción humanitaria, algunos expertos consideran que la intervención de los barcos de las ONG en aguas libias tiene un efecto llamada, favoreciendo que muchos inmigrantes subsaharianos se aventuren a llegar hasta el país norteafricano, hasta donde viajan personas procedentes de más de 30 estados con la esperanza llegar a Europa.

Otro aspecto fundamental planteado por el Gobierno italiano en la reunión de París fue la redistribución de los inmigrantes, exigiendo que «ningún país se eche atrás en esta responsabilidad». Pero muchos países de la UE se muestran contrarios a compartir esta responsabilidad. La posición del ministro Minniti es conocida: Italia no puede ser el único país que ofrece sus puertos a las naves de diversa nacionalidad que salvan a los inmigrantes en el Mediterráneo. Minniti precisó que los puertos de Marsella y Barcelona podrían ser puntos de acogida también. Pero ayer todos los medios italianos destacaron, citando fuentes de Bruselas, que tanto España como Francia son contrarios a la idea de permitir el desembarco en sus puertos de rescatados en el Mediterráneo.

Huida de la miseria

Además, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha hecho una clara distinción entre refugiados políticos y económicos en un discurso ante la Asamblea: «Es necesario realizar de forma coordinada en Europa una acción eficaz y humana que nos permita acoger a refugiados políticos que corren un riesgo real porque forma parte de nuestros valores, sin confundirlos con los inmigrantes económicos y sin abandonar el indispensable mantenimiento de nuestras fronteras». Cabe destacar que el 80 por 100 de los inmigrantes que llegan a Italia son económicos.

La minicumbre de París sobre inmigración sirvió para preparar la reunión de ministros de Interior de la UE del próximo jueves en Tallin, capital de Estonia, país que ostenta la presidencia de la Unión en este semestre. El primer ministro, Paolo Gentiloni, les dirigió ayer un grito de alarma: «Italia entera pide que toda Europa comparta el problema de la inmigración, algo muy necesario si Europa quiere seguir creyendo en sus principios, en su historia y en su civilización. La Unión Europea debe evitar que la situación sea insostenible», clamó Gentiloni.

A pesar de ese grito de alarma, en Italia no hay muchas esperanzas en la UE. Seguramente habrá más ayuda económica, pero difícilmente se compartirá la cuota de inmigrantes. En lo que va de año, han llegado a Italia por mar cerca de 85.000 inmigrantes, un 15% más que el año anterior.

 

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